Libros de Ideas

22, mar 2013

Religión sin Dios

Se publicará un libro póstumo de Ronald Dworkin: Religión sin Dios. El New York Review of Books adelanta un fragmento del primer capítulo. Millones de personas que se consideran ateos, dice, tienen experiencias parecidas y tan profundas como las que los creyentes consideran religiosas. Albert Einsten se consideraba ateo y, al mismo tiempo, profundamente religioso:

Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan solo en sus formas más primitivas… este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosidad. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos.

A propósito del tema, el NYT organizó un debate a partir del levantamiento de una iglesia atea en Londres: ¿Será el ateísmo una nueva religión?

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21, ene 2013

El agnosticismo del religioso

El blog de filosofía del New York Times aloja un texto interesante de Gary Gutting, autor de un libro monumental sobre la filosofía francesa en el siglo XX, sobre las razones de la fe en la que enfrenta la soberbia de cierto ateísmo. Creer que no hay nada valioso en la religión es como creer que no hay valor en la poesía, en el arte, en la filosofía. La ciencia podrá aportar conocimiento de causas pero nuestra experiencia no se detiene solamente en esas conexiones. Hay significados que escapan a las interacciones causales. Valdría aceptar las razones de quienes abrazan la fe como fuente de entendimiento y de amor pero permanecen escépticos frente a sus pretensiones de conocimiento causal.

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09, dic 2012

Sobre James C. Scott

A propósito de la publicación de su elogio del anarquismo, el New York Times publica un perfil del politólogo James C. Scott. La nota de Jennifer Schuessler revisa su trayectoria académica y su vida en una granja de 1826. Saber cómo trasquilar una oveja me ha hecho un mejor profesor, dice. La nota destaca su distanciamiento de la ciencia política. Cuando me dicen que soy, más bien un antropólogo, lo considero un elogio. “Un antropólogo trata de despojarse de todos los prejuicios que pueda y estar lo más abierto posible a donde el mundo te conduzca; un politólogo se acerca al mundo con un cuestionario.”

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29, nov 2012

Los libros del 2012 (para los colaboradores y amigos de The New Statesman)

Ed Miliband:
The Fear Index, de Robert Harris.
What Money Can’t Buy, de Michael Sandel

Alain de Botton
Unapologetic: Why, despite everything, Christianity can still make surprising emotional sense, de Francis Spufford.

John Gray
Inside the Centre: the Life of J Robert Oppenheimer, de Ray Monk y
Umbrella, de Will Self.

Adam Gopnik
The Better Angels of Our Nature, de Steven Pinker

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31, oct 2012

De Jacques Barzun

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19, sep 2012

Memorias de Joseph Anton

Book-articleInlineHa pasado un
cuarto siglo desde que Salman Rushdie recibió la condena de muerte por sus Versos satánicos. Se publican ahora sus
recuerdos sobre ese episodio que marca nuestra época como la caída del muro de
Berlín. 1989: “el año en que el mundo cambió.” El libro aparece cuando parece
reeditarse aquella locura. Una película ha desatado la rabia asesina; las
ofensas al profeta encienden nuevamente fuegos de odio. Nada de esto habría
pasado, ha dicho recientemente un líder religioso iraní, si la sentencia se
hubiera cumplido entonces. Si se hubiera cumplido la orden, ha declarado un tal
Hassan Sanei, no habría habido insultos en forma de caricaturas, artículos y
películas como ha sucedido desde entonces. La impertinencia de los enemigos del
islam sólo puede parar si se cumple aquella sentencia. Por ello Sanei, cabeza
de una fundación religiosa, ha aumentado la recompensa a quien mate a Rushdie. Estoy
agregando $500,000 dólares, como premio a los posibles asesinos. La recompensa
a quien cumpla la sentencia aún vigente alcanza hoy más de 3 millones de
dólares.

Fue el día de
San Valentín de 1989 cuando la cabeza de la teocracia iraní decretó la fatwa contra Rushdie. “Informo al
orgulloso pueblo musulmán del mundo que sentencio a muerte al autor del libro Los Versos Satánicos, contrario al
Islam, el Profeta y el Corán, y a todos aquellos involucrados en su publicación
que están al tanto de su contenido.” Una periodista le informó de la sentencia
hablándole por teléfono a su casa. ¿Qué se siente?, le preguntó. Sólo pudo
responder: “No se siente bien.” Se sintió un hombre muerto. ¿Cuánto tiempo le
quedaría? Dudó que pudiera rebasar los diez días con vida. El miedo que sentía
entonces era el miedo obvio a la muerte. Una bala, una bomba, un cuchillo que
terminara con su vida. No había habido un juicio, no pudo defenderse ni podía
refugiarse en ninguna parte. Recordaba que Voltaire sugería a los escritores
vivir cerca de la frontera. Si el rey se enfada con el autor, éste puede cruzar
la línea y ponerse a salvo. Rushdie no podía encontrar alivio en el exilio. El
gobernante de un país lejano imponía un condena en todo el planeta.

El autor de Versos satánicos sigue con vida pero
puede decirse, que , en algún sentido, la fatwa
fue exitosa: la vida de Rushdie terminó con esa sentencia. No dejó de respirar
pero dejó de ser él, se volvió otra persona, perdió sus rutinas, le impusieron
otro nombre. Escondido, empezó a vivir una vida ajena. Por ello el recuento de
ese episodio se titula Memorias de Joseph
Anton
, el nombre que adoptó en su escondite juntando los nombres de pila de
Conrad y Chejov. En estas memorias, Rushdie habla de sí mismo en tercera
persona: la autobiografía de otro. No es simple distanciamiento para evitar el
tono narcisista que pudiera tener el yo, yo yo. No es tampoco incorporación de
las herramientas del novelista en la labor de la memoria, como ha dicho él. En
realidad, es la forma de captar la experiencia de su condena. La fatwa le arrebató el espejo, esa
relación directa consigo mismo, con su cara, con sus rutinas, su libertad.
Desde que la condena fue leída por la radio iraní, Rushdie no podría vivir su vida. Bajo amenaza, podría consolarse
solamente viviendo una vida ajena, oculta, siempre amenazada y definida por otros.
Podría llamar por teléfono pero nunca recibir una llamada. Vale imaginarlo: no
poder disfrutar de la sorpresa de un mensaje: saber que alguien, en otro lugar,
nos piensa.

Durante un
periodo breve, su libro fue examinado, elogiado, criticado con el vocabulario
de los libros. Poco tiempo después, el lenguaje de la literatura fue ahogado en
la cacofonía de otros discursos: lo político, lo religioso, lo sociológico, lo
poscolonial sofocó lo artístico. El libro que Rushdie había escrito desapareció
también como su autor. El mundo discutía sobre un libro que no había leído, se
quemaba un libro que Rushdie no había escrito y que, sin embargo, motivaba una
condena de muerte. A los Versos satánicos,
escribe Rushdie, le fue negada la existencia ordinaria de una novela. Se
convirtió en algo más pequeño y más feo: un insulto. Y él se transformó en El
Insultador, no solamente a los ojos del islam sino en la opinión de quien no
podría conocerlo. El poder no lo mató pero liquidó su vida.

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06, sep 2012

Breve instructivo de posmoñol

Steve Katz publica en El replicante una guía útil y rápida para hablar en posmoderno.

Imaginemos que quiere decir algo así como: “Deberíamos de escuchar las opiniones de las personas que se encuentran fuera de la sociedad occidental para aprender acerca de los prejuicios culturales que nos afectan”. Ésta es una forma honesta pero aburrida de decirlo. Tomemos la palabra “opiniones”. El-habla-posmoderno cambiaría esa palabra por “voces”, o mejor a “vocalidades”, o aún mejor, a “multivocalidades”. Añádale un adjetivo como “intertextual” y estará cubierto. “Las personas que se encuentran fuera” también suena demasiado plano. ¿Qué tal “los otros postcoloniales”?

Para hablar el posmoderno propiamente uno tiene que dominar un montón de prejuicios además del racismo, el sexismo, el edadismo, etcétera. Por ejemplo, el falocentrismo. Para terminar, “nos afectan” suena como a un juego de niños. Utiliza más frases y verbos oscuros como “regulan nuestras identidades”.

Así que la declaración final debería decir lo siguiente: “Deberíamos de escuchar las multivocalidades intertextuales de los otros poscoloniales que se encuentran fuera de la cultura occidental para aprender acerca de los prejuicios falocéntricos que regulan nuestras identidades”. Ahora sí está hablando posmoderno.

Puede que a veces se encuentre en apuros y no cuente con el tiempo necesario como para lograr reunir el mínimo de sinónimos y neologismos posmodernos requeridos para evitar el ridículo. Recuerde, es aceptable decir la cosa equivocada siempre y cuando lo diga de la manera correcta.

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31, ago 2012

Wittgenstein y la pasión de mirar

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Ray Monk, autor de una imponente biografía de Wittgenstein, El deber del genio, aborda su pensamiento como derivación de su mirada. En un artículo en The New Statesman, Monk subraya la influencia que ejerce Freud para hacer de la imagen, lo inefable, el centro de la experiencia humana. "No pienses, ¡observa!," ordena en sus Investigaciones filosóficas. Pensar para él era "ver conexiones". Verlas, no pensarlas.

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06, ago 2012

Libros de Robert Hughes


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12, jul 2012

Zakaria recomienda seis libros para el verano


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12, jul 2012

En busca de la liberalismidad

JAAG - liberalismidadJosé Antonio Aguilar Rivera es hoy uno de los expositores más lúcidos y exigentes de la historia de nuestras ideas políticas. En su recorrido por los debates institucionales del siglo XIX, en su examen de la vida intelectual mexicana en contraste con la de los Estados Unidos, en sus alegatos en contra de las persuasiones multiculturales, en su ficción sobre el viaje de Tocqueville a México, incluso en su recorrido de nuestras banquetas, ha esclarecido debates cruciales de nuestra vida pública. Lo ha hecho no solamente con rigor académico y elocuencia; también lo ha hecho con un apreciable beligerancia. José Antonio Aguilar ha emprendido un viaje por la historia y la filosofía política con ánimo de batalla: para dar pelea en el México de hoy en contra de las diversas seducciones antiliberales. Ha publicado recientemente dos obras importantes para entender el camino liberal y sus extravíos en México. Dos volúmenes que se complementan. El primero es un ensayo personal, delgado y penetrante sobre el liberalismo en México; el segundo, una compilación voluminosa de textos clásicos.

En el polemista leemos algo más que una cátedra sobre nuestra vida intelectual: encontramos a un combatiente. El primer impulso para pensar con seriedad la tradición liberal en México le vino a Aguilar Rivera con la rebelión zapatista. Un programa eminentemente antiliberal seducía a la opinión pública y a amplias franjas de la intelectualidad mexicana. Antiliberalismo profundo. Desde entonces, José Antonio Aguilar se ha dedicado a pensar críticamente la tradición liberal mexicana. Ha detectado la marginalidad, la superficialidad del argumento liberal en la práctica política y en las convicciones públicas. Aunque todo mundo se asumiera como liberal y rindiera tributo a su vocabulario, ser liberal en el México postrevolucionario era una rareza, casi una locura. Solo en la imaginación literaria había espacio para el liberalismo: en el terreno de las ideas políticas había fraseología liberal, no ideas.

El artículo completo, puede leerse aquí

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26, jun 2012

Elogio de la traición

Sobre la traición, ese vicio ordinario del que hablara Montaigne, los periodistas franceses Denis Jembar e Yves Roucaute publicaron un elogio hace algunos años. De ahí, estas líneas que vale recordarle a los fanáticos de la lealtad:

No traicionar es perecer: es desconocer , los espasmos de la , las mutaciones de la . La traición, expresión superior del pragmatismo, se aloja en el  mismo de nuestros modernos mecanismos republicanos. El método democrático, adoptado por las repúblicas exige la adaptación constante de la política a la voluntad del pueblo, a las fuerzas subterráneas o expresas de la sociedad.

El déspota, hijo de la traición, aterrado por las conmociones de la vida, se apresura a proscribirla y, con ella, a todo el movimiento de la libertad.

La traición es el oxígeno de la democracia.

Los políticos que desean convertirse en estadistas deben matar algo en sí mismos, mutilarse, amputarse, deliberadamente. Es necesario porque se compromete por adelantado a asumir, sin nada ni nadie por encima y si el destino lo lleva a ello, una enorme responsabilidad.

El gran traidor, hombre de gobierno de nuestra época, antepone el realismo a los dogmas.

No es la veleta que gira sino el viento que cambia de dirección.

La democracia, no es sino un conjunto de técnicas prácticas para que los príncipes puedan traicionar.

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19, jun 2012

Waldron responde a sus críticos

HarmInHateSpeechLawsBookEn el espacio que Sanley Fish tiene en el New York Times, Jeremy Waldron responde a las críticas que su libro sobre el discurso del odio ha recibido. Es razonable restringir la expresión cuando ésta, más allá de la ofensa, vulnera la dignidad de las personas. Lastima la dignidad de las personas el discurso que deshumaniza, el discurso que pretende expulsar a alguien de la comunidad. En esos casos, es perferctamente válida la intevención del Estado para asegurar la inclusión. 

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05, jun 2012

Cómo hacer ciencia política

Portada-como-hacer-ciencia-politica_medLa editorial Taurus ha publicado recientemente un libro de y sobre Giovanni Sartori. Coordinado por Jorge Islas, Cómo hacer ciencia política es, en realidad dos libros. El primero es una antología de escritos metodológicos del profesor italiano, el segundo es una reunión de textos sobre Sartori escritos por  varios alumnos mexicanos: Blanca Heredia, Marían Marván, Jorge Islas, César Cancino, Javier Tello y yo. Aquí puede leerse el primer capítulo, "Malformación de los conceptos en política comparada."

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09, abr 2012

Ernst Jünger sobre la astrología

La astrología es un juego, no una ciencia. Tiene sentido en la medida en que el mundo subsiste como juego y puede ser comprendido como tal. Por eso es mucho más antigua que las ciencias y las sobrevivirá, como el baile al paso acompasado, aunque ambas conduzcan a la misma meta. También dejará atrás a la Historia, o a lo que nosotros entendemos por Historia. O sea, que también a Copérnico. 

Ahora, el sol también ha empezado a moverse e incluso las vías lácteas se han sumido en turbulencias. el universo crece con los telescopios. Ya no hay final, no hay cierre. Y todo parece deshabitado. 

El astrólogo no lo acepta. Para él la tierra sigue siendo aún el centro, igual que en ella lo es el hombre con su destino, y por supuesto, el hombre solo. La astrología es más humana que toda abstracción. (…)

El tiempo astronómico es una medida, el astrológico es diferente: no sólo tiene duración, sino también calidad…, e incluso divina.

Anotación del 10 de enero de 1986, en Pasados los setenta, IV, Tusquets 2011

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