Historia

11, feb 2013

La ciudad de México en 1628

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Vista aquí.

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19, sep 2012

Memorias de Joseph Anton

Book-articleInlineHa pasado un
cuarto siglo desde que Salman Rushdie recibió la condena de muerte por sus Versos satánicos. Se publican ahora sus
recuerdos sobre ese episodio que marca nuestra época como la caída del muro de
Berlín. 1989: “el año en que el mundo cambió.” El libro aparece cuando parece
reeditarse aquella locura. Una película ha desatado la rabia asesina; las
ofensas al profeta encienden nuevamente fuegos de odio. Nada de esto habría
pasado, ha dicho recientemente un líder religioso iraní, si la sentencia se
hubiera cumplido entonces. Si se hubiera cumplido la orden, ha declarado un tal
Hassan Sanei, no habría habido insultos en forma de caricaturas, artículos y
películas como ha sucedido desde entonces. La impertinencia de los enemigos del
islam sólo puede parar si se cumple aquella sentencia. Por ello Sanei, cabeza
de una fundación religiosa, ha aumentado la recompensa a quien mate a Rushdie. Estoy
agregando $500,000 dólares, como premio a los posibles asesinos. La recompensa
a quien cumpla la sentencia aún vigente alcanza hoy más de 3 millones de
dólares.

Fue el día de
San Valentín de 1989 cuando la cabeza de la teocracia iraní decretó la fatwa contra Rushdie. “Informo al
orgulloso pueblo musulmán del mundo que sentencio a muerte al autor del libro Los Versos Satánicos, contrario al
Islam, el Profeta y el Corán, y a todos aquellos involucrados en su publicación
que están al tanto de su contenido.” Una periodista le informó de la sentencia
hablándole por teléfono a su casa. ¿Qué se siente?, le preguntó. Sólo pudo
responder: “No se siente bien.” Se sintió un hombre muerto. ¿Cuánto tiempo le
quedaría? Dudó que pudiera rebasar los diez días con vida. El miedo que sentía
entonces era el miedo obvio a la muerte. Una bala, una bomba, un cuchillo que
terminara con su vida. No había habido un juicio, no pudo defenderse ni podía
refugiarse en ninguna parte. Recordaba que Voltaire sugería a los escritores
vivir cerca de la frontera. Si el rey se enfada con el autor, éste puede cruzar
la línea y ponerse a salvo. Rushdie no podía encontrar alivio en el exilio. El
gobernante de un país lejano imponía un condena en todo el planeta.

El autor de Versos satánicos sigue con vida pero
puede decirse, que , en algún sentido, la fatwa
fue exitosa: la vida de Rushdie terminó con esa sentencia. No dejó de respirar
pero dejó de ser él, se volvió otra persona, perdió sus rutinas, le impusieron
otro nombre. Escondido, empezó a vivir una vida ajena. Por ello el recuento de
ese episodio se titula Memorias de Joseph
Anton
, el nombre que adoptó en su escondite juntando los nombres de pila de
Conrad y Chejov. En estas memorias, Rushdie habla de sí mismo en tercera
persona: la autobiografía de otro. No es simple distanciamiento para evitar el
tono narcisista que pudiera tener el yo, yo yo. No es tampoco incorporación de
las herramientas del novelista en la labor de la memoria, como ha dicho él. En
realidad, es la forma de captar la experiencia de su condena. La fatwa le arrebató el espejo, esa
relación directa consigo mismo, con su cara, con sus rutinas, su libertad.
Desde que la condena fue leída por la radio iraní, Rushdie no podría vivir su vida. Bajo amenaza, podría consolarse
solamente viviendo una vida ajena, oculta, siempre amenazada y definida por otros.
Podría llamar por teléfono pero nunca recibir una llamada. Vale imaginarlo: no
poder disfrutar de la sorpresa de un mensaje: saber que alguien, en otro lugar,
nos piensa.

