Pensar el poder

01, Jul 2010

Del chantaje al campamento

Libros de G. A. Cohen comentados en este artículo

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La raíz del capitalismo no es el robo: es el chantaje. Ésa es, en una píldora, la conclusión del último libro de G. A. Cohen. Rescuing Justice and Equality, el testamento de Cohen, es un trabajo formidable: una argumentación musculosa y ágil. Un ladrillo de precisa relojería conceptual. La reivindicación de la igualdad que hace Cohen es, al mismo tiempo, signo de lealtad y disidencia de su propia obra. Un relevo teórico que es, en el fondo, fidelidad a sus convicciones.  Gerard Allan Cohen nació en 1941 en un barrio comunista de Montreal. Sus padres se cortejaron al calor de la lucha sindical. Desde muy temprano, la política fue para él una especie de religión: creencias intensas que forman comunidad. Como una religión, el comunismo dio a Cohen textos, rituales, himnos comunes de los que se prendió su fe y se tejió su identidad. Creció Cohen, pues, en la cultura de la convicción. “Fui criado en una familia comunista de clase obrera en una comunidad comunista en los años cuarenta en Montreal, bajo una muy fuerte doctrina igualitaria. Después de toda la historia privada que he vivido, permanezco adherido a las enseñanzas normativas de mi niñez, en particular, a la igualdad”. Cohen, sin embargo, no se entregó a la acción sino la filosofía de la política. 

Su primera militancia filosófica fue, naturalmente, en la órbita del marxismo. Cohen se propuso arrancarle palabrería al materialismo histórico; limpiarlo de las grandes frases para restituirle claridad y fuerza. Non-bullshit Marxism: un marxismo sin rollo. Cohen emplea las herramientas lógicas y lingüísticas de la filosofía analítica para examinar el argumento materialista. Su primer libro fue una defensa de la imagen marxista de la historia. El desarrollo de las fuerzas productivas es el fundamento de la historia del hombre. Ahí está la base de las relaciones sociales, de la política y las creencias. La teoría de la historia de Marx. Una defensa es un largo pie de página a la idea que Marx expone en el famoso prólogo a sus Contribuciones a la crítica de la economía política: “en la producción social de su vida, los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”. El libro de Cohen se convirtió muy pronto en un clásico del marxismo analítico, empeñado en desterrar las alucinaciones de la dialéctica para reconstruir racionalmente el edificio conceptual de Marx. 

Con los años, Cohen se fue distanciando del materialismo histórico. Finalmente escapó de sus categorías, pero no de su afán justiciero. Perdió la fe en la inevitabilidad del socialismo pero no aceptó la receta liberal de la neutralidad. Dejó de encuadrar el mundo con el marco materialista, para examinar la arquitectura del liberalismo con el mismo instrumental lógico que había usado para racionalizar el marxismo. Se dio entonces a la tarea de someter a examen la propuesta filósófica de John Rawls. Durante años fue desarrollando su argumento en artículos académicos, en conferencias y cursos. Finalmente, expuso su teoría en Rescatando la justicia y la igualdad, publicado en 2008, unos meses antes de su muerte. 

 El título del libro habla de la urgencia de un rescate. Pero, ¿de quién hay que rescatar esos valores entrañables? ¿Quién los ha secuestrado? El liberalismo. A juicio de Cohen, el proyecto liberal —aún el más sensible a las demandas de igualdad— termina por sacrificar a la comunidad en aras de la eficiencia.

Para seguir leyendo el artículo, brincar a nexos…

 

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01, Jun 2010

La tienda y el altar

Libros Margalit Avishai Margalit, The Decent Society, Harvard University Press, 1998

Avishai Margalit, The Ethics of Memory, Harvard University Press, 2004

Avishai Margalit, On Compromise and Rotten Compromises, Princeton University Press, 2009.

Hace más de 30 años, Avishai Margalit acompañaba al aeropuerto a su amigo, el filósofo de la Universidad de Columbia, Sydney Morgenbesser. Mientras esperaban el avión conversaban sobre las implicaciones de la teoría de John Rawls. A punto de abordar, el filósofo le dijo a Margalit: no nos hace falta una sociedad justa; nos urge una sociedad decente. La expresión se le metió a Margalit como una larva en el cerebro. No supo bien a bien qué querría decir con aquel calificativo, pero su intuición de la alternativa lo cautivó. Frente a la utópica arquitectura de la justicia, una apuesta modesta: la decencia. Desde entonces, el filósofo israelí ha esculpido una teoría blanda pero poderosa sobre la sociedad decente. A ella dedicó su trabajo más conocido titulado precisamente La sociedad decente

La decencia parece una noción rancia, un concepto de naftalina para preservar los faldones de otros tiempos, pero nunca para ensamblar una teoría política ambiciosa y pertinente para hoy. Margalit no redactaba en aquel libro un manual de buenas maneras, sino un argumento para pensar el fundamento de nuestros arreglos sociales. Frente a los alegatos por la libertad y la igualdad, el teórico de la decencia construía un fino discurso en defensa de la dignidad. Una sociedad decente es aquella en la que cada uno es tratado como persona; es “aquella cuyas instituciones no humillan a las personas”. La sociedad decente es por ello la única residencia habitable. Bajo este lente, la humillación se vuelve el mayor despojo: el robo de mi condición humana. Humillar es expulsar a alguien de la familia del hombre, es tratarlo como cosa, como máquina, como bestia. 

Cuidadoso en el pulido de los conceptos, Margalit busca también iluminar la experiencia concreta. De ahí que aborde distintos dominios de la decencia. En su ensayo se explora, por ejemplo, el alto valor de la privacía. Toda cultura funda refugios libres de la mirada intrusiva. Hasta los esquimales que se ven obligados a refugiarse en grupo dentro de un iglú procuran levantar murallas de silencio y oscuridad. Humillante puede ser también la burocracia que nos trata como tornillos en una máquina empeñada en robarnos tiempo. Humillantes la pobreza y el paternalismo.

Sigue acá…

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19, May 2010

El nuevo autoritarismo marxista

Alan Johnson empieza una serie de notas en Dissent sobre lo que llama "el nuevo autoritarismo marxista." Se refiere, principalmente a las ideas de Alain Badiou y Slavoj Žižek, personajes que se han vuelto sorprendentemente populares en los circuitos intelectuales. Ambos, sostiene Johnson, parten de nociones totalitarias de la Verdad y de la Bondad. Badiou, sobre el que ya había dicho lo suyo Fernando Escalante, sostiene, por ejemplo, que hay que tirar a la basura el infantilismo moral que acepta la existencia del Otro. El Otro, dice, no existe. Žižek, por su parte, sostiene que la Verdad exige la instrumentalización del Terror. Recurriendo a Bobbio, Johnson ve en ellos la reaparición una teoría terrorista del Estado. La idea del Comunismo es Dios; su espada es el Partido y el Partido ha de usar el Terror en servicio de la Verdad y el Bien.

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19, Abr 2010

El descubrimiento de Tocqueville

Democratie en Amerique Se publica ahora un nuevo libro sobre el viaje de Alexis de Tocqueville a los Estados Unidos. Se trata de Tocqueville's Discovery of America, escrito por Leo Darmusch. El autor es profesor de literatura en Harvard, quien se ha concentrado en esta obra en examinar la gestación del clásico. Han aparecido un par de reseñas del nuevo libro. En el New York TimesDavid Reynolds, registra el impacto de las pequeñas localidades en la reflexión del viajero, mientras que en slate, Francois Furstenberg subraya sus anticipos errados. Ambos reseñistas resaltan las generalizaciones apresuradas de Tocqueville, sin desconocer el genio de muchas de sus observaciones.

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18, Mar 2010

El nuevo libro de Tony Judt

Judt - Fares the Land

Tony Judt tiene prisa. La vida se le escapa y apenas le queda tiempo para comunicarse. Pronto no podrá ya dictar sus textos. Tendrá sólo control de sus párpados. Antes que la jaula de su cuerpo lo asfixie definitivamente, se entrega a la tarea de pensar y compartir reflexiones. Acaba de aparecer un libro suyo: Ill Fares the Land, un llamado a la renovación de la socialdemocracia. La introducción puede leerse aquí .

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18, Mar 2010

La trampa de la política radical

Anarquista A propósito de la publicación de un libro reciente de Alex Butterworth sobre sobre la lucha de los anarquistas, John Gray examina la trampa de la política radical. Organizar la revolución es armar un Estado contra otro. El dilema de los revolucionarios es claro, dice Gray, "se mantienen puros, idealistas e impotentes o terminan siendo tan represivos como el régimen que combaten, si no es que más…"

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04, Mar 2010

Contra la identidad

Bichos

" 'Identidad' es una palabra peligrosa. No tiene ningún uso respetable en nuestros días." Lo dice Tony Judt en una nueva entrega de sus reflexiones testamentarias. Políticamente sirve para atizar el repudio al extraño; académicamente provoca un culto a lo propio que niega los propósitos de la educación liberal. Toda identidad es angosta. Judt prefiere los bordes:  pertenencias que se confunden y que chocan.

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11, Ene 2010

Sobre Tony Judt

Judt - silla ruedas Evan Goldstein publica en el Chronicle of Higher Education una semblanza de Tony Judt. Aborda, desde luego, la enfermedad que lo ha paralizado pero, sobre todo, su trayectoria intelectual: su formación política en el seno de una familia de "marxistas anticomunistas", sus trabajos históricos, sus polémicas y su involuntaria conversión en "intelectual público."

En The Guardian se publica una entrevista con Judt: un montón de músculos muertos, pensando.

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18, Dic 2009

Margalit sobre el discurso de Obama

En el blog del New York Review of Books Avishai Margalit critica el discurso de Obama en Oslo. Más allá de sus virtudes retóricas, la política de Obama en Afganistán contradice flagrantemente cualquier boceto de guerra justa. Lo dice el filósofo de la decencia apoyándose en las ideas de su libro más reciente, On Compromise and Rotten Compromises, donde elogia el acuerdo como  una de las virtudes capitales de la política, sin desconocer aquello que no puede ser negociado. Lo importante no son solamente las condiciones de una guerra justa, sino también las condiciones de una paz justa.

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15, Dic 2009

Repugnancia y moral

El New York Times publica una entrevista corta con la filósofa de las emociones Martha Nussbaum, quien ha trabajado durante años con Amartya Sen. Nussbaum comenta la publicación de su nuevo trabajo en donde registra el efecto político de la repugnancia. La discriminación puede ser reflejo de ese instinto: estigmatizar a un grupo social proyectándole un olor desagradable, una viscosidad asquerosa, una conducta repulsiva. El rechazo a la universalización del matrimonio brota de ese resorte.

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10, Dic 2009

Una defensa de la guerra (justa)

Obama Nobel

Obama no escapó el bulto. Al recibir el Premio Nobel de la Paz encaró a quienes consideran inmerecido su premio y abordó el tema de la intervención militar, en una ceremonia que apela a las palomas. (Aquí se puede ver el video de la conferencia y aquí el texto.) Brillante discurso que algunos considerarán cínico. No lo es: es un texto escrito desde la responsabilidad de un jefe de Estado. No habló un activista ni un mártir en Oslo: un gobernante habló sobre los dolores de la paz. Si soy fruto de la política de la no-violencia, soy Jefe de Estado y no puedo guiarme sólo por el ejemplo del pacifismo. La fuerza es a veces necesaria para mantener o recuperar la paz. La palabra es impotente frente al mesianismo del genocida o el fanatismo del terrorista. El presidente Obama evocó así la tradición filosófica de la guerra justa que tan elocuentemente reconstruyó Michael Walzer, para reconocer la dimensión trágica de una auténtica política de responsabilidad. 

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03, Dic 2009

Michael Sandel y la justicia

Justice - Sandel Desde hace años, Michael Sandel, autor de Liberalism and the Limits of Justice, una de las tempranas réplicas comunitarias a John Rawls, ha dictado un popularísimo curso sobre la justicia desde hace años en Harvard. Recientemente le ha dado forma de libro: Justice: What's the Right Thing to Do? El texto explora las distintas aproximaciones a la justicia a partir de ejemplos concretos y razonamientos prácticos. En el New York Times Jonathan Rauch resalta sus virtudes pedagógicas. No abre caminos pero es capaz de arrancarle la hierba de la confusión. El Economist celebra también que el filósofo sea en este libro más maestro que militante. El curso tiene también una versión televisiva que puede verse en internet.

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26, Oct 2009

El anhelo democrático

Keane - Democracy John Keane ha puesto en librerías un tabique sobre la historia de la democracia. La vida y la muerte de la democracia, lo titula. Un librazo de casi un millar de páginas que cuestiona la tesis predominante de que ese régimen es una planta occidental que viajó de Atenas a Westminster para esparcirse a todo el planeta. Muchas son las raíces culturales de la democracia, sugiere Keane. En Sumeria, India y Afganistán pueden detectarse brotes del impulso democrático. Todas esas raíces coinciden hoy en un mismo anhelo: la democracia es el ideal universal. John Gray, el liberal-reaccionario-antihumanista, difiere: el deseo de la democracia está lejos de ser planetario. Concluye Gray:

La democracia tiene muchos rasgos valiosos. No solamente permite que los gobiernen cambien sin violencia, también obstruye la corrupción. Las elecciones competitivas limitan la tendencia de las élites políticas para coludirse con el privilegio. Más allá de los dispositivos de representación, la democracia de los controles puede tener un papel importante en vigilar constantemente los gobiernos. Pero la democracia no está libre de peligros. Demasiado control puede ser una receta para la parálisis. Por eso la mayoría en todos los países se resiste a idealizar la democracia. Más que nada, quieren que los gobiernos sean eficaces para proteger sus intereses. La democracia es apenas uno de ellos, y normalmente es apreciado instrumentalmente, más que por su propio mérito. Sólo en el salón de clase, donde los costos y riesgos pueden ser ignorados, la idea del gobierno de nadie puede ser tomado en serio. Cuando hay asuntos vitales y prácticos en juego, el realismo de Weber se confirma. La democracia puede lograr muchas cosas, pero la abolición del dominio humano no está entre ellos.

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21, Oct 2009

Sobre la inutilidad de la ciencia política

Un senador republicano exige que la National Science Foundation deje de gastar el dinero en apoyar proyectos de ciencia política. Los aludidos, naturalmente brincaron en defensa de sus invaluables aportaciones a la Humanidad. El New York Times registró ayer el debate generado por el senador Coburn. No dejó de recoger apuntes críticos sobre el estado de la disciplina. Joseph Nye, por ejemplo, ve que le ciencia política cada vez dice más de menos. Una obsesión con el método aleja ahuyenta las preguntas relevantes.

El debate recomendaría desenterrar el provocador artículo de Giovanni Sartori sobre los rumbos de la disciplina. Su párrafo final es elocuente:

Debo concluir. ¿Hacia dónde va la ciencia política? Según el argumento que he presentado aquí, la ciencia política estadounidense (la “ciencia normal”, pues a los académicos inteligentes siempre los ha salvado su inteligencia) no va a ningún lado. Es un gigante que sigue creciendo y tiene los pies de barro. Acudir, para creer, a las reuniones anuales de la Asociación Estadounidense de Ciencia Política (APSA) es una experiencia de un aburrimiento sin paliativos. O leer, para creer, el ilegible y/o masivamente irrelevante American Political Science Review. La alternativa, o cuando menos, la alternativa con la que estoy de acuerdo, es resistir a la cuantificación de la disciplina. En pocas palabras, pensar antes de contar; y, también, usar la lógica al pensar.

Política y gobierno publicó en 2004 el ensayo de Sartori y réplicas de Gabriel NegrettoDavid Laitin y Josep M. Colomer. César Cansino también publicó un texto interesante sobre el tema.

José Antonio Aguilar analizó la condición de la ciencia política en México en un artículo de nexos de principios de año.

Algunos colegas simplemente creen que una carrera académica exitosa no pasa por escribir en español. Ese idioma sirve para comunicarse con las secretarias, pero no para publicar. Si bien es cierto que la lengua de la ciencia es el inglés y que es necesario escribir en ese idioma, ello no implica que se abandone el castellano. En un país que tiene una tradición de construir grandes instituciones de investigación en ciencias sociales, esta actitud es realmente inédita.
De la misma manera, a menudo se han copiado acríticamente los patrones de la academia norteamericana. Así se han importado sus vicios, como el fetichismo con los métodos formales y estadísticos y las modas teóricas de diversa índole. Las preguntas que se formulan son estrechas y los artículos se escriben para conformarse a la academia norteamericana.

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05, Ago 2009

Arrancarle el conservadurismo a los conservadores

Oxford_University_Colleges-All_Souls_quad En su ensayo sobre el igualitarismo, columpiándose entre el recuerdo y el concepto, G. A. Cohen habla de su formación en la "cultura de la convicción." Nacido en una familia comunista, absorbió desde muy pequeño las ideas marxistas sobre el capitalismo y la inevitable revolución que concluiría en la feliz instalación del socialismo. Durante el resto de su vida resonarían aquellos himnos de infancia. Pero el relojero del marxismo también percibía en sí una disposición conservadora. A analizar las fibras de ese impulso interior dedicó Cohen uno de sus últimos ensayos, una exploración de la dignidad del temperamento conservador. En 2004 presentó en Oxford un interesante documento de trabajo donde habla de su propia inclinación: no la actitud que pretende preservar todo arreglo social sino sólo aquellas prácticas e instituciones que guardan valor. El conservadurismo que dibuja y que suscribe es un escudo contra los cálculos utilitarios, una defensa de cierto sentido de identidad, una advertencia contra el radicalismo.

¿Si eres igualitario, cómo es que eres tan conservador? Algún crítico podría espetarle la paráfrasis. A la recriminación Cohen se adelanta: "Pretender conservar lo valioso no supone ninguna condescendencia frente a la explotación o la injusticia porque carecen de valor."

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