Política

12, Sep 2011

El problema con el “mal”

cbr, antiguo corresponsal de este blog que ahora publica en La Razón bajo el seudónimo de Carlos Bravo Regidor escribe sobre el problema de introducir el tema del mal en la discusión sobre la violencia en México: 

 

Porque “el mal” es una categoría que remite a lo absoluto, a lo ontológico, a lo inescrutable; una categoría que no admite reparos de orden mundano y que, por lo mismo, resulta muy atractiva para inhibir el desacuerdo. Y es que, como escribió Richard Bernstein a propósito del discurso de la maldad tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (El abuso del mal, Buenos Aires, Katz, 2006), la apelación a “el mal” puede fácilmente convertirse en un recurso político harto efectivo para simplificar problemas complejos, para invalidar ideas diferentes, para acallar a quienes piensan distinto y poner fin a la deliberación democrática. Así, cualquiera que disienta de la visión oficial sobre cómo luchar contra “el mal” puede ser tachado, como ocurrió con los críticos de la “guerra contra el terror” en Estados Unidos, y como ha ocurrido con los críticos de la “guerra contra el crimen organizado” en México, de apologista del enemigo.  

No es que sea inútil la reflexión moral. Al contrario. Ocurre, en todo caso, que hoy en día su utilidad pasa por considerar no sólo las causas sino también las consecuencias de nuestra manera de pensar los problemas.

Que la discusión moral sea compleja no quiere decir que no merezca un sitio en la conversación pública. Que sea peligrosa tampoco es razón para rehuirla. Que algunos hagan trampa con las palabras no implica que debemos seguir esa ruta. Si nos hemos vuelto confiados y hasta arrogantes con el vocabulario y las herramientas de la política pública, valdría, como sugiere Tony Judt, recuperar lenguajes que nos hemos empeñado en olvidar. Creo que puede hacerse sin golpes de pecho ni maniqueísmos. Lejos de cancelar la discusión, podría reanimarla, colocando en el centro eso que sigue siendo el corazón de lo político: el desafío de la convivencia.

 

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02, Sep 2011

Ciudadanos post-soberanos

Candado Fernando Vallespín publica un artículo en El país sobre la ausencia de alternativas en la política española. Pronto habrá relevo. Se sustituirá un hombre impopular por un hombre que no genera confianza. Somos ciudadanos post-soberanos, dice: elegimos a quien cumple con las instrucciones del poder real.

No, no son buenos momentos para ser de izquierdas, laico y heredero de esa tradición de la Ilustración que creía en la emancipación frente a las tinieblas del pasado y afirmaba su confianza en eso que entendíamos como progreso. Todos los elementos que anidaban en ese concepto parece que se nos van desvaneciendo detrás de la tozuda afirmación de lo existente como lo único posible. Incluso aquello de lo que más nos vanagloriábamos, la democracia, la posibilidad de elegir entre opciones políticas distintas.

Y, sin embargo, no hay por qué bajar la cabeza ante esta situación sin alternativas aparentes. Propongo que, para empezar, nos serenemos todos, abandonemos la dimensión de las pasiones humanas -la indignación-, y nos pongamos a pensar; tratemos de definir una respuesta que sea viable y responsable sin renunciar a los principios propios y con efecto a medio plazo. Siempre es mejor una izquierda reflexiva que una izquierda indignada.

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01, Sep 2011

Michnik: diálogo y responsabilidad

Ilustración para MichnikEn los años ochenta, Adam Michnik, uno de los líderes más visibles de la disidencia polaca, entraba y salía constantemente de la cárcel. Lo más molesto era no saber cuándo iba a regresar a prisión: el hospedaje discontinuo arruinó su vida sexual: no sabía cuándo lo apresarían de nuevo y era imposible hacer citas. Llegó a estar tres años tras las rejas, cosa que seguramente fue benéfico para su escritura. Afuera no puedo concentrarme pero en mi celda logro trabajar y afinar mis ideas, les escribió en una carta de agradecimiento a sus captores. Alguna vez, fuera de la cárcel, participó en una manifestación convocada por Solidaridad. La gente fue exaltándose y, de pronto, una multitud rabiosa rodeó a un policía a quien señalaban como culpable de haber golpeado a un par de borrachos. Michnik llegó al lugar y se interpuso entre la muchedumbre y el policía. Logró calmar a la gente y salvar al policía del linchamiento. La escena retrata bien el talante del demócrata pacifista. El crítico tenaz del totalitarismo tenía el valor de enfrentar a sus aliados y defender al adversario si la báscula de la justicia había cambiado de equilibrio. El gran poeta Czeslaw Milosz admiró en Michnik un notable fenómeno vital: una energía extraordinaria, una dura fibra moral y una inteligencia de primer orden. Tres hombres excepcionales en un cuerpo: un político, un moralista y un intelectual.

