Ideas

03, ago 2015

JEP: Homenaje al sin embargo

En su número 207 la revista Proceso se entrega al juego de la sucesión presidencial. Falta año y medio para la elección del 82 pero la revista se entretiene con las especulaciones del momento. El destape que viene será como todos los previos. Empresarios y corporaciones sindicales dibujan el retrato de su deseado. El siniestro comandante de la policía capitalina, Arturo Durazo, viaja a Estados Unidos y recibe elogios de la policía de Washington. En la página  35 de la revista José Emilio Pacheco escribe de Francisco de Quevedo. Debería decir, más bien, que José Emilio Pacheco escribe otra vez de Francisco de Quevedo. Es el fin de la serie, advierte el poeta como si suplicara comprensión a sus editores. Había publicado ya tres textos largos sobre Quevedo por sus cuatro siglos. Después de un paréntesis para celebrar el Nobel a Milosz, Pacheco entregaba un cuarto ensayo, dedicado  a su prosa política y moral. Así empezaba su inventario:

¡Otro artículo sobre Quevedo! Es antiperiodístico. Es evasivo. Realmente no vale la pena. ¿Qué tiene que ver con México? ¿Usted cree que a un campesino de Chiapas le interesa Quevedo, cree que puede entenderlo?

Pacheco recoge el rumor de la redacción para advertir la arrogancia de cierto populismo. Se trata, en realidad, de un elitismo que se pretende representante de los intereses del campesino chiapaneco, cuidándolo de lo que sería incapaz de apreciar. La gran literatura, la poesía de los clásicos, la percepción de los meditadores no es para todos. La cultura es para pocos; el entretenimiento para el resto. En defensa de su apunte, José Emilio Pacheco enlista las razones por las cuales ha de recordarse a Quevedo en un semanario de denuncia.

En primer lugar, la literatura española pertenece a los mexicanos no menos que a los salmantinos. Cada uno de nosotros la heredó con la lengua  que nos enseñaron en la cuna. […] En segundo lugar, Quevedo es el mejor antídoto contra el sentimiento de inferioridad que nuestros amos nos han hecho interiorizar. Después de leerlo con un mínimo de atención, nadie pensará que el castellano es un idioma de segunda. Si queda alguna duda, que lea las traducciones de Quevedo o intente trasladarlo a otro lenguaje.

Por último, la historia no se repite y sería insensato pretender que nuestra situación es análoga a la del imperio español en sus amenes y postrimerías magistralmente descritas por Quevedo. Pero su experiencia vivida no nos resulta del todo extraña si pensamos en que vivió en un país al que finalmente destruyó nuestra vieja amiga la inflación; que exportaba los frutos del subsuelo colonial y en cambio importaba todo lo demás. Una España en que no había cosa que no estuviera en venta ni pudiese conseguirse mediante el soborno. Aún nadie lo llamaba “mordida” pero ya se le conocía en todo el orbe por el nombre de “unto de México”. Un país en que la miseria y el hambre eran el marco andrajoso del lujo y el consumo suntuario de aquellos empeñados en enriquecerse aun al precio de acabar con el suelo que pisaban. El ocio era producto del desempleo y la falta de educación. Cada ministro resultaba más inepto y voraz que el anterior. El siglo de Quevedo, como el nuestro, fue —hubiese dicho Musset— “un mal momento”.

José Emilio Pacheco también quería el latín para las izquierdas y no sólo para ellas. La hazaña de su trabajo periodístico es la terquedad con la que remó contra la corriente de nuestro tiempo. Inventario fue un milagro del periodismo mexicano. Recorrer los cientos y cientos de páginas publicadas primero en Excélsior y luego en Proceso es contemplar una de la creaciones culturales más imponentes de nuestra era. No es un viejo edificio en ruinas, un palacio magnífico pero deshecho sino por el contrario, adentrarse en una casa impecable. Habitable por su trazo y por su vitalidad. Por la diversidad de sus espacios, por la variedad de tono: un sitio para la nostalgia y para el juego, una recámara de placeres y tristezas, un comedor para la conversación, el chisme, la risa.

El artículo completo en nexos…

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29, jun 2015

Filosofía política moderna: las clases de John Rawls

Aquí puede escucharse el curso que John Rawls impartió en Harvard en 1984 que serviría de base para su libro sobre filosofía política moderna.

