Poesía

07, Abr 2014

Canto al petróleo mexicano

Efraín Huerta

En un crisol de muerte, sepultada,
prisionera marea,
insomnio de la tierra, acumulada,
gigantesca tarea
de los siglos sin fin.
La desgarrada,
la dulce tierra nuestra
siente cómo gotea
la magistral palpitación siniestra,
la venenosa llama azul,
el poder y la sangre,
la ígnea sangre doliente
de la guerra y el crimen.

No es la plata ni el oro detonante,
sencillos minerales,
no es la leche llameante
de las robustas plantas tropicales,
ni el río poderoso
ni la esbelta cascada
productora de fluido misterioso.

Ni tuvo calidades de moneda
como el cobrizo grano de cacao
en manos de las tribus primitivas.
Es algo más que eso:
es mucho más que todo.

Son extendidas venas abismales,
redes de piedra ardida,
suave manto geológico
cuyas maduras llamas colosales
se alzan en encendida
figuración de monstruo mitológico,
inmensa bestia herida
por finos instrumentos espectrales.

Nunca el hombre lo viera,
jamás la llama azul nos alumbrara.
Más al indio valiera
quemada sementera
que la ruin ambición; no se compara
el noble campo abierto
con la entraña brutal
por donde bulle incierto
el negro y codiciado mineral.

Y aquella maldición vista en el mundo:
trigales devastados
y hombres asesinados,
es tan sólo un destello del profundo,
del espantoso crimen cometido.
Los antiguos imperios habían sido
un sueño doloroso,
pero sueño,
cuando llegó el petróleo, el escondido
mineral prodigioso,
volvió a nacer el llanto:
y sobre nuestra tierra, en los playones
del viejo Golfo, un canto
de esclavitud se alzó.

Aves de presa con el pico ardiendo
cayeron sobre el suelo
de un México humillado
por la Guerra Civil, y en ese vuelo
venía todo rumor de un desgarrado
sollozar de tragedia.
Largos años de lenta pesadumbre
siguieron al asalto:
el petróleo corría, la gran riqueza
fabricábase en vano, pues el indio,
de libertades falto,
sólo tenía su pan:
escaso pan de odio y de tristeza.

Años y años pasaron,
el petróleo corría… Sus viejas venas
estallaban en fuego,
el gas iluminaba las serenas
e inquietas selvas.
Años y años pasaron…
Bajo un lóbrego cielo
se efectuaba el pillaje:
cualquiera podía ver cómo crecía
una mancha de sangre en el paisaje.

Pero un buen día, un gran día,
un día que es la bondad del patriotismo,
un día joven como éste, luminoso,
un día genial de gloria,
se oyó un sordo rumor de cataclismo,
de inminente victoria
y jubiloso
resurgir del abismo.
Un alto día como éste
una mano certera señaló
la verdadera ruta de la Patria:
con orgullo que dio
una impresión de fuego sobrehumano,
el michoacano ilustre incorporó
el oro negro al seno mexicano.

En su crisol de muerte, sepultada,
prisionera marea,
la mineral riqueza recobrada
se enciende como tea
iluminando el colosal paisaje.

México es como un árbol
de angustioso follaje:
pero es un árbol libre,
dueño de su destino.

Por eso cuando clama,
cuando la Patria grita toda entera:
“Este es nuestro petróleo”,
la venenosa llama
se funde como cera.
Porque ha llegado el día
y ha llegado la hora
de la grave oración:
el 18 de marzo es como una
campana de sonora
y vibrante llamada al corazón.

Marzo de 1942
Publicado en La jornada semanal.

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01, Abr 2014

Octavio Paz: la poesía es…

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!

 El arco y la lira

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31, Mar 2014

Paz contra Paz

Moreno Villa - Paz

Octavio Paz nunca dejará de ofrecernos su mirada. Como el clásico que es, le hablará a las generaciones venideras y ayudará a perfilar identidades—sea por afinidad o por oposición. No desaparecerá del horizonte cultural de México, nunca nos será indiferente. Algunos sentirán el hechizo de su universo completo; la mayoría escogerá un trozo de Paz: unos su poesía, otros su crítica de arte, la biografía de Sor Juana, sus apuntes sobre el erotismo. Algunos preferirán al joven Paz, otros al maduro. Muchos afilarán cuchillos en su piedra. Pensarlo como contrincante será siempre atractivo. La crítica que él ejerció como una pasión vital llama a las dos relaciones: la admiración y el desapego; el elogio y el reparo.