El artículo completo puede leerse aquí.

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31, Ago 2011

Sobre la banalidad del mal (actualizado)

Eichman in jerusalemHace casi medio siglo Hannah Arendt presenció el juicio a Adolf Eichmann y escribió un reportaje sobre el proceso para el Newyorker. Poco tiempo después se publicó como Eichmann en Jerusalén. El texto se convirtió en uno de los ensayos filosóficos más perturbadores del siglo XX. Arendt se sorprendió al escuchar el testimonio de este hombre acusado de conducir al exterminio a cientos de judíos. No era el villano que esperaba sino un burócrata gris. De ahí que se refiriera a él como una rueda más de un engranaje administrativo, un hombre que representaba la "banalidad del mal." El podcast más reciente de "Grandes ideas" del Guardian se dedica precisamente a esa polémica noción de Hannah Arendt. El diario acompaña la emisión con un ensayo de Elisabeth Young-Bruehl, autora de un valioso trabajo sobre Arendt

La filósofa Judith Butler escribe también sobre ese ensayo clásico. El argumento central de Arendt es que el nazismo logró someter el pensamiento. Lo que Hitler banalizó fue el fracaso del pensamiento. Para Arendt, dice Butler, no pensar puede ser genocida.

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26, Ago 2011

Francisco Segovia sobre Sicilia y la autoridad

Francisco Segovia envio a este blog un comentario sobre mi artículo del lunes pasado. Aquí lo reproduzco íntegramente: 

Jesús:

No te gusta que Javier Sicilia le haya dicho a Carlos Loret de Mola que él no tenía poder sino autoridad. No te gusta porque crees que no se puede tener autoridad sin tener además poder; y, lo que es peor, porque esa autoridad no puede darse sin al menos cierta dosis de autoritarismo, pues el poder de las autoridades no emana de las urnas sino del “dedazo”. Para exponer este argumento, te apoyas en Hannah Arendt. ¿Por qué te apoyas en ella? Pues porque Hannah Arendt tiene autoridad sobre el tema que discutes. Sí, muchísima autoridad. Pero ¿tiene además poder? Está claro que no. Hannah Arendt está muerta, y para tener poder hay que estar vivo —o ser el Conde Drácula, en quien lo diabólico y monstruoso consiste justamente en ejercer un poder de ultratumba. La muerte le ha quitado todo poder a Hannah Arendt, pero no ha logrado despojarla de la autoría de sus libros, que es en donde sigue basándose su autoridad. De lo anterior no se sigue que la autoridad esté siempre desligada del poder, claro, sino simplemente que puede estarlo. Esta mera diferencia es indicio de que existe más de una forma de autoridad. Una de ellas es, digamos, la del Diccionario de la Real Academia Española, avalada por un rey, y otra muy distinta la del diccionario Webster's, construida por la preferencia de sus lectores (es decir, por la sanción de una comunidad de hablantes, expresada en un prestigio social). No se ha votado democráticamente ninguna de estas dos autoridades, pero no hay duda de que una se impone y la otra se gana. La frase Sicilia a Loret iba por ese lado. “La autoridad —dijo— es el poder de hacer crecer. El autor hace crecer algo”. Sicilia pone sobre la mesa el significado más estricto de la palabra: autoridad es lo propio del autor. En este sentido, la autoridad es, como dije antes, eso que ni siquiera la muerte puede arrebatarle al autor. Sólo fuera de contexto pueden entenderse estas palabras como una defensa del autoritarismo. Quien vea la entrevista (http://www.youtube.com/watch?v=o_juRlQ_HXU&feature=share ) escuchará la frase en su contexto y verá que, con ella, Sicilia quiere mostrar que el poder lo incomoda. Varias veces ha dejado en claro que él no se ha puesto al frente de la multitud de víctimas y familiares de las víctimas, sino que son éstas las que lo han puesto a él al frente. Esa multitud, que no tenía voz, se reconoce en la voz del poeta, y el poeta le da voz a la multitud (literalmente: cede siempre el micrófono a las víctimas).

Es cierto que nadie ha votado por él, pero también es cierto que él no usurpa el lugar que tiene, como lo usurpan en cambio muchos que sí lo han ganado en las urnas. No, nadie ha votado formalmente por Javier Sicilia, pero la confianza que los familiares de las víctimas han depositado en él lo ha convertido en un representante legítimo de sus aspiraciones. Es la cabeza del Movimiento por la paz, pero lo es a su pesar —según ha repetido muchas veces él mismo. En la entrevista con Loret refrenda esta actitud: él no quiere el poder, como lo quiere la mayoría de los profesionales de la política, que nunca son políticos a regañadientes y a su pesar. En esto se ve la diferencia: Sicilia no es un político de la política sino un político de lo político. Eso es tan inusual que muchos de sus críticos no acaban de asimilarlo. Por eso le exigen que entre al redil de los profesionales y juegue con sus reglas (que, si quiere autoridad, se convierta en candidato y la gane en las urnas, aunque esto sea en sí mismo una contradicción). Él, claro, se niega. Sicilia quiere volver del revés la política mexicana. Por eso actúa como no lo haría nunca un político profesional. En sus marchas y mítines, él es el único acarreado.

Le agradezco enormemente a Francisco Segovia este comentario. No niego que Javier Sicilia dé voz a quien no la tiene, que sea conducto para la expresión de muchos. Admiro su capacidad para transformar el dolor en testimonio. Mi incomodidad no es con su palabra sino con el sitio desde el cual se pronuncia y la respuesta que espera como debida. ¿Por qué el Congreso debe aceptar inmediatamente, sin discusión su palabra? ¿Por qué consideró que el debate de una propuesta era ya un acto de traición? Porque la autoridad no admite réplica. La autoridad es palabra envuelta en silencio. De ninguna manera creo Javier Sicilia deba ser candidato. No creo que la única vía de actuación política sean los partidos, las elecciones las instituciones. Pero creo que las voces de la sociedad civil son, por definición, plurales, parciales, limitadas. Mi argumento es que la autoridad no es fuente para la conversación sino su conclusión y por eso creo que no embona en un régimen democrático. 

Creo que esta discusión puede abordarse también por el intercambio entre Segovia, Krauze y Domínguez que ha recogido el blog Akantilado.

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24, Ago 2011

Zakaria: parlamentarismo vs. presidencialismo

Parlamento británico Fareed Zakaria toma nota del hecho de que ninguno de los países que son considerados como AAA por la calificadora S&P tiene presidente. Todos son sistemas parlamentarios. El dato le sirve para regresar a sus clases de ciencia política y a los textos de Juan Linz para abrazar su argumento sobre la superioridad del parlamentarismo. Estados Unidos no puede seguir presumiendo de tener el mejor sistema político del mundo. Los debates recientes lo ponen en claro: la separación de poderes invita a un pleito sin solución.

Zakaria, sin embargo, pasa por alto toda la discusión que Linz desató. Pienso en libros como éstos: Shugart y Carey, Presidents and Assemblies: Constitutional Design and Electoral Dynamics, Mainwaring y Scully, Building Democratic Institutions: Party Systems in Latin America, Cheibub, Presidentialism, Parliamentarism, and Democracy (Cambridge Studies in Comparative Politics), Lijphart, Patterns of Democracy: Government Forms and Performance in Thirty-Six Countries, Tsebelis, Veto Players: How Political Institutions Work

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23, Ago 2011

Sobre la idea de autoridad

Jaime Moreno Villarreal ha enviado a este blog un comentario sobre mi artículo de ayer. Aquí reproduzco su argumento central. 

Hay un aspecto de la autoridad que pasas por alto en tu artículo, el aspecto filológico, que me parece más adecuado para entender lo que dijo Javier Sicilia. Desde ese aspecto, la autoridad es,sencillamente, el atributo de un autor. Javier habla de su autoridad no como una forma de mando ni de dominio, sino como coherencia entre su palabra escrita y sus actos. Creo que la autoridad que reclama para sí Javier tiene que ver con el sentido original del término, con su etimología: auctor-auctoritas.

En otro mensaje posterior agrega: 

Hay otro aspecto que habría que apuntar, me parece:  el concepto de autoridad en la tradición cristiana.  Concepto clave para entender cómo se gesta, se mantiene, legitima y difunde la tradición religiosa.  Se resume en el tema de la legítima transmisión de una revelación.  El papa Ratzinger escribió en otro tiempo sobre esto:  autoridad y tradición.  En cuanto al significado etimológico, el auctor latino mantiene una doble acepción, tanto de 'creador' como de 'continuador', de modo que el autor es tanto el que crea como el que "aumenta" o "incrementa".  Todo autor añade, todo autor renueva las fuentes.  En cuanto autoridad, la tradición es una línea de autores.  En lexicología esto se expresa, laicizado, en el siempre sorprendente Diccionario de Autoridades, de la Academia. 

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15, Ago 2011

Zakaria a los críticos de Obama

Tras el acuerdo del Congreso para elevar el techo de endeudamiento, el presidente Obama recibió una andanada de críticas, sobre todo del espacio liberal. Se le tachó de débil, de carecer de liderazgo, de someterse al chantaje del ala más radical del Partido Republicano. (Aquí seguí esa línea.) Fareed Zakaria se sorprende que las críticas no hayan sido a los del Tea Party y se dirigieran en contra del Presidente. A ellos les dice: ya crezcan. Esto no es un capítulo de una serie de televisión en donde el Presidente da un discurso a la nación y, por su elocuencia, convence a la nación. Ya crezcan: éste es un presidente centrista en un tiempo de polarización ideológica. 

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11, Ago 2011

El experimento Ignatieff

Ignatieff

Michael Ignatieff vivió el viejo sueño del filósofo que gobierna. Y exhibió su fiasco. El biógrafo de Isaiah Berlin, el estudioso de los derechos humanos,  el memorialista, el crítico amable del nacionalismo, el intervencionista liberal y malabarista del mal necesario quiso gobernar Canadá. Fracasó y llevó al partido más antiguo hasta el tercer lugar en las elecciones. En 2005, cuando Ignatieff dirigía el Centro de Derechos Humanos de Harvard, decidió lanzarse a la política electoral y buscar un asiento en el parlamento de su país. Lo logró y pronto se hizo del liderazgo del Partido Liberal. En su carrera expresaba con frecuencia dudas sobre su futuro: "No sé si estoy a la altura del puesto. Más bien, sé que puedo estar a la altura pero no sé si esté dispuesto a pagar el precio." Un artículo reciente en World Affairs Journal habla de la difícil adaptación del intelectual al mundo de la política y de las razones de su fracaso. Pasos y tropiezos entre arrojo, arrogancia, inocencia, elitismo elocuencia y pedantería. Me he dedicado a escribir toda mi vida y jamás me había percatado de la importancia de las palabras hasta que entré a la política, dijo. Un adjetivo mal puesto y te pasas semanas disculpándote. Jordan Michael Smith cree que el caso tiene sus lecciones. Después de que un académico ha formado una reputación como intelectual cosmopolita es imposible pintarlo como un ordinario ciudadano canadiense. A fin de cuentas, nunca pudo deshacerse de la imagen que le pusieron sus adversarios: Ignatieff sólo anda de visita. 

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09, Ago 2011

¿Qué hay en un nombre?

Guillermo Sheridan escribe sobre el nombre de los partidos políticos en México: 

Qué raro se llaman los partidos políticos. En México (y supongo que en muchas otras partes) esos nombres son las formas más abreviadas de la ficción, una especie de hai-kú de la fantasía voluntarista: ¿qué demonios quiere decir que un partido se llame “México Posible”? ¿Qué clase de imbécil se requiere para redactar esa sinopsis del sinsentido? Alguien que cobró 200 millones. Gracias.

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08, Ago 2011

Walzer sobre las protestas en Israel

Protestas IsraelMichael Walzer escribe un artículo hoy sobre las protestas en Israel. Se trata, a su juicio, de una movilización esperanzadora. La primera protesta contra un "régimen neoliberal exitoso." No hay crisis, no hay inflación, el desempleo es bajo, hay inversión, la economía crece. Pero, "al mismo tiempo, el daño de las políticas neoliberales a la solidaridad, al bienestar y el mantenimiento del sector público es visible en todo el país." (…) "El lema de esta rebelión podría ser: Es la microeconomía, estúpido."

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01, Ago 2011

Democracias en crisis

Gramsci ojosEncerrado en una cárcel, Antonio Gramsci escribió uno de los textos políticos más fascinantes del siglo XX. Se vio forzado a escribir en código para que los carceleros no destruyeran sus libretas. Sustituyó las palabras peligrosas por vocablos inofensivos y envolvió el nombre de los malditos en estuches aceptables para sus captores. En las notas de sus cuadernos buscaba el camino para el socialismo pero veía en Maquiavelo, más que en Marx, la clave de la acción política. Si la igualdad era el propósito, El capital no ayudaba mucho a caminar hacia allá. En el florentino encontraba el aire para escapar del economicismo, esa simplificación de los malos lectores que reducían la historia al juego de las fuerzas económicas. Gramsci supo que, para cambiar la sociedad, era indispensable comprender los hilos que unen poder, cultura y economía.

Pienso en Gramsci ahora porque en sus reflexiones estratégicas y en sus divagaciones teóricas dio forma a un concepto que puede ayudarnos a entender la dimensión de nuestra crisis, un concepto que precisamente describe ese nudo crucial de las democracias contemporáneas: el lazo que conecta mando, ideas e intereses. El fundador del Partido Comunista Italiano habló muchas veces de la ‘hegemonía’ para describir un modo de dominación política que no se funda exclusivamente en la violencia. Si los leninistas pensaban que el Estado era simplemente un instrumento de la represión, una organización de la violencia para cuidar el imperio de los intereses económicos, Gramsci sabía que las cosas eran mucho más complicadas. Sí, el Estado estaba en el ejército, en los policías, en el Código Penal y en las cárceles. Pero detrás de ese núcleo compacto de fuerza había una compleja estructura de legitimación. Profesores, periódicos, novelas, canciones. El Estado era violencia—pero también cultura; era castigo—pero también consenso. Hegemonía era el nombre de esa amalgama. Las leyes se acreditaban con cuentos; los maestros alababan las conquistas, los mitos prestaban autoridad al poder.

Pero la hegemonía de la que hablaba Gramsci no eran campanitas en la cárcel, adornos en el hacha del verdugo. Si una política podía perdurar no era por el peso de la fantasía sino por la eficacia del mecanismo de repartición.

(más…)

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24, Jul 2011

Elba Esther se sincera

Elba Esther Gordillo: "Yo amo a Elba. La amo." (Entrevista con Pablo Ordaz en El país.)

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21, Jul 2011

La democracia privatizada

Farid Zakaria publica en el Washington Post de hoy un artículo sobre el atasco político de los Estados Unidos. Es fácil culpar al Tea Party de la cerrazón que tiene al país al borde de la quiebra pero el bloqueo político es estructural: los intereses locales y sectoriales se imponen bloqueando el interés común. Zakaria, quien recientemente ha puesto al día su libro sobre el mundo postamericano, sugiere la lectura de un estupendo artículo de Mickey Edwards publicado en The Atlantic Monthly. Edwards, antiguo legislador, registra los defectos institucionales de la democracia norteamericana que bien valdría leer con atención en México. Nuestro sistema, dice, no es un régimen diseñado para resolver los problemas comunes: es un mecanismo para procesar la disputa del poder entre dos organizaciones privadas.

Edwards critica el mecanismo de selección de candidatos en los dos partidos. El proceso ha sido secuestrado por activistas cada vez más radicales que han vuelto extremadamente rígido y estéril el debate en el Congreso. Así, mientras los ciudadanos se declaran crecientemente independientes, los candidatos representan al partidismo más hermético. Valdría por ello, establecer elecciones primarias abiertas. El proceso legislativo se ha vuelto excesivamente mayoritario: quedar en minoría, dice Edwards, es quedar fuera de la labor de hacer leyes y someterlas a consideración del pleno. Ello impide la discusión de reglas que podrían encontrar espacios de acuerdo entre los partidos. El autor se concentra también en la defectuosa composición y el liderazgo de las comisiones legislativas y el personal administravo del Congreso.

El sentido de la propuesta es escapar de lo que acá hemos llamado partidocracia: recuperar la representatividad del Congreso y su capacidad para alumbrar el interés nacional. 

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20, Jul 2011

Sobre la congruencia del sectario

Luis Linares Zapata escribe hoy en La jornada un artículo en el que alude a mi texto del lunes pasado. No duele tanto que me llame clasista sino que me describa como un adorno de la tecnocracia. Sugiere que mi descripción de la visión política de Andrés Manuel López Obrador como propia del pensamiento sectario se limita a su rechazo a la negociación para adelantarse a señalar que hay, desde luego, asuntos innegociables, pactos inadmisibles. Basándome en lo que ha escrito Avishai Margalit, sostengo que la política de López Obrador es sectaria por un conjunto de razones y no solamente por el rechazo al acuerdo. ¿Hemos visto a López Obrador reconociendo la legitimidad de alguna información que le sea desfavorable? ¿No toma López Obrador el error de los otros como vicios morales antes que fallas del juicio? ¿Cree en instancias de la imparcialidad? ¿Representa su movimiento una coalición de distintas visiones políticas, una negociación entre las izquierdas? ¿No fabrica su cerebro conspiraciones constantes en su contra para dividir el mundo en puros y mafiosos? Todos esos rasgos lo retratan a mi juicio como paradigma del político sectario.

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