Judt, Tony

12, Mar 2012

La actividad intelectual y la seducción

El New York Review of Books publica un extracto de la conversación que Tony Judt tuvo con Timothy Snyder y que forman el libro Pensando el siglo XX.

La actividad intelectual es un poco como la seducción. Si quieres ir directamente a tu objetivo, lo más probable es que no lo consigas.

Los intelectuales se creen defensores de grandes abstracciones pero, para defenderlas, deben cuidar las prácticas y las instituciones concretas que las reflejan. La democracia se corroe porque a la gente le importa poco. Los intelectuales y los buenos periodistas son útiles, dice Judt porque pueden ayudar a llenar el espacio que se abre entre los dos componentes de una democracia: los gobernantes y los gobernados.

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15, Ago 2011

Daniel Judt sobre Tony Judt

Tony Judt - retrato de Fernando Vicente Tony Judt tendría mucho que decirnos en estas semanas de disturbios, desplomes financieros, locura e indignación. Su testamento púlibo Esto va mal es una de los textos más necesarios de este tiempo. Gracias a David Peña, veo este texto que ha publicado su hijo Daniel, de 16 años, sobre sus enseñanzas y la propuesta de Ronald Dworkin para recuperar nuestro vocabulario moral. 

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08, Nov 2010

El Nueva York de Tony Judt

Peluquería El New York Times publica hoy un apunte de Tony Judt sobre la ciudad en la que vivió los últimos años de su vida. El historiador habla de otras ciudades para enfatizar la grandeza de la que se volvió suya: sus restoranes y sus tintorerías, sus panes y sus cafés, sus peluquerías. Nueva York, dice Judt, es una ciudad que está más agusto en el mundo que en su país. "La suerte me hizo norteamericano, pero decidí ser neoyorquino. Tal vez siempre lo fui." 

El texto proviene de The Memory Chalet, un libro de memorias que se publicará pronto. 

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05, Oct 2010

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20, Ago 2010

Timothy Garton Ash recuerda a Tony Judt

Judt Timothy Garton Ash pinta un extraordinario retrato de Tony Judt. Un inglés para quien los hechos cuentan, un afrencesado para el que las ideas valen. Esa es su gran contribución histórica: la construcción de una historia de Europa donde los debates y los hechos tienen su lugar. Pero este intelectual público no solamente integró la historia ideológica con la social, sino que también supo conectar las Europas incomunicadas tras la guerra. Fue el primero, dice Garton Ash, que armó una historia rigurosa de Europa Occidental y Europa del Este. No lo recordemos por su agonía, pide Garton Ash. Recordémoslo por sus libros y sus peleas. 

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09, Ago 2010

Tony Judt

Tony Judt 

Después de encarar la enfermedad  más terrible, murió el historiador Tony Judt. Era un sobreviviente de sus músculos. Judt supo romper con las barreras de la historia académica. No solamente pintó el paisaje cambiante de un continente entero a lo largo de las décadas, también dibujó memorables retratos de grandes figuras intelectuales. Creía que un historiador debía ser antropólogo, filósofo, moralista y economista para entender la época de la que habla. No temió lo monumental, ni lo polémico. Tras el horror de su enfermedad, tampoco rehuyó bordar lo personal. Le enorgullecían las descalificaciones que recibía de los extremos: para unos era un comunista desquiciado, para otros un elitista blanco. Fue un pesimista de izquierda que creía en el deber moral de la memoria.

Se han publicado obituarios en el New York Times, el Guardian, el Independent, El país, el Daily Telegraph, en The New Statesman En el sitio del New York Review of Books se pueden leer un buen número de colaboraciones, incluyendo sus piezas autobiográficas. A propósito de la aparición de su libro Postwar, The Historical Society lo entrevistó. The Nation conversó con él a raíz de su último libro en defensa de la tradición socialdemócrata. En Prospect puede leerse otra entrevista.  El país publicó una traducción de "Noche": el conmovedor relato de su esclerosis. Letraslibres tradujo su "Ensayo del mal." David A. Bell recuerda al historiador en el "viejo sentido de la palabra:" era ambicioso, sabía escribir y no pretendía objetividad. Aquí se puede ver un breve video sobre él. Por acá he ido recogiendo cosas suyas y sobre él.

