Ideas

02, oct 2015

El vaciamiento democrático

La democracia mexicana podría tramitar ya su credencial de elector. Ya no puede hablarse de ella como una democracia niña. No es quinceañera, ya cumplió la mayoría de edad. Por supuesto, no es claro el día de la concepción (y a pocos importaría fecharla) pero sí el día de su nacimiento: 6 de julio de 1997. Es cierto que la gran fiesta se celebró tres años después, con la derrota del PRI y la victoria de Fox, en la elección presidencial. Pero el pluralismo se constituyó en el verano del 97 porque fue entonces cuando estableció sus contrapesos, cuando se alojó en el centro de las instituciones y terminó con el presidencialismo hegemónico. Esa elección rompió el cordón autoritario. Aquella presidencia, se sabe bien, controlaba todas las riendas del poder: la representación y el arbitraje, el resorte de las ambiciones y el látigo de las amenazas. Perdiendo el control del Congreso dejó de ser el amo para convertirse en un poder entre poderes.

La incertidumbre que se asocia al juego democrático aparecía bajo la luz del optimismo. El país se conducía claramente a la modernidad. La activación de la competencia habría de desencadenar una serie de efectos virtuosos. El Congreso actuaría como un foro de razones y un vigilante eficaz del gobierno. Se refundaría el federalismo para darle a la política local representación auténtica. Liberados de la amenaza gubernamental los medios se profesionalizarían para retratar la realidad y cuestionar al poder. La corrupción sería ejemplarmente castigada e iría arrinconándose bajo una atmósfera de exigencias. No sospechábamos un descenso en la barbarie, una tergiversación de los mecanismos de competencia, el vaciamiento de la democracia. A 18 años de la implantación institucional del pluralismo podemos decir que las funciones elementales de la democracia se han pervertido. Los partidos se mimetizan, los órganos de control se pervierten. Los medios se someten, callan, aceptan la verdad oficial. La ley es burlada. Y somos hoy más vulnerables que nunca a la trampa y al crimen.

El artículo completo  puede leerse en nexos…

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15, sep 2015

Las últimas cartas de Isaiah Berlin…

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Está por publicarse el último volumen de las cartas de Isaiah Berlin. Nuevamente compiladas por su editor Henry Hardy (ahora con la ayuda de Mark Pottle) cubre el periodo de 1975 a 1997, el año de su muerte. Se han publicado (que conozca) dos notas sobre esta correspondencia. John Gray cree que las cartas pueden leerse como el comentario a las últimas décadas del siglo XX hecho por una de sus mentes más civilizadas y penetrantes. También como una lúcida defensa de su idea liberal. Stefan Collini es menos entusiasta en la lectura de estas cartas. La publicación de todas sus cartas, la reedición de sus obras, la cadena de homenajes tienta el hartazgo.  Tal vez la conclusión a la que podemos llegar, según Collini, es que su personalidad fue más interesante que sus ideas.

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02, sep 2015

La última entrevista de Hitchens

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En 2011 Richard Dawkins fue el editor invitado de la edición de navidad del New Statesman. Para el número entrevistó a Christopher Hitchens. Sería su última entrevista. Aparece ahora, por primera vez, en línea…

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31, ago 2015

Sobre Oliver Sacks

Ha muerto Oliver Sacks. Aquí pueden leerse los obituarios del NYT, el Guardian, Washington Post, El país. Aquí pueden leerse los recuerdos de Michiko Kakutani, Jerome Groopman, Juan José Millás, Javier Sampedro, Julio Trujillo, Erica Goode, Jorge Comensal, Sabine Heinlein, John Midgley, Julio Patán, José María Pérez Gay, Philip Ball, Lawrence Weschler.  Ésta es la reseña del mismo Groopman a sus memorias, publicada en el NYRB. El archivo del New Yorker de sus colaboraciones y sus últimos ensayos en el NYT. La conferencia TED sobre alucinaciones, su conversación con Charlie Rose, su conferencia sobre la música y la mente, una conferencia en el MIT Media Lab (32’30”). De nexos, su artículo sobre la natación y la reseña de Auden a su libro sobre la migraña.

