Personajes

08, Ene 2014

Castoriadis, Paz, Semprún, Barral: el escritor y la democracia

Puede encontrarse aquí el debate entre Cornelius Castoriadis, Octavio Paz, Jorge Semprún y Carlos Barral sobre el sitio del escritor en una democracia. El debate lo introduce Castoriadis de este modo:

Con la escritura “operación silenciosa donde las haya” Octavio Paz quiere combatir el ruido de las disputas y batallas de nuestro siglo. Este ruido no es metafórico y no es simplemente ruido. Es el sufrimiento, la destrucción y la muerte, pero no exclusivamente, los diez millones de muertos de la Primera Guerra Mundial, y los setenta de la Segunda,  los del Gulag y los de Auschwitz. El escritor se opone  de manera aparentemente irrisoria con su arte a las masacres y la locura colectiva, al ruido que acompaña y ejecuta la muerte.
Pero también hay que combatir este ruido, que cobra una forma extrema en la guerra o una forma trivial y aparentemente anodina ruido de las ciudades embotelladas y contaminadas, de los campos de fútbol, de la televisión, porque destruye lo esencial: “el diálogo con el mundo, con el lector y conmigo mismo”. El poeta no es sólo el que habla, también el que escucha. Es cautivo de la exigencia de diálogo: diálogo con el lector, frecuentemente anónimo y colectivo, pero a veces, como estos días, lector en carne y hueso. Esta exigencia del diálogo, de hablar y de dejar hablar, de escuchar y de hacer escuchar, es también lo que define, a otro nivel, pero sin deslizamiento de sentido, el medio vital de la democracia.
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17, Dic 2013

La homofobia de Isaiah Berlin

Gracias al comentario de John Banville a las cartas de Isaiah Berlin, descubro su comentario sobre Benjamin Britten, al discutirse su nombramiento como director musical de Covent Garden.

La ópera es esencialmente un arte heterosexual y aquellos que no lo aceptan tienden a emplear voces endebles, productores afeminados, etc., lo cual explica en buena medida nuestras desgracias actuales. (…) Ahí está Britten, un compositor de inmenso talento–cuya música no disfruto mucho, aunque la admiro y estoy dispuesto a aceptar que es un compositor de auténtico genio–que ha creado en Aldeburgh un festivalito artesanal al que acuden todos los miembros de su “persuasión” y que tiene calidad sin duda pero sería odioso ver Convent Garden encaminarse en esa dirección–de hecho ya es así en buena medida. Espero no haber sonado como Maxwell Fyfe (un parlamentario conservador). Desde luego sería ofensivo oponerse a Britten, pero pienso que sería un verdadero desastre. (…) Estaríamos mejor sin un director musical que con el triunfo de esta facción; dixi salvavi etc. etc.

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09, Dic 2013

John Gray: la ideología del anti-ideólogo

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Isaac Chotiner ofrece en The Nation una revisión del pensamiento de John Gray. Como decía E. H. Carr, quien denuncia una ideología pretende reemplazarla con otra. No es una posición escéptica sino otra política de fe. Muy distinta a la prudencia de alguien como Herzen que denunció la credulidad ideológica desde la duda, como una advertencia prudente frente a la tentación de los atajos. El antihumanismo de Gray también es un tapaojos

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30, Nov 2013

La viva controversia de Eichmann

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No hay muchos libros que sean capaces de mantener viva una controversia por medio siglo. El reportaje filosófico de Hannah Arendt sobre el juicio a Eichmann es uno de esos libros cuya lectura sigue agitando discusiones apasionadas. La interesante sección que el New York Times ha abierto recientemente a la controversia alrededor de los libros examina las razones de esta añeja polémica.  Adam Kirsh cree que el combustible es el tono de Arendt: frío, distante, pasmosamente racional. Rivka Galchen advierte que lo intolerable del ensayo es que Arendt convierte al genocida en una figura ridícula, risible. Eso es lo intolerable, dice.

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28, Oct 2013

Coloquio Internacional “Octavio Paz entre nosotros”

Coloquio Octavio Paz

El programa puede consultarse aquí

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23, Oct 2013

Isaiah Berlin recuerda México

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En 1945, mientras Isaiah Berlin trabajaba como agregado en la embajada británica en Washington, fue invitado por el embajador norteamericano en México para pasar unos días en el país. Berlin estaba enfermo y aceptó la invitación porque creía que le caería bien el clima templado. El historiador estuvo un par de días en la ciudad de México y un poco más de una semana en Cuernavaca. El recuerdo de esa breve estancia lo acompañaría de por vida. No eran ciertamente memorias dulces que evocara con nostalgia, eran recuerdos perseverantes de un horror.

No se conservan cartas escritas en México pero sí un par de mensajes en los que recuerda sus desventurada visita. México horrorizó al liberal. En el segundo tomo de sus cartas se publicó una carta dirigida a la esposa del embajador Morrow en la que le agradecía aquella invitación. Tras las fórmulas de la gratitud, Berlin le confiaba su incomodidad. México le parecía un país cruel y sangriento al que nunca querría regresar. Le impactó el arte mexicano pero sólo por el barbarismo de su imaginación. Diego Rivera, el muralista, le habrá parecido un romántico de la atrocidad. Me aterró la mirada de los mexicanos, confesaba. Jamás me podría sentir tranquilo con ellos.

Recientemente se ha publicado el tercer tomo de las cartas de Berlin. Como los volúmenes anteriores, se trata de una edición impecable de Henry Hardy, el hombre que se ha dedicado a rescatar de baules y cajones la obra de este escritor reticente. Este volumen, significativamente titulado Construyendo, cubre las cartas escritas entre 1960 y 1975: de la presidencia de Kennedy al ascenso de Margaret Thatcher. Un periodo particularmente fértil en el trabajo de Berlin. Conferencias por todo el mundo; ensayos sobre Herzen, Vico y Maquiavelo, programas en la BBC, participación en  el comité directivo de la ópera de Covent Garden. En este segundo volumen se incluye una segunda carta sobre México, dirigida en esta ocasión a una de sus mejores amigas, la socióloga Jean Floud.

Al enterarse que Floud daría unas conferencias en El Colegio de México en verano de 1968, le advirtió que encontraría un país pavoroso. Berlin se compadece de su amiga y  no le esconde su impresión de ese país salvaje. “México. Estuve muy aterrado,” le escribe Berlin, subrayando el adverbio. México le resultaba incomprensible, no solamente por su violencia sino, sobre todo por esa la celebración de la violencia que aparece en todos los rincones. Veinte años después de haber vivido unos días en Cuernavaca, el recuerdo de la barbarie mexicana seguía fresco. Llegaron a su mente las imágenes de la violencia enaltecida por el arte. “Esos murales empapados en sangre—sangre en todos lados,” le cuenta a Floud. Berlin entiende la lección de Rivera: la historia de este país es una sucesión de sacrificios y masacres. Los personajes pueden cambiar pero el libreto mexicano es la tediosa repetición de la muerte. Aztecas o conquistadores, indígenas o españoles, liberales o revolucionarios: degolladores y degollados.

Este no era sitio para Berlin. El campo mexicano le era del todo extraño: remoto, extranjero: “D. H Lawrencesco.” Sí, reconoce Berlin, el tequila está bien, pero el sólo recuerdo de un hombre escupiendo fuego en la calle le horripilaba. Al recordar México, Berlin volvió a ver el rostro de indígenas impávidos, inertes mirando el cielo sin parpadear. Hombres petrificados. Demasiado tiesos, dice. Inhumanos. México, concluye Berlin, no es país para liberales de concha suave—como yo.

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02, Oct 2013

Dawkins con Jon Stewart

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13, Sep 2013

Kolakowski y la persistencia del Absoluto

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Cuando el cuerpo de Leszek Kolakowski recibía bendiciones al ser enterrado en julio de 2009, Marek Edelman, un viejo activista polaco, preguntó: “¿por qué tratan de convertirlo en católico? El hombre era un ateo decente.” ¿En qué creía Kolakowski? No es claro. En su juventud, como militante comunista, fue un crítico de la fe, a la que no dejó de retratar como droga que sirve a los opresores. A juzgar por la Biblia, dijo entonces, Dios es un escritor intelectualmente mediocre. Tiempo después comenzó a apreciar el legado ético del cristianismo  John Connely escribe un ensayo interesante enThe Nation sobre ese viaje filosófico. Comentando ¿Será feliz Dios?, el libro póstumo de Kolakowski, y un par de libros polacos, Connely registra la transfomación intelectual de Kolakowski, su disposición de encontrar guía en la fe–si no es que la fe misma. “La idea de un mundo abandonado por Dios, uno en el que la Historia es simplemente “historia”, una serie de accidentes cuyo significado es indescifrable” era, para Kolakowski, profundamente perturbador. “El Absoluto, dijo, jamás puede ser olvidado.”

*

Más de Kolakowski en el blog…

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28, Ago 2013

Si Simon Schama gobernara el mundo

La revista Prospect le ha ofrecido el poder absoluto a varios personajes para que imaginen sus primeros decretos. A Simon Schama no parece atraerle el poder: la función del historiador es mantener despierto al poderoso, volverlo insomne. Pero no tarda en saborear su imperio. Haría que una carga electrocutara a quienes gritan por celular, prohibiría ciertas palabras y cancelaría las instrucciones para abrocharse el cinturón de seguridad en los aviones. Previsiblemente, obligaría a los niños a estudiar más historia.

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28, Ago 2013

Hannah Arendt

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En el Festival de cine alemán se estrenó en México la película de Margarethe von Trotta sobre Hannah Arendt. Más que una cinta biográfica, se trata del acercamiento al episodio más polémico de su vida: su famoso reportaje sobre el criminal nazi al que describió, para sorpresa e indignación de muchos, no como un monstruo, sino como un mediocre. Adolf Eichmann, el responsable de la transportación de los judíos a los campos de concentración, no era el demonio que se pudiera anticipar. Arendt, quien para 1963 era ya una filósofa connotada y admirada por tus trabajos de teoría política y, sobre todo, por su obra sobre los orígenes del totalitarismo, pidió al New Yorker que la enviara como corresponsal al juicio de Eichmann en Jerusalén. Quería ser testigo de ese proceso y sobre todo, entender el mecanismo totalitario operando en uno de sus ejecutores.

Arendt escribió un reportaje filosófico que provocó una tormenta pública que la película ha vuelto a agitar. Al verlo sentado en el banquillo de los acusados, la profesora de la New School no encontró por ningún lado al personaje diabólico sino a un hombre más bien tonto y aburrido: un tipo normal. El genocida no era un demonio sino un pobre diablo, un hombre normal al que simplemente le había sido extirpado el músculo de pensar. Arendt e sorprendió con la pequeñez del sujeto. Eichmann hablaba siempre con clichés, nunca encontraba una elocución original para expresarse. Su discurso, en apariencia razonado y culto, era una colección de lugares comunes. Fue así como Arendt encontró la fórmula: Eichmann encarnaba para la consciencia moderna la banalidad del mal. El mal que nos amenaza no es monstruoso sino humano, demasiado humano diría alguien. Eichmann era un burócrata que seguía instrucciones pero no era simplemente un autómata que acatara las reglas del exterminio, era una persona que había perdido capacidad de juicio moral.

La película logra capturar los desafíos de la inteligencia. Hannah Arendt se propuso comprender, no buscaba consolar. No pretendía halagar a sus lectores, alimentar sus prejuicios. Aceptaba que sus ideas podrían ser hirientes pero eso no la detenía para decir lo que tenía que decir. En ella había una seguridad que muchos consideraban arrogancia pero que no lo era. Era una confianza en sus ideas que no dependía del aplauso o la celebración de los otros, pero que tampoco se encerraba en sí misma. Arendt revisaba y reconsideraba lo que había escrito antes y no dejaba de cuestionarse. La cinta celebra la entereza intelectual, el temple del pensamiento, la dignidad de las ideas… y también la dolorosa soledad de la honradez.

Pero hay algo que no funciona en la cinta. La selección de los actores, la dirección misma obstaculizan la narración. Si la Hannah jovencísima de la película es un retrato perfecto de la muchacha brillante que quedó prendida de Heidegger, la actuación de Barbara Sukowa como la profesora Arendt no alcanza la complejidad del personaje. Cualquiera que se haya asomado a alguno de los videos de Hannah Arendt que flotan en la red se dará cuenta de la distancia. No me refiero al muy obvio contraste fisico entre la actriz y su personaje. Me refiero a algo más profundo, más importante. La actriz no respira el aire de Arendt, no encuentra su ritmo, no alcanza esa voz gruesa, rasposa y a la vez dulce que conocemos a través de las entrevistas. La cinta de von Trotta no alcanza la sutileza necesaria para mostrar la gestación de las ideas y la hostilidad de los prejuicios. Escena tras escena, la directora parece advertirle burdamente al espectador que contempla a una filósofa pensando. Las otras actuaciones son peores: personajes afectados que se extraviaron de un mal musical de Broadway.

Con todo, Hannah Arendt es una versión cuidada y fidedigna de un episodio emblemático de la lucha ideológica del siglo XX.

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19, Ago 2013

Simon Schama conversa con Orhan Pamuk

Simon Schama fue a Estambul recientemente para conversar con Orhan Pamuk y visitar su museo de la inocencia, descrito por el historiador como la más poderosamente hermosa pieza de arte contemporáneo en el mundo; poética y oscuramente cómica al mismo tiempo. El novelista habla de su interés por la arquitectura y la pintura, de su convicción de que las ideas de un novelista deben estar en sus personajes y no en sus declaraciones públicas. “No me gusta hacer pronunciamientos fuertes. Quiero escribir novelas fuertes. Guardo mi radicalismo para mis novelas.”

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30, Jul 2013

Timothy Garton Ash y la nueva cuestión alemana

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Timothy Garton Ash regresa a uno de sus temas: Alemania y el proyecto europeo. Hace casi diez años publicó un libro sobre la unificación alemana y el continente dividido. Ahora, en un ensayo para el NYRB, analiza la “nueva cuestión alemana.” El historiador de lo inmediato rastrea el origen de la crisis europea en la desconfianza inicial frente a una Alemania fuerte y unida. Si Europa construyó una unidad económica sin unidad política fue, precisamente por ese recelo frente al gigante. Ahora se encuentra en el dilema de ser criticada por liderar Europa o de ser criticada por abstenerse de liderar Europa.

Garton Ash analiza las fortalezas y debilidades de Alemania; sus complejidades institucionales, su fortaleza económica, sus enredados vínculos con Francia para concluir que hay “urgencia de poesía”, sentido de dirección, esperanza, aspiración de grandeza. Pero a la “poesía política” la cultura alemana se ha cerrado desde la Segunda Guerra. El vocabulario político es particularmente estrecho, restrictivo, aburrido. Mientras la empresa alemana se ha internacionalizado, la clase política alemana es más provinciana que nunca.

 

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29, Jul 2013

John Gray sobre Maquiavelo

La característica de la teoría política contemporánea es su hostilidad a la política, dice John Gray en una nota sobre Maquiavelo. De acuerdo al dogma liberal, los valores habrán de incrustarse en la ley; nada relevante habrá de dejarse a las contingencias de lo político. Gray rechaza la versión azucarada de Bobbit en un libro reciente sobre el constitucionalismo de Maquiavelo. La verdadera lección de Maquiavelo es otra: que la alternativa a la política no es la ley sino la guerra. La política no es domesticable en normas: debe asumirse que el hombre es un animal indómito.

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19, Jul 2013

Un autorretrato de Isaiah Berlin

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John Gray ha podido asomarse al tercer volumen de cartas de Isaiah Berlin que ha editado Henry Hardy. Comienza con este autorretrato de Berlin dentro de una carta a Irving Singer en 1960:

Estoy felizmente casado, tengo hijastros, vivo en una casa grande en Headington, odio ser profesor, odio dar conferencias, odio el trabajo, veo menos gente de la que veía antes, la voy sobrellevando; en verano voy al mismo lugar siempre y al mismo lugar en primavera y, en el fondo, disfruto la monotonía de la rutina… De verdad, no hay mucho que decir sobre mí. Sigo siendo como me dejó usted la última vez, sólo un poco más viejo y más débil. No me siento profesoral en lo más mínimo.

Gray comenta también el libro de David Caute sobre la relación entre Berlin e Isaac Deutscher para salir en defensa del historiador de las ideas. Berlin no se oponía a la incorporación del biógrafo de Trotsky como profesor de marxismo: objetó que un intelectual que desconocía el Gulag impartiera clases sobre la Unión Soviética. El episodio, pues, lejos de mostrar la “ruindad” de Berlin, es reflejo de su coherencia.

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08, Jul 2013

Fukuyama sobre Maquiavelo

Francis Fukuyama aprovecha la aparición del nuevo libro de Philip Bobbit sobre Maquiavelo para hablar del florentino. En su reseña, Fukuyama critica el entusiasmo republicano que aparece en el retrato de Bobbit. Para el autor de El fin de la historia, la importancia de Maquiavelo radica en que, como Scmitt mucho tiempo después, le enseña al liberalismo sus límites. El orden político necesitará reglas pero necesita más que reglas: sin la virtud de los príncipes, sin su audacia y su prudencia, el Estado se vendría abajo.

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