Eco, Umberto

24, May 2013

Umberto Eco rechaza La Biblia para publicación –y sugiere un mejor título

Debo decir que las primeras cien páginas de este manuscrito realmente me engancharon. Mucha acción, todo lo que el lector de hoy quiere en una buena historia. Sexo, (mucho sexo, incluyendo adulterio, sodomía, incesto), también homicidios, guerra, masacres y cosas por el estilo. 

El capítulo de Sodoma y Gomorra, con los travestis luchando contra los ángeles, es digno del mejor Rabelais; las historias de Noé son Salgari puro; la fuga de Egipto pide a gritos ser llevada a la pantalla grande… En otras palabras, una película que sería un exitazo de taquilla: bien estructurada, con muchos giros imaginativos, con la cantidad adecuada de mesianismo, sin caer en la tragedia. 

Pero mientras avanzaba en la lectura me di cuenta de que se trata, en realidad, de una antología, con muchos escritores involucrados, con muchos (demasiados) deslices poéticos y pasajes que son francamente cursis y aburridos, y largos lamentos sin sentido. 

El resultado final es una monstruosa compilación que quiere agradar a todos sin satisfacer a nadie. Comprar los derechos de autor de todos estos escritores sería un horrible dolor de cabeza, a menos que el recopilador se encargue de los trámites. A propósito del compilador, su nombre no aparece en ningún lado, ni siquiera en el índice. ¿Hay algún motivo para guardar en secreto su identidad?

Sugiero que tratemos de comprar los derechos de los cinco primeros capítulos. Son una garantía. También un título más atractivo. Que tal Los desesperados del Mar Rojo

En "Lamentablemente estamos regresándole su…",
traducido de Misreadings, Harvest, 1993.

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06, Jun 2012

Los gnomos de Gnu

Umberto Eco ha publicado una trilogía de libros para niños en colaboración con el ilustrador Emilio Carmi. El último cuento de la serie se llama Los gnomos de Gnu, una alegoría abstracta sobre la catástrofe ecológica. No es fácil encontrar una copia del libro pero puede verse cada página en esta cuenta de flickr.

Eco - Gnomes

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11, Nov 2009

La lista del súper y el deseo de inmortalidad

Eco

Umberto Eco recibió la invitación del Louvre hace unos años para curar una exposición. El semiólogo no siguió la contraposición de belleza y fealdad que analiza en su pareja de libros recientes. Armó la exposición a partir de su afición por las listas. A algunos les gusta el futbol. A mí me gustan las listas, dice. Eco sugiere que en el listado está el origen de la cultura: hacer comprensible el infinito. En una entrevista reciente lo pone así: "Tenemos un límite, un límite humillante y desalentador: la muerte. Por eso queremos las cosas que no tienen límites y por lo tanto, no tienen fin. Es una forma de escapar la idea de la muerte. Hacemos listas porque no queremos morir."

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26, Feb 2009

El libro y su papel

Kindle-2 Ya salió el nuevo kindle el aparato que aloja miles de páginas en una tableta. Al parecer, es una maravilla. Xavier Velasco, en su blog, se adelanta a advertir sus limitaciones. Nunca podremos aplastar un mosquito ni hacer esculturas con él al apilarlo con otros. Umberto Eco no entierra el libro de papel

"Los soportes modernos parecen atender más a la difusión de la información que a su preservación. El libro ha sido un insigne instrumento de difusión (pensemos en el papel desempeñado por la Biblia impresa para la Reforma protestante), pero también de conservación. Es posible que en unos pocos siglos la única forma de acceder a las noticias sobre el pasado, cuando todos los soportes electrónicos hayan perdido sus propiedades magnéticas, siga siendo un bello incunable. Y entre los modernos libros, sobrevivirán muchos de los que están hechos con buen papel, o los que están siendo ofrecidos por muchos editores en “free acid paper”. "

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15, Abr 2008

¿Orgullo fascista?

Laura me envía un comentario. Le fastidia que se abuse de la palabra fascismo y pide un congreso urgente para precisar los alcances de la palabra. Tiene razón. Si hay que ser cuidadoso con cualquier palabra, hay que extremar los cuidados con términos como éste. Yo hablaba en mi artículo de un «orgullo fascista.» Me refería al hecho de que la manta que celebraba la clausura del congreso era una forma de vanagloriarse del silenciamiento de un órgano deliberativo. El FAP no solamente incautaba la institución del pluralismo, sino que se ufanaba de la acción. No expresaba un mero gesto autocrático, sino una convicción autocrática: la verdad como propiedad exclusiva de un grupo que se atribuye el derecho de hacer lo necesario para imponerse.

La crítica me hace recordar un brillante ensayo de Umberto Eco sobre la eternidad del fascismo. Lo recoge en un librito titulado Five Moral Pieces. Ahí se detiene a analizar una serie de rasgos del fascismo. Eco resalta el culto por la acción por la acción misma. La acción es signo de una admirada virilidad: el que actúa no se raja, no se dobla. Para el fascismo la política es asunto de lealtades metálicas. Ningún doblez es permisible. De ahí que la ideología permita distinguir con toda claridad a los patriotas de los traidores. Nadie se regodea con el eufemismo como el fascista. Será por eso que se empeña en bautizar la imposición como paz y el desprecio como respeto. En su imaginario de guerra el referente crucial es el enemigo de fuera que, en ocasiones, se filtra al campo propio. Por eso la paz y la negociación son una forma denigrante de abdicación: la vida es lucha. Y el Pueblo, recuerda Eco, siendo una noción crucial en este universo retórico, es sólo una ficción teatral, una manta escénica.

¿Maltrato las palabras al hablar del orgullo fascista de los fapistas que cierran el Congreso mexicano y además lo presumen?

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