Paz, Octavio

08, ene 2014

Castoriadis, Paz, Semprún, Barral: el escritor y la democracia

Puede encontrarse aquí el debate entre Cornelius Castoriadis, Octavio Paz, Jorge Semprún y Carlos Barral sobre el sitio del escritor en una democracia. El debate lo introduce Castoriadis de este modo:

Con la escritura “operación silenciosa donde las haya” Octavio Paz quiere combatir el ruido de las disputas y batallas de nuestro siglo. Este ruido no es metafórico y no es simplemente ruido. Es el sufrimiento, la destrucción y la muerte, pero no exclusivamente, los diez millones de muertos de la Primera Guerra Mundial, y los setenta de la Segunda,  los del Gulag y los de Auschwitz. El escritor se opone  de manera aparentemente irrisoria con su arte a las masacres y la locura colectiva, al ruido que acompaña y ejecuta la muerte.
Pero también hay que combatir este ruido, que cobra una forma extrema en la guerra o una forma trivial y aparentemente anodina ruido de las ciudades embotelladas y contaminadas, de los campos de fútbol, de la televisión, porque destruye lo esencial: “el diálogo con el mundo, con el lector y conmigo mismo”. El poeta no es sólo el que habla, también el que escucha. Es cautivo de la exigencia de diálogo: diálogo con el lector, frecuentemente anónimo y colectivo, pero a veces, como estos días, lector en carne y hueso. Esta exigencia del diálogo, de hablar y de dejar hablar, de escuchar y de hacer escuchar, es también lo que define, a otro nivel, pero sin deslizamiento de sentido, el medio vital de la democracia.
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28, oct 2013

Coloquio Internacional “Octavio Paz entre nosotros”

Coloquio Octavio Paz

El programa puede consultarse aquí

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22, abr 2013

La contestadora de Octavio Paz

Oído en el blog de Fernando Fernández.

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19, abr 2013

Fernando Savater sobre Octavio Paz

Juan Cruz recupera el recuerdo de Savater sobre su último encuentro con Octavio Paz.

"Llegué muy conmocionado, temiendo ver a mi amigo en estado de sufrimiento. Octavio se encontraba ya muy consumido, prácticamente no podía hablar, y lo trasladaban en silla de ruedas sólo el par de horas al día que se levantaba de la cama. Pero aún así, al verme me lanzó una sonrisa con el afecto y la complicidad que habíamos tenido durante muchos años. Yo no sabía qué decir, era tal la emoción que me embargaba. Entonces Marie Jo [la mujer de Paz] tuvo un gesto maravilloso y le pasó la mano por el cabello mientras me decía con ternura: ´Mira qué pelo más bonito tiene todavía`. Esa caricia me desgarró, pero también me llenó de vida. Fue la última vez que lo vi".

Letras libres publica en su número de abril un retrato que el filósofo hace del poeta. Savater recibirá hoy el Premio Octavio Paz.

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19, abr 2013

Alfonso Reyes recibe El laberinto de la soledad

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En Correspondencia Alfonso Reyes – Octavio Paz, (1939 – 1959), edición de Anthony Stanton, Fondo de Cultura Económica.

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16, abr 2013

Paz y Fuentes en wikileaks

Guillermo Sheridan recoge algunos cables de la Embajada norteamericana a su gobierno que se refieren a Octavio Paz y Carlos Fuentes: 

6 de febrero de 1975. “Carlos Fuentes nuevo embajador en Francia”. En los 60 Fuentes participó en el “Movimiento de Liberación Nacional”, inspirado por Cuba. Por esto, y por haber sido reportado como miembro del Partido Comunista, no tiene derecho a visa desde 1962, si bien se le han otorgado varias dispensas. “Es uno de los pocos intelectuales mexicanos importantes en los que LEA parece hallar respuesta. En junio de 1972 le organizó un encuentro con intelectuales en Nueva York. En septiembre de 1974 publicó una alabanza de LEA en la revista Time”. El embajador lo declara más agradable, gran conversador, agudo y mundano que la mayor parte de los “intelectuales” mexicanos (“que son muy tercos”). 

10 de febrero de 1975: el Departamento de Estado recomienda olvidar los malos antecedentes de Fuentes y en adelante mostrarle respeto.

19 de febrero de 1975: Con García Márquez y Cortázar, Fuentes es uno de los “famosos novelistas” que aplauden a LEA cuando instala la Comisión Internacional para investigar los crímenes de la junta militar chilena. 

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31, mar 2013

Risa y penitencia

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Octavio Paz

Al alba, un escalofrío recorre a los objetos. Durante la noche, fundidos a la sombra, perdieron su identidad; ahora, no sin vacilaciones, la luz los recrea. Adivino ya que esa barca varada, sobre cuyo mástil cabecea un papagayo carbonizado, es el sofá y la lámpara; ese buey degollado entre sacos de arena negra, es el escritorio; dentro de unos instantes la mesa volverá a llamarse mesa… Por las rendijas de la ventana del fondo entre el sol. Viene de lejos y tiene frío. Adelanta un brazo de vidrio, roto en pedazos diminutos al tocar el muro. Afuera, el viento dispersa nubes. Las persianas metálicas chillan como pájaros de hierro. El sol da tres pasos más. Es una araña centelleante, plantada en el centro del cuarto. Descorro la cortina. El sol no tiene cuerpo y está en todas partes. Atravesó montañas y mares, caminó toda la noche, se perdió por los barrios. Ha entrado al fin y, como si su propia luz lo cegase, recorre a tientas la habitación. Busca algo. Palpa las paredes, se abre paso entre las manchas rojas y verdes del cuadro, trepa la escalinata de los libros. Los estantes se han vuelto una pajarera y cada color grita su nota. El sol sigue buscando. En el tercer estante, entre el Diccionario etimológico de la lengua castellana y La Garduña de Sevilla y anzuelo de bolsas, reclinada contra la pared recién encalada, el color ocre atabacado, los ojos felinos, los párpados levemente hinchados por el sueño feliz, tocada por un gorro que acentúa la deformación de la frente y sobe el cual una línea dibuja una espiral que remata en un vírgula (ahí el viento escribió su verdadero nombre), en cada mejilla un hoyuelo y dos incisiones rituales, la cabecita ríe. El sol se detiene y la mira. Ella ríe y sostiene la mirada sin pestañear.

¿De quién o por qué se ríe la cabecita del tercer estante? Ríe con el sol. Hay una complicidad, cuya naturaleza no acierto a desentrañar, entre su risa y la luz. Con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta, mostrando apenas la lengua, juega con el sol como la bañista con el agua. El calor solar es su elemento. ¿Ríe de los hombres? Ríe para sí y porque sí. Ignora nuestra existencia; está viva y ríe con todo lo que está vivo. Ríe para germinar y para que germine la mañana. Reír es una manera de nacer (la otra, la nuestra, es llorar). Si yo pudiese reír como ella, sin saber por qué…Hoy, un día como los otros, bajo el mismo sol de todos los días, estoy vivo y río. Mi risa resuena en el cuarto con un sonido de guijarros cayendo en un pozo. ¿La risa humana es una caída, tenemos los hombres un agujero en el alma?. Me callo, avergonzado. Después, me río de mí mismo. Otra vez el sonido grotesco y convulsivo. La risa de la cabecita es distinta. El sol lo sabe y calla. Está en el secreto y no lo dice; o lo dice con palabras que no entiendo. He olvidado, si alguna vez lo supe, el lenguaje del sol.

La cabecita es un fragmento de un muñeco de barro, encontrado en un entierro secundario, con otros ídolos y cacharros rotos, en un lugar del centro de Veracruz. Tengo sobre mi mesa una colección de fotografías de esas figurillas. La mía fue como una de ellas: la cara levemente levantada hacia el sol, con expresión de gozo indecible; los brazos en gesto de danza, la mano izquierda abierta y la derecha empuñando una sonaja en forma de calabaza; al cuello y sobre el pecho, un collar de piedras gruesas; y por toda vestidura, una estrecha faja sobre los senos y un faldellín de la cintura a la rodilla, ambos adornados por una greca escalonada. La mía, quizá, tuvo otro adorno: líneas sinuosas, vírgulas y, en el centro de la falda, un mono de los llamados "araña", la cola graciosamente enroscada y el pecho abierto por el cuchillo sacerdotal.

(más…)

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11, mar 2013

Octavio Paz y la revolución

Captura de pantalla 2013-03-11 a la(s) 22.39.36Roger Bartra hace una lectura del retrato que Enrique Krauze hace de Octavio Paz y de sus ideas políticas en Redentores

"Para Krauze, Octavio Paz no logró culminar su travesía liberal y se mantuvo siempre, hasta el final, como un revolucionario. No abandonó nunca totalmente su vocación redentora."

"Paz se volvió reformista pero era al mismo tiempo revolucionario. Por esto Krauze afirma que “no era liberal, sino un peculiar socialista libertario. Paz nunca dejó de ponderar al sistema político al que había servido. Negar esa historia era negar a la Revolución mexicana”. El poeta hizo un severo juicio del marxismo, del leninismo y del bolchevismo. Sin embargo, señala Krauze, faltaba un acusado en el juicio: el propio Octavio Paz. El poeta se dio cuenta y vivió la crítica como un intento acaso vano de expiar un pecado que, dijo Paz en 1975, “nos ha manchado y ha manchado también, fatalmente, nuestros escritos”. "

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06, mar 2013

Las cosas enteras

Mark Strand

En un campo

soy la ausencia

de campo.

Siempre

sucede así.

Dondequiera que esté

soy aquello que falta.

Si camino

parto el aire

mas siempre

vuelve el aire

a llenar los espacios

donde mi cuerpo estuvo.

Todos tenemos razones

para movernos: yo me muevo

por mantener

enteras a las cosas.

(Traducción de Octavio Paz)

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23, ene 2013

El libro de las maravillas de Joseph Cornell

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A fines del año
pasado se publicó un libro maravilloso: el Manual
de las maravillas
de Joseph Cornell, una edición facsimilar del almanaque
que el artista intervino a principios de los años 30. El libro puede verse como
se ven los collages de sus cajas, esas recámaras diminutas que encuentraron
magia en lo ordinario. En sus recipientes de vidrio y de madera, Cornell podía
guarecer la noche y sus lámparas, escribió Octavio Paz en un poema.

Monumentos a cada momento           
hechos con los desechos de cada momento:   
jaulas de infinito.        

Canicas, botones, dedales, dados,      
alfileres, timbres, cuentas de vidrio:   
cuentos del tiempo.

Si la historia
hacía ruinas, el artista de las cajas transformaba las ruinas en creaciones.  Joseph Cornell fue un genial zopilote de
reliquias. Su Manual de las maravillas
es la reinvención, la apropiación, la resurrección de un libro. La trasmutación
de un anuario baladí en una obra de arte. Seguramente perdido entre el polvo de
mil libros, Joseph Cornell adquirió un almanaque francés de agricultura
práctica en una librería de viejo de Nueva York por ahí de 1930. Era un libro
seco de información útil para quien quiere cultivar berenjenas o quiera
estudiar en la escuela de horticultura de Versalles. Cornell tomó el libro y
dibujó en sus páginas, transcribió sobre el texto fragmentos de poemas, insertó
imágenes, perforó hojas y jugó con las cortinas del papel.

Durante años, el
libro durmió en el sótano de la casa del artista en Queens, sin que, al
parecer, nadie lo hubiera visto. No hay testimonio que lo describa, que
registre la existencia de esta prodigiosa caja para hojear. Tal parece que el
artista nunca llegó a compartir su juguete. Tras la muerte de Cornell, el
curador Walter Hopps lo descubrió y lo depositó en el Smithsonian donde
permanecería oculto un par de décadas hasta que lo adquirió el Museo de Arte de
Filadelfia, la casa que alberga buena parte de la obra de Marcel Duchamp. Fue
precisamente en una exposición dedicada a mostrar el vínculo entre Duchamp y
Cornell que el libro se asomó a la luz. Se le exhibía entonces detras un
cristal que permitía al espectador asomarse solamente a una página. Se le
identificaba como “Libro objeto sin título (Manual
de agricultura práctica
)”. Tras el vidrio se veía una hoja del libro con una imagen
de la Mona Lisa cargando perfumes y un sombrero. No se podía ver más. La alusión
al bigote de la Mona Lisa de Duchamp era evidente para subrayar la
correspondencia entre los artistas. Pero, encapsulada por los museógrafos, la
obra de Cornell no podía ser plenamente apreciada. Una obra de arte incrustada
en un libro, debía mostrarse como libro. Como
decía Paz al contemplar sus cajas, los collages
de Cornell se burlan de las leyes de la identidad; las cosas, los nombres se
aligeran. Así un libro que fue de agricultura se despoja de su orden, abandona
la seriedad cartesiana y se entrega a la evocación, al sueño de las asociaciones,
a los juegos del azar.

