Pensar el poder

03, Ene 2011

El Maquiavelo de Lefort

Lefort - Maquiavelo - Trotta
En 1546, un joven que todavía no cumplía los dieciocho años redactó uno de los ensayos políticos más filosos y perturbadores de todos los tiempos. Etienne de la Boétie arremetía contra el animal sumiso en que se ha convertido el ser humano. No es el hombre una criatura dispuesta a la libertad sino un aspirante a la esclavitud. De la Boétie, encarnó la amistad para Montaigne y a éste le debe la preservación de su Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Montaigne lo publicó e incluso le hizo espacio entre sus ensayos, considerando esta declamación como la pieza más valiosa de su libro.

Sostiene el Discurso que la política ha arrancado a los hombres el impulso natural de ser libres. Los ha habituado al sometimiento, a tal punto que han perdido contacto con el nervio de la resistencia y la madera de la dignidad. Mucho podríamos aprender de los animales más brutos: los peces se dejan morir cuando se les saca del agua; los animales se enfrentan a sus captores con garras, picos, cuernos y patas. Muerden, patean, arañan, pican, dan coletazos. Pero los hombres, con docilidad, se otorgan a sus tiranos: les prestan brazos para torturar a sus hermanos y hasta se disponen a elogiarlos. El vicio de la sumisión no nace, sin embargo, de la cobardía. No es el temor a ser aporreados lo que inclina la cabeza de los hombres ante la sombra del poderoso. El pueblo en realidad no es víctima, sino artífice de su propia esclavitud. La servidumbre del hombre es producto de su propia voluntad. ¿Cómo es posible que los hombres deseen rendirse ante el poder? ¿Cómo entender esa asociación de palabras tan aparentemente opuestas: sumisión y voluntad? Se pensaría que la servidumbre es el asalto de la fuerza, la imposición de una violencia exterior que vence la resistencia de los débiles. Pero De la Boétie delinea un argumento que nos repugna: el amo procede del esclavo. “Es el pueblo el que se subyuga el que se degüella, el que pudiendo elegir entre ser siervo o ser libre abandona su independencia.” Los infortunios del hombre no vienen de fuera, de un conquistador extraño que se apodera del pueblo con torturas y amenazas. Escribe De la Boétie:

Aquel que tanto os domina sólo tiene dos ojos, sólo tiene dos manos, sólo tiene un cuerpo, y no tiene nada más de lo que tiene el menor hombre del gran e infinito número de vuestras ciudades, a no ser las facilidades que vosotros le dais para destruiros. ¿De dónde ha sacado tantos ojos con que espiaros, si no se los dais vosotros? ¿Cómo tiene tantas manos para golpearos si no las toma de vosotros? Los pies con que pisotea vuestras ciudades, ¿de dónde los ha sacado si no son los vuestros? ¿Cómo es que tiene algún poder sobre vosotros, si no es por vosotros?

Quedamos retratados así como los órganos de la tiranía. De la Boétie se detiene en la ficción que sostiene el poder, una ficción que se apodera de la inteligencia de los hombres para volverse en contra de su propia libertad. El poder no anida en objeto alguno sino en la imaginación. No reposa en la barriga de un cañón como dijo un chino, sino en las ramas de la mente. El tirano no es nadie sino se instala en el inconsciente de los hombres. Claude Lefort encontró en ese ensayo una hondura única, una penetración que tocaba el fundamento de lo político. El argumento del amigo de Montaigne embonaba con su convicción de que el poder no emana de la corona: es la envoltura imaginaria de la sociedad. Es el tejido ficticio de un nosotros inerme frente a un Uno omnipotente.

El artículo completo está aquí.

