Lunes

26, May 2014

Lo vital

Julia Carabias fue secuestrada durante dos días en la Selva Lacandona. Ella misma lo denunció con dignísima parquedad, rehusando convertirse, en tanto víctima, en centro de la atención pública. Lejos de ostentar la intimidación que sufrió para ganar notoriedad, partió de la experiencia personal para enfocarse en los peligros públicos. Lo que está en riesgo es la selva, santuario para miles de especies, regulador climático, albergue de la mayor diversidad biológica en México, un tesoro natural del planeta.

Carabias ha dedicado su vida profesional al cuidado del medio ambiente. Desde las oficinas de mayor responsabilidad, condujo la política ecológica del gobierno federal. Al término de su encargo, en lugar de brincar a otra silla política, regresó al campo—o más bien a la selva—para cuidar nuestro patrimonio natural. Su aportación ha sido múltiple. Investigación científica, asesoría productiva, divulgación. Sabe bien que cualquier política pública necesita anclarse en conocimientos sólidos sobre la salud de las especies; que la protección de la naturaleza requiere del involucramiento de las comunidades y el hallazgo de prácticas económicas no depredadoras. Desde Natura, una asociación civil que vincula la investigación científica y la promoción de proyectos sustentables, se ha opuesto a las invasiones de las áreas protegidas, al saqueo de plantas y animales. No sorprende, pues, que tenga enemigos poderosos. Quienes pretenden explotar las zonas restringidas han emprendido una campaña de hostigamiento que llegó al extremo del secuestro. (más…)

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19, May 2014

El INE y los aborígenes

Nadie fue tan crítico con la reforma electoral como aquellos que tienen la responsabilidad de aplicarla. En enero de este mismo año, Lorenzo Córdova, ahora presidente del Instituto Nacional Electoral, declaraba que los cambios a la Constitución en materia de elecciones no partían de un diagnóstico coherente sino de una serie de juicios superficiales e incoherentes. La reforma electoral ganó un rápido consenso, decía Córdova: todos los especialistas la rechazan. La gran contribución de los reformistas fue insertar confusión donde había claridad. No insistiré en los absurdos de una reforma hecha para complacer al partido derrotado en 2012 y para comprar su respaldo en otras asuntos legislativos. Lo que me parece interesante es la figura del órgano electoral que ha sustituido al IFE. El INE es síntoma del candor de nuestra fe centralista. Es cierto que el cambio político no ha ido en tren. Los vagones no avanzan a la misma velocidad; no se dirigen si quiera, al mismo punto. La descentralización ha transferido poder a las regiones, sin instaurar, en muchos casos, los contrapesos indispensables. La autocracia se ha mudado a la periferia y ha encontrado ahí, un terreno fértil para su imponer su imperio y pertrecharlo. Dispone de recursos sin rendir cuentas; domina la legislatura o compra sus votos; calla a la prensa; intimida a la crítica. Las instancias de la autonomía son, en ese contexto, fácilmente penetradas por el poder en turno. ¿Qué hacer para acompasar la democracia mexicana? ¿Cómo lograr finalmente la sintonía de regímenes? ¿Cómo expandir el pluralismo, los equilibrios y el control del poder a las regiones? Hoy la respuesta parece muy sencilla. Coinciden en ella el gobierno y las oposiciones: centralizando podrá imponerse democracia a las bárbaras regiones del país. La centralización es la carta de moda. Medicina universal e infalible. Nos dará la paz, logrará la eficiencia, irradiará democracia. No extraña que el gobierno priista confíe en el remedio. Después de todo, su era se condensa en la filosofía del embudo. Concentrar todos los poderes y responsabilidades en un punto para domesticar a la bestia de la disgregación. Lo que sorprende es la ingenuidad con la que las oposiciones han abrazado la causa del centralismo. Por eso han resuelto que, para tener elecciones auténticas en los estados, debe colocarse a las entidades locales bajo supervisión de un órgano digno de confianza, es decir, un órgano con la pureza de lo nacional. El régimen electoral local ha quedado bajo la tutela de un órgano central, que podrá, en todo momento, declarar la incapacidad de los aborígenes para organizar sus elecciones. Los nativos no decidirán, por supuesto, quiénes integran sus órganos electorales. Su juicio, ya lo sabemos, está congénitamente viciado. Para protegerlos, hay que ignorarlos. Desde el centro, donde el juicio es puro e imparcial, vendrán los nombramientos de los funcionarios electorales. Eso sí, si en el curso del proceso electoral, el órgano designado por los imparciales de la capital es atrapado por los embrujos de la tribu, concluirán de inmediato sus funciones. El Centro se hará cargo directamente de las elecciones locales. Había muchas rutas institucionales para alentar la imparcialidad de los órganos electorales locales. En lugar de explorarlas, los reformistas prefirieron insertar el embudo. Los reformistas que establecieron el protectorado electoral creen que su medida es una respuesta de realismo ante un ideal burlado. Defender el federalismo es, para ellos, una candidez: taparse los ojos o voltear la cara ante la realidad. No pueden aceptar que había formas respetuosas del federalismo que pudieran alentar la constitución de las autonomías regionales. El tutelaje devela, por el contrario, la verdadera arrogancia de nuestro tiempo: la creencia de que al Centro debe dársele nuevamente función salvadora. Si decimos restauración, deberíamos ver justamente esto: esa fe de bien pensantes y cínicos en las virtudes infinitas de la centralización. La democracia local será un regalo del barrio de Tlalpan a la república mexicana. Hablo de ingenuidad además de arrogancia, porque la centralización implica dejarse seducir por los encantos de la concentración y menospreciar la formación de instancias locales. Hemos sido testigos de uno de los golpes más severos al federalismo mexicano en nuestra historia. Que nadie lo haya lamentado es retrato de la resurrección de esa fe centralista.

