Isaiah Berlin

17, Dic 2013

La homofobia de Isaiah Berlin

Gracias al comentario de John Banville a las cartas de Isaiah Berlin, descubro su comentario sobre Benjamin Britten, al discutirse su nombramiento como director musical de Covent Garden.

La ópera es esencialmente un arte heterosexual y aquellos que no lo aceptan tienden a emplear voces endebles, productores afeminados, etc., lo cual explica en buena medida nuestras desgracias actuales. (…) Ahí está Britten, un compositor de inmenso talento–cuya música no disfruto mucho, aunque la admiro y estoy dispuesto a aceptar que es un compositor de auténtico genio–que ha creado en Aldeburgh un festivalito artesanal al que acuden todos los miembros de su «persuasión» y que tiene calidad sin duda pero sería odioso ver Convent Garden encaminarse en esa dirección–de hecho ya es así en buena medida. Espero no haber sonado como Maxwell Fyfe (un parlamentario conservador). Desde luego sería ofensivo oponerse a Britten, pero pienso que sería un verdadero desastre. (…) Estaríamos mejor sin un director musical que con el triunfo de esta facción; dixi salvavi etc. etc.

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23, Oct 2013

Isaiah Berlin recuerda México

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En 1945, mientras Isaiah Berlin trabajaba como agregado en la embajada británica en Washington, fue invitado por el embajador norteamericano en México para pasar unos días en el país. Berlin estaba enfermo y aceptó la invitación porque creía que le caería bien el clima templado. El historiador estuvo un par de días en la ciudad de México y un poco más de una semana en Cuernavaca. El recuerdo de esa breve estancia lo acompañaría de por vida. No eran ciertamente memorias dulces que evocara con nostalgia, eran recuerdos perseverantes de un horror.

No se conservan cartas escritas en México pero sí un par de mensajes en los que recuerda sus desventurada visita. México horrorizó al liberal. En el segundo tomo de sus cartas se publicó una carta dirigida a la esposa del embajador Morrow en la que le agradecía aquella invitación. Tras las fórmulas de la gratitud, Berlin le confiaba su incomodidad. México le parecía un país cruel y sangriento al que nunca querría regresar. Le impactó el arte mexicano pero sólo por el barbarismo de su imaginación. Diego Rivera, el muralista, le habrá parecido un romántico de la atrocidad. Me aterró la mirada de los mexicanos, confesaba. Jamás me podría sentir tranquilo con ellos.

Recientemente se ha publicado el tercer tomo de las cartas de Berlin. Como los volúmenes anteriores, se trata de una edición impecable de Henry Hardy, el hombre que se ha dedicado a rescatar de baules y cajones la obra de este escritor reticente. Este volumen, significativamente titulado Construyendo, cubre las cartas escritas entre 1960 y 1975: de la presidencia de Kennedy al ascenso de Margaret Thatcher. Un periodo particularmente fértil en el trabajo de Berlin. Conferencias por todo el mundo; ensayos sobre Herzen, Vico y Maquiavelo, programas en la BBC, participación en  el comité directivo de la ópera de Covent Garden. En este segundo volumen se incluye una segunda carta sobre México, dirigida en esta ocasión a una de sus mejores amigas, la socióloga Jean Floud.

Al enterarse que Floud daría unas conferencias en El Colegio de México en verano de 1968, le advirtió que encontraría un país pavoroso. Berlin se compadece de su amiga y  no le esconde su impresión de ese país salvaje. “México. Estuve muy aterrado,” le escribe Berlin, subrayando el adverbio. México le resultaba incomprensible, no solamente por su violencia sino, sobre todo por esa la celebración de la violencia que aparece en todos los rincones. Veinte años después de haber vivido unos días en Cuernavaca, el recuerdo de la barbarie mexicana seguía fresco. Llegaron a su mente las imágenes de la violencia enaltecida por el arte. “Esos murales empapados en sangre—sangre en todos lados,” le cuenta a Floud. Berlin entiende la lección de Rivera: la historia de este país es una sucesión de sacrificios y masacres. Los personajes pueden cambiar pero el libreto mexicano es la tediosa repetición de la muerte. Aztecas o conquistadores, indígenas o españoles, liberales o revolucionarios: degolladores y degollados.