Abajo puede verse la ópera de Michael Nyman basada en El hombre que confundió a su esposa con un sombrero (y aquí la primera versión del texto, publicado por el LRB):

Aquí pueden encontrarse las apariciones al neurólogo en el blog.

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25, ago 2015

Alberto Manguel habla de su Curiosidad

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13, ago 2015

La inteligencia del pulpo

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03, ago 2015

JEP: Homenaje al sin embargo

En su número 207 la revista Proceso se entrega al juego de la sucesión presidencial. Falta año y medio para la elección del 82 pero la revista se entretiene con las especulaciones del momento. El destape que viene será como todos los previos. Empresarios y corporaciones sindicales dibujan el retrato de su deseado. El siniestro comandante de la policía capitalina, Arturo Durazo, viaja a Estados Unidos y recibe elogios de la policía de Washington. En la página  35 de la revista José Emilio Pacheco escribe de Francisco de Quevedo. Debería decir, más bien, que José Emilio Pacheco escribe otra vez de Francisco de Quevedo. Es el fin de la serie, advierte el poeta como si suplicara comprensión a sus editores. Había publicado ya tres textos largos sobre Quevedo por sus cuatro siglos. Después de un paréntesis para celebrar el Nobel a Milosz, Pacheco entregaba un cuarto ensayo, dedicado  a su prosa política y moral. Así empezaba su inventario:

¡Otro artículo sobre Quevedo! Es antiperiodístico. Es evasivo. Realmente no vale la pena. ¿Qué tiene que ver con México? ¿Usted cree que a un campesino de Chiapas le interesa Quevedo, cree que puede entenderlo?

Pacheco recoge el rumor de la redacción para advertir la arrogancia de cierto populismo. Se trata, en realidad, de un elitismo que se pretende representante de los intereses del campesino chiapaneco, cuidándolo de lo que sería incapaz de apreciar. La gran literatura, la poesía de los clásicos, la percepción de los meditadores no es para todos. La cultura es para pocos; el entretenimiento para el resto. En defensa de su apunte, José Emilio Pacheco enlista las razones por las cuales ha de recordarse a Quevedo en un semanario de denuncia.

En primer lugar, la literatura española pertenece a los mexicanos no menos que a los salmantinos. Cada uno de nosotros la heredó con la lengua  que nos enseñaron en la cuna. […] En segundo lugar, Quevedo es el mejor antídoto contra el sentimiento de inferioridad que nuestros amos nos han hecho interiorizar. Después de leerlo con un mínimo de atención, nadie pensará que el castellano es un idioma de segunda. Si queda alguna duda, que lea las traducciones de Quevedo o intente trasladarlo a otro lenguaje.

Por último, la historia no se repite y sería insensato pretender que nuestra situación es análoga a la del imperio español en sus amenes y postrimerías magistralmente descritas por Quevedo. Pero su experiencia vivida no nos resulta del todo extraña si pensamos en que vivió en un país al que finalmente destruyó nuestra vieja amiga la inflación; que exportaba los frutos del subsuelo colonial y en cambio importaba todo lo demás. Una España en que no había cosa que no estuviera en venta ni pudiese conseguirse mediante el soborno. Aún nadie lo llamaba “mordida” pero ya se le conocía en todo el orbe por el nombre de “unto de México”. Un país en que la miseria y el hambre eran el marco andrajoso del lujo y el consumo suntuario de aquellos empeñados en enriquecerse aun al precio de acabar con el suelo que pisaban. El ocio era producto del desempleo y la falta de educación. Cada ministro resultaba más inepto y voraz que el anterior. El siglo de Quevedo, como el nuestro, fue —hubiese dicho Musset— “un mal momento”.

José Emilio Pacheco también quería el latín para las izquierdas y no sólo para ellas. La hazaña de su trabajo periodístico es la terquedad con la que remó contra la corriente de nuestro tiempo. Inventario fue un milagro del periodismo mexicano. Recorrer los cientos y cientos de páginas publicadas primero en Excélsior y luego en Proceso es contemplar una de la creaciones culturales más imponentes de nuestra era. No es un viejo edificio en ruinas, un palacio magnífico pero deshecho sino por el contrario, adentrarse en una casa impecable. Habitable por su trazo y por su vitalidad. Por la diversidad de sus espacios, por la variedad de tono: un sitio para la nostalgia y para el juego, una recámara de placeres y tristezas, un comedor para la conversación, el chisme, la risa.