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12, May 2014

Fascinación por la apariencia

Tienen uniformes nuevos. Se les han entregado armas y vehículos con emblema de las fuerzas rurales. La ceremonia, presidida por el Comisionado para la seguridad, adquiere el sentido de una conversión colectiva. Los justicieros se institucionalizan y asumen su papel de entidades de Estado. El vocero más vistoso de las autodefensas proclama: “somos gobierno”. El delegado federal, citando a un Brecht pasado por Silvio Rodríguez, les dice enfáticamente: ustedes son los imprescindibles.

La escena es elocuente. El cambio público de vestuario, la entrega formal de las armas, la recepción de las camionetas, los discursos y las poses, los gestos marciales de los nuevos gendarmes. Un letrero que dice “Toma de protesta, Fuerza Rural.” El gobernador y el congreso local visiblemente ausentes. Se trata de una organización formalmente estatal pero no hay representantes de Michoacán. El espectáculo proyecta un mensaje: los ejércitos privados se han encauzado virtuosamente a la legalidad. Y sin embargo, el problema de las autodefensas permanece. El uniforme no resuelve nada. Quienes ahora se declaran gobierno han registrado miles de armas cuya portación es un delito… y las han conservado, bajo la promesa de ser discretos. Dieron su palabra de que no las exhibirían. Lejos de pasar las pruebas de confianza que se han establecido para formar cuerpos profesionales de seguridad, las policías rurales se han reclutado gracias a una negociación política. Éste es un fruto del diálogo, dice el procónsul. No de la legalidad, del reclutamiento profesional, de un proceso propiamente institucional, sino de una negociación que absuelve a unos y condena a otros. Los que ayer eran tratados como imprescindibles, se convirtieron poco tiempo después en impresentables. Eso sí: la ceremonia de toma de protesta fue impecable.

Se nos dice con insistencia que hemos recuperado para el Estado la conducción de la política educativa. La expresión la repiten los voceros gubernamentales una y otra vez. Durante mucho tiempo el Estado perdió la rectoría en materia educativa, la hemos rescatado para el bien público, declara con su esponjosa grandilocuencia el Secretario de Educación. Los maestros conseguirán plazas por sus méritos y no por su relación con el sindicato, dice. Para demostrar esa determinación, se impulsó un cambio constitucional. El nuevo artículo 3º dispone que el ingreso al servicio docente será a través de concursos de oposición. Nada de caprichos, ninguna invasión del interés particular en algo tan importante como la contratación de los maestros. La norma parece, por el momento, adorno y no guía. Según ha revelado Reforma recientemente, gobernadores de distintas entidades de la república han podido nombrar con toda prisa a miles de maestros, sin las exigencias previstas en la Constitución. Como se ha hecho siempre, las autoridades educativas negocian con el sindicato de maestros quiénes tienen el derecho de estar al frente de un salón de clase, sin mediar prueba alguna que dé cuenta de la capacidad profesional de los contratados. La reforma a la Constitución vuelve a ser un homenaje a la apariencia. (más…)

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05, May 2014

Tecnocracia y ninguneo

El gobierno respondió al cineasta. A su modo, en su lenguaje, pero respondió. El gesto merece reconocimiento. Hubo una intención clara de responder puntualmente. Alfonso Cuarón planteó preguntas concretas y razonables que capturan la desconfianza que genera la reforma energética y en general, la insistencia en un libreto reformista que no ha demostrado beneficios. Sin mayor rollo, el reconocido director se dirigió al presidente para plantearle diez preguntas sobre su propuesta de cambio. Ningún actor político, ningún grupo parlamentario, ningún partido de oposición hizo algo semejante para cuestionar al gobierno. Ninguno pudo someterlo al poder de las preguntas.