Este no era sitio para Berlin. El campo mexicano le era del todo extraño: remoto, extranjero: “D. H Lawrencesco.” Sí, reconoce Berlin, el tequila está bien, pero el sólo recuerdo de un hombre escupiendo fuego en la calle le horripilaba. Al recordar México, Berlin volvió a ver el rostro de indígenas impávidos, inertes mirando el cielo sin parpadear. Hombres petrificados. Demasiado tiesos, dice. Inhumanos. México, concluye Berlin, no es país para liberales de concha suave—como yo.

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19, Jul 2013

Un autorretrato de Isaiah Berlin

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John Gray ha podido asomarse al tercer volumen de cartas de Isaiah Berlin que ha editado Henry Hardy. Comienza con este autorretrato de Berlin dentro de una carta a Irving Singer en 1960:

Estoy felizmente casado, tengo hijastros, vivo en una casa grande en Headington, odio ser profesor, odio dar conferencias, odio el trabajo, veo menos gente de la que veía antes, la voy sobrellevando; en verano voy al mismo lugar siempre y al mismo lugar en primavera y, en el fondo, disfruto la monotonía de la rutina… De verdad, no hay mucho que decir sobre mí. Sigo siendo como me dejó usted la última vez, sólo un poco más viejo y más débil. No me siento profesoral en lo más mínimo.

Gray comenta también el libro de David Caute sobre la relación entre Berlin e Isaac Deutscher para salir en defensa del historiador de las ideas. Berlin no se oponía a la incorporación del biógrafo de Trotsky como profesor de marxismo: objetó que un intelectual que desconocía el Gulag impartiera clases sobre la Unión Soviética. El episodio, pues, lejos de mostrar la «ruindad» de Berlin, es reflejo de su coherencia.

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24, Jun 2013

La ruindad de Isaiah Berlin

Tariq Ali publica una reseña de un libro reciente sobre la rivalidad intelectual de Isaiah Berlin e Isaac Deutscher. Isaac e Isaiah, el castigo encubierto de un hereje de la Guerra fría, de David Caute, pinta a Berlin como un intelectual envidioso que emplea su enorme influencia para bloquear a sus adversarios. Isaac Deutscher, crítico del ensayo de Berlin sobre la inevitabilidad histórica, fue bloqueado por el santón liberal para incorporarse a Sussex con el chantaje más burdo: "El candidato del que habla es la única persona cuya presencia en la mi comunidad académica encontraría moralmente intolerable." Hannah Arendt, quien nunca respetó intelectualmente a Berlin, recibió un trato semejante. Consultado sobre la edición de La condición humana, respondió "No recomendaría a ningún editor británico la compra de los derechos de este libro. Hay dos objeciones: No se venderá y no es bueno."

vía @carlosbravoreg

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28, Ene 2013

Isaiah Berlin sobre Kennedy

Se anuncia la publicación del tercer volumen de cartas de Isaiah Berlin. El libro cubrirá el periodo entre 1960 y 1975, un periodo políticamente intenso y fundamental en la carrera de Berlin, pues es entonces cuando publica sus ensayos sobre la libertad, sus textos sobre el romanticismo y su retrato de Vico. Aunque el libro no está todavía a la venta,  The New Republic publica como adelanto (suscripción necesaria), la carta que le escribió a su esposa después de conocer a John F. Kennedy. La carta captura un momento histórico. Berlin se encontró con Kennedy la noche del 16 de octubre de 1962, el mismo día en que fue informado por su consejero de seguridad nacional que la Unión Soviética instalaba misiles nucleares en Cuba. El Presidente no prestó mucha atención al profesor quien, al parecer, se sintió más impresionado por la primera dama, "curiosamente a-holliwoodesca". Del presidente hace este retrato veloz: 

Kennedy es un lider, fuerte, extrañamente cauteloso, un tanto ordinario (cómo no lo sería con esos padres), pero sin emociones, terre à terre, duro, rápido, independiente, despiadado, desalmado, dotado, serio, ansioso por pescar todo lo que pueda en donde sea. 