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29, Nov 2010

Michael Walzer: justicia local, justicia global

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17, Nov 2010

Kwame Anthony Appiah

El filósofo Kwame Anthony Appiah impartió hoy la conferencia en honor a Irving Howe en el Centro para las Humanidades de  CUNY. Han ocupado esa tribuna Michael Walzer, Alan Ryan, Avishai Margalit, David Bromwich y Clifford Gertz entre otros. El pensador de origen ghanés habló sobre su libro más reciente: The Honor Code: How Moral Revolutions Happen. Aquí puede vérsele, en algún aeropuerto, hablando del el cosmopolitanismo, en el documental "La vida examinada, excursiones con pensadores contemporáneos": 

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10, Nov 2010

Leyendo filosofía en Teherán

Jahanbagloo La UNESCO decidió que la sede del Día Mundial de la Filosofía fuera Teherán. El filósofo iraní Ramin Jahanbegloo, que ha padecido la cárcel en esa tierra, ha protestado. ¿Cómo es posible que se celebre el pensamiento filosófico en un régimen teocrático? Jahanbegloo, quien conversó Isaiah Berlin hace algunos años, conoce en carne propia la represión de la dictadura islámica. En un artículo en Dissent expone la guerra al pensamiento independiente y las formas de resistencia. Leer filosofía en Teherán, dice, no es solamente un consuelo personal sino un acto político. Es el desafío al monólogo del dogma tiránico, una invitación al diálogo. Para el fundamentalista, la filosofía es una enfermedad cuyo contagio debe ser evitado por el Estado a toda costa.  

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05, Nov 2010

Libros de Adam Przeworski


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05, Nov 2010

Y sin embargo, democracia

Los ideales democráticos pueden ser sustancias alucinógenas. Apartan la realidad de la consciencia y alimentan esperanzas irrealizables. Se requiere un constante esfuerzo para impedir que el ideal dirija pero no adormezca. Las instituciones representativas nacieron de una idea revolucionaria: el pueblo debe gobernarse a sí mismo. Tres propósitos se han entrelazado en la bandera: autogobierno, igualdad y libertad. Adam Przerworksi examina en su libro más reciente la distancia entre aquellas aspiraciones y la realidad de nuestra política. Las democracias no han podido generar igualdad social ni han podido ofrecer a la gente un espacio para participar eficazmente en su gobierno. Permanecemos desiguales y alejados del poder. Democracy and the Limits of Self-Government (Cambridge Studies in the Theory of DemocracyCambridge University Press, 2010) es la maduración de una larga reflexión sobre el régimen democrático que el politólogo polaco ha hecho durante más de cuarenta años. Recientemente recibió el premio más prestigioso de la disciplina, el Johan Skytte que otorga anualmente la Universidad de Uppsala. El comité que le entregó ese premio que empieza a conocerse como el Nobel de Ciencia Política, reconocía con buen ojo sus contribución al entendimiento del vínculo entre la democracia, el capitalismo y el desarrollo económico.

La política no pudo ser para Przeworski una sección del periódico o el tema de los libros de historia. De mala manera, la política invadió su vida desde el instante más temprano. Nació en Varsovia, en mayo de 1940, apenas nueve meses después de que los alemanes invadieran Polonia. No conoció a su padre. El médico fue reclutado forzosamente al ejército. Murió en Katyn. Tras la guerra, la Unión Soviética tomó el control de Polonia, relevando a los polacos del fastidio de gobernarse. La gran política se imponía con rudeza en la vida cotidiana.

Estudió filosofía en la Universidad de Varsovia, en un momento de deshielo intelectual. Tras la represión estalinista, el marxismo dejó de ser imposición de consigna para ser examinado con estricto rigor conceptual. En sus aulas surgió, apunta Przeworski, la semilla del marxismo analítico. A principios de los sesenta fue a los Estados Unidos a estudiar. Fue una casualidad. A los veinte años conoció a un profesor de la Universidad Northwestern quien, después de comer, le preguntó si le interesaba estudiar Ciencia Política. Przeworski no sabía lo que era eso. ¿Ciencia política? Él conocía de las germánicas arideces de la Teoría del Estado, pero no sabía de esa tal ciencia. Las primeras experiencias en Estados Unidos no fueron particularmente estimulantes: la tierra de los libres y los valientes era una sociedad provinciana, con claras propensiones autoritarias. El primer libro que leyó sobre el sistema político norteamericano empezaba con la oración “Los Estados Unidos tienen el mejor sistema de gobierno del mundo.” Saliendo de la persecución macartista, el país no era precisamente el faro de la libertad crítica. De cualquier manera, el encuentro con los Estados Unidos le permitió ver de cerca un sistema en donde los electores deciden quién gobierna.

