Poesía

07, Dic 2014

La buena vida

Mark Strand

Estás parado junto a la ventana.
Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón.
Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras.
Sos el fantasma en ese árbol de afuera.

La calle está en silencio.
El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida,
parcialmente está acá, parcialmente en el aire.
No podés hacer nada.

La buena vida llega sin aviso:
erosiona los climas de la desesperación
y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada,
y vos estás ahí.

 (Versión de Ezequiel Zaidenwerg)

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02, Dic 2014

Acción de gracias para pillos y otras noticias de Simic

Charles Simic publica una nota en el New York Review of Books sobre la cultura del pillaje en los Estados Unidos. Vivimos la era dorada de los ladrones, dice. Los pillos tienen mucho que agradecer. Sólo los soplones, quienes denuncian y exhiben sus excesos serán castigados.

En nexos se publica al mismo tiempo un ensayo de Rafael Vargas sobre el placer de traducir a Simic: “además de la admiración, otro motivo que desde hace tiempo me lleva a tratar de traducir la poesía de Simic es el placer de comprender un poco de la manera en que su imaginación opera, y de escuchar cómo resuena en nuestro idioma lo que él construyó en inglés.” En el mismo número de la revista, cinco poemas de Simic y una conversación con Alejandro García Abreu. Transcribo “El futuro,” en la versión de Vargas: 

Debe tener una razón para ocultarnos
sus múltiples sorpresas
y sin duda esa razón tiene que ver algo
con la compasión o con la malicia.

Sé que la mayoría de nosotros le teme,
y seguramente esa es la explicación
por la que nunca hemos sido presentados de manera apropiada
aunque somos vecinos

que con frecuencia se topan
por accidente y después se quedan parados
mudos y avergonzados,
antes de fingir que nos llama la atención

una paloma posada en la banqueta
o bien un niño que se dirige a la escuela
más allá de la carroza fúnebre llena de flores
estacionada enfrente de una diminuta iglesia gris.

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01, Dic 2014

Mark Strand: ele de lago

En el archivo de Vuelta puede leerse este alfabeto de influencias de Mark Strand. Lo traduce Guillermo Sheridan. Entre la ka de Kafka y la eme de música, los lagos:

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30, Sep 2014

Vernos en los animales

En la página de la Poetry Foundation se publica una nota interesante de Kathleen Rooney la presencia de los animales en la poesía. Desde siempre se han escrito poemas sobre animales, ventanas a nuestra propia naturaleza y, al mismo tiempo, recordatorios de lo inescrutable. Los poemas que se asoman a peces y pájaros o reptiles formulan a fin de cuentas una pregunta: ¿Podremos vernos en la naturaleza? Rooney se detiene en un poema de Melville: “Tiburón de las Maldivas”:

Junto al tiburón, ese flemático
Y pálido borracho del mar de Maldivas,
Va el pez piloto, de azul estampa fina
Y qué alerta va, atento a los dientes de serrucho,
Pero ningún daño ha de temer
Y ágil y vivaz se desliza acompañando al flanco atroz
O incluso delante antes de la cabeza górgonica
O es que custodian los aserrados dientes
Que en triple franja relumbran
Como si fueran las mismas puertas del cielo
Que los peligros no atraviesan
¡Y allí encuentran asilo en las mandídulas de los Destinos!
Los peces piloto, que son amigos del tiburón
y lo guían hasta la presa,
jamás toman parte del banquete,
ellos son todo ojos y cerebro
del viejo letárgico y de expresión pasmada
pálido devorador de horrible carne.

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29, Sep 2014

Zócalo, el nuevo libro mexicano de Adonis

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El nuevo libro de Adonis llevará Zócalo por título y está inspirado en el viaje que hizo a México en abril de 2012. El país publica un par de poemas del volumen que publicará Vaso roto en octubre.

Al final, acabarás solo…

Al final, acabarás solo, indio rojo, hermano mío, pues nada dispersa mejor que la soledad.
El yo es arena no semilla. El yo es nube cósmica.
Antiguo-San Ángel Inn
Gisèle-César-Afif. El Líbano en miniatura.
Restaurante en un barrio histórico. El cliente se mezcla con el polvo de la historia, con su oro, sus caballos enjaezados, ensillados con montañas que tiran de la calesa del tiempo.
Lo efímero no necesita eternidad.
Lo eterno necesita de lo efímero.
Hay en este restaurante caderas en forma de alas que hablan la lengua de las nubes.
¡Una mujer en relieve! Su cabeza es un bosquecillo en flor. Sus muslos, dos vertientes de un valle.
Los jinetes de los deseos se enfrentan en su pecho.

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29, Sep 2014

Adonis: poesía y laicidad

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El poeta sirio Adonis en su casa de París durante la entrevista. / MOUSSE

El país publicó recientemente una entrevista con el poeta Adonis:

La gran poesía siempre es laica. La poesía es la pluralidad, la unidad de los contrarios. Es lo opuesto a la religión incluso en términos históricos: en nuestra historia de musulmanes no ha habido ni un solo gran poeta que fuera creyente. Nunca.