Durante un
periodo breve, su libro fue examinado, elogiado, criticado con el vocabulario
de los libros. Poco tiempo después, el lenguaje de la literatura fue ahogado en
la cacofonía de otros discursos: lo político, lo religioso, lo sociológico, lo
poscolonial sofocó lo artístico. El libro que Rushdie había escrito desapareció
también como su autor. El mundo discutía sobre un libro que no había leído, se
quemaba un libro que Rushdie no había escrito y que, sin embargo, motivaba una
condena de muerte. A los Versos satánicos,
escribe Rushdie, le fue negada la existencia ordinaria de una novela. Se
convirtió en algo más pequeño y más feo: un insulto. Y él se transformó en El
Insultador, no solamente a los ojos del islam sino en la opinión de quien no
podría conocerlo. El poder no lo mató pero liquidó su vida.

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19, abr 2012

Hobsbawm recuerda a Tony Judt

Hobsbawm Judt bynGracias a David Peña leo este texto de Eric Hobsbawm sobre Tony Judt. Los historiadores fueron amigos, aunque no muy cercanos. Hobsbawm registra sus reservas frente al trabajo académico de Judt (impresionante erudición, triviales resultados historiográficos) y su transformación en intelectual público. Enemigo del autoengaño, irritable como buen polemista, una voz ferozmente independiente en temas del mundo. Destacaba, sobre todo, por haber sido crítico del totalitarismo, sin dejarse seducir jamás por el canto de los neocons.

En un capítulo de Reappraisals, Judt escribe sobre Hobsbawm.

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27, jul 2011

Breña – Krauze: debate sobre el sitio de la historia

"La patria", de Jorge González Camarena En la edición de mayo de nexos, Roberto Breña publicó una crítica severa al libro más reciente de Enrique Krauze. A juicio de Breña, la crítica de Krauze a la historia de bronce es ya extemporánea y su crítica a la producción académica, infundada. Enrique Krauze respondió en la edición del mes siguiente de Letraslibres. La crítica de Breña le resultó la perfecta confirmación de todos los prejuicios académicos. Breña acaba de contestar a la réplica de Krauze. A su juicio, la idea de contraponer la historia académica con la divulgación histórica es insostenible.

El debate tuvo dos entregas más. Enrique Krauze ubica a Breña en una barricada, advirtiendo que no niega los méritos de la historia hecha en la academia sino que simplemente señala algunos de sus vicios. Breña finalmente da por concluido un intercambio que no considera siquiera un debate. A su juicio, Krauze cae en la mentira, la descalificación, la incongruencia y el autoelogio

Vale la pena asomarse a este intercambio.

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20, jun 2011

Escritura y vida

Semprún en Buchenwald

La vida de Jorge Semprún terminó el 7 de junio pasado. Contempló y sufrió los horrores del siglo XX; se trepó al lomo de sus ilusiones y fue pateado por la decepción. Fue, ante todo, un hombre de acción. Quiso, como aquella tesis famosa, cambiar al mundo y no solo descifrarlo. Y a la intensidad de su vida de aventura, hecha de exilios y capturas; suplicios, clandestinaje y un ministerio, agregó una extraordinaria lucidez, una prosa clara y sustanciosa, una honestidad intelectual que le permitió ver el espanto a los ojos y reconocer en sí mismo el error.