El resto de las lecciones pueden oírse aquí.

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03, jun 2015

Villoro y la tiranía de los modernos

En 1958, en el seminario de filosofía moderna que dirigía José Gaos, Luis Villoro atendió la inquietud de su maestro: ¿de dónde viene la vocación del filósofo? ¿Cuándo surge el llamado de la filosofía? El maestro español, como recuerda Aurelia Valero se acercaba con amargura al tema: se consideraba un fracasado, un profesor que había dedicado su vida a la filosofía sin haber logrado el libro que expusiera su noción del mundo. Se sentía ya rezagado, anacrónico.[1] A punto de cumplir los 60, necesitaba escudriñar la relación entre vida y obra. Gaos había conseguido, sin embargo, discípulos, esto es: interlocutores. Los principales eran, desde luego, los integrantes del grupo Hiperión donde figuraban, además de Villoro, Emilio Uranga, Alejandro Rossi y Ricardo Guerra. El consuelo de Gaos llegaba pronto. En noviembre del 59, el maestro anotaba en su diario: “Llega un momento en que el maestro tiene que tratar a los discípulos como iguales y, si lo merecen, hasta como superiores. Entonces ellos, aunque discrepen de él y hasta le critiquen, no lo reniegan ni abandonan.”[2]

Villoro, un profesor de 36 años, discrepa de la pregunta misma y rechaza el carácter filosófico del interrogante. Los motivos que disparan nuestras preguntas pertenecen al orden mundano, prefilosófico. Pero aprovecha la mesa para reflexionar sobre la naturaleza y las exigencias de la disciplina. Y escribe así, con la elegancia y la claridad con la que siempre escribió: “La filosofía consiste por esencia en un poner en cuestión, hacer dubitable, desconectar el orden mundano natural al cual pertenecen esos motivos y exigencias.” Y encontraba en ese ejercicio del cuestionamiento una doble radicalidad: radicalidad del saber y radicalidad del vivir.[3] Es el mundo entero lo que se cuestiona y por eso el filósofo huye del conocimiento ordinario que se detiene siempre en los bordes, en la piel de las cosas. Y es también una liberación de los valores mundanos que sellan el tráfico cotidiano. La filosofía no es vocación sino misión. Dejemos de preguntar qué señuelo nos condujo a los caminos de la filosofía: preguntémonos si estamos a la altura de su llamado. “¿Cómo podemos justificarnos ante la filosofía?,” pregunta Villoro.

Rigor, sería la primera respuesta. El amor al que se entrega el filósofo es severo y exigente. Requiere un trabajo minucioso y atento para taladrar las ideas hasta su raíz. En un intercambio con Leopoldo Zea precisó su idea de esta exigencia: “Por ‘filosofía rigurosa’ no debe entenderse filosofía académica, informada de las últimas publicaciones en lengua inglesa o alemana, tampoco significa filosofía aséptica frente a las motivaciones de la realidad en que vive el filósofo. Filosofía rigurosa quiere decir simplemente filosofía que intenta llevar hasta el final, con el ejercicio de la propia razón, el examen de los fundamentos de las opiniones y doctrinas recibidas, filosofía que no se detiene en razonamientos vagos o figuras retóricas, que no toma prestadas, sin ponerlas en cuestión, opiniones manejadas por otros. Filosofía rigurosa es reflexión que aspira a ser clara, precisa, radical. En ese sentido, toda filosofía rigurosa es liberadora, pero su labor liberadora no consiste en prédicas de acción o adoctrinamientos políticos, sino en poner en cuestión los sistemas de creencias recibidos.”[4]

___

[1] Aurelia Valero, Introducción a José Gaos, Ricardo Guerra, Alejandro Rossi, Emilio Uranga y Luis Villoro, Filosofía y vocación, México, Fondo de Cultura Económica, 2012, ps. 17 y 18.

[2] En la misma introducción, p. 19.

[3] “Trabajo de Luis Villoro sobre la vocación filosófica,” mismo libro, p. 71.

