Pensar el poder

05, Ago 2009

G. A. Cohen

Cohen - valedictorian

Se difunde (Norman Geras, Crooked Timber) la muerte de G. A. Cohen, un lúcido filósofo de la política en la mejor tradición marxista. Digo tradición porque la reflexión de Cohen se inserta en una comunidad viva, porque su obra es arraigada frescura. En 1978 publicó una brillante defensa de la concepción marxista de la historia que bien podría considerarse como la semilla del marxismo analítico. En If You're an Egalitarian, How Come You're So Rich? con mucha gracia puso su marxismo a dialogar con el liberalismo de John Rawls. Hace apenas unos meses publicó su obra más ambiciosa: Rescuing Justice and Equality, donde cuestiona la aceptación liberal de las desigualdades. Un argumento denso que puede catalogarse ya como una de las más atentas y severas lecturas de John Rawls.

*

Aquí puede encontrarse una buena entrevista con él; aquí una grabación interesante y acá su famosa conferencia sobre incentivos, desigualdad y comunidad, donde empezó su esgrima con Rawls. En esta página de la Universidad de Oxford pueden encontrarse diversos trabajos en su honor. Aquí pueden oírse sus palabras finales y se le puede oír cantando, recitando poemas imperialistas e imitando a Churchill. Se cuenta que su conferencia de despedida en Oxford hace unos meses fue un genial despliegue de comedia filosófica. Cohen imitaba a su maestro Isaiah Berlin quien divagaba sobre la influencia del desatendido pensador Samuel von Pooped sobre el totalmente olvidado Hermann von Supine. En su gracia había entrenamiento: cuando era estudiante en McGill ganaba dinero haciendo stand-up comedy.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Jul 2009

Amartya Sen y la idea de justicia

Está a punto de aparecer el nuevo libro de Amartya Sen. La idea de justicia, se titula. En un adelanto publicado por The Guardian, se puede leer:

Amartya Sen - Justicia La idea de justicia exige comparaciones de vidas reales que la gente puede vivir, antes que la búsqueda lejana de instituciones ideales. Eso es lo que hace que la idea de justicia sea relevante y, al mismo tiempo, excitante para el razonamiento práctico.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
02, Jul 2009

Caldos de extremismo

Cass Sunstein detecta en la endogamia intelectual y social el caldo perfecto del extremismo. El extremismo político nace frecuentemente de la segregación y de la polarización. "Una buena manera de crear un grupo extremista, o un culto de cualquier tipo es aislar a un grupo del resto de la sociedad. Esta separación puede ocurrir física o psicológicamente, creando un ánimo de sospecha a cualquiera que no forme parte del grupo. Con ese aislamiento, la información y las perspectivas de los que están afuera resultan desacreditadas para no estorbar el calentamiento de la polarización." Cuando un grupo se vuelve hermético a información nueva o a perspectivas distintas, camina, según Sunstein, al extremismo.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
25, Jun 2009

Ralf Dahrendorf

Dahrendorf en 1974 Murió Ralf Dahrendorf. Weberiano, sostuvo que el poder–no la propiedad–definía a las clases sociales. Dos totalitarismos marcaron su juventud. Temprano entendió que secreto de la democracia estaba en el sensato manejo del conflicto. No la aparición de una voluntad colectiva sino gestion de las diferencias. Criado en una familia socialdemócrata, vivió la pasión política en la cátedra y en la acción. Fue un liberal de izquierda, un socialdemócrata o, como él habría preferido, un defensor del socialisimo democrático. Su ánimo reformista, sin embargo, no dejó de ser escéptico. Vio con esperanza cauta las revoluciones de 1989. Dirigiéndose a un ciudadano polaco, advertía a todos los apresurados que la transformación por delante era compleja. En clara alusión a Burke, alertaba en una serie de cartas que los cambios constitucionales o económicos podrían madurar en unos meses, pero la refundación social tardaría décadas.

*

En esta conversación con Harry Kreisler, de la Universidad de Berkeley, Dahrendorf recorre las principales estaciones de su vida. Se han publicado obituarios en el Times de Londres, en el de Nueva York, en el Guardian, en El País, en el Independent, en el Financial Times.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
10, May 2009

Obras escogidas de Juan J. Linz

Linz obras escogidas El Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid anuncia la publicación de las Obras escogidas del gran politólogo español Juan J. Linz, a quien debemos el estudio original del régimen autoritario, un amplio estudio sobre la quiebra democrática y diversos trabajos sobre la fundación democrática. Un comparatista en la mejor tradición de la ciencia política norteamericana que ha abordado el estudio de las instituciones sin descuidar la relevancia de los liderazgos. El país publica un artículo muy crítico de su trabajo firmado por José Vidal-Beneyto. Hace un par de meses, Salvador Giner presentaba en el mismo diario un cuadro más equilibrado de su contribución académica. Emilio Lamo de Espinosa en ABC describe las muchas tradiciones que nutren el trabajo de Linz:

Heredero, desde luego, por su saber universal, enciclopédico, sólo comparable al del gran Max Weber, su maestro confesado. Recuerdo el impacto que me produjo mi primer contacto con Linz, una conferencia que le escuché hace muchos años en la Fundación March. En el debate posterior, y no sé bien cómo, salió el tema de la distribución de la tierra en Hungría a finales del XIX. Pues bien, Linz lo sabía todo acerca de la aristocracia latifundista húngara, el campesinado, los modos de tenencia de la tierra y las emigraciones campo/ciudad. Debate en el que exhibió un segundo universalismo, también germánico: la ciencia social es sintética y requiere la colaboración de la historia, el derecho, la política, la economía, la cultura, el arte, todo es relevante. Los fenómenos sociales no se dejan parcelar y hoy, que asistimos a su parcelación, satisface comprobar que Linz maneja todos las perspectivas sin desdeñar ninguna.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
02, Abr 2009

Sobre Brian Barry

El Times de Londres escribe sobre Brian Barry, autor de Culture and Equality, muerto hace un par de semanas. El obituario lo describe como uno de los filósofos de la política más influyentes de la Inglaterra contemporánea que entendió la disciplina como algo más que esclarecimiento de conceptos: una argumentación moral con implicaciones reales. Destaca también, y con razón, su rudeza polémica. Su ferocidad nacía de la convicción: creía en lo que escribía y era severo con quienes tenían a su entender, ideas equivocadas sobre la razón, la justicia, la igualdad.

Y en el Guardian, Paul Kelly resalta que Barry reinventó el papel del filósofo de la política, combinando la abstracción de la teoría con las lecciones de la ciencia social. La nota también recoge una silueta de Barry dibujada por Steven Lukes.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
31, Mar 2009

Rawls y la religión

Rawls 
Fotografía de Steve Pyke


John Rawls escondió su vida en su obra. No habló mucho de sí mismo; buscó disolver sus convicciones en la aspiración de imparcialidad. Quienes lo conocían sabían que había sido formado en la tradición cristiana y que, incluso, había coqueteado con el seminario. Poco después de su muerte se descubrió en sus archivos un documentito titulado «Sobre mi religión» en el que describe sus encuentros y desencuentros con la fe. No se conocían, sin embargo, textos que recogieran sus convicciones en su etapa de creyente. Ahora ha salido a la luz un documento que había estado enterrado en el Departamento de Teología de Princeton. Es el escrito de un estudiante de veintiún años sobre la fe, el pecado y la comunidad. Ahora se publica como libro.


Rawls - Faith Joshua Cohen and Thomas Nagel reflexionan sobre el significado de esta pieza y encuentran que los ingredientes igualitarios y liberales de la teoría de la justicia de Rawls están presentes en esta pieza teológica. Tambíén su rechazo a la política vista como subasta de egoístas. El admirable edificio liberal de Rawls aparece, a la luz de estos textos, como secularización de una intuición religiosa y juvenil. Su defensa de la tolerancia no nace del escepticismo sino de su rechazo al empleo del poder para imponer la fe.



Compartir en Twitter Compartir en Facebook
12, Mar 2009

Brian Barry

Barry Ha muerto Brian Barry, uno de los más brillantes exponentes del liberalismo igualitario. Barry entrelazó un fino conocimiento teórico con una seria indagación sociológica. Escribía bien y con gracia. Era un liberal de izquierda; un  polemista elegante y filoso. Entre sus libros más importantes deben resaltarse Justicia como imparcialidad; Por qué importa la justicia social y Cultura e igualdad, éste último constituye sin duda una de las mejores réplicas al discurso multicultural. Al liberal le resultaba inaceptable el empleo del argumento de las tradiciones como justificación de prácticas indefendibles. Al hombre de izquierda le indignaba que esa plataforma se pretendiera progresista. Mostró claramente que, cuando ese discurso se transforma en política, atenta contra la política distributiva.


He encontrado notas breves sobre él en nextleft y en crooked timber. Norman Geras comenta en su estupendo blog un encuentro con él en una conferencia. Tras alguna discusión el asunto desembocó en una pregunta: ¿Entonces cree usted que entre las muchas formas culturales, práctica sociales y persuasiones morales que han existido en el mundo a lo largo de la historia, los valores liberales son los mejores para todos? Barry respondió: sí.


Una excelente muestra de la inteligencia incisiva de Barry es su reseña del libro de Robert Nozick: Anarquía estado y utopía. El libro era tachado de inmediato por Barry como recolección de los lugares comunes que circulan en las gasolinerías de los pequeños pueblos de Estados Unidos. La única novedad era que el quejido contra los impuestos provenía de un profesor de la Universidad de Harvard. Dice Barry del libro del Nocick: «la textura intelectual tiene su encanto y podría entenderse en un estudiante de posgrado, pero resulta bastante indecente que alguien, desde su silla de profesor, proponga el hambreamiento o la humillación de algo así como el 10% de sus conciudadanos (si es que reconoce la palabra), eliminar toda transferencia del Estado, dejando con ello al enfermo, el viejo, el discapacitado, a las madres sin hijos a merced de la caridad privada.»


Compartir en Twitter Compartir en Facebook
04, Feb 2009

¿Qué es un estado fallido?

María Amparo Casar aborda el tema en el número reciente de nexos. ¿De qué hablamos al referirnos a los estados fallidos? ¿Qué consecuencias tendría ubicar a México en esa categoría? La noción surgida tras la guerra fría está marcada por la ambigüedad. Sin embargo, ha habido esfuerzos interesantes por precisar los alcances del concepto y aún, técnicas para medir los índices de vulnerabilidad estatal. El esfuerzo más acabado es el de Foreign Policy y el Fondo para la Paz que anualmente presentan una cartografía de estados fracasados o en curso de fracaso. Su reporte hace explícitas las categorías de análisis y el método empleado para medir la estatalidad. El libro más importante sobre el tema es el coordinado por Robert Rotberg titulado When States Fail: Causes and Consequences. Diversos especialistas analizan los aspectos fiscales, económicos, legales, societarios que conducen a la quiebra del Estado. Otro volumen interesante es Making States Work: State Failure And The Crisis Of Governance, dirigido por Simon Chesterman, Michael Ignatieff, y Ramesh Chandra Thakur. Dirigiendo la atención a la cura, resalta el trabajo de Ashraf Ghani y Clare Lockhart, Fixing Failed States

FSIndex2008

La aplicación del concepto a México ha sido abordado aquí por René Delgado, Jaime Sánchez Susarrey, Manuel Camacho, Germán Martínez, Javier Ibarrola, Diego Valadés, Lorenzo Meyer, Sergio AguayoMauricio Merino, entre otros. Éste último, releyendo a Hermann Heller, apunta:

El Estado no sólo fracasa cuando deja de cumplir sus funciones fundamentales (la seguridad, la cohesión social, la garantía del derecho y la procura existencial), sino cuando deja de ser de todos. Cuando pierde su condición de organización soberana sobre todos los demás intereses; no para que uno solo decida, sino para que todos convivamos en orden. El verdadero Estado fallido es, así, el Estado parcial e impotente. Como el que tenemos en México.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
08, Ene 2009

Más de Huntington

D0109US0 El Economist recuerda a Huntington como el gran aguafiestas que fue, un ácido crítico del optimismo, representante de una especie en extinción: un liberal de la guerra fría. "Huntington fue un personaje notable por muchas razones, pero sobre todo, porque tuvo la determinación de cuestionarl el excesivo optimismo de los años noventa. Tal vez el mejor homenaje que se le puede rendir ahora es cuestionar el excesivo pesimismo huntingtoniano que amenaza sustituirlo."

José Antonio Aguilar destaca su olfato intelectual: "A diferencia de muchos de sus colegas, siempre puso los caballos delante de la carreta y no al revés. Y como una especie de detective académico, o mejor aún, como uno de esos cerdos que son usados para buscar trufas en los bosques, Huntington casi siempre daba con algo importante. Identificaba patrones, señalaba procesos, ponía el dedo en la llaga. Era un experto del hallazgo sociológico; era menos hábil en la tarea de construir explicaciones acertadas a los fenómenos que descubría."

Foreign Policy, la revista que Huntington fundó en 1970 abre una mesa redonda virtual sobre su legado. Foreign Affairs recupera textos de y sobre Huntington.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
29, Dic 2008

Sobre Huntington

Huntington 2 Se han publicado una serie de artículos y obituarios sobre Samuel Huntington. El New York Times publica una notita; el artículo del Washington Post es más amplio y cita con razón un buen ensayo de Kaplan publicado en 2001 en el Atlantic. En el Times de Londres se describe a Huntington como el hombre que será recordado por millones como quien anticipó la gran narrativa del siglo XXI. En el National Review, Mackubin Thomas subraya la vigencia de su primera obra, The Soldier and the State. Francis Fukuyama recuerda a su maestro y se concentra en sus aportes al estudio de la política comparada. En El país, Fernando Vallespín adelanta que su recuerdo estará atado al esfuerzo de teorizar una oposición existencial entre Occidente e islam. Para el Osobruno Huntington era, sencillamente, un antipático y falso gurú.

Aquí puede leerse el texto original del "Choque de civilizaciones." Entre las réplicas al texto, vale rescatar la de Edward Said: "Choque de ignorancias" y el libro de Amartya Sen, Identity and Violence.  Ésta es la respuesta de Huntington a algunos de sus críticos en ese debate. Aquí una conversación interesante entre Huntington y Anthony Giddens.  El ensayo que contiene la pulpa de su diatriba contra la amenaza mexicana se encuentra en el sitio de Foreign Policy. Y por acá una larga lista de reseñas a Who are We?

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
29, Dic 2008

Huntington: el orden y la identidad

Huntington Ha muerto Samuel Huntington, el politólogo más influyente de los Estados Unidos y, posiblemente del mundo. Su fama fue un caso extraño. Dentro de casa, en la academia, su trabajo era severamente cuestionado. Fuera, en la prensa, en los medios, en la tribuna política sus argumentos se volvían afluentes inevitables de la discusión mundial. Imposible caminar sin hacer referencia a sus pasos. Fue un investigador precoz que desde el principio estuvo envuelto en la polémica. Una reseña de su primer libro lo comparaba con Mussolini—desfavorablemente. Según un reseñista de The Nation, la filosofía de ambos era idéntica pero el dictador tenía, cuando menos, mayor gracia. Huntington hablaba entonces de la necesidad de resguardar la sociedad norteamericana con un ejército profesional curtido no en las ingenuidades liberales sino en el realismo conservador. Los académicos norteamericanos, exigentes como pocos en el procesamiento de los datos, en la formulación de las hipótesis, en la paciente labor de la investigación, vieron siempre con alguna desconfianza al politólogo que se negó a la especialización. En efecto, se atrevió a estudiar todos los ámbitos del fenómeno político: el orden, los partidos, la democracia, el impacto de la cultura, la gobernación, la seguridad nacional, la institucionalización. Se aventuró también a hablar de todos los regímenes y opinar de todos los rincones del mundo. Con frecuencia lo hizo con herramientas pobres, barnizando prejuicios en lenguaje académico. En alguna ocasión, cuando se discutía su ingreso a la Academia Norteamericana de Ciencias, Serge Lang, un matemático puso el grito en el cielo: Huntington no es uno de nosotros, no podemos aceptarlo en este club. La irritación del matemático era comprensible. En el libro El orden político en sociedades en transformación, publicado en 1968, argumentaba que la Sudáfrica del Apartheid era una “sociedad satisfecha.” Lang analizó los argumentos de Huntington, descubriendo en ellos una falsa metodología matemática. El discurso de Huntington, decía él, proviene de un “tipo de lenguaje que da la impresión de ser científico, sin ninguna de su sustancia.”

Pero si la relojería de su argumentación resulta suelta e imprecisa, el tino para elegir sus batallas y marcar su acento fue excepcional. Una aguda intuición y arrojo para lanzar hipótesis de grandes vuelos proyectó su trabajo más allá de las bibliotecas de Ciencia Política. Aquel libro publicado en el 68 era, en buena medida un libro contra el 68. Una afirmación del poder ante la bulla de la rebeldía. Para abrir boca, el libro dispara una sentencia atrevida y contundente: la distinción política más importante no es el tipo de gobierno sino el grado de gobierno. No importa tanto si se tiene una dictadura o una democracia; lo que cuenta es tener o carecer de gobierno; vivir en orden o sobrevivir la anarquía. Era un conservador que apostaba por la realidad por encima del ideal, por el orden como antídoto del caos.

Ese fue su primer empeño: la exploración del orden político como basamento indispensable. El hobbesiano dejaba atrás cualquier otra consideración. Lo esencial era la estabilidad, la eficacia de un gobierno que cobra impuestos, impone legalidad y castiga delincuentes; las libertades, el voto, los controles al poder eran accesorios. De ahí también su temor al exceso democrático. El conservador veía las sociedades contemporáneas como barcos en peligro. La amenaza era la democracia. El remedio, la desdemocratización. Se hunden los países ricos porque el peso de las exigencias sociales aumenta, los pasajeros olvidan sus responsabilidades y el capitán pierde poderes. La salvación del barco para Huntington exigía tirar el exceso democrático por la borda. Reinstaurar autoridad y alentar cierta apatía. El combatiente de la Guerra Fría era por ello, un curioso seguidor de Lenin y un abierto admirador del PRI como proveedores de estabilidad tras la conmoción revolucionaria.

La segunda obsesión de Huntington fue el peso de la cultura en la vida política y, en particular, la identidad. La economía cuenta, las instituciones importan, pero antes que cualquier otra cosa, pesan las costumbres. Por ahí llegó a la conclusión de que el nuevo eje de conflicto en el mundo sería cultural. Tras la desaparición de la Unión Soviética, el pleito no sería entre economías, ni entre ideologías políticas sino entre civilizaciones. El futuro estará marcado por el choque de civilizaciones, como dejó asentado en su trabajo más comentado. Por ese camino llegó también a la conclusión de que el corazón de su país estaba amenazado por los invasores del sur, que hablaban español y que se resistían a fundirse en la cazuela americana de las mezclas. Cuando vino a México, a Huntington lo llamaron racista por su descripción de los mexicanos. No fue un racista sino algo muy parecido: un nacionalista. Sus últimas dos obras son las más inquietantes: anuncian guerras sanguinarias y entrevé la mortalidad de su país. Ambas estridencias cojean del mismo pie: su noción de cultura. Huntington habla de la civilización y de las culturas como si fueran rocas, como si fueran datos fijos. Así, la cultura propia es un jardín que hay proteger frente a la amenaza de los invasores y la cultura ajena es una amenaza al tuétano colectivo. Una virtud tiene el nacionalismo antimexicano de Huntington: exhibe la absurda genética de nuestro propio tribalismo.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Dic 2008

Conor Cruise O’Brien

Conor Cruise OBrien Conor Cruise O'Brien, político, diplomático e intelectual irlandés murió el jueves pasado. Escribió una fascinante–y polémica biografía–de Edmund Burke, The Great Melody, en donde retrata, no al reaccionario de la caricatura, sino al pluralista liberal que odiaba cualquier autocracia. El Fondo de Cultura Económica tradujo Genio y pasión y otros ensayos, con textos sobre Yeats, Robespierre, Juan Pablo II y algunas reflexiones sobre el terrorismo. En un ensayo sobre la libertad de prensa escribe: "Hay una cosa que tienen en común la prensa libre y la prensa soviética: ambas deben quedar bien." El New RepublicThe Guardian, el Times de Londres y el de Nueva York escriben de él.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
22, Jul 2008

Rushdie sobre Maquiavelo

En esta conversación en San Francisco sobre su nuevo libro, The Enchantress of Florence, Salman Rushdie elogia a y, de paso se identifica con, Maquiavelo, el demócrata incomprendido.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
16, May 2008

Geuss sobre Rorty

El extraordinario filósofo Raymond Geuss escribe sobre su relación con Richard Rorty (y sobre sí mismo). El ensayo es un elogio y una exposición de diferencias. También una exploración a los misterios de su personalidad.

Rorty"Su postura filosófica contiene mucho de interés e importancia, junto con cosas con las que, naturalmente, no puedo estar de acuerdo. Pero esa posición se expresa siempre de manera clara y plausible. Sus escritos tienen una riqueza humana y un espesor que no están muy presentes en la mayor parte de la filosofía contemporánea. Como persona, sin embargo, fue siempre un misterio para mí.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook