Teoría política

02, Abr 2009

Sobre Brian Barry

El Times de Londres escribe sobre Brian Barry, autor de Culture and Equality, muerto hace un par de semanas. El obituario lo describe como uno de los filósofos de la política más influyentes de la Inglaterra contemporánea que entendió la disciplina como algo más que esclarecimiento de conceptos: una argumentación moral con implicaciones reales. Destaca también, y con razón, su rudeza polémica. Su ferocidad nacía de la convicción: creía en lo que escribía y era severo con quienes tenían a su entender, ideas equivocadas sobre la razón, la justicia, la igualdad.

Y en el Guardian, Paul Kelly resalta que Barry reinventó el papel del filósofo de la política, combinando la abstracción de la teoría con las lecciones de la ciencia social. La nota también recoge una silueta de Barry dibujada por Steven Lukes.

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31, Mar 2009

Rawls y la religión

Rawls 
Fotografía de Steve Pyke


John Rawls escondió su vida en su obra. No habló mucho de sí mismo; buscó disolver sus convicciones en la aspiración de imparcialidad. Quienes lo conocían sabían que había sido formado en la tradición cristiana y que, incluso, había coqueteado con el seminario. Poco después de su muerte se descubrió en sus archivos un documentito titulado “Sobre mi religión” en el que describe sus encuentros y desencuentros con la fe. No se conocían, sin embargo, textos que recogieran sus convicciones en su etapa de creyente. Ahora ha salido a la luz un documento que había estado enterrado en el Departamento de Teología de Princeton. Es el escrito de un estudiante de veintiún años sobre la fe, el pecado y la comunidad. Ahora se publica como libro.


Rawls - Faith Joshua Cohen and Thomas Nagel reflexionan sobre el significado de esta pieza y encuentran que los ingredientes igualitarios y liberales de la teoría de la justicia de Rawls están presentes en esta pieza teológica. Tambíén su rechazo a la política vista como subasta de egoístas. El admirable edificio liberal de Rawls aparece, a la luz de estos textos, como secularización de una intuición religiosa y juvenil. Su defensa de la tolerancia no nace del escepticismo sino de su rechazo al empleo del poder para imponer la fe.



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12, Mar 2009

Brian Barry

Barry Ha muerto Brian Barry, uno de los más brillantes exponentes del liberalismo igualitario. Barry entrelazó un fino conocimiento teórico con una seria indagación sociológica. Escribía bien y con gracia. Era un liberal de izquierda; un  polemista elegante y filoso. Entre sus libros más importantes deben resaltarse Justicia como imparcialidad; Por qué importa la justicia social y Cultura e igualdad, éste último constituye sin duda una de las mejores réplicas al discurso multicultural. Al liberal le resultaba inaceptable el empleo del argumento de las tradiciones como justificación de prácticas indefendibles. Al hombre de izquierda le indignaba que esa plataforma se pretendiera progresista. Mostró claramente que, cuando ese discurso se transforma en política, atenta contra la política distributiva.


He encontrado notas breves sobre él en nextleft y en crooked timber. Norman Geras comenta en su estupendo blog un encuentro con él en una conferencia. Tras alguna discusión el asunto desembocó en una pregunta: ¿Entonces cree usted que entre las muchas formas culturales, práctica sociales y persuasiones morales que han existido en el mundo a lo largo de la historia, los valores liberales son los mejores para todos? Barry respondió: sí.


Una excelente muestra de la inteligencia incisiva de Barry es su reseña del libro de Robert Nozick: Anarquía estado y utopía. El libro era tachado de inmediato por Barry como recolección de los lugares comunes que circulan en las gasolinerías de los pequeños pueblos de Estados Unidos. La única novedad era que el quejido contra los impuestos provenía de un profesor de la Universidad de Harvard. Dice Barry del libro del Nocick: “la textura intelectual tiene su encanto y podría entenderse en un estudiante de posgrado, pero resulta bastante indecente que alguien, desde su silla de profesor, proponga el hambreamiento o la humillación de algo así como el 10% de sus conciudadanos (si es que reconoce la palabra), eliminar toda transferencia del Estado, dejando con ello al enfermo, el viejo, el discapacitado, a las madres sin hijos a merced de la caridad privada.”