JedemDasSeine04Nacido en Madrid en diciembre de 1923, pasó los primeros años de su juventud en Buchenwald, un campo de concentración nazi, apenas a unos kilómetros de Weimar. No era un campo de exterminio sino un encierro de disidentes a los que se esclavizaba para producir armamento. El pórtico de la cárcel recibía a los presos con una frase: “A cada quien lo suyo.” Monstruosa idea de justicia que daba a los hombres trato de trapo. ¿Cómo puede entenderse que un centro irradiador de cultura europea haya sido capital de la barbarie? En la fábrica de muerte de Buchenwald pudo haber estado un roble tatuado con el puño de Goethe. Más que los golpes, la tortura, los maltratos, lo que a Semprún le resultaba insoportable del cautiverio era la ausencia absoluta de privacía. No había forma de escapar de la mirada y el roce de los demás. Ningún refugio para lo más personal, lo más íntimo. Ahí transformó la poesía en una cortina de salvación. Recitar en silencio un poema de García Lorca era ganar la bendición de la soledad. Ahí le vio la cara al horror: observó el humo de los crematorios, recibió palizas, olió las pestilencias más insoportables, observó huesos que caminaban y vio pilas de cadáveres amarillentos. Nunca olvidó el olor a carne quemada. El preso 44904 se empeñó en salvarse y a salvar a los otros. En la peor de las circunstancias encontró rendijas de la libertad y la responsabilidad. El mal no es lo inhumano, dice Semprún en La escritura o la vida: es una de las posibilidades de la libertad. En la libertad arraigan humanidad e inhumanidad del hombre.

De su experiencia tuvo que callar durante muchos, muchos años. Describir su experiencia era revivirla. La memoria era la memoria de la muerte. Escribir entonces era, tal vez despedirse de la vida: el recuerdo como una carta suicida. Optó por la vida, es decir, por la acción. La política era el antídoto al recuerdo porque se colgaba de la esperanza, del futuro. Lo era sobre todo en la política en la que creía Semprún: la revolucionaria, la que tenía como propósito el fin de la dictadura franquista. Bajo el nombre de Federico Sánchez, militó en el Partido Comunista y se convirtió en el hombre más buscado por la policía del régimen. Cayó en el dogmatismo, fue un creyente, le compuso una oda a Stalin. Pero tuvo el valor de abrir los ojos y la determinación de enfrentar la línea soviética. Mostró una valentía mayor al describir su propia enajenación. Si hoy sabemos que le escribió un homenaje a Stalin es porque él mismo lo dio a conocer, años después, avergonzado de su fanatismo ideológico. El encantamiento doctrinario fue pasajero. Tras enfrentarse a los comisarios de Moscú, recibió el regalo de la expulsión. Había cometido el crimen de revisionismo.

Ser expulsado del Partido Comunista fue un golpe terrible para Semprún pero le permitió reconciliarse con esa vocación que había reprimido durante demasiado tiempo: la de escritor. Habían pasado ya suficiente tiempo. Podía recordar. Tenía ya la fuerza para hacerlo y sentía la responsabilidad de nombrar la experiencia del horror. La memoria se convirtió así en el territorio obsesivo de su escritura. Como buen conversador, Semprún brinca en sus libros por los mismos recuerdos pero en cada ocasión regresa del viaje con un ángulo nuevo, una reflexión libre, una imagen fresca.

Fue miembro del gabinete de Felipe González. Vivía desde hacía tiempo en Francia pero aceptó la invitación porque seguía sintiendo el deber de “intervenir en el curso de las cosas, de modificar la realidad.” Se integró al gobierno socialista como ministro de cultura y pudo vivir también el otro ángulo de la política: las miserias de la intriga palaciega, la megalomanía, las batallas sordas por el poder, la verbosidad vacía, la arrogancia y el servilismo burocrático. De su experiencia en esa política habló también en un libro memorable al que tituló Federico Sánchez se despide de ustedes. Semprún padeció así dos caras abominables de la política: el poder como fuente del mal radical y el poder como el espacio de mezquindad.

