Personajes

01, Nov 2012

Poesía, mito y revolución

En  issuu.com/hernandezcortez

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
01, Nov 2012

Una ecología del yo y del nosotros

Edgar_morin

La política ha
extraviado el pensamiento. Edgar Morin está convencido de que se gobierna a
ciegas. Mirando encuestas, reportes de expertos, informes de agencias
internacionales, reaccionando al barullo de la prensa, la clase política decide
a oscuras, sin palpar la complejidad de lo que toca. El triunfo de la
modernidad ha significado la orgullosa conquista de la incomprensión. Nunca
hemos entendido tan mal de la política como ahora. Ni siquiera somos capaces de
percibir el efecto de Shakespeare, ha dicho Morin.

Al recibir el
Premio Alexis de Tocqueville en 1989, Octavio Paz pidió poesía para la
reconstitución del pensamiento político. “En las escuelas y facultades donde se
enseñan las llamadas ciencias políticas debería ser obligatoria la lectura de
Esquilo y de Shakespeare. Los poetas nutrieron el pensamiento de Hobbes y
Locke, de Marx y de Tocqueville.” Las llamadas
ciencias políticas se han dedicado a expulsar la imaginación del currículo.
Morin comparte la desconfianza del poeta mexicano: ¿ciencia política? No: la política no será nunca explicada por una ciencia:
es arte. Un arte terrible. “Por numerosos que sean los conocimientos en los que
se basa, dice Morin, (la política) sigue siendo un arte, no sólo por la
imaginación y la creatividad quer exige, sino también por su capacidad de
afrontar la ecología de la acción. Saint-Just reveló sus dificultades diciendo:
“Todas las artes han producido sus maravillas; sólo el arte de gobernar ha
producido únicamente monstruos.”

El arte de la
política comporta inevitablemente una apuesta, y por lo tanto, el riesgo con un
principio de precaución.” Las
llamadas ciencias políticas mandan la mitad de la historia a la nada. Confían
en la flecha elemental de la causa y el efecto, imaginan el mundo como una mesa
de billar: golpear con precisión una bola para que recorra el camino debido. La
acción política no es ese palo que golpea a la bola. Es una pelota caprichosa que
no sólo obedece al impulso de quien la golpea. Toda acción es una apuesta, dice
Morin. Tan pronto se inicia sufre las imprevisibles interacciones del medio. La
decisión escapa de inmediato de la voluntad de su iniciador, con frecuencia
toma un sentido contrario a su deseo. Los pesticidas no solamente exterminan a
los bichos dañinos al cultivo. También matan a los insectos necesarios para la
polinización. La acción política es fricción constante con lo imprevisible.
Lejos de suponer que el gobernante controla los hilos, habría que entender que
todo acto político traiciona de inmediato al actor. Desde el primer momento “se
abre una fosa entre el actor y la acción”. La decisión se fuga del cálculo del
que emergió para copular con mil accidentes. Fue Maquiavelo quien entendió más
profundamente eso que Morin llama “ecología de la acción”. La suerte, esa mujer
a la que le gustan los jóvenes impetuosos, esa rueda que no se detiene nunca,
ese río que se desborda sin avisos, controla la mitad de la historia. Al
príncipe corresponde admitir en primer lugar, que no posee su decisión. 

El artículo completo, acá

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
04, Oct 2012

Morin. Prosa para la poesía

Edgar_morin_2[1]

Cuando Edgar Morin empezó a concebir la
idea de sus memorias bordó una fórmula del deslinde para el título: No soy uno de ustedes, imaginó en la
carátula de su autobiografía. Quería arrancarse las etiquetas y distanciarse de
la nomenklatura intelectual a la que pretendían integrarlo. Buscaba sacudirse
el yeso con el que empezaban a moldearlo como notable. Veinte años después,
soltó aquel nombre. Ya no sentía la necesidad de definirse en oposición. Lo que
buscaba en su libro, lo que había buscado durante toda su vida era comprender,
comprenderse, y para ello no necesitaba distanciarse de nadie. Introspección:
busca de sus demonios.

Hace unos meses, a los noventa años de
edad, publicó un libro que ha vendido cientos de miles de ejemplares en
Francia. El título no es modesto: La vía
para el futuro de la humanidad.
Se trata de un libro que contiene toda una
vida. Están ahì su infancia y su adolescencia, el dolor por la muerte de su madre,
los años de la ocupación nazi, su curiosidad infinita, sus lecturas, el
compendio de cada uno de sus libros, sus obsesiones, sus contradicciones
vertebrales. Un testamento sabio y adolescente, iluso y puntual escrito frente
al abismo y la esperanza. En la segunda década del milenio, al tiempo que se
anuncia una nueva edad de hielo, todo puede comenzar otra vez.

Edgar Morin ha
estado animado por lo que el tao llama “espíritu del valle”: una llanura donde
se vierten todas las aguas. Ésa ha sido, según él mismo, su singularidad: alojamiento
de mil afluentes. Una cabeza deshinibida, absolutamente libre. Una curiosidad
omnívora con voluntad de unirlo todo, de hallar el parentesco de las ideas y
las cosas; situar la verdad en la infinita red de significados; palpar el pulso
de las contradicciones; descubrir, como teólogo, origen y sentido del mundo. Su
vida ha sido siempre una lucha contra la ceguera de lo parcelario. El
testimonio de que se puede ser culto hoy, como lo fueron sus parientese electivos
Goethe, Marx, Freud, Koestler, Popper, Paz, Eco o Castoriadis. Morin no ha
escrito una sino varias enciclopedias. Se encontrarán en ellas capítulos sobre
las bacterias y las galaxias, sobre el mito y las ciencias, sobre el planeta y
sus provincias. Manifiestos y confesiones; apuntes sobre la muerte, el cine, el
amor, la escuela.

Sus ensayos no son una cátedra seca. En
todo lo que Morin escribe aparece Morin, el pensador que se interroga a sí
mismo, que busca en el mundo y en su propia vida las claves para entender, para
entenderse. En el segundo volumen de El
método,
esa obra monumental, esa ciudad que pretende hospedar los
fundamentos de un nuevo pensamiento humano, apuntó con razón: “No escribo desde
una torre que me sustrae a la vida son en el interior de un torbellino que me
implica en mi vida y en la vida.”

El artículo completo, en nexos de este mes
Compartir en Twitter Compartir en Facebook
18, Sep 2012

Simon Schama: Por qué escribo

Simon Schama escribe sobre el arte del ensayo en el Financial Times. En el género debe haber "involucramiento con uno mismo sin narcisismo literario; una iluminación moral nacida de la experiencia física." El ensayo captura un pedazo de la experiencia de vivir o, en el caso de lo último que escribió Hitchens, la experiencia de morir en piel humana. "Escribir o leer ensayo es nuestra resistencia a la pigmificación del lenguaje; el encogimiento a la marca, el sound bite, la banalidad mercantil, el tuit solipsístico. El ensayo es la última defensa de la seriedad de la prosa entretenida; nuestra mayor esperanza de liberar el texto del texting."

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
04, Sep 2012

Mortalidad

Mortalidad

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
29, Ago 2012

Duchamp: el acto creativo

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
27, Ago 2012

Postfacio a Hitchens

Carol Blue, viuda de Christopher Hitchens, escribió un postfacio a sus notas de enfermedad y muerte que serán publicadas el próximo martes. El Telegraph adelanta un fragmento

Hitchens y Carol Blue

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Ago 2012

Tolvanera

Alfonso Reyes

Lanza la tolvanera sus turbiones,
azuza sus lebreles amarillos;
tromba de embudo gris, levanta en vilo
miserias que recluta en los rincones.
Aura mortal, disgregación de montes,
movediza prisión, telón de olvido.
Suspende el pecho su latiente alivio
y entra la garra hasta los corazones.
La metralla del átomo, el desquite
del tiempo contra el mundo de las formas…
con pesuñas de polvo, Atila embiste;
mata el color, las yerbas y las glorias,
y en el valle que todo se le rinde
vuela el gemido de la gente loca.

En Constancia poética. Tomo X de las Obras Completas.
Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Ago 2012

Alfonso Reyes y el arte de perdurar

Alfonso Reyes

¿Cómo se ganan lectores a lo
largo de los siglos? ¿Qué hace que un escritor perdure, que sus libros lo
sobrevivan? ¿Cómo es que la letra puede convertirse en materia inagotable? Las
preguntas se las vuelve a hacer Hugo Hiriart y las responde en un ensayo
deleitable. En El arte de perdurar, (Almadía
2010) Hiriart medita sobre esa apuesta contra el tiempo que habita en el
impulso creativo.

El ensayo de Hiriart es,
primero, una reflexión sobre su naturaleza. Al ensayo lo constituye una
actitud. Huye de la severidad del tratado y de la rigidez del aforismo no
porque deambule sino porque no se toma demasiado en serio. Tiene sentido por
ello que Montaigne, al abrirle su libro al lector, lo despide. Soy el tema de
estas páginas. No pierdas el tiempo. Adiós. Hugo Hiriart ve en el ensayo una
“irresponsabilidad gozosa” cuya única obligación es la amenidad. “El único
compromiso del ensayo es no aburrir, quitando eso lo admite todo: el chisme, la
tentativa, la extravagancia, el juego, la cita de memoria, el coqueteo, la
arbitrariedad.” La verdadera intención del género es capturar el discurrir de
la inteligencia. No capturarlo: acompañar su andar.