Los místicos son otra cosa, dice: “Cambiaron la noción de realidad y de Dios. Por eso se les rechazó. Para el monoteísmo Dios es una fuerza que dirige el mundo desde el exterior, para el misticismo es inmanente, forma parte del mundo. Dios es el mundo”.

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04, Sep 2014

Advertencia al lector

Nicanor Parra

El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos:
Aunque le pese.
El lector tendrá que darse siempre por satisfecho. 
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de la Santísima Trinidad
¿Respondió acaso de su herejía?
Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo! 
¡En qué forma descabellada! 
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!

Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte, 
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.
Sillas y mesas sí que figuran a granel, 
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio! 
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.

Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein 
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:
Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años, 
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella 
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri della luna.

Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
“¡Las risas de este libro son falsas!”, argumentarán mis detractores
“Sus lágrimas, ¡artificiales!”
“En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza”
“Se patalea como un niño de pecho”
“El autor se da a entender a estornudos” 
Conforme: os invito a quemar vuestras naves, 
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.
“¿A qué molestar al público entonces?”, se preguntarán los amigos lectores:
“Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos, 
¡Qué podrá esperarse de ellos!”
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.

Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!

*

Aquí se puede escuchar el  poema, leído por Parra.

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03, Sep 2014

Los moscos

Manuel Gutiérrez Nájera

Hizo Dios al león, al tigre hosco,
Y a la hiena voraz: el diablo, al mosco!

Y Arihman, encarándose blasfemo
Con el creador supremo,
Murmuró estas palabras: —“Tu obra admiro!
Tú creaste la garra, araña horrible
El encorvado pico, el diente agudo,
El pulpo, mareando en lo invisible,
La hiena: boca. La culebra: nudo.
El rojo tigre, un Hércules de Angola,
El colmillo, el tentáculo, la uña;
Ese Bismarck del tiburón, la cola;
Y ese dos de diciembre, la pezuña!”

“Pero tu obra es la maldad infolio
El elefante es casi un capitolio;
La trompa es una encina que se mueve;
El oso blanco, un Ararath de nieve
Los búfalos, los toros, los chacales
Y el mariscal Von Moltke son iguales;
Todo eso es rudo, material y tosco,
Yo ni garras ni dientes necesito,
Tomo una sola gota de infinito
Le infundo mi maldad, y te hago el mosco!”

¿Qué es el mosco en verdad? Es lo invisible
Lo formidable, lo brutal, lo innúmero;
El león tiene la garra, araña horrible!;
Pero el mosco le vence, tiene el número!
En la atmósfera azul se multiplica;
Es un átomo de aire que nos pica;
No sabemos si es rojo, negro o verde,
Es una idea de Veuillot que muerde
Le matamos y a poco resucita,
Se oculta, porque el mosco es un jesuita,
Pero luego zumbando se revela:
Es un microbio prófugo que vuela.
Obsesión! ananké! Lo interminable
Zumbando eternamente en lo insondable!
Ser bebido! oh terror! ser como fuente
En que el mosco voraz su sed abreva
Y sentir que la sangre se nos lleva
Y que es vuestro pariente!
¿Qué congoja, qué angustia habrá más honda
Para el poeta que sentirse fonda?

No hay moscos en el cielo, el mal impera
En la proscrita humanidad sombría;
No hay moscos más allá, si los hubiera
Júpiter inmortal se rascaría!

Tomado de Material de lectura.

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26, Ago 2014

La luz hierve

Antonio Gamoneda

La luz hierve debajo de mis párpados.

De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas musicales, surge una tempestad. Desciende el llanto a las antiguas celdas, advierto látigos vivientes

y la mirada inmóvil de las bestias, su aguja fría en mi corazón.

Todo es presagio. La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bijías del amanecer. Así

arden en mí los significados.

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23, Ago 2014

Impaciencia del paciente

Alfonso Reyes

 

Juega la Medicina sus pares y sus nones,
su águila o sol–su cara o cruz–y su ‘qué sé yo’;
y entre tantos atisbos y rectificaciones,
seguimos en las mismas del buen Rey que rabió.

Jeringas y lancetas, potajes e infusiones,
radiogramas, análisis, baños de H2O
Se hartan de proezas Sangredos y Purgones.
Las técnicas mejoran; pero el paciente, no.

Amenguan los reflejos, los nervios no responden,
las vísceras no cumplen lo que les incumbía.
Los efectos se aprecian y las causas se esconden.