El artículo completo en nexos…

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29, jun 2015

Filosofía política moderna: las clases de John Rawls

Aquí puede escucharse el curso que John Rawls impartió en Harvard en 1984 que serviría de base para su libro sobre filosofía política moderna.

El resto de las lecciones pueden oírse aquí.

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03, jun 2015

Villoro y la tiranía de los modernos

En 1958, en el seminario de filosofía moderna que dirigía José Gaos, Luis Villoro atendió la inquietud de su maestro: ¿de dónde viene la vocación del filósofo? ¿Cuándo surge el llamado de la filosofía? El maestro español, como recuerda Aurelia Valero se acercaba con amargura al tema: se consideraba un fracasado, un profesor que había dedicado su vida a la filosofía sin haber logrado el libro que expusiera su noción del mundo. Se sentía ya rezagado, anacrónico.[1] A punto de cumplir los 60, necesitaba escudriñar la relación entre vida y obra. Gaos había conseguido, sin embargo, discípulos, esto es: interlocutores. Los principales eran, desde luego, los integrantes del grupo Hiperión donde figuraban, además de Villoro, Emilio Uranga, Alejandro Rossi y Ricardo Guerra. El consuelo de Gaos llegaba pronto. En noviembre del 59, el maestro anotaba en su diario: “Llega un momento en que el maestro tiene que tratar a los discípulos como iguales y, si lo merecen, hasta como superiores. Entonces ellos, aunque discrepen de él y hasta le critiquen, no lo reniegan ni abandonan.”[2]

Villoro, un profesor de 36 años, discrepa de la pregunta misma y rechaza el carácter filosófico del interrogante. Los motivos que disparan nuestras preguntas pertenecen al orden mundano, prefilosófico. Pero aprovecha la mesa para reflexionar sobre la naturaleza y las exigencias de la disciplina. Y escribe así, con la elegancia y la claridad con la que siempre escribió: “La filosofía consiste por esencia en un poner en cuestión, hacer dubitable, desconectar el orden mundano natural al cual pertenecen esos motivos y exigencias.” Y encontraba en ese ejercicio del cuestionamiento una doble radicalidad: radicalidad del saber y radicalidad del vivir.[3] Es el mundo entero lo que se cuestiona y por eso el filósofo huye del conocimiento ordinario que se detiene siempre en los bordes, en la piel de las cosas. Y es también una liberación de los valores mundanos que sellan el tráfico cotidiano. La filosofía no es vocación sino misión. Dejemos de preguntar qué señuelo nos condujo a los caminos de la filosofía: preguntémonos si estamos a la altura de su llamado. “¿Cómo podemos justificarnos ante la filosofía?,” pregunta Villoro.

Rigor, sería la primera respuesta. El amor al que se entrega el filósofo es severo y exigente. Requiere un trabajo minucioso y atento para taladrar las ideas hasta su raíz. En un intercambio con Leopoldo Zea precisó su idea de esta exigencia: “Por ‘filosofía rigurosa’ no debe entenderse filosofía académica, informada de las últimas publicaciones en lengua inglesa o alemana, tampoco significa filosofía aséptica frente a las motivaciones de la realidad en que vive el filósofo. Filosofía rigurosa quiere decir simplemente filosofía que intenta llevar hasta el final, con el ejercicio de la propia razón, el examen de los fundamentos de las opiniones y doctrinas recibidas, filosofía que no se detiene en razonamientos vagos o figuras retóricas, que no toma prestadas, sin ponerlas en cuestión, opiniones manejadas por otros. Filosofía rigurosa es reflexión que aspira a ser clara, precisa, radical. En ese sentido, toda filosofía rigurosa es liberadora, pero su labor liberadora no consiste en prédicas de acción o adoctrinamientos políticos, sino en poner en cuestión los sistemas de creencias recibidos.”[4]

___

[1] Aurelia Valero, Introducción a José Gaos, Ricardo Guerra, Alejandro Rossi, Emilio Uranga y Luis Villoro, Filosofía y vocación, México, Fondo de Cultura Económica, 2012, ps. 17 y 18.