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27, Ene 2010

El cuerpo en bulto

Judt - nyu En algún otra nota he hablado de los retratos y los alegatos del historiador Tony Judt, uno de los grandes historiadores de la izquierda liberal angloamericana. Habré celebrado entonces su elegancia combativa, su persuasiva reivindicación de la memoria, su fino pincel de retratista. Ahora me estremece su testimonio. Ha quedado enjaulado en un cuerpo inerte. Padece esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad de Lou Gherig. Se trata, al parecer, de una de las más raras perturbaciones neuromotoras. No es dolorosa ni implica una pérdida de sensibilidad. El cuerpo, poco a poco, se vuelve carne abandonada. La consecuencia es que “uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con mínimas incomodidades el catastrófico avance de su propio deterioro.” Judt conserva lucidez. Hace unas semanas dictó una conferencia sobre el futuro de la socialdemocracia en donde daba muestras no solamente de claridad, sino de humor. Atado a una silla y conectado a una compleja tubería de sobrevivencia, les advertía a sus oyentes: discúlpeme si no aderezo mi charla con gesticulaciones expresivas. Contemplan ustedes a una auténtica cabeza parlante.

Judt ha descrito su prisión en un texto sobrecogedor traducido recientemente por El país. Lo ha podido dictar empleando músculos que pronto lo desertarán también. Su cárcel orgánica se angosta cada día. La petrificación del cuerpo es progresiva. Poco a poco el cuerpo se desprende de su dueño. Primero un dedo se insubordina: no acata la orden superior. Después el brazo desatiende las peticiones del cerebro. Finalmente todas las extremidades se vuelven colguijos inertes. Los músculos se van atrofiando lentamente hasta hacer depender al cuerpo de respiradores externos. “Una prisión progresiva y sin fianza.” Se trata de una condena perpetua. No una sentencia de muerte que, tal vez, resultaría un alivio: una condena de por vida.

La parálisis deja al hombre en incapacidad para lidiar con lo ordinario. Desde luego, Judt no puede vestirse ni alimentarse solo. Pero tampoco puede rascarse cuando tiene comezón. No puede limpiarse la boca si le queda un poco de comida en los labios, no puede acomodarse los anteojos, ni ahuyentar una mosca fastidiosa. Por eso depende de la bondad de los demás. Sólo la ayuda de otros le permite mover las piernas, cambiar la posición de sus brazos, estirarse. La impotencia es desoladora; la dependencia humillante. La inmovilidad no es solamente perniciosa desde el punto de vista físico. Es también psicológicamente insoportable, cuenta Judt. El cuerpo no está hecho para ser bulto. La piel envuelve una inquietud constante. Aunque nos tendamos en la cama para dormir, hormiguea en nosotros una terca necesidad de movimiento: acomodarnos en el colchón hasta encontrar el refugio placentero, rascarnos la espalda, extender las piernas, mover el cuello. La tortura de ese deseo irrealizable parece verdaderamente insoportable. Pero lo que resulta infernal, dice Judt, es la noche. La oscuridad, la ausencia, el silencio, el descanso de los otros magnifica la experiencia de la postración.

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04, Ene 2010

Socialdemocracia del miedo

Judt Tony Judt reflexiona sobre lo que sobrevive de la socialdemocracia. Queda poco de su optimismo pero mucho subsiste de su plataforma ética. Nos hemos acostumbrado a hablar sólo el lenguaje de la economía. Sólo vale lo eficiente y lo rentable. La socialdemocracia puede agregar preguntas y proponer respuestas que vayan más allá de esa lógica. El historiador se detiene en la polémica entre Keynes y Hayek para describir los límites de una sociedad que se comprime en mercado. Su cita de John Stuart Mill es elocuente: "Nos resulta repugnante la idea de una sociedad vinculada solamente por relaciones y sentimientos que surgen de los intereses pecuniarios." Para nuestra desgracia, la economía se ha vuelto el único lenguaje de la política pública. Hemos olvidado así a los fundadores de esa ciencia moral. Frente a la idea thatcheriana de que la sociedad no existe, la socialdemocracia ha de afirmar su existencia–y hacerla posible, excluyendo la humillación. Si tiene futuro, dice Judt, la socialdemocracia será una "socialdemocracia del miedo." Invoca con eso el liberalismo del miedo de Judith Shklar que anclaba su defensa de las instituciones y prácticas liberales como barreras a la crueldad. Ese sería el papel de la izquierda hoy. Si la socialdemocracia se ha convertido en la "prosa de la política contemporánea europea" requiere defensores, sobre todo ahora, que entramos en una nueva era de incertidumbre.

Como puede verse en este video, Judt pronunció esta conferencia montado en una silla de ruedas y enchufado a un respirador. Padece del mal de Gehrig que lo tiene paralizado. La enfermedad no es dolorosa, con lo cual, quien la padece, puede contemplar cómodamente "el progreso catastrófico de su propio deterioro." En el número más reciente del New York Review of Books habla de su enfermedad y describe el sufrimiento de no poder gobernar su cuerpo.

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