El artículo completo, acá.

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03, Nov 2010

Sobre tecnología y populismo

Diego Beas comenta en su artículo de reforma (pronto pondré el vínculo) mi apunte reciente sobre los nuevos instrumentos del populismo. Distingue algo que tal vez se confunde en mi comentario: el nuevo medio (los clubes en la red) y los medios partidizados. El movimiento del té se ha servido más de estos últimos que de los otros, sugiere Beas:

En lo que Silva-Herzog falla es al identificar el tipo —o la versión— del populismo digital que explica el alza del movimiento conservador en Estados Unidos durante el ciclo electoral que concluyó ayer. Las estrategias de comunicación del Partido Republicano, el Tea Party y sus acólitos tienen muchos menos que ver con lo que pasó en 2008 —la primera elección presidencial de la era de Internet— y más con la de 1994: una elección marcada por el partidismo ideologizado de los medios. En aquel entonces un histriónico congresista de Georgia—Newt Gingrich— de la mano de un locutor de radio envalentonado —Rush Limbaugh— montaron un ataque a Bill Clinton y los demócratas que se saldó con un batacazo electoral, el cierre del Gobierno en el otoño del año siguiente y casi seis años de parálisis legislativa.

Creo que tiene razón. Pueden distinguirse esos canales de comunicación política. Sin embargo, forman parte del mismo fenómeno sobre el que he querido llamar la atención: la erosión de aquel espacio de confluencia que abría el periodismo profesional. El tema de fondo es el mismo: los retos del debate público, las plataformas de exigencia democrática, nuestros resguardos frente a la demagogia. La cápsula que nos encierra se sirve, es cierto, de múltiples herramientas.

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18, Oct 2010

El asquito

El castigo es el peor atajo frente a la expresión ofensiva. El recurso más fácil frente a la agresión verbal, la burla hiriente es recurrir al castigo. Darle una nalgada al insolente. Acudir a papá para que regañe al niño, a la maestra para que expulse al malportado, al Estado para que castigue al irrespetuoso. A eso estamos tentados ahora que tenemos una ley que castiga la ofensa de palabras y órganos de la decencia que regulan el qué decir. Este atajo, como muchos otros, es falso: aparenta alivio pero deja las cosas en su sitio. Vedar palabras no mejora la convivencia: cambia de tema. Me parece que la ofensa es consustancial a la libertad y que el debate es, inevitablemente, rasposo. Más aún, creo, con Ayaan Hirsi Ali, que la libertad implica el derecho a ofender. Por eso, al gobernador de Jalisco no hay que castigarlo: hay que discutir con él. No hay que pedirle una disculpa, hay que exigirle razones.

Me temo que no las tiene porque ha recurrido a los reflejos sensoriales para fundamentar sus convicciones. El comentario del gobernador panista es una perla que no debe perderse en los expedientes de nuestro Instituto de la Corrección Política. Don Emilio González Márquez ha declarado que las uniones homosexuales le dan "asquito." “Matrimonio sí es un hombre y una mujer, porque, ¿qué quieren? Uno es a la antigüita y el otro todavía, como dicen, no le he perdido el asquito a aquello.” Al pintoresco gobernante, la homosexualidad provoca una reacción que seguramente le causa la cercanía de la caca, la pus, los mocos, algunos insectos peludos, la comida podrida, la basura maloliente. Entidades repugnantes. En ese universo coloca a los homosexuales: en el sitio de las secreciones corporales, las emanaciones pestilentes y los cuerpos en proceso de descomposición.

Fundar una convicción en el asco es un monstruoso retroceso moral. Es abdicar de la racionalidad para fundar el criterio del bien y del mal; es llevar el desprecio al otro a su expresión más baja, más inhumana, más bestial. Es, en una palabra, la más anticristiana de las actitudes: expulsar a una categoría de personas de la familia de lo humano. La falta de respeto a la vida del otro llega al punto de desposeer, en la imaginación, de cualquier atributo humano para convertirlo en esa sustancia viscosa, hedionda y amenazante que provoca asco.