[4] Citado por Guillermo Hurtado, “Retratos de Luis Villoro,” en Mario Teodoro Ramírez, coordinador, Luis Villoro. Pensamiento y vida. Homenaje en sus 90 años, Siglo XXI Editores, 2014, p 14.

 

El artículo completo puede leerse aquí

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15, may 2015

Carta de Albert Camus a su maestro de primaria

(Al recibir el Premio Nobel)

 

París, 19 de noviembre de 1957

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido. Un abrazo con todas mis fuerzas,

Albert Camus

 

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27, abr 2015

El viaje de Tony Judt

Tony-Judt

David Bromwich quien publicara recientemente una magnífica biografía intelectual de Burke, comenta en The National Interest la compilación de los últimos ensayos políticos de Tony Judt. Cuando los hechos cambian. Ensayos 1995-2010 es el título del libro. Al juzgar los hechos de su tiempo, Judt actúa con la “modestia del historiador”, dice Bromwich. Una modestia que no esconde, desde luego, sus ideales. Los ensayos de Judt reflejan su adhesión a un estilo de vida que siente amenazado. Es el mundo que nación de la Ilustración y que hizo realidad el Estado de bienestar.

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27, abr 2015

Stephen Hawking canta Monty Python

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22, abr 2015

El recetario literal

heretic

Ayaan Hirsi Ali (que ha aparecido con frecuencia en este blog) publicó recientemente su llamado urgente a la reforma del islam que Mario Vargas Llosa elogió con entusiasmo en El país. Sin cambios sustanciales, el islam es una ideología totalitaria que funde política y religión para el aniquilamiento del otro. Hace unos cuantos días pronunció un discurso en Berlín para reiterar su absolutismo. A su juicio, la expresión no puede someterse a ningún límite. Hirsi Ali termina su discurso citando a Stéphane Charbonnier, editor de Charlie Hebdó asesinado hace unos meses por los fanáticos. El problema, dice el caricaturista en un documento que se publicó póstumamente, no son ni la Biblia ni el Corán, novelas incoherentes y soporíficas, sino esos lectores que las toman como si fueran un instructivo de Ikea. Debes cortarle el cuello al infiel para ganarte las vacaciones eternas que te promete el Señor.

Toma cualquier recetario de cocina y exige que sea tomado como la Verdad. Aplica literalmente las instrucciones de ese Texto Sagrado a ti y a todos los demás. ¿Qué consigues? Un baño de sangre.

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16, abr 2015

Entrevista con Kwame Anthony Appiah

Héctor Aguilar Camín ha recuperado en artículos recientes la idea de Kwame Anthony Appiah de las “revoluciones morales” que desarrolla en su libro Código de honor. Cambios rápidos a viejas costumbres que parecen intocables. El New York Times publica hoy una entrevista con el filósofo. Anuncia ahí un nuevo libro sobre la emergencia de la identidad.

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13, abr 2015

El expediente Hobsbawm

Eric Hobsbawm

El servicio de inteligencia británico acaba de abrir el expediente de Eric Hobsbawm. El historiador no llegó a leerlo. Frances Stonor Saunders lo ha leído y lo comenta para el London Review of Books. El archivo muestra a un terco militante del Partido Comunista que no hablaba con Moscú ni espiaba para la Unión Soviética. Los servicios de inteligencia británicos abrieron sus cartas, oían sus conversaciones, lo seguían en los aeropuertos, obstruían su su carrera académica para descubrir que era un indisciplinado militante de un partido diminuto. Si permaneció toda su vida inscrito al partido no fue por comulgar con sus políticas, sino por rehusarse a ser excomunista.

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06, abr 2015

Hayek sobre John Stuart Mill y Harriet Taylor

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Se publica un nuevo volumen de las obras de F. A. Hayek. Se trata de una compilación de textos del economista sobre John Stuart Mill y, en particular, sobre su relación con quien sería su esposa, Harriet Taylor. Cass R, Sunstein comenta la publicación que vincula dos personajes centrales de la tradición liberal que son, al mismo tiempo y por muchos motivos, temperamentos opuestos. Tiene razón Sunstein al advertir la incapacidad de ver en la relación amorosa un verdadero experimento de vida que se aleja de la dictadura del vecindario. Hayek cree que Taylor empuja a Mill a un peligroso racionalismo. En realidad lo aleja del tradicionalismo.

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06, abr 2015

El juego del voto

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La imaginación es la razón desatada. La inteligencia que se desprende de la memoria y de la prueba. Será por eso que la filosofía política suele ser la fantasía de una ciudad que no existe. Y será por eso que su libro fundador es también un libro de ciencia ficción. ¿No es eso también La república? Literatura fantástica: hombres que viven atrapados en una cápsula de engaños sin siquiera sospecharlo. Un héroe que derrota a la mentira para decretar la perfección. Y en la cima, el Infalible entregado a su pedestal. El problema literario del libro de Platón es que termina cuando la aventura habría de comenzar: y entonces, el filósofo dudó…”.

La imaginación, quiero decir, no es el extravío de la razón, sino el acatamiento de sus órdenes. A ello me conduce la lectura de uno de los trabajos más notables de filosofía política que se hayan hecho en México. No es una nueva exposición de ideas de hombres muertos sino el atrevimiento de pensar honesta y libremente sobre los fundamentos de la convivencia democrática. No examina, como es moda, la mecánica sino la moralidad de las instituciones del pluralismo. Me refiero al libro de Claudio López-Guerra que publicó el año pasado con el sello, ni más ni menos, que de Oxford University Press. Democracy and Disenfranchisement. The Morality of Electoral Exclusions, se titula: la democracia y la moralidad de las exclusiones.

A juicio de López-Guerra, los teóricos de la democracia no han logrado justificar plenamente el principio del sufragio universal. Lejos de ser un derecho de todos es, hasta en los regímenes más abiertos, un arreglo que, simultáneamente, invita y rechaza. El voto siempre se ha limitado: esclavos, extranjeros, pobres, mujeres, niños, dementes, criminales han sido excluidos del derecho de votar. Toda democracia marca a sus excluidos. Bien visto, dice él, el voto no tiene por qué ser un derecho universal, como sí lo son el derecho a expresarse, a moverse, a escoger un camino de vida. John Stuart Mill tenía la misma idea: el voto era un encargo que la sociedad colocaba en manos de los ciudadanos pero no era, de ninguna manera, un derecho natural del que todos debían gozar. Por eso le exigía a los electores el conocimiento del alfabeto y premiaba a los más educados con más votos.

López-Guerra se aparta del dogma más profundo de las democracias: un hombre, un voto. Imagina así un régimen que, en lugar de darle voto a cada uno de los ciudadanos, les ofrece la oportunidad de tener voto. Rescatando el sorteo, ese dispositivo primigenio de la democracia, propone un sistema para comprimir la masa electoral a un pequeño cuerpo de electores que pueda concentrarse en el proceso electivo y, tras una deliberación ponderada, formar gobierno.

La reseña completa puede leerse aquí.

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05, abr 2015

Leon Wieseltier con Charlie Rose hablando del New Republic

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05, abr 2015

Fukuyama comenta el nuevo libro de Putnam

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Francis Fukuyama reseña en el Financial Times el nuevo libro de Robert Putnam: Nuestros niños. La crisis del sueño americano.  Si es cierto que el libro de Piketty reinsertó el tema de la distribución del ingreso en la agenda pública de los Estados Unidos, también es cierto que lo hizo de una manera abstracta. Ése es el mérito del libro de Putnam: narrar el cambio social en el pueblo donde el propio Putnam nació. Putnam no ignora los datos pero es capaz de comunicar la historia de la desigualdad en los Estados Unidos. El autor de Jugando boliche juntos sigue la pista de Tocqueville al advertir la importancia de los hábitos para la vida de la democracia.

Aquí puede leerse el comentario de Jill Lepore al libro de Putnam

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25, mar 2015

Terry Jones explica la Carta Magna

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25, mar 2015

Gray, Grayling

John Gray y A. C. Grayling han publicado libros recientemente. Gray ha entregado a la prensa El alma de la marioneta y Grayling  El desafío de las cosas. La ocasión sirve a Julian Baggini para trazar las distancias entre estos pensadores ingleses: el pesimista y el entusiasta. Gray se ha convertido en uno de los grandes críticos de las ilusiones de la modernidad, mientras Grayling sigue siendo un devoto de la modernidad. Aquí puede verse su crítica a Gray.

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