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23, mar 2011

Sobre la enseñanza de la historia

Niall Ferguson, el historiador inglés que se ha dedicado a estudiar el dinero y el imperialismo (en su versión británica y norteamericana) escribe en Newsweek sobre la enseñanza de la historia. El semanario exhibe, en su edición más reciente, todo lo que los estadounidenses ignoran de su historia. Frente a los datos, Ferguson se pregunta cómo se puede mejorar la enseñanza de la historia y se detiene en los manuales de la secundaria. Los libros de texto, dice, tienden a acumular hechos sin ofrecer una narración rica que despierte el interés por el pasado. Textos escritos por comités y supervisados por cuidadores de la corrección. Por ello hace falta que reaparezca el historiador como autor y que éste subraye el dramatismo que cada evento histórico contenía. Si se pudiera trasmitir a los alumnos que el presente no tenía que ser el que conocemos, si se entiende que había otras posibilidades de acción, apreciarán de otro modo la historia. Los videojuegos pueden ser un gran instrumento didáctico. 

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24, ene 2011

IBM cumple 100 años

y lo festeja con dos videos. El primero es dirigido por Errol Morris y lleva la música de Philip Glass. El segundo presenta la historia de la compañía a través de 100 nacimientos: 100 x 100,

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14, dic 2010

Dos siglos en cuatro minutos

En su artículo de hoy, David Brooks menciona este video de Hans Rosling presentando los datos del bienestar en los últimos 200 años: 

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23, sep 2010

El discurso de Justo Sierra hace cien años

Open publication – Free publishingMore justo sierra

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13, sep 2010

La miopía de lo político

Orozco - Hidalgo Aceptemos por un momento la ficción de que esta semana cumplimos doscientos años. Démosla un momento por válida, aunque se entienda bien que las naciones no son criaturas paridas entre gritos, en una noche. Las metáforas nos ayudan a entendernos, en la medida en que sepamos que lo son. La idea del cumpleaños de las doscientas velas es útil porque nos permite pensar en México. Los dos siglos podrían ayudarnos a expandir la mirada, a reflexionar de un modo distinto sobre la casa común. Lo digo no solamente porque el horizonte de un tiempo largo ofrezca la perspectiva que nos urge, ese sentido de proporción que hemos perdido, atrapados por la urgencia del día. Lo digo también porque los siglos nos permitirían también superar la miopía de lo político. 

La política nos ha hecho miopes. Ha querido que su obsesión por el poder sea nuestra. Ha querido imponernos su mirada y, en buena medida lo ha logrado. Pensar la vida de México desde ese marco que enfoca gobiernos, caudillos, congresos, leyes, constituciones, proclamas, revoluciones, presidentes. Lealtades y traiciones; patriotismo y enemigos. Sólo importa lo que cabe en sus categorías y en sus pleitos. Desde luego que ésa no fue la única voz del bicentenario, pero fue la predominante: la nación como pelota en el juego de la política. La nación como fruto de un patriótico furor destructivo. La peor contribución del bicentenario fue el haber insistido en esa lectura de México. Se reinstaló entre nosotros el vocabulario de la épica: los héroes y sus gestas; los padres de la patria y sus sacrificios; los prohombres y sus proezas. Es cierto que, a diferencia del primer centenario, no se usó la conmemoración para enaltecer a un hombre, pero se ha usado para glorificar el mismo quehacer: la política. Se ha usado para comprenderla en clave dramática: una política cocinada con violencia y sangre, preparada con el sacrificio de los mártires. No celebramos la política estable y constructiva (esa que la vieja y la nueva historia oficial desprecian) sino la política de la ruptura. La cara más grotesca de esta idolatría es que el gobierno federal nos haya invitado a rendir homenaje a los huesos de los insurgentes. Espectáculo abominable para la macabra autocelebración de la política. 

Es vanidad de la política asumirse como hacedora exclusiva de la nación. 

(más…)

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16, dic 2009

Arquitectura de símbolos

Bonampak

Entre los libros que se acomodan en las estanterías de novedades, se levanta una estela imponente: el nuevo libro de Enrique Florescano. La obra se publica en una edición magnífica que apenas deja cargarse. Por ambición, más que por volumen, es una obra descomunal, una investigación que corre en sentido contrario a las menudencias de la historia académica y la banalidad de cierta historia de divulgación. Un trabajo propio de varias instituciones, emprendido durante años por un solo hombre. No es que se trate de la obra de un genio solitario, sino la extraordinaria integración de saberes que ha logrado un atentísimo historiador a través del tiempo.