Martha Nussbaum ha publicado recientemente un libro sobre este tema. From Disgust to Humanity (Oxford University Press, 2010). Para la filósofa, tan atenta al mensaje de la emoción y la metáfora, la política del asco es el polo opuesto a la política de la humanidad—de ahí el título de su trabajo. Describir al otro como asqueroso ha sido un recurso común de la intolerancia y, frecuentemente, el prólogo de la persecución. Hay que protegerse del extraño nos dicen. Hay que taparse la nariz para entrar en contacto con la otra tribu, hay que usar guantes si no hay más remedio que tocar al de la otra raza; hay que tapar a la mujer, hay que encerrarla para que no muestre su indecencia. De preferencia, hay que evitar cualquier contacto físico con los otros porque los repugnantes son contagiosos. No hay que usar los mismos cubiertos, tocarles la mano, respirar su aire. Son orgánicamente inferiores, huelen mal, son insalubres, sucios… y nos pueden invadir. El asco se fundamenta en una doble fantasía: la extrema suciedad del otro y la pureza propia. El otro es una cucaracha, la lepra, un gusano. Yo soy una nube angelical. Los nazis no ahorraron calificativos para describir a los judíos en términos repulsivos: larvas escondidas en un cuerpo que se pudre. El discurso del asco, en efecto, sueña con la profilaxis de lo aséptico, es decir, la perfecta higiene del prejuicio.

El asco, sostiene Nussbaum, no es una sabiduría precognitiva. No es el depósito instintivo de la moral. Es el prejuicio más vulgar, la intolerancia más pedestre, la más afectada inseguridad. Es el pozo donde se acumulan las preconcepciones sociales más estancadas, ésas que no han recibido el aire de la discusión, la sacudida del debate, la exigencia del argumento. El desprecio reiterado socialmente y bendecido por las costumbres no se molesta en delinear una razón: su estómago dicta y pronuncia la descripción del otro: guácala. Protección irracional de jerarquías y tradiciones frente a lo supuestamente contaminante. Recurrir al asco para describir al otro, como lo hace el locuaz gobernante de Jalisco, es renunciar a la empatía de la que nace el impulso de la igualdad. Si al gobernante le produzco asco, ¿tiene derecho de quitarme mis derechos? ¿Tiene permiso para tratarme como si fuera una larva infecciosa?

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05, Oct 2010

Melancolía socialdemócrata

Judt El 19 de octubre del año pasado Tony Judt apareció en un auditorio de la Universidad de Nueva York. Vestido de negro, iba amarrado a una silla de ruedas y llevaba un tubo conectado a la nariz. Después del elogio de las presentaciones, el historiador tomó la palabra y disparó al elefante que se había sentado a la mitad del salón. Todos se estarán haciendo preguntas en este momento sobre mi condición, advirtió. Me observan instalado en esta jaula con ruedas y con una ridícula cañería pegada a la nariz. Señores: ante ustedes, la auténtica “cabeza parlante.” Les aseguro que no brincaré sobre las butacas, no recurriré a un exuberante lenguaje corporal, ni haré aspavientos con las manos. Observan la auténtica cabeza parlante. Esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad asociada al nombre de Lou Gherig, era la culpable de su postración. Se trata, al parecer, de una de las más crueles perturbaciones del sistema motor. Quien la padece va perdiendo progresivamente el control de los músculos. No es una enfermedad dolorosa ni implica una pérdida de sensibilidad. El cuerpo, poco a poco, se va colgando de los huesos. El efecto, decía Judt, es que uno puede contemplar el catastrófico avance de su propio deterioro. 

Le habían sugerido que la conferencia abordara su condición; que hablara de su enfermedad y de la manera en que la sobrellevaba. Sería edificante escuchar un testimonio de valor y dignidad, le aconsejaban. Judt contestó de inmediato: “soy inglés. Nosotros no hacemos cosas edificantes.” En realidad, sí abordó la pesadilla de su condición. No fue en aquella conferencia, sino en una serie de artículos dictados con los últimos músculos que lograba controlar. En esos apuntes escribió cómo su cárcel orgánica se iba angostando a diario y la forma en que su cuerpo se iba insubordinando a sus instrucciones. Primero un dedo se rebela, desacatando la orden superior. Después se insubordina el brazo. Finalmente, todas las extremidades se vuelven colguijos inertes. Los músculos se van atrofiando lentamente hasta hacer depender la actividad de los pulmones de la intervención de respiradores externos. “Su prisión progresiva y sin fianza” terminó el 6 de agosto pasado. 