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08, Ene 2009

Más de Huntington

D0109US0 El Economist recuerda a Huntington como el gran aguafiestas que fue, un ácido crítico del optimismo, representante de una especie en extinción: un liberal de la guerra fría. "Huntington fue un personaje notable por muchas razones, pero sobre todo, porque tuvo la determinación de cuestionarl el excesivo optimismo de los años noventa. Tal vez el mejor homenaje que se le puede rendir ahora es cuestionar el excesivo pesimismo huntingtoniano que amenaza sustituirlo."

José Antonio Aguilar destaca su olfato intelectual: "A diferencia de muchos de sus colegas, siempre puso los caballos delante de la carreta y no al revés. Y como una especie de detective académico, o mejor aún, como uno de esos cerdos que son usados para buscar trufas en los bosques, Huntington casi siempre daba con algo importante. Identificaba patrones, señalaba procesos, ponía el dedo en la llaga. Era un experto del hallazgo sociológico; era menos hábil en la tarea de construir explicaciones acertadas a los fenómenos que descubría."

Foreign Policy, la revista que Huntington fundó en 1970 abre una mesa redonda virtual sobre su legado. Foreign Affairs recupera textos de y sobre Huntington.

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29, Dic 2008

Sobre Huntington

Huntington 2 Se han publicado una serie de artículos y obituarios sobre Samuel Huntington. El New York Times publica una notita; el artículo del Washington Post es más amplio y cita con razón un buen ensayo de Kaplan publicado en 2001 en el Atlantic. En el Times de Londres se describe a Huntington como el hombre que será recordado por millones como quien anticipó la gran narrativa del siglo XXI. En el National Review, Mackubin Thomas subraya la vigencia de su primera obra, The Soldier and the State. Francis Fukuyama recuerda a su maestro y se concentra en sus aportes al estudio de la política comparada. En El país, Fernando Vallespín adelanta que su recuerdo estará atado al esfuerzo de teorizar una oposición existencial entre Occidente e islam. Para el Osobruno Huntington era, sencillamente, un antipático y falso gurú.

Aquí puede leerse el texto original del "Choque de civilizaciones." Entre las réplicas al texto, vale rescatar la de Edward Said: "Choque de ignorancias" y el libro de Amartya Sen, Identity and Violence.  Ésta es la respuesta de Huntington a algunos de sus críticos en ese debate. Aquí una conversación interesante entre Huntington y Anthony Giddens.  El ensayo que contiene la pulpa de su diatriba contra la amenaza mexicana se encuentra en el sitio de Foreign Policy. Y por acá una larga lista de reseñas a Who are We?

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29, Dic 2008

Huntington: el orden y la identidad

Huntington Ha muerto Samuel Huntington, el politólogo más influyente de los Estados Unidos y, posiblemente del mundo. Su fama fue un caso extraño. Dentro de casa, en la academia, su trabajo era severamente cuestionado. Fuera, en la prensa, en los medios, en la tribuna política sus argumentos se volvían afluentes inevitables de la discusión mundial. Imposible caminar sin hacer referencia a sus pasos. Fue un investigador precoz que desde el principio estuvo envuelto en la polémica. Una reseña de su primer libro lo comparaba con Mussolini—desfavorablemente. Según un reseñista de The Nation, la filosofía de ambos era idéntica pero el dictador tenía, cuando menos, mayor gracia. Huntington hablaba entonces de la necesidad de resguardar la sociedad norteamericana con un ejército profesional curtido no en las ingenuidades liberales sino en el realismo conservador. Los académicos norteamericanos, exigentes como pocos en el procesamiento de los datos, en la formulación de las hipótesis, en la paciente labor de la investigación, vieron siempre con alguna desconfianza al politólogo que se negó a la especialización. En efecto, se atrevió a estudiar todos los ámbitos del fenómeno político: el orden, los partidos, la democracia, el impacto de la cultura, la gobernación, la seguridad nacional, la institucionalización. Se aventuró también a hablar de todos los regímenes y opinar de todos los rincones del mundo. Con frecuencia lo hizo con herramientas pobres, barnizando prejuicios en lenguaje académico. En alguna ocasión, cuando se discutía su ingreso a la Academia Norteamericana de Ciencias, Serge Lang, un matemático puso el grito en el cielo: Huntington no es uno de nosotros, no podemos aceptarlo en este club. La irritación del matemático era comprensible. En el libro El orden político en sociedades en transformación, publicado en 1968, argumentaba que la Sudáfrica del Apartheid era una “sociedad satisfecha.” Lang analizó los argumentos de Huntington, descubriendo en ellos una falsa metodología matemática. El discurso de Huntington, decía él, proviene de un “tipo de lenguaje que da la impresión de ser científico, sin ninguna de su sustancia.”