El punto de partida fue, precisamente la décima interrogante de Cuarón. ¿En qué medida se puede decir que el impulso reformista del día no repite la opacidad, no alienta la corrupción de empeños liberalizadores previos, tan buenos para unos cuantos, tan costosos para la mayoría? El modelo, en efecto, parece el mismo. Una pregunta como ésta llamaba a una respuesta contundente y clara sobre lo que hemos aprendido de nuestros fracasos recientes. Si hay hilos de continuidad entre las reformas previas y ésta, ¿qué precauciones se han tomado ahora? La respuesta oficial a esta pregunta es vaga y, sobre todo, débil. Nada es contundente en la réplica gubernamental. El lenguaje burocrático evade, no confronta. Se habla, por ejemplo, del fortalecimiento de la Comisión Federal de Competencia Económica pero no se enfatiza la relevancia de esta entidad para prevenir crisis como las previas. Ahí está la precisión del valioso interrogatorio de Alfonso Cuarón: conociendo la debilidad del Estado mexicano, conociendo las miserias de nuestro régimen de legalidad, ¿cómo podremos confiar en que seremos capaces de regular a los monstruos del petróleo? Responder que “Nuestro mejor activo como sociedad es una democracia en la que se involucra una ciudadanía exigente e informada” no parece particularmente persuasivo. Explicar en seguida que “el mejor mecanismo para garantizar que la ciudadanía le exija a las autoridades actuar en beneficio de toda la sociedad es que disponga de toda la información relevante y se que mantenga la plena libertad de expresión y de participación política que hoy existe en nuestro país” tampoco ayuda mucho a sentir confianza en lo que viene. (más…)

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28, Abr 2014

El capricho

El argumento no es opción para un gobierno en democracia. Hacer es hacer y explicar. No basta con la decisión, es indispensable acompañarla de razones y defenderlas públicamente. Un gobierno que no razona, un gobierno incapaz de demostrar públicamente la sensatez de su política y la conveniencia general de sus propuestas infla el globo de la crítica, nutre de todo tipo de especulación conspiratista y, finalmente, se daña a sí mismo. Si el gobierno es mudo será porque sus intenciones son inconfesables.

El gobierno de Peña Nieto se ostentó como portador de un proyecto ambicioso de transformación que no era necesario siquiera explicar. Se decía y se repetía que las reformas que se llevaban a cabo eran ésas que durante lustros no pudieron concretarse. Hablar de las “reformas pendientes” era suficiente. Hace unos meses podía verse un gobierno con prisa que estaba cambiando velozmente las reglas fundamentales del país. Se pisaba el acelerador hasta el fondo pero no era claro a dónde se dirigía el coche. Es que la ambición reformista contrastaba con la desgana retórica. El presidente apostó a una forma de la eficacia liberada de la carga de la justificación. Su estrategia inicial fue precisamente eso: “mover a México”… sin hablarle a México. La política palaciega del Pacto por México fue el escondite ideal para este gobierno sin argumentos. El cuento inicial fue que era ya innecesario hablar de las reformas, había simplemente que hacerlas. No había que perder el tiempo en explicaciones, había que hacer, había que pactar, había que reformar. El consenso logrado parecía argumento pleno: en ausencia de una oposición, el razonamiento parecía dispensable. Pero, tras el breve paréntesis de la unanimidad, la critica ha ocupado el lugar que naturalmente le corresponde en un régimen pluralista. Los partidos han ventilado sus desacuerdos, muchas voces han salido a protestar. Frente a ello, el gobierno federal sigue pertrechado en el silencio y en el capricho. (más…)

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21, Abr 2014

La enfermedad del poder

Plinio Apuleyo Mendoza le recordaba a García Márquez las circunstancias en que fue germinando la idea de El otoño del patriarca. En la madrugada del 23 de enero de 1958 el dictador Marcos Pérez Jiménez tomaba un avión de Caracas hacia el exilio. Estaba furioso. No solamente dejaba el poder, también olvidaba un maletín con once millones de dólares. Los colombianos cubrían desde la capital venezolana los acontecimientos para un semanario y pudieron visitar las guaridas del poder. En los palacios deshabitados, García Márquez conversó con un mayordomo que había servido al dictador fugitivo y al anterior. Recordaba la hamaca donde dormía su siesta diaria, su gallo de pelea. En esos días el novelista colombiano empezó a tejer la historia del déspota perpetuo. La visión de la que brotó la novela fue la imagen de un dictador ancianísimo y solitario encerrado en un palacio lleno de vacas.

En aquella conversación García Márquez definió su novela como “un poema sobre la soledad del poder.” El otoño, en efecto, se lee como una catarata de dibujos que se suceden sin respiro. Capítulos de un solo párrafo, oraciones de una página cargadas de imágenes. La acción es alegoría, la realidad metáfora, cada palabra un símbolo. El novelista se reinventa tras su éxito. Lejos de seguir la fórmula de Cien años de soledad, juega con la sintaxis, rompe la línea del tiempo, entreteje voces que jamás se identifican, muda de perspectiva sin aviso. El más experimental de mis libros, dice él mismo: su “aventura poética” más interesante. Pero quizá, al mismo tiempo, se trata de uno de los textos más personales porque aborda una de las obsesiones centrales del escritor: el poder. (más…)

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14, Abr 2014

De escuelas y dignidad

Finalmente tenemos la radiografía. El censo educativo ha entregado las placas que dan sentido de magnitud al desastre educativo. Puede entenderse por qué se ocultó durante tanto tiempo esta información. La educación es el mayor fraude de nuestra historia; el fraude cotidiano que se esparce por todo el territorio de México, el fraude más dañino de todos. Oculto durante décadas por la presunción de una cobertura en ascenso y la retórica de un vanidoso Estado cultural, la catástrofe educativa se ha vuelto inocultable.

Casi el 10% de los planteles escolares se resistió al censo. Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Guerrero (las entidades que sistemáticamente aparecen en el fondo de las mediciones de rendimiento escolar) cerraron las puertas al estudio solicitada por la SEP. A pesar de ese revelador agujero, el estudio que nos ha entregado el INEGI es valiosísimo. Desde hace años pedíamos esta fotografía. Ahora que la tenemos, debe servirnos para reformar en verdad el sistema educativo. Los datos son escandalosos. En el 14% de las escuelas chiapanecas los niños estudian en pisos de tierra. El 60% de las escuelas de Guerrero carece de baños y de agua potable. Solamente el 6% de las escuelas de Oaxaca tiene una conexión a internet. Hay casi 40,000 personas que cobran como maestros sin dar una sola clase. A más de 30,000 profesores se les permite faltar a la escuela para dedicarse a la vida sindical. El universo de la irregularidad es inmenso. El sistema educativo carga con el peso de casi 300,000 asalariados que no se dedican a actividades docentes. (más…)

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07, Abr 2014

Dos lógicas

El gobierno federal presentó con tardanza su iniciativa de ley secundaria en materia de telecomunicaciones. Lo grave no es el incumplimiento del plazo constitucional sino el contenido de la iniciativa. El Presidente propone que la ley camine en sentido contrario a la Constitución. Como lo han descrito distintos especialistas que conocen del tema, las iniciativas de ley no sólo vulneran el sentido de la reforma constitucional, sino que contradicen expresamente su texto. El cambio constitucional, producto de un amplísimo consenso político, significó una transformación de fondo en la materia. Puso las bases de la competencia para estimular la diversidad y terminar con el poder excesivo de las grandes corporaciones; trazó una ruta para el acceso universal a las tecnologías de comunicación y fundó un órgano autónomo dotado de amplias facultades. La ley no desarrolla las disposiciones de la norma constitucional; las contraviene. Si se quiere prueba de la voluntaria trasgresión, valdría registrar el argumento de un senador que defiende la iniciativa: se nos pasó la mano con la autonomía, confesó recientemente. No debimos haberle otorgado tantas facultades en la Constitución al Instituto Federal de Telecomunicaciones, dijo el senador Javier Lozano en un acto público. Curiosa filosofía jurídica la que expone el legislador panista: la ley secundaria pensada como enmienda de los errores constitucionales. Si se nos pasa la mano en la Constitución, siempre tendremos la ley para reparar el exceso. (más…)

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31, Mar 2014

Paz contra Paz

Moreno Villa - Paz

Octavio Paz nunca dejará de ofrecernos su mirada. Como el clásico que es, le hablará a las generaciones venideras y ayudará a perfilar identidades—sea por afinidad o por oposición. No desaparecerá del horizonte cultural de México, nunca nos será indiferente. Algunos sentirán el hechizo de su universo completo; la mayoría escogerá un trozo de Paz: unos su poesía, otros su crítica de arte, la biografía de Sor Juana, sus apuntes sobre el erotismo. Algunos preferirán al joven Paz, otros al maduro. Muchos afilarán cuchillos en su piedra. Pensarlo como contrincante será siempre atractivo. La crítica que él ejerció como una pasión vital llama a las dos relaciones: la admiración y el desapego; el elogio y el reparo.

Los homenajes oficiales del centenario amenazan con convertir en estatua al crítico. El incansable experimentador transformado en catálogo de frases para los discursos. Salones Octavio Paz; en letras de oro, Octavio Paz; en los billetes de lotería, Octavio Paz; en espectaculares y camiones, Octavio Paz. Paz musicalizado; Paz fosilizado. Cruel ironía, el hombre que denunció al dinero como la araña que convertía en moscas a los hombres, transformado en moneda acuñada por el Banco de México. El hombre que quemaba billetes, prestando cara al dinero. La celebración de Paz, meritoria por muchas razones, deslumbrante por su convocatoria y organización, resulta también irritante por hegemónica: el poder político y el poder económico, los medios y los partidos, las universidades y los diarios en afanosa competencia de elogios. No me he ahorrado los míos: más que convencerme, Octavio Paz me conmueve. Me maravillan la limpieza y la hondura de su razón sensible. Por eso mismo me incomoda la aplanadora de los aplausos. El poeta se erige en Autoridad Inapelable por decreto del poder y los negocios, negación absoluta de la hélice crítica. (más…)

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24, Mar 2014

La hazaña de la normalidad

Hay políticos rígidos y los hay flexibles. La clasificación binaria puede parecer boba pero no deja de ser sugerente. Políticos disciplinados y tenaces por una parte; políticos maleables y  adaptativos, por la otra. La disyuntiva de personalidades es planteada por Enrique Tierno Galván, al hablar de Adolfo Suárez. En sus Memorias, el legendario profesor y político socialista, recuerda sus primeros encuentros con el presidente del gobierno español para enfatizar que la habilidad es disposición a la mudanza. Fue una sorpresa que el rey se inclinara por ese joven franquista para presidir el gobierno español en 1976. Para casi todos fue una decepción. Suárez había sido criado por la Falange, no era un hombre de luces, carecía de credenciales democráticas. Pero para Tierno, buen lector de Gracián, la decisión era audaz. La actitud dialogante del nuevo jefe del ejecutivo era el mejor vehículo para acceder a la democracia. Suárez no parecía un hombre de convicciones pero parecía especialmente dotado para el diálogo. Recordando el nombramiento de Suárez, Tierno Galván escribió: “Por lo que mis recuerdos alcanzan y, sobre todo, por lo que me decían, resultaba patente que Suárez era persona que descollaba por su capacidad de relacionar a las gentes entre sí, por su habilidad para eludir los ataques políticos y, a la vez, por su mucho y buen aguantar cuando el ataque no era eludible. A esto cabe añadir su capacidad para repetir, dándole forma distinta lo que oía o leía, de modo que la antigua o la presente forma tuviera carácter de acierto.”

Tres talentos se registran de inmediato en esta estampa: el arte de vincular a la gente, la habilidad para deslizarse entre conflictos sin prenderse de ellos, tino de palabra. Éstas terminarían por ser vistas como las prendas esenciales para impulsar la paradigmática democratización española. Hoy parece que el camino es sencillo y que el desenlace es inevitablemente feliz. Abandonar una dictadura y fundar una democracia es algo que se ha hecho en muchos países con éxito y en paz en las últimas décadas. A fines de los setenta parecía una aventura riesgosa que podría provocar el retorno de la guerra civil. Imposible reconstruir ese capítulo sin considerar la confluencia de liderazgos responsables y dialogantes. No hay duda que uno de los personajes centrales—por no decir, el personaje central—fue Adolfo Suárez. (más…)

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17, Mar 2014

Milicias privadas

Un encuentro bastó para que George Bush comprendiera a Vladimir Putin. Una conversación fue suficiente para hacerse un juicio definitivo del hombre. Al verlo, el texano supo todo lo necesario. Había descifrado quién era y qué podía esperarse de él. Lo vi a los ojos y pude conocer su alma, dijo Bush. Es un hombre confiable. La misma celeridad de juicio, idéntico error de percepción fue el del procónsul que fue enviado para lograr la paz en Michoacán. Tan pronto se entrevistó Alfredo Castillo con los grupos que se levantaron en armas los encontró admirables. Podía confiarse en ellos. “Los últimos diez años he estado relacionado con el trato con delincuentes (sic), aprendes a distinguir quién es un delincuente y quién actuó en una circunstancia (sic).” Para el enviado a Michoacán los grupos de autodefensa no podían ser delincuentes: ¿cómo podían ser criminales si actuaban en una circunstancia?

El gobierno federal no se alió a las autodefensas, se subordinó a ellas. En las autodefensas encontró una salida a su ofuscamiento. Durante un año siguió la inercia de la administración previa. No hizo nada nuevo, no propuso algo distinto. Creyó que el tiempo resolvería el problema o permitiría olvidarlo. Cuando la tranquilidad no llegó por vía de la paciencia, encontró la salvación en la privatización de la seguridad. Ese es el plan del gobierno federal para recuperar la tranquilidad en Michoacán. Seguridad proveída por ejércitos privados y dinero público. Ahí está la fórmula federal para la pacificación michoacana. Ciertamente, las autodefensas ofrecían una base de legitimidad a la política del centro, permitieron a las fuerzas federales actuar como colaboradores de los poblaciones locales y no como invasores que vuelven a llegar de fuera para imponer su imperio. Como medida desesperada para repeler a los criminales más dañinos en el estado, puede haber sido, en el corto plazo, eficaz. Como estrategia para instaurar un orden perdurable, para ganar la tranquilidad con base en la ley ha sido un previsible despropósito. (más…)

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10, Mar 2014

Comprender y convivir

Luis Villoro fue el mejor defensor de la filosofía—aventura y compromiso—, que ha encontrado México. En sus trabajos se muestra la vitalidad de ese empeño intelectual de cuestionar el dogma, de rechazar lo que la herencia impone. Interrogar lo que suele aceptarse sin pregunta. Creía, con Kant, que la filosofía no puede enseñarse: “sólo se enseña a filosofar.” Es que la filosofía no está en las ideas que solidifican en doctrina. Es lo contrario: un pensamiento disruptivo, un disolvente de las creencias. La filosofía es la razón punzante.

Curiosa tarea: el filósofo lo cuestiona todo sin pretender conocimiento. Aún tras aclarar el reino de los significados, ofreciendo conceptos pulcros para la comprensión, nada dice de los hechos del mundo. No es propiamente una ciencia y tal vez sea su reverso o su conciencia. Por eso Villoro, en su brillante discurso de ingreso al Colegio Nacional, dijo: “la filosofía propiamente no conoce, piensa.” La filosofía es dinamita para la razón soberbia. No es la memoria de un pensamiento muerto que se reitera en manuales de preparatoria o revistas de académicos. Por el contrario, la filosofía expresa la indocilidad de la inteligencia. La idea incuestionada, el sistema confortable, el prejuicio legitimado por el uso pasan por el ácido de la razón. Enemiga mortal de la doctrina, la filosofía destroza las coartadas del poder. Desde el primero momento, ha querido salir de la caverna. Por eso la filosofía rehúye la neutralidad. Debe estar del lado opuesto a esa dominación que siempre encubre su mando.

Abrirse a una nueva comprensión del mundo no es más que el primer paso para vivir de otro modo. A la filosofía, dice Villoro, le corresponde también buscar la “vida buena.” Las pautas para transformar la vida pueden ser muy distintas a lo largo de la historia pero coinciden en dos puntos: implican liberación y autenticidad. Ahí, en su mayor servicio, la filosofía encuentra también su maldición. El pensamiento puede fijarse en fórmulas, degenerar en programa, decretarse como mandato imperativo. Al parecer, el virus de la creencia es congénito a la filosofía. Cuando la política engulle a la filosofía apaga su chispa; la razón ya no conversa, impone. Ya no invita a un cambio de vida, ordena al otro que se sujete a su verdad. La doctrina es filosofía domada. Por eso el verdadero filósofo no deja de formularse preguntas, de interrogar al mundo y de interrogarse a sí mismo. (más…)

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03, Mar 2014

Trofeos prematuros

Cada presidente mexicano colecciona trofeos y medallas que le entregan a lo largo de su gestión. Sobre todo durante los primeros meses del gobierno, el presidente recoge elogios y aplausos. Todos, sin excepción, han tenido esa bienvenida. La aclamación suele venir de dentro y de fuera. El contraste con lo inmediato suele ser suficiente para exaltar al flamante gobierno. Un preso sirve para mostrar determinación contra la corrupción de antes; los nombramientos son vistos como signo saludable de ruptura, las iniciativas se ensalzan como señal de ambición histórica. México despega. Estamos tan habituados a esos festejos que no deja de ser sospechosa su última edición. ¿Qué harán los presidentes con todos esos trofeos cuando se mudan al terminar su gestión? Estadistas del año, líderes del mundo, visionarios de la humanidad. ¿Qué harán con las carretadas de elogios a su visión de futuro?, ¿dónde pondrán las loas por su valentía para enfrentar a los poderosos?, ¿qué uso le darán a todos esos trofeos que recibieron por inaugurar una nueva era para México? Al adelantar elogios, la política alimenta decepciones. Ésa es la nota de nuestra historia reciente: trofeos prematuros y puntuales desengaños.

No es por eso sorprendente que el gobierno de Peña Nieto cuente ya con un armario repleto de trofeos y medallas. La colección de su vitrina no es nada despreciable y podría decirse que aventaja a sus antecesores en el torneo de piropos. La portada de una revista que alguna vez fue importante lo retrata como el “salvador de México.” El artículo de Michael Crowley es llamativamente malo. Así empieza: “Eran las 9 de una noche de febrero y el presidente mexicano Enrique Peña Nieto seguía trabajando.” Afuera de la residencia, continúa el lamentable texto, un grupo de militares bien armados lo protegen: “un recordatorio de que la presidencia es un asunto de enorme importancia.” Los lectores de Time se enteran de inmediato que la presidencia de México es un cargo de cierta relevancia y que Peña Nieto no se retira a las 6 de la tarde para ver las telenovelas. La frivolidad del comienzo fija el tono del artículo de Time. Un reportaje desequilibrado y superficial que no ayuda a entender lo hecho y lo pendiente. Como sea, una portada que bien puede colocarse en el aparador de los trofeos.

Al lado de la reciente fachada del Time pueden colocarse en la galería de orgullos anticipados otras piezas del periodismo impresionista que hablan del “Momento mexicano” porque el país ha cambiado de “narrativa.” México, como un país que da lecciones a las democracias del mundo y que patenta, como solución de los problemas políticos más intrincados, la solución perfecta: dejar de hablar de ellos. Las reformas aprobadas por el congreso no son divulgadas (como sugeriría la prudencia) como avances incompletos o adelantos desafiantes sino como triunfos históricos, conquistas irreversibles. Ya tuvimos reforma educativa, ya se hizo la reforma de telecomunicaciones, ya se pactó una reforma política. Cuando apenas empieza el campeonato, el equipo se declara, ya, victorioso. Al escuchar a algunos voceros del gobierno y a muchos de sus publicistas, parecería que lo único que le resta a esta administración es descansar después de tanto logro. (más…)

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24, Feb 2014

Clientelismo armado

Es uno de los edificios más altos de América Latina. Tiene 45 pisos pero no tiene elevador. En muchos pisos faltan ventanas y algunos carecen de paredes. Abundan los platos de satélite. Está en Caracas y, para el gran reportero Jon Lee Anderson, es el mejor emblema del régimen chavista. En un reportaje publicado hace un año en la revista New Yorker el periodista analizaba el régimen político del rascacielos inconcluso. Se empezó a construir en 1990. Tres años después, el constructor murió y la torre quedó a la mitad. Nadie la compró. Varios proyectos para concluir la construcción fracasaron. Finalmente, en octubre de 2007 varios cientos de hombres, mujeres y niños invadieron la torre y se establecieron ahí. Viven en la torre desde entonces.