La parálisis dejó al hombre en incapacidad para lidiar con lo ordinario. Desde luego, Judt no podía, al final de sus días, vestirse ni alimentarse solo. Tampoco podía rascarse cuando sentía comezón, no podía limpiarse la boca si quedaba un poco de comida en sus labios, ni acomodarse los anteojos, ni ahuyentar una mosca fastidiosa. Por eso dependía de la bondad de los demás. Sólo la ayuda de otros le permitía mover las piernas, cambiar la posición de sus brazos, estirarse. Una impotencia desoladora, una dependencia humillante. El cuerpo no está hecho para ser bulto.
Pero queda vida (y es humana) cuando se está en condiciones de conversar. Puede soportarse el sufrimiento si encuentra el consuelo de la comunicación. Lo decía Judt en sus últimos días: vivo porque todavía puedo hablar. Y aprovechó al máximo sus horas finales para aferrarse a la conversación, es decir, la vida. 

Desde joven, Tony Judt fue un “viejo historiador.” David A. Bell lo dice así porque no rehuía las preguntas importantes, porque no temía la evaluación moral, porque escribía bien. En efecto, Judt fue un elocuente narrador que abordó grandes temas y asumió el compromiso de la primera persona del singular.
Sus primeros estudios se dedicaron a la historia del socialismo francés: sus bases agrarias y su presencia en las fábricas pero también sus debates, sus confusiones y su miopía. Como advirtió Timothy Garton Ash, Judt fue un crítico muy severo de los grandes intelectuales franceses pero compartía con ellos la convicción de que las ideas valen. Al mismo tiempo, sabía que los procesos duros, importan. Registró aquel comentario de Hobsbawm sobre el ensayo de la revolución de Hannah Arendt, desinteresada en los hechos a tal punto que prefería sus inventos metafísicos a la realidad. En Judt aparecen las ideas y los hechos. “Como historiador, dice Garton Ash, uno de sus principales logros fue el haber podido integrar la historia intelectual y política de la Europa del siglo XX.” Sus libros sobre los intelectuales franceses enfatizaron la conexión entre idea y acto político. Judt sentía fascinación por ese bicho del siglo XX que prefirió cerrar los ojos que quedar del lado equivocado. Admiró por ello a quienes resistieron la tentación: a Raymond Aron, a Albert Camus, a Lezsek Kolakowski: tres inteligencias insumisas. El hombre que perdió la vida con el cuerpo como prisión, estuvo atraído desde muy pronto por un fenómeno paralelo: la política como cárcel del pensamiento: esclerosis ideológica. Antes del reto de abordar la complejidad, el intelectual ha de vencer las trampas de la lealtad. La esclavitud intelectual, dice con Milosz, es “el miedo de pensar por uno mismo.”

El artículo completo puede leerse acá.

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05, Oct 2010

Claude Lefort

Murió Claude Lefort, extraordinario filósofo de la democracia. Trabajó muy cerca de Cornelius Castoriadis y, como él, exploró la naturaleza del totalitarismo para comprender su opuesto: el régimen democrático. Pensó en la política escapando de las categorías de la ciencia política. Le importaba la textura de la sociedad. Con ayuda de la teología política medieval encontró el núcleo de la democracia en su dimensión simbólica. Si el totalitarismo adhiere poder, saber y ley al cuerpo del rey; en la democracia se separan: la democracia no tiene cuerpo: es un lugar vacío. En Tocqueville encontró la anticipación de esa ambigüedad radical: la democracia es la pérdida del fundamento. Su último libro, traducido recientemente por Trotta es una lectura atenta de Maquiavelo. 

En el archivo de Vuelta pueden encontrarse varios textos suyos, incluyendo este ensayo prodigioso: "La imagen del cuerpo y el totalitarismo," traducido por Julián Meza.

Lefort 

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23, Sep 2010

Appiah sobre el honor

El filósofo de Princeton, Kwame Anthony Appiah acaba de publicar un libro sobre el honor y las revoluciones morales: The Honor Code: How Moral Revolutions Happen. Appiah ha escrito sobre cosmopolitanismo
y la ética de la identidad. Ahora aborda la honra y sus conflictos con la moralidad. No es buena idea pretender eliminar de tajo la noción del honor, advierte. Antes de negarlo como atavismo irracional, habrá que buscar un diálogo racional para reencauzar la idea del honor. Paul Berman comenta el libro en slate.

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01, Sep 2010

La aplanadora y el trampolín

Amartya-Sen “La barba cana, el pelo blanco y el ropón indio” hicieron de
la figura de Rabindranath Tagore la quintaesencia del sabio exótico, el poeta
místico. Ése es el escritor que admiraron tanto Yeats como Pound. Yeats veía en
él a un santo proveniente del misterio. Su poesía era inocente y sabia:
espontaneidad incubada en los siglos de una civilización. Ezra Pound, por su
parte, notaba en su literatura la quietud del mundo natural. A sus poemas no
los prendía la tormenta ni el rayo, sino el uso tranquilo de la mente tocando
la tierra. Era la naturaleza misma.

    Soy como un jirón de una nube de
otoño, que vaga inútilmente por el cielo. ¡Sol mío, glorioso eternamente; aún
tu rayo no me ha evaporado, aún no me has hecho uno con tu luz! Y paso meses y mis años alejado de ti.

    Si éste es tu deseo y tu
diversión, ten mi vanidad veleidosa, píntala de colores, dórala de oro, sobre el caprichoso viento, tiéndela en cambiadas maravillas.

    Y cuando te guste dejar tu juego,
con la noche, me derretiré, me desvaneceré en la oscuridad; quizá, en una
sonrisa de la mañana blanca, en una frescura de pureza transparente.

Pero Tagore no es sólo el poeta del viento y la lluvia, de
la luz y los silencios. Detrás del místico se escondía un racionalista que no
reconocen quienes quieren envolverlo de incienso oriental. En su defensa de la
razón radicaba su desacuerdo con Gandhi: “Nosotros que frecuentemente
glorificamos nuestra tendencia de ignorar la razón, instalando en su sitio la
fe ciega, glorificándola como espiritualidad, pagaremos eternamente con el
oscurecimiento de la mente.” Lo dice de otra manera en un momento de su extensa
ofrenda lírica Gitanjali:

    Donde la mente nada teme y la cabeza se lleva
por lo alto
 
    donde el saber es libre
 
    donde el mundo no ha sido fracturado aún
por los miserables muros de la casa.
 
    donde la palabra surge de las honduras
de la verdad
 
    donde la clara fuente de la razón no se
ha extraviado en las desérticas arenas del hábito muerto
 
    Ahí:
en ese cielo de libertad, Padre mío, permite que mi patria despierte.

La utopia de la razón. Tanta esclavitud había bajo el
imperialismo del miedo como tras los muros cerrados del nacionalismo o en los hábitos
muertos de la tradición. Tagore fue la figura tutelar de Amartya Sen, el filósofo
que ha cultivado la “deprimente ciencia” de la Economía. Se dice que su nombre
de pila, Amartya, fue elegido precisamente por el poeta, quien tenía una
relación cercana sus padres. Sen estudió en la escuela regida bajo su filosofía
pedagógica que premiaba la curiosidad y el razonamiento por encima de los
concursos de memorización. Uno de sus maestros le llegó a decir de una
compañera: “Es realmente muy inteligente—a pesar de sus buenas calificaciones.”
De Tagore viene la sensibilidad literaria del economista y su ánimo por
conectar civilizaciones; su preocupación por la libertad y su voluntad de razonar.

El artículo completo, acá.