Los homenajes oficiales del centenario amenazan con convertir en estatua al crítico. El incansable experimentador transformado en catálogo de frases para los discursos. Salones Octavio Paz; en letras de oro, Octavio Paz; en los billetes de lotería, Octavio Paz; en espectaculares y camiones, Octavio Paz. Paz musicalizado; Paz fosilizado. Cruel ironía, el hombre que denunció al dinero como la araña que convertía en moscas a los hombres, transformado en moneda acuñada por el Banco de México. El hombre que quemaba billetes, prestando cara al dinero. La celebración de Paz, meritoria por muchas razones, deslumbrante por su convocatoria y organización, resulta también irritante por hegemónica: el poder político y el poder económico, los medios y los partidos, las universidades y los diarios en afanosa competencia de elogios. No me he ahorrado los míos: más que convencerme, Octavio Paz me conmueve. Me maravillan la limpieza y la hondura de su razón sensible. Por eso mismo me incomoda la aplanadora de los aplausos. El poeta se erige en Autoridad Inapelable por decreto del poder y los negocios, negación absoluta de la hélice crítica. (más…)

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28, Mar 2014

Poesía y tortura

Slavoy Zizek escribe una nota para la revista Poetry sobre el vínculo entre la poesía y las políticas de exterminio. La «limpieza étnica» de la ex-Yugoslavia fue preparada poéticamente, dice. El nacionalismo agresivo fue sembrado en la poesía. A través de la poesía, el nacionalismo fue comunicando una permisión sin límites. Inflamada por la poesía, la pasión identitaria lo permite todo. Tal vez Platón tenía razón al sugerir la expulsión de los poetas de la ciudad.

Elfriede Jelinek lo dijo con extraordinaria claridad. «El lenguaje debe ser torturado para que diga la verdad.» Debe ser torcido, desnaturalizado, extendido, condensado, cortado y reunificado, hacer que trabaje contra sí mismo. El lenguaje como el «Gran Otro» no es un agente de sabiduría con cuyo mensaje debemos sintonizar, sino un lugar de cruel indiferencia y estupidez. La forma más elemental de torturar nuestro lenguaje se llama poesía.

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26, Mar 2014

Octavio Paz en Dissent

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La revista Dissent, publicación de la izquierda democrática en Estados Unidos en la que publicó varias veces Octavio Paz («El ogro filantrópico» fue traducido en sus páginas) lo recuerda con un artículo extenso  de Joel Whitney que resalta su genio y aclara tercos malentendidos.

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26, Mar 2014

Deshojar a Paz

Uno de los rasgos más asombrosos de Octavio Paz es el carácter esférico de su magnetismo. En sus páginas se alberga una civilización única: la civilización Octavio Paz. Quien recorra las páginas de sus Obras completas reconocerá en ellas una síntesis del universo. Si el poeta es un “pequeño Dios”, como quería Huidobro, en la obra de Paz se encuentra la familia de todas las cosas creadas. Piedras y flores; sabores y luz; historia y mito. Es una galería, mil paseos y otras tantas preguntas, argumentos, combates y deleites. Una ambición sobrecogedora, una línea vital hecha de tanta constancia como de experimento; de tanta fidelidad como de autocrítica.

A diferencia de las otras obras completas de nuestra tradición, las de Alfonso Reyes, en las de Paz no parece haber página trivial. Reyes se complacía en las líneas perecederas, domésticas, olvidables. Quien sólo canta en do de pecho no sabe cantar, decía, recordando las estrofas que Mallarmé anotaba en los huevos de Pascua y las redondillas que Góngora regalaba a las monjas. No es que falten textos de circunstancia en la obra de Paz, los hay y no son pocos. Pero cada uno de ellos, acierte o falle, está escrito para ese lector al que parece escribirle siempre: la eternidad. Por eso resulta tan deslumbrante la ciudad de su Obra íntegra. ¿Que hay mucho que discutir? Por supuesto. ¿Hay algo que descartar? Muy poco. Más aún, el círculo de su reflexión se cierra felizmente en la lectura que el propio poeta pudo hacer de su obra en sus últimos años. El hombre maduro regresa a cada una de las estaciones de su vida, recorre todo el arco de sus curiosidades y apunta una reflexión final que completa la circunferencia.

En ningún autor de nuestra tradición se comprende la empresa de la “obra completa” como en Octavio Paz. Pero la tarea que ahora tendrá una nueva versión del Fondo de Cultura Económica, tiene sus riesgos. La pesantez de los volúmenes puede ahuyentar lectores. El escritor punzante perece si se le exhibe en mausoleo. Para preservar su vitalidad, hay que deshojarlo, arrancarle fragmentos a los tomos, restaurarle ligereza a su reflexión, ventilar sus piezas, desordenarlo. A Paz hay que poder llevarlo en el bolsillo, leerlo en la cama sin que el brazo se acalambre.