[2] En la misma introducción, p. 19.

[3] “Trabajo de Luis Villoro sobre la vocación filosófica,” mismo libro, p. 71.

[4] Citado por Guillermo Hurtado, “Retratos de Luis Villoro,” en Mario Teodoro Ramírez, coordinador, Luis Villoro. Pensamiento y vida. Homenaje en sus 90 años, Siglo XXI Editores, 2014, p 14.

 

El artículo completo puede leerse aquí

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15, may 2015

Carta de Albert Camus a su maestro de primaria

(Al recibir el Premio Nobel)

 

París, 19 de noviembre de 1957

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido. Un abrazo con todas mis fuerzas,

Albert Camus

 

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27, abr 2015

El viaje de Tony Judt

Tony-Judt

David Bromwich quien publicara recientemente una magnífica biografía intelectual de Burke, comenta en The National Interest la compilación de los últimos ensayos políticos de Tony Judt. Cuando los hechos cambian. Ensayos 1995-2010 es el título del libro. Al juzgar los hechos de su tiempo, Judt actúa con la “modestia del historiador”, dice Bromwich. Una modestia que no esconde, desde luego, sus ideales. Los ensayos de Judt reflejan su adhesión a un estilo de vida que siente amenazado. Es el mundo que nación de la Ilustración y que hizo realidad el Estado de bienestar.

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27, abr 2015

Stephen Hawking canta Monty Python

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22, abr 2015

El recetario literal

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Ayaan Hirsi Ali (que ha aparecido con frecuencia en este blog) publicó recientemente su llamado urgente a la reforma del islam que Mario Vargas Llosa elogió con entusiasmo en El país. Sin cambios sustanciales, el islam es una ideología totalitaria que funde política y religión para el aniquilamiento del otro. Hace unos cuantos días pronunció un discurso en Berlín para reiterar su absolutismo. A su juicio, la expresión no puede someterse a ningún límite. Hirsi Ali termina su discurso citando a Stéphane Charbonnier, editor de Charlie Hebdó asesinado hace unos meses por los fanáticos. El problema, dice el caricaturista en un documento que se publicó póstumamente, no son ni la Biblia ni el Corán, novelas incoherentes y soporíficas, sino esos lectores que las toman como si fueran un instructivo de Ikea. Debes cortarle el cuello al infiel para ganarte las vacaciones eternas que te promete el Señor.

Toma cualquier recetario de cocina y exige que sea tomado como la Verdad. Aplica literalmente las instrucciones de ese Texto Sagrado a ti y a todos los demás. ¿Qué consigues? Un baño de sangre.

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16, abr 2015

Entrevista con Kwame Anthony Appiah

Héctor Aguilar Camín ha recuperado en artículos recientes la idea de Kwame Anthony Appiah de las “revoluciones morales” que desarrolla en su libro Código de honor. Cambios rápidos a viejas costumbres que parecen intocables. El New York Times publica hoy una entrevista con el filósofo. Anuncia ahí un nuevo libro sobre la emergencia de la identidad.

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13, abr 2015

El expediente Hobsbawm

Eric Hobsbawm

El servicio de inteligencia británico acaba de abrir el expediente de Eric Hobsbawm. El historiador no llegó a leerlo. Frances Stonor Saunders lo ha leído y lo comenta para el London Review of Books. El archivo muestra a un terco militante del Partido Comunista que no hablaba con Moscú ni espiaba para la Unión Soviética. Los servicios de inteligencia británicos abrieron sus cartas, oían sus conversaciones, lo seguían en los aeropuertos, obstruían su su carrera académica para descubrir que era un indisciplinado militante de un partido diminuto. Si permaneció toda su vida inscrito al partido no fue por comulgar con sus políticas, sino por rehusarse a ser excomunista.

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