No fue una invasión ocasional. Más bien fue resultado de una convocatoria política desde el Estado. El presidente Chávez llamó a la gente a ocupar construcciones abandonadas, a invadir bodegas y edificios desocupados. Frente a la escasez de vivienda, la invasión se legitimaba como acto justiciero. El régimen cambió después de parecer y prohibió las invasiones, pero el impulso inicial provino de la autoridad. En todo caso, los ocupas entablaron una relación directa con el régimen que los alentó primero y los protegió después. Si el alto edificio de Caracas simboliza de algún modo al régimen es precisamente por esa mezcla de reivindicación social y de ilegalidad; de inclusión y de violencia. Permisos y obsequios que alimentan una violenta lealtad. Anderson describe brillantemente el salvaje urbanismo del chavismo: esa prolífica fabrica de clientelas. Los espacios ilegalmente ocupados constituyen un régimen en miniatura: una estructura de poder sin rivalidades, un temible sistema de justicia, un estricto régimen de vigilancia, un jugoso complejo de permisos y concesiones rentables. Todo embona: el comedero del edificio vende comida bolivariana a precios socialistas. No es, por supuesto, una isla que se aparte del entorno. Es aplicación de la filosofía de un régimen a ese barrio vertical.

Lo notable es que, bajo la retórica de la “revolución bonita”, esas clientelas no son simplemente portadoras de votos, sino también de balas. Las clientelas pueden acudir al llamado de una concentración para mostrar apoyo al líder o repudio al traidor. El clientelismo chavista ha tenido, en efecto, ese carácter intimidatorio que seguramente aprendió de Cuba. Venezuela ha instaurado su versión de los Comités de defensa de la revolución. Colectivos armados que se ven como guardianes de una revolución asediada. A pesar de que ha competido reiteradamente en elecciones, la oposición no ha tenido en la Venezuela de Chávez y de Maduro el sitio que le corresponde en una democracia. (más…)

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17, Feb 2014

El testimonio de la arquitectura

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En un libro monumental se nos ofrece una perspectiva para pensar la vida pública mexicana a través de la arquitectura. Ver el trayecto que desemboca en nuestro presente como la plaza donde se encuentran la creatividad individual, los estilos de un momento y los cuentos que el poder se inventa; los sueños de modernidad y el afán de identidad; el plano ideal de un artista y los mordisqueos del tiempo. Me refiero al libro de Fernanda Canales, Arquitectura en México, 1900-2010, un trabajo deslumbrante. Se necesita grúa para cargarlo, pero debería trascender al gremio de los constructores: a todos importa el relato de nuestras casas, monumentos o sillas.  Enciclopédico porque lo abarca todo, desde finales del Porfiriato hasta el día de ayer, no deja de ser un filoso trabajo de crítica. Un archivo minucioso, un mapa preciso, una crónica bien condimentada de esa elocuente expresión de la historia que es la arquitectura. El libro en dos tomos es admirablemente editado por Banamex, que organiza en estos días una exposición en el Palacio de Iturbide a partir de los descubrimientos de la autora.

Nada como el ladrillo o el concreto para sellar esa ilusión de permanencia que exalta a estadistas y a arquitectos. Testigo insobornable de la historia, llama Octavio Paz al arte de construir. ¿Qué mejor retrato de un tiempo que el plano de sus ciudades, el cuerpo de sus casas, el discurso de sus edificios, el mensaje de sus monumentos? Ahí se comprime su ciencia y su arte; su entendimiento del pasado y sus anhelos, sus vanidades, sus valores. Pero lo arquitectónico no se agota en la construcción de viviendas y oficinas. En diálogo constante con lo útil, se expresa igualmente en jarrones y sillas, cubiertos y libreros. El propósito es el mismo: hacer habitable el mundo; hallarse en casa en el parque y en nuestra sala, en la calle y el comedor. Esos son los extremos de la ambición arquitectónica domesticar la ciudad y la sal.

El trabajo de Fernanda Canales no puede ocultar que uno de los principales constructores de México ha sido el capricho. Por más que pueda rastrearse la genealogía de las escuelas y los estilos arquitectónicos, por detallada que sea la biografía de nuestros diseñadores, por coherente que sea el trazo de sus proyectos, la ciudad impone el croquis de su enredo político. La demolición de joyas y el levantamiento de esperpentos ha sido obra de la arbitrariedad todopoderosa. La corrupción es el gran urbanista de México. A ella se debe la ruina del espacio público, el secuestro de las vías caminables, la destrucción del patrimonio histórico, el levantamiento de tanto monstruo. Es que la ciudad sigue siendo vista como la recamara del Mandamás. Si gobierno el barrio, tengo el derecho de rehacerlo. El patrimonialismo que sigue caracterizando la vida pública mexicana encuentra en la ciudad uno de sus dominios elementales. (más…)

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