Captura de pantalla 2013-01-27 a la(s) 21.55.05Más de Isaiah Berlin en el blog

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28, Jun 2012

Una conferencia de Isaiah Berlin sobre (o contra) Rousseau

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28, Oct 2011

Berlin y la topografía del liberalismo

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En ciertos cículos del discurso político norteamericano, el liberalismo aparece como una especie de culto satánico. Como ejemplo sirven los títulos de Ann Coulter. En el Guardian de Londres, Giles Fraser anuncia una serie sobre su compleja topografía. Iniciará con un examen del liberalismo de Isaiah Berlin. En la segunda entrega, Fraser considera que la idea central de Berlin: la púa del puercoespín que también fue, es la convicción de que el hombre más peligroso del mundo es quien cree que ha resuelto el misterio de la vida. Su aversión a la "lilbertad positiva" se debía a que veía en ella una coerción disfrazada. En el tercer artículo de la serie Fraser se aparta de Berlin para sostener que el liberalismo defiende una sociedad delgada y un individuo corpulento. No creo que esta conclusión sea correcta. Berlin no aceptaría el planteamiento dicotómico. Descreía del triunfo de un valor sobre otro y reconocía el legítimo apetito de comunidad al hablar del nacionalismo saludable. En su cuarta entrega, se analizan las críticas a la noción berliniana de libertad negativa. La conclusión de Fraser es que ese concepto es incapaz de ofrecer un cuento común, una narrativa colectiva que inyecte sentido a la comunidad. 

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23, Feb 2010

La civilizada malicia de Isaiah Berlin

En el blog del New York Review of Books se publica una nota interesante de Charles Rosen sobre las cartas de Isaiah Berlin. A. N. Wilson había destrozado el segundo volumen: las cartas mostraban las limitaciones intelectuales del profesor del dictáfono y revelebana los vicios que su retórica encubría. Rosen sale a la defensa de Berlin: como la cortesía, la malicia es una forma de la civilización. 

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16, Jul 2009

Más sobre las cartas de Berlin

Berlin En el Times Literary Supplement, una reseña devastadora del segundo volumen de las cartas de Isaiah Berlin. A. N. Wilson sospecha que la sacralización que su editor pretende hacer de la figura de Berlin puede arruinar la reputación que con tanto esmero cultivó. "Las cartas no valen el esfuerzo que exige su lectura. No hay ninguna que se acerque a ser una buena carta y casi todas son tormentosamente aburridas." Espero recibir pronto el libro para poder comentarlas.

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30, Jun 2009

Más de Isaiah Berlin y sus cartas

Carta Isaiah Berlin Un par de notas se han publicado recientemente sobre el segundo volumen de cartas de Isaiah Berlin y un libro de homenaje . En el New Statesman, Justin Cartwright, a diferencia de otros lectores, saborea las cartas: las encuentra graciosas, siempre con un toque irónico y autodenigratorio, frecuentemente maliciosas y en ocasiones brillantes. Terry Eagleton, por su parte, toma las misivas como muestra de un personaje prototípico de la intelectualidad oxoniana.

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08, Jun 2009

Sobre Berlin

Berlin sofá Al cumplirse cien años del nacimiento de Isaiah Berlin, han aparecido algunos libros importantes. El segundo volumen de sus cartas está a punto de ser publicado. Se trata de una compilación de cartas escritas en 1946 y 1960, un periodo particularmente rico en la vida del historiador. El suplemento cultural del abc pesca algunos fragmentos aquí. Henry Hardy, el legendario editor de Berlin, no es solamente responsable del descubrimiento y la publicación de las cartas sino también de un volumen en homenaje al retratista: The Book of Isaiah: Personal Impressions of Isaiah Berlin. En Literary Review, John Gray comenta las cartas. El aporte de Berlin, dice Gray no fue la construcción de un sistema para el liberalismo sino la pintura del liberalismo como una forma atractiva, valiosa de vida. The Economist, al registrar estas publicaciones recientes, encapsula su talento de una forma que recuerda una discusión reciente en este blog:

Pensadores como John Rawls defendieron los principios liberales con más argumento. Entre los historiadores intelectuales, Quentin Skinner habrá ayudado más a la profesionalización de la disciplina. Pero nadie tuvo el don de Berlin para dramatizar y personalizar ideas abstractas.

Se han publicado notas en El país, y en el Independent. Aquí puede escucharse una conferencia de Alan Ryan sobre Berlin. En itunes se pueden descargar algunas conferencias del propio Berlin, para constatar la velocidad y la gracia del "Paganini de las conferencias". Aquí se puede oir su conferencia sobre Herzen y acá su conferencia contra Rousseau.

En Prospect, David Herman, en severa reseña de las cartas, pregunta si la reputación de Berlin puede sobrevivir la publicación de su epistolario.