El libro del que
parte Cornell es un anuncio de una nueva era para la agricultura: la razón al
servicio de la productividad, la industria conquistando el campo. Tras la
intervención del artista, el libro es una burla a la razón tecnológica: el
aviso al lector que inserta al manual muestra a un músico que nos ve a los ojos,
acompañado de dos changos de circo y un gato que pinta al óleo. El libro se
transforma en teatro de sorpresas. Una fresa se convierte en sombrero, las
hojas son ventanas que conducen a otras ventanas que enmarcan un ojo. Tablas de
fertilizantes donde aparece un origami que envuelve el dibujo de una vaca. Modelos
de Vogue que se tienden en párrafos
que discurren sobre las bondades de los fertilizantes, mientras las Meninas se
columpian en la esquina de otra hoja.

El Manual
de las maravillas
de Joseph Cornell muestra el juego de su arte. Homenajes
sonrientes.

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01, nov 2012

Poesía, mito y revolución

En  issuu.com/hernandezcortez

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19, sep 2011

Sílabas enamoradas

             No y sí
Juntos
            Dos sílabas enamoradas

Octavio Paz

Sí - No

Markus Raetz es un escultor suizo que ha explorado la ilusión. Siguiendo la pista de Magritte, esculpió una pipa que podría no serlo. La pieza de arriba se lee, desde un ángulo como un sí y desde otro, dice no. Aquí puede verse el juego de las palabras en su versión en francés.

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02, sep 2011

El París de Paz

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11, abr 2011

Más sobre el romanticismo de Octavio Paz

Christopher Domínguez escribió en el suplemente cultural del Reforma un artículo sobre el romanticismo de Octavio Paz que dialoga de algún modo con la reflexión de José Antonio Aguilar sobre el liberalismo en Paz y Vargas Llosa: 

Nunca quiso ser Paz un pensador sistemático ni intentó, como Blake, ser un profeta o volver, como lo quiso Pound en su batalla contra la usura, su propia poesía en una historia "particular" de la infamia. Paz es un romántico desengañado: sueña con una religión de la poesía, pero lo despierta un escepticismo que le impide, en su sentido religioso, el entusiasmo. El hechizo del mundo termina con la crueldad de los sueños utópicos hechos realidad política. Sólo el poema, una vez, vuelve a encandilar al poeta.

El tema lo ha pensado bien Yvon Grenier en Del arte a la política. Octavio Paz y la búsqueda de la libertad, publicado por el Fondo de Cultura Económica.

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06, abr 2011

El liberalismo de Vargas Llosa

Vargas Llosa José Antonio Aguilar escribe en Nexos un artículo interesante sobre el liberalismo de Mario Vargas Llosa. Aplicando el método que desarrolla en su libro La geometría y el mito que acaba de publicar con el sello del Fondo de Cultura Económica, compara la perspectiva de un romántico como Octavio Paz con la mirada de un hombre que ha renunciado al sueño de la comunión. "La suya, dice Aguilar Rivera, es una concepción modesta de lo que el liberalismo puede y debe hacer en el mundo." Mientras Paz lamenta la árida precisión de la geometría liberal, Vargas Llosa celebra la modestia de la tolerancia:

Vargas Llosa en cierto sentido es un romántico más radical. Lo es porque para él el individuo, y su mundo interno, tienen absoluta primacía. El individuo, “ese personaje al que los liberales consideramos la piedra miliar de la sociedad”. Lo es, también, porque cree que la libertad “se mide en el seno de una sociedad por el margen de autonomía de que dispone el ciudadano para organizar su vida y realizar sus expectativas sin interferencias injustas”. Las personas tienen preguntas existenciales, no las sociedades. Buscan respuestas en su fuero interno, no de manera colectiva. Cuando la búsqueda del origen se convierte en una empresa compartida degenera en nacionalismo u otras cosas peores. En Vargas Llosa la geometría no ha emasculado al arte; simplemente ha encontrado su lugar. 

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