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27, Ago 2010

Grabaciones de Leo Strauss

StraussEn su ensayo sobre la educación y la responsabilidad, Leo Strauss ofrece un consejo a los profesores de Teoría Política: piensa siempre que en tu clase hay un estudiante silencioso que es muy superior a ti. Strauss, a quien se ha ubicado como padre intelectual del neoconservatismo norteamericano, es autor de una obra vastísima, dedicada a desentrañar los misterios de los grandes clásicos. La leyenda ha envuelto las clases de Strauss como ceremonias iniciáticas. El Wall Street Journal anuncia que está en el proceso de capturar las clases que Strauss impartió entre 1949 y 1967 en la Universidad de Chicago. Se puede encontrar ya una grabación de una clase introductoria a la Filosofía Política. 

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03, Ago 2010

La imaginación y el conflicto

Schmitt excaptitvitate La pregunta ¿quién eres? es abismal, escribe Carl Schmitt. Nadie puede planteársela. Quien la formula con sinceridad es precipitado a ella. El jurista alemán se toma en serio la pregunta cuando Eduard Spranger le plantea un contraste entre el autor y el hombre. Spranger, a quien Schmitt había citado con admiración en El concepto de lo político, le advertía que sus lecciones eran lúcidas pero que él era opaco. Lo que enseñas es claro, interesante, filoso pero tú eres turbio, chato, apagado, le dijo. Schmitt, el teólogo que pintó la política como la opción dramática de lucha; el jurista que expulsó la ley de la Constitución se sintió perturbado: ¿Qué sentido tiene la brillantez de la teoría cuando la vida permanece apagada?

Cercado por la pregunta, Carl Schmitt se atreve a ver en el espejo. Mi naturaleza puede ser opaca pero es, ante todo, defensiva. “Soy un hombre contemplativo y gusto de formulaciones precisas, pero no de la ofensiva, ni siquiera de la contraofensiva. Mi natural es sosegado, silencioso y transigente como un río tranquilo, como el Mosela, tacito rumore Mosella”. Pero aun defendiéndome, continúa el constitucionalista, no me tienta la violencia. “Siento poco interés práctico hacia mí y demasiado interés teórico por las ideas de mis adversarios, aun cuando se presenten como acusadores. Tengo demasiada curiosidad de conocer los supuestos mentales de cada reproche, de cada acusación y de cada acusador. Por eso no resulto ni buen acusado ni buen acusador”.

Escribir estas líneas le estaba vedado. Había terminado la guerra y estaba bajo arresto automático. Era testigo y “posible acusado”. Nunca se le hizo acusación formal ni se le condenó por delito alguno pero permaneció bajo arresto entre 1945 y 1947. Si las conocemos fue porque un médico norteamericano le permitió tomar notas y enviar cartas, venciendo la aduana de los carceleros.

Schmitt se retrata como víctima de un nuevo totalitarismo. Se observa como presa de un nuevo Estado que, bajo criterios de exigente legalidad, esconde una nueva opresión. El gran crítico de la jurisprudencia liberal devuelve la estocada: “Hoy el progreso de la técnica moderna lo domina todo. Ha creado una nueva forma de dureza y crueldad, de frío duro y cruel, que no se manifiesta exclusivamente en la moderna invención de la guerra fría. Porque el progreso de la técnica moderna es sobre todo, al mismo tiempo, un progreso en la eliminación del subjetivismo romántico, un progreso en la captación del individuo humano y en la criminalización y automatización de las masas. Una maquinaria gigantesca devora sin distinción a cientos de miles de hombres. Al lado de esto, el viejo Leviatán, el gran monstruo, parece casi acogedor, y la antigua cárcel casi un idilio”.

Padecía la captura como validación de su teoría. Bajo la arquitectura del derecho liberal, con su barroco decorado de imparcialidad, subsistía la voluntad de avasallar al enemigo. Ahí estaba él, el crítico de la legalidad burguesa, durmiendo en una celda helada, sin permiso para escribir. Era un “posible acusado”. La ley puede ser norma equilibrada cuando se reglamenta el intercambio de mercancías; cuando el poder está en juego, la ley no es más que la emisión de una voluntad de supresión.

El artículo completo está en el sitio de nexos..

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19, Jul 2010

Isaiah Berlin sobre la libertad

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