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08, Jun 2009

Isaiah Berlin, centenario

Berlin - Pyke 
Fotografía de Steve Pyke

En el más turbulento de los siglos, la vida de Isaiah Berlin fue básicamente apacible. Apenas atisbó el horror siendo muy niño, pero nunca lo sufrió. El historiador vivió entre libros, preocupado por la fecha de una conferencia, angustiado por la entrega de algún manuscrito. Sólo en un breve episodio diplomático se acercó a la política de los vivos. Trabajó en la embajada británica en Washington redactando informes que deleitaban a Winston Churchill. Escribiendo a sus padres, Isaiah daba pistas sobre la fuente de su talento para comprender la madeja política. Soy un chismoso, les contaba. Y mucho más que las teorías que he estudiado durante años, mucho más que la filosofía que he tratado de exponer a mis alumnos, el morbo por la vida de los otros me permite palpar la realidad, intuir el futuro, escuchar las insinuaciones del presente.

Podría decirse que Isaiah Berlin transformó el chisme en método para el estudio de las ideas políticas. No es que le obsesionara la infidencia de recámara, ni que pretendiera demoler estatuas difundiendo el rumor. Lo que movía el lápiz del retratista era el esfuerzo por capturar las telarañas y el contexto de las inteligencias. El clima de la opinión y los laberintos de la conciencia. Se alejó de la filosofía política para entregarse a la historia de las ideas. A pesar de que su ensayo más conocido y más discutido es la exposición que hace de los dos conceptos de libertad, lo más valioso de su trabajo está en otro lado. Su obra florece en el lienzo del retrato mucho más que en el pizarrón de las teorías. Como buen retratista se dibujó en el perfil de otros. Se escondió así en las facciones de Maquiavelo, en la mirada de Montesquieu, en el escepticismo de Herzen, en la blandura de Turgeniev. No es difícil advertir en cada uno de los bocetos la introspección y el asomo confesional.

En varios ensayos, Berlin recurrió a la línea de Arquíloco que contrasta al zorro con el erizo. El zorro sabe muchas cosas; el erizo una sola—pero grande. Berlin, un hombre que no recorrió un itinerario claro, que brincó de un tema a otro reivindicando siempre el pluralismo, escondió un erizo bajo la piel del zorro. Sus muchas ideas eran en realidad, una sola desilusión, es decir, una advertencia: no hay solución sencilla al problema de la convivencia; no hay respuestas armónicas a nuestras preguntas; no hay soluciones integrales a nuestros aprietos. Cuidado con los publicistas del paraíso, nos dice de mil maneras. Nuestro torcido tronco jamás será enderezado definitivamente. Todas sus lecturas desembocan en esa convicción maquiavélica: el bien no es enemigo del mal; el bien combate con otro bien. Los valores no se abrazan fraternalmente; se muerden, rivalizan, compiten. El hombre no rechaza el mal para abrazar el bien, como nos dicen en sermones y otros cuentos de hadas. La vida lo obliga con frecuencia a optar por el mal menor; a sacrificar un valor para defender otro. Hay por eso un dolor en el liberalismo berliniano: toda opción hiere: “estamos condenados a elegir y cada elección supone una pérdida irreparable.”

Berlin se ha convertido en una especie de santón liberal. Porque era liberal era escéptico del dogmatismo de mercado tanto como lo era del libreto marxista. Se sintió siempre un liberal de izquierda, un admirador de Roosevelt que sabía bien que la libertad no puede abrirse camino bajo la ignorancia y la pobreza. Le fascinaban los enemigos del liberalismo. Leer a los aliados le resultaba aburrido. Por el contrario, adentrarse en el pensamiento de nuestros críticos, pone a prueba nuestras ideas. Fue, quizá, el liberal que mejor entendió los huecos del liberalismo. Valoraba como pocos, el atractivo del romanticismo y el humano apetito de pertenencia que los ortodoxos del individualismo jamás han entendido. Berlin sabía que el hombre, además de comida, necesita casa. No un mero refugio contra el frío y la lluvia. El hombre necesita sentirse en casa, con los suyos.

También habrá que decir que no tuvo acero de combatiente. Fue un intelectual blando, un indeciso. Tal vez la inseguridad, tal vez la vanidad contuvo al polemista que pudo haber sido. El brujo de la conversación, el prodigioso conferencista esperaba con excesiva atención la sonrisa de su interlocutor en una fiesta, la respuesta de su auditorio en la cátedra. El peleador que Berlin no fue quedará sin embargo, como uno de los grandes defensores de la hospitalidad liberal en un tiempo de fanáticos.

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