“De tarde en tarde, en lo infinito del tiempo y en medio de la enorme indiferencia del mundo, algunos hombres reunidos en sociedad dan origen a algo que los sobrepasa: a una civilización. Son los creadores de culturas. Y los indios de Anáhuac, al pie de sus volcanes, a orillas de sus lagunas, pueden ser contados entre esos hombres.” Estas líneas de Jacques Soustelle cierran el voluminoso trabajo de Enrique Florescano. De alguna manera, marcan el tono de la obra: Mesoamérica, más allá de su evidente diversidad, aparece como una unidad cultural. Los orígenes del poder en Mesoamérica, es una historia del arte político mesoamericano. Un arte que por supuesto, desborda lo que entendemos por arte y una política que trasciende igualmente los linderos modernos de lo político.

Esta exploración del arte político en Mesoamérica coloca la idea del poder en el centro. Está en el núcleo del título y en la médula de cada párrafo. Pero, ¿de qué poder habla el historiador? No se trata, por supuesto, del poder hecho tecnología en la modernidad occidental. Se trata del poder profundo, el poder que inyecta sentido al mundo; el poder que genera, para los hombres, cosmos. Las transformaciones históricas que con tanto cuidado examina Florescano en su trabajo no pertenecen a ese reino autónomo de lo gubernativo que en Occidente despunta en el Renacimiento. No acentúan en exclusiva la jerarquía imperativa del Estado y de su cabeza, el príncipe. Lo político es retratado en este extenso mural como un misterioso y complejo sentido de orden que va mucho más allá del decreto y la ley. Implica fuerza, violencia y sometimiento. Pero no sólo eso. Sea porque en algún tiempo encarnó en la noción de virtud cívica o principesca; sea porque fue procesada después como fuerza mecánica, la política ha quedado reducida al imperio de unos sobre otros. El relato de Florescano tiene el enorme valor de recordarnos el tamaño de esa estrechez moderna: el poder no es solamente sumisión: es, antes que eso, el sitio de la coexistencia.

El viaje que Florescano hace por los siglos anteriores a la llegada de los españoles, representa, ante todo, el esfuerzo por descifrar el contenido simbólico de la política. En la estructura urbana de las ciudades mesoamericanas, en sus estelas y murales, en figuras y tumbas abundan narraciones, alegorías, recuerdos, leyendas y metáforas que interpretan el mundo y que, sobre todo, los vuelven un compuesto coherente, integrado, armónico. Plantas y planetas; volcanes y guerras; gobiernos, hombres y bestias hilados en el mito. La actividad simbólica, ha dicho Michael Walzer, le permite a la política lograr su objetivo central: unificar; hacer, de lo diverso, uno. Los símbolos del poder en Mesoamérica, no son decorado de los palacios: son marcos del pensar y, por ello, contornos de la acción colectiva. Los símbolos rodean las ideas y definen lo inconcebible. Así, el Estado mesoamericano, una hazaña de la centralización, la potencia fiscal, la organización económica, la demarcación territorial, la organicidad demográfica es también una joya de la arquitectura simbólica.

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28, may 2009

Narrar, historiar

De la sustanciosa discusión que disparó cbr en el blog hace un par de días a propósito de los méritos de Simon Schama, rescato el mensaje que envía Pablo Mijangos:

La historia es una casa con muchos cuartos, en la que cohabitan lo mismo Schama y Braudel, que Furet y E. Labrousse, G. Rudé y David Bell, y un largo etcétera. ¿Es la historia ciencia o literatura? Ninguna de las dos: es un oficio en constante tensión entre su "propósito cognoscitivo" y su lenguaje que aspira a la nobleza de la literatura.

A propósito de esto, recomiendo la lectura que c(arlos) b(ravo) r(egidor) hizo del libro de José Antonio Crespo. Su vehemente diatriba contra la historia oficial resulta un elocuente testimonio de nuestra confusión.

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22, oct 2008

Simon Schama y el futuro de Estados Unidos

Schama - American Future Después de terminar su extraordinaria reflexión sobre los poderes del arte, Simon Schama viajó a los Estados Unidos para escribir sobre su historia y su idea del futuro. De nuevo, como en su trabajo sobre la historia inglesa, su proyecto enlaza documental para la televisión y libro. Schama es un historiador riguroso y, sobre todo, un narrador excepcional. No teme a los adjetivos ni al vuelo imaginativo. Tampoco le asustan las cámaras. En Inglaterra distintos medios comentan el libro (que todavía no está disponible en Estados Unidos) The Economist lo elogia: una buena muestra de la percepción histórica de Schama. En el Telegraph, Raymond Seitz sugiere que Schama es devorado por la televisión, convirtiéndose en el Barry Manilow de los historiadores. (!) El paralelo que hace Dominic Sandbrook en el Guardian es distinto: Schama es el Martin Amis de la historia, pero sospecha igualmente que, tras la fuerza de su estilo, cada vez hay menos sustancia.

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15, oct 2008

Legislar la memoria

Libert_pour_lhistoire_2Timoth Garton Ash comenta en su artículo más reciente en el Guardian una  peligrosa práctica que se ha propagado en el mundo: legislar la memoria. Parlamentos que dictan leyes para recordar de cierta manera el pasado. El Estado impone el deber de recordar, y de recordar de cierto modo. Quien recuerde mal puede ser castigado por el Estado. Alarmados por esa tendencia, un grupo de historiadores ha levantado la voz para declarar lo siguiente:

La historia no debería ser esclava de la actualidad ni escribirse al dictado de memorias en conflicto. En un Estado libre, no le corresponde a ninguna autoridad política definir la verdad histórica y restringir la libertad del historiador bajo la amenaza de sanciones penales.

A los historiadores, les pedimos que unan sus fuerzas dentro de sus propios países y creen estructuras similares a la nuestra y que, de forma inmediata,  firmen individualmente esta declaración para  poner fin a la deriva de las leyes sobre la memoria.

A los políticos, le pedimos que sean conscientes de que, si bien es responsabilidad suya  mantener la memoria colectiva, no deben instituir, por ley y en relación al pasado,  verdades de Estado cuya aplicación judicial pueda tener  graves consecuencias para el oficio  de historiador y para la libertad intelectual en general.

En una democracia, la libertad para la Historia es la libertad de todos.

El documento contra la policía de la memoria lo firman, entre otros, Carlo Ginzburg, Eric Hobsbawm, Jacques Le Goff y el propio Garton Ash. Libertad para la historia tiene esta página en francés.

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08, oct 2008

Sobre Hale

En la página de Historia Mexicana puede encontrarse una lista de los artículos de Hale que aparecieron en la revista y un par de trabajos importantes en archivos pdf: "Los mitos políticos de la nación mexicana: el liberalismo y la revolución" y "La tradición del Derecho continental europeo y el constitucionalismo en el México del siglo XX: el legado de Emilio Rabasa." En Letraslibres hay algunos textos suyos, incluyendo una conversación con Enrique Krauze publicada en 1986 por Vuelta y esta otra con Rubén Gallo sobre las continuidades y rupturas del liberalismo mexicano. En el número 32 de Metapolítica se publicó una buena entrevista con Conrado Hernández. También pueden encontrarse algunos textos sobre su obra. Alvaro Matute reseña La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX y Mauricio Tenorio reflexiona sobre su contribución intelectual en "El liberalismo mexicano en tiempos de Hale" que forma parte del libro en homenaje a Hale coordinado por Josefina Zoraida Vázquez y publicado por El Colegio de México.

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