Y es que no basta toda la ciencia de hoy en día
para esas inefables auras que corresponden
al paso de un fantasma por una biología

 

1940

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13, Ago 2014

Alejandra Pizarnik: Poesía completa

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13, Ago 2014

Pizarnik: merecer la soledad

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En algún momento había leído el prólogo que Octavio Paz escribió para Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik. Paz lee en el poemario una lucidez meridiana, una transparencia vegetal, el insomnio de las pasiones, un objeto que permite ver más allá, la soledad sensible. Nada más supe de la legendaria poeta argentina hasta que aparecieron de pronto su poesía completa, sus diarios personales, su prosa y sus cartas en la mesa de novedades de El péndulo.

La escritura fue para Pizarnik la única manera de habitar la soledad. Llevar la máquina de escribir a un viaje familiar era una coartada para apartarse del mundo, poder encerrarse en el cuarto de un hotel a escuchar el sonido de las teclas y el rodillo. “Si no hago poemas, la soledad ya no es mía, escribe en alguno de los cuadernos que registran el encierro de sus obsesiones, la pesadilla de sus miedos, su extranjería radical.

Tormento la vida, el cuerpo, el amor, Alejandra Pizarnik se aferró durante su breve vida al hilo débil de la escritura. Una forma de merecer la soledad, un modo de padecer la vida, de soportarla. Sólo con letras escritas—y no con palabras pronunciadas—la poeta maldita se apropia de su dolor y de su angustia. En una y mil entradas de su diario deja constancia del miedo.

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

Si el habla obedecía a un código que le resultaba indescifrable, la escritura era comprensible. Entendible pero frágil, fugaz. La palabra poética aparece de pronto en sus papeles pero también, como amante, la abandona. La escritura calmaba de algún modo su “sed de realidad.” Fijas en papel, las palabras se transformaban en cosas. “Las palabras como conductoras, como bisturíes. Tan sólo con las palabras. ¿Es esto imposible? Usar el lenguaje para que diga lo que impide vivir. Conferir a las palabras la función principal. Ellas abren, ellas presentan. Lo que no diga no será examinado. El silencio es la piel, el silencio cubre y cobija la enfermedad.”

En el pizarrón de su estudio, donde anotaba con un gis los bosquejos que luego pasaría a la máquina, escribió:

no quiero ir
nada más
que hasta el fondo.

Soñó con levantar un puente que conectara la miseria absoluta (la suya) con la belleza absoluta (la de la poesía). En diarios y poemas se constata la tormentosa relación de la poeta con el lenguaje. Lenguaje que envuelve como agua, como música. Lenguaje que también patea como mula. La extinción de la palabra era la muerte: “Tengo miedo, dijo. Sin lenguaje no puedo vivir y cada vez hay menos para decir.”

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04, Ago 2014

El libro del desasosiego, interpretado por Michel van der Aa

The Book of Disquiet – excerpts from Michel van der Aa on Vimeo.

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30, Jul 2014

Prólogo de Octavio Paz a Árbol de Diana, de Alejandra Pizarnik

Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik. (Quím.): cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve. Nace en las tierras resecas de América. La hostilidad del clima, la inclemencia de los discursos y la gritería, la opacidad general de las especies pensantes, sus vecinas, por un fenómeno de compensación bien conocido, estimulan las propiedades luminosas de esta planta. No tiene raíces; el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, pecíolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas, separadas las femeninas de las masculinas, las primeras axilares, casi sonámbulas y solitarias, las segundas en espigas, espoletas y, más raras veces, púas. (Mit. y Etnogr.): los antiguos creían que el arco de la diosa era una rama desgajada del árbol de Diana. La cicatriz del tronco era considerada como el sexo (femenino) del cosmos. Quizá se trata de una higuera mítica (la savia de las ramas tiernas es lechosa, lunar). El mito alude posiblemente a un sacrificio por desmembración: un adolescente (¿hombre o mujer?) era descuartizado cada luna nueva, para estimular la reproducción de las imágenes en la boca de la profetisa (arquetipo de la unión de los mundos inferiores y superiores). El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias; otros deducen que es un caso de expropiación de la sustancia masculina solar: el rito sería sólo una ceremonia de mutilación mágica del rayo primordial. En el estado actual de nuestros conocimientos es imposible decidirse por cualquiera de estas dos hipótesis. Señalemos, sin embargo, que los participantes comían después carbones incandescentes, costumbre que perdura hasta nuestros días. (Blas.): escudo de armas parlantes. (Fís.): durante mucho tiempo se negó la realidad física del árbol de Diana. En efecto, debido a su extraordinaria transparencia, pocos pueden verlo. Soledad, concentración y un afinamiento general de la sensibilidad son requisitos indispensables para la visión. Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada . Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente , los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.

En Obras completas de Paz, Tomo 3

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30, Jul 2014

Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik

En una carta a Cortázar, Alejandra Pizarnik escribió como posdata:

PD: Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, ¡Oh, Julio!) de la locura y de la muerte. (Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio -que fracasó, hélas).

Esta fue la respuesta de Cortázar:

París, 9 de septiembre de 1971

Mi querida: Tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo apunto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza -y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte.

Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria.

Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra. Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio

Un año después, Alejandra Pizarnik se quitaría la vida.

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