Alfonso Reyes es el enigma de
este ensayo. El genio que no encuentra nuevos lectores, el gigante intraducido,
el artista sepultado en los tomos de su inmenso talento. Hiriart no oculta su
admiración por el ensayista de la cordialidad pero está convencido de que la
escritura de ese orfebre de pequeñas obras maestras corre el peligro de
extinguirse, de no encontrar ojos jóvenes, de quedar detenido en el castellano.
El diplomático que nunca vivió de su escritura fue dueño de un estilo exquisito
que terminó enjaulándolo. No se concentró en una obra que compactara su genio,
no ahondó en nada porque todo lo rozó con su pluma siempre cordial y razonante.
No se asomó a las sombras, no lo sedujeron los misterios, jamás se atrevió al
antagonismo. “Reyes no logró ese libro, ese acto de magia sintética que
concentra el universo entero en el pulso de un individuo único e irrepetible.
Qué angustia, él que era el más dotado. El genio de Reyes, digámoslo de una
vez, está desperdigado.”

Al dispersarse terminó rozándolo
todo y profundizando en nada. Nunca se limitó y por ello mismo no ahondó.
Alfonso Reyes, quizá el escritor más dotado de los que dio el siglo XX mexicano,
no redactó la obra maestra perdurable. “Se pasó de civilizado,” dice Hiriart.

Quizá es demasiado pronto para
decretar el agotamiento de su prosa desarmada. Me atrevo a decir que si Alfonso
Reyes no publicó la obra perdurable que le pide Hiriart no es porque no la haya
escrito. El problema, en realidad, no es del escritor sino del editor ausente. Si
falta la obra es porque hay que
hallarla en sus obras. La civilización de Alfonso Reyes nunca será un exceso.
Su tono, su voz tan irrepetible como representativa de un talante siempre
tendrá algo nuevo que decirnos. Me convence la idea de Steiner sobre ese arte
de perdurar: los clásicos, es decir, los perdurables adquieren una dimensión
espacial en la cultura: territorios de autonomía incorruptible. El clásico es
el espacio “perennemente fructífero” un lugar que nos interroga, que nos lee.
Si una obra perdura es porque nos lee más de lo que nosotros la leemos. El estilo
que Hugo Hiriart pinta como la jaula de Reyes es otra cosa: una interpelación
que no roza sino que excava en nosotros.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
20, Ago 2012

Los diarios de George Orwell

Orwell - DiariesHoy salen a la venta los diarios de George Orwell. El prólogo es, al parecer, lo último que escribió Christopher Hitchens. «La necesidad de conocer desde la experiencia, la resistencia a ser engañado por la historia oficial o el rumor popular formaba parte de esa resistencia infinita que Thomas Carlyle llegó a describir como constitutiva del genio.» Escuchando un rumor, Orwell anotaba en su cuaderno: «Hay que verificarlo.»

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
14, Ago 2012

Los tiranos y las artes

CucúEn  una colaboración para la BBC, John Gray examina la relación entre la tiranía y el arte. Recuerda una línea del Tercer Hombre donde Orson Welles resalta los servicios del despotismo: 

Durante treinta años, Italia tuvo guerras, terror, asesinatos, pero produjo a Miguel Ángel, a Leonardo, el Renacimiento. En Suiza tuvieron amor fraterno, quinientos años de democracia y paz. ¿Qué produjeron? El reloj cucú. 

La cultura, no necesita democracia ni paz, dice Gray pero requiere cierta libertad: una pluralidad de centros de influencia que con frecuencia se enfrentan. "Cuando los artistas y escritores dependen solamente del gobierno el resultado es el nepotismo y la mediocridad." Pero también es absurdo pensar que la vitalidad de una cultura puede depender solamente de las fuerzas del mercado. "Una cultura florece en la competencia y el antagonismo, no en la fantasía de la armonía social. Sin esos conflictos creativos, podríamos terminar sin nada más que con relojes cucú."

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
28, Jun 2012

Una conferencia de Isaiah Berlin sobre (o contra) Rousseau

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
20, Jun 2012

Schama: la revolución shakespeareana

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
11, Jun 2012

Poesía del pensamiento, traducido

Siruela acaba de publicar la traducción de Poesía del pensamiento, de George Steiner. Aquí puede leerse el prefacio de este ensayo admirable. Por acá mi nota a la versión original en inglés. 

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
09, Jun 2012

Simon Schama sobre Shakespeare

Simon Schama prepara otro de sus extraordinarios programas de televisión. Después de abordar la historia de Inglaterra, el futuro de Estados Unidos y el poder del arte, ahora tratará la obra Shakespeare en dos programas para la BBC.  En el Financial Times presenta la serie recordando que fue precisamente el dramaturgo quien sembró en él el impulso de ser historiador. 

Había un poder (en Shakespeare) pero era el poder del inglés, más que de Inglaterra; y cuando ibas a escuchar o ver y escuchar a Shakespeare, bebías de él para salir embriagado de ese elixir de confianza. Si todo el mundo era un teatro, nadie podría superarnos.  

Shakespeare no solamente hizo de Schama un historiador sino que logró que Inglaterra fuera lo que es.  

Compartir en Twitter Compartir en Facebook