Hay libros esenciales de Paz que las editoriales han dejado morir. Resulta casi imposible encontrar, por ejemplo, su fascinante retrato de la India. Debería estar a la mano, en todas las versiones posibles. No hay un volumen digno, bien ilustrado pero accesible de los escritos sobre arte de Paz. Hace falta. Los privilegios de la vista debería estar presente en todo museo, en toda escuela, en toda librería. Hay que revivir los libros de Paz para resinsertarlos, de la manera más fresca posible, en nuestra conversación. Por eso me parece tan buena noticia que libros como La llama doble (con un nuevo prólogo escrito por Enrique Krauze) y la antología personal El fuego de cada día recuperen su cuerpo original. Esa restitución es el homenaje justo al escritor, no el tributo al personaje. Por eso también es tan valioso que se nos ofrezcan miradas para acercarnos a Paz. Armando González Torres ha publicado una estupenda antología de textos políticos de Paz que enfocan al combatiente intelectual, al polemista lúcido y apasionado. Lo mismo podría imaginarse de sus poemas amorosos, de sus traducciones, de sus poemas extensos, de sus retratos literarios… Para perdurar, el universo de Paz ha ser pulverizado constantemente. Deshojar a Paz.

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25, Mar 2014

La caída

Octavio Paz

A la memoria de Jorge Cuesta

I

Abre simas en todo lo creado,
abre el tiempo la entraña de lo vivo,
y en la hondura del pulso fugitivo
se precipita el hombre desangrado.

¡Vértigo del minuto consumado!
En el abismo de mi ser nativo,
en mi nada primera, me desvivo:
yo mismo frente a mí, ya devorado.

Pierde el alma su sal, su levadura,
en concéntricos ecos sumergida,
en sus cenizas anegada, oscura.

Mana el tiempo su ejército impasible,
nada sostiene ya, ni mi caída,
transcurre solo, quieto, inextinguible.

II

Prófugo de mi ser, que me despuebla
la antigua certidumbre de mí mismo,
busco mi sal, mi nombre, mi bautismo,
las aguas que lavaron mi tiniebla.

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,
niebla de mí, mentira y espejismo:
¿qué soy, sino la sima en que me abismo,
y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

El espejo que soy  me deshabita:
un caer en mí mismo inacabable
al horror del no ser me precipita.

Y nada queda sino el goce impío
de la razón cayendo en la inefable
y helada intimidad de su vacío.

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25, Mar 2014

Arte poética

Vicente Huidobro

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.

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13, Mar 2014

El trastorno del color azul

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36. Goethe describe al azul como un color vivo, pero desprovisto de alegría. “Diría que trastorna más de lo que alegra.” ¿Estar enamorada del azul es entonces estar enamorada de un trastorno? ¿O es el amor mismo un trastorno? Y de cualquier modo, ¿qué clase de locura es esa de enamorarse de algo constitucionalmente incapaz de amarte de vuelta?

De los Bluets de Maggie Nelson, traducidos por Isabel Zapata

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12, Mar 2014

La Cracovia de Zagajewski

El poeta Adam Zagajewski describe su Cracovia en un documental de Magdalena Piekorz. El cultural lo entrevista a propósito de la presentación de la película en España.

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10, Mar 2014

Jorge Negrete canta un poema de Octavio Paz

La historia de esta asociación la cuenta Alberto Ruy-Sánchez en su Introducción a Octavio Paz.

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25, Feb 2014

Simic: Lo que queda de mis libros

Charles Simic evoca los misterios de la memoria en una nota que publica el New York Review of Books. De los libros que descansan en mis estantes puedo olvidar la trama central pero recuerdo pasajes triviales. Las migajas son, tal vez, más duraderas que el banquete. Mark Strand tenía una buena idea para aprovechar esas azarosas piezas del recuerdo. Creía que a las tumbas podría instalársele una maquinita que (a cambio de alguna moneda) pudiera compartir con los visitantes los recuerdos, las canciones, las anécdotas favoritas del muerto. El invento de Strand animaría los panteones pero, más allá de eso, impediría la extinción de todo aquello que el azar almacena en nuestra cabeza y que desaparece con nuestra vida.

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23, Feb 2014

Un documental sobre Burroughs

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21, Feb 2014

John Ashberry lee «El lunático», de Charles Simic

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19, Feb 2014

Centenario de Octavio Paz

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