Pero si la relojería de su argumentación resulta suelta e imprecisa, el tino para elegir sus batallas y marcar su acento fue excepcional. Una aguda intuición y arrojo para lanzar hipótesis de grandes vuelos proyectó su trabajo más allá de las bibliotecas de Ciencia Política. Aquel libro publicado en el 68 era, en buena medida un libro contra el 68. Una afirmación del poder ante la bulla de la rebeldía. Para abrir boca, el libro dispara una sentencia atrevida y contundente: la distinción política más importante no es el tipo de gobierno sino el grado de gobierno. No importa tanto si se tiene una dictadura o una democracia; lo que cuenta es tener o carecer de gobierno; vivir en orden o sobrevivir la anarquía. Era un conservador que apostaba por la realidad por encima del ideal, por el orden como antídoto del caos.

Ese fue su primer empeño: la exploración del orden político como basamento indispensable. El hobbesiano dejaba atrás cualquier otra consideración. Lo esencial era la estabilidad, la eficacia de un gobierno que cobra impuestos, impone legalidad y castiga delincuentes; las libertades, el voto, los controles al poder eran accesorios. De ahí también su temor al exceso democrático. El conservador veía las sociedades contemporáneas como barcos en peligro. La amenaza era la democracia. El remedio, la desdemocratización. Se hunden los países ricos porque el peso de las exigencias sociales aumenta, los pasajeros olvidan sus responsabilidades y el capitán pierde poderes. La salvación del barco para Huntington exigía tirar el exceso democrático por la borda. Reinstaurar autoridad y alentar cierta apatía. El combatiente de la Guerra Fría era por ello, un curioso seguidor de Lenin y un abierto admirador del PRI como proveedores de estabilidad tras la conmoción revolucionaria.

La segunda obsesión de Huntington fue el peso de la cultura en la vida política y, en particular, la identidad. La economía cuenta, las instituciones importan, pero antes que cualquier otra cosa, pesan las costumbres. Por ahí llegó a la conclusión de que el nuevo eje de conflicto en el mundo sería cultural. Tras la desaparición de la Unión Soviética, el pleito no sería entre economías, ni entre ideologías políticas sino entre civilizaciones. El futuro estará marcado por el choque de civilizaciones, como dejó asentado en su trabajo más comentado. Por ese camino llegó también a la conclusión de que el corazón de su país estaba amenazado por los invasores del sur, que hablaban español y que se resistían a fundirse en la cazuela americana de las mezclas. Cuando vino a México, a Huntington lo llamaron racista por su descripción de los mexicanos. No fue un racista sino algo muy parecido: un nacionalista. Sus últimas dos obras son las más inquietantes: anuncian guerras sanguinarias y entrevé la mortalidad de su país. Ambas estridencias cojean del mismo pie: su noción de cultura. Huntington habla de la civilización y de las culturas como si fueran rocas, como si fueran datos fijos. Así, la cultura propia es un jardín que hay proteger frente a la amenaza de los invasores y la cultura ajena es una amenaza al tuétano colectivo. Una virtud tiene el nacionalismo antimexicano de Huntington: exhibe la absurda genética de nuestro propio tribalismo.

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22, Dic 2008

Conor Cruise O’Brien

Conor Cruise OBrien Conor Cruise O'Brien, político, diplomático e intelectual irlandés murió el jueves pasado. Escribió una fascinante–y polémica biografía–de Edmund Burke, The Great Melody, en donde retrata, no al reaccionario de la caricatura, sino al pluralista liberal que odiaba cualquier autocracia. El Fondo de Cultura Económica tradujo Genio y pasión y otros ensayos, con textos sobre Yeats, Robespierre, Juan Pablo II y algunas reflexiones sobre el terrorismo. En un ensayo sobre la libertad de prensa escribe: "Hay una cosa que tienen en común la prensa libre y la prensa soviética: ambas deben quedar bien." El New RepublicThe Guardian, el Times de Londres y el de Nueva York escriben de él.

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22, Jul 2008

Rushdie sobre Maquiavelo

En esta conversación en San Francisco sobre su nuevo libro, The Enchantress of Florence, Salman Rushdie elogia a y, de paso se identifica con, Maquiavelo, el demócrata incomprendido.

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16, May 2008

Geuss sobre Rorty

El extraordinario filósofo Raymond Geuss escribe sobre su relación con Richard Rorty (y sobre sí mismo). El ensayo es un elogio y una exposición de diferencias. También una exploración a los misterios de su personalidad.

Rorty"Su postura filosófica contiene mucho de interés e importancia, junto con cosas con las que, naturalmente, no puedo estar de acuerdo. Pero esa posición se expresa siempre de manera clara y plausible. Sus escritos tienen una riqueza humana y un espesor que no están muy presentes en la mayor parte de la filosofía contemporánea. Como persona, sin embargo, fue siempre un misterio para mí.

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09, May 2008

Sobre John Stuart Mill

Mill_caricaturaEn una nueva biografía, John Stuart Mill es descrito como "el máximo intelectual público en la historia de Inglaterra." Alan Wolfe sospecha que el elogio sea excesivo. Lo ve como un victoriano inconsistente, que desconfiaba del pueblo y era demasiado condescendiente con el imperialismo británico. Y, sin embargo, pocas ambiciones intelectuales tan admirables como la suya; pocos alegatos tan frescos y pujantes como su ensayo Sobre la libertad. Ese hombre que nunca fue a la universidad y jamás dio clases representa al crítico de escritura clara que no se encasilla en especialidades y que, al librar las primeras batallas liberales, sigue vigente.

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08, May 2008

Wolin y el ‘totalitarismo invertido’

Wolin_democracy_incSe anuncia la aparición de un nuevo libro de Sheldon Wolin. Wolin es autor de una de las más inteligentes panorámicas del pensamiento político occidental. Política y visión es un extraordinario recuento de la continuidad y las rupturas del pensar político a lo largo de los siglos. Más que exposición neutral de salón de clase, el libro es un apasionado y provocador alegato sobre el poder y sus dramas. Su polémico estudio sobre Tocqueville, siendo más una exposición de sus ideas que de la filosofía tocquevilleana, es una valiosa crítica al pensamiento democrático contemporáneo. El nuevo libro de Wolin podría traducirse como Democracia, SA o el totalitarismo invertido. Siguiendo las famosas líneas de Tocqueville sobre las posibilidades del despotismo democrático en el futuro, Wolin (según advierto en la tapa del libro) retrata a los Estados Unidos como un país de borregos donde las grandes corporaciones escapan con facilidad los controles estatales.

Aquí puede leerse el primer capítulo.

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02, May 2008

Sobre Charles Tilly

Tilly_2 Sobre el prolífico sociólogo que murió el martes pasado han escrito recientemente Kieran Healy en The Crooked Timber y Daniel Nexon, un alumno suyo. El Departamento de Sociología de Columbia hizo este anuncio. El New York Times publicó este obituario. Esta página ofrece una larga colección de ensayos de Tilly sobre metodología publicados entre 1966 y el 2007. Aquí se encuentra un apunte sobre su forma de trabajar. Prospect publicó hace algunos años una entrevista con Tilly que fue traducida luego por La nación de Chile. En The Guardian se publicó también esta conversación.

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29, Abr 2008

Charles Tilly

TillyCharles Tilly, extraordinario estudioso de la tectónica social, murió hoy. No fue un sociólogo del vecindario, un estudioso del incidente. Su teoría social recorría siglos y continentes para entender la acción colectiva, el nacimiento del Estado, la violencia, la desigualdad. Ayer justamente me asomaba a las primeras páginas del que sera uno de sus últimos libros: Why? Su trabajo más admirable, a mi juicio, es su trabajo de genealogía estatal. El Estado visto como una organización para la guerra. “Si el el crimen organizado representa el negocio de la protección en su versión más acabada, entonces la guerra y la construcción del Estado –paradigma del negocio de la protección legítima se convierten en su representación más importante. Sin tener la pretensión de calificar a todos los generales y estadistas de asesinos o ladrones quiero, no obstante, poner de relieve el valor de esta analogí­a.”

Su libro sobre la democracia contrasta con la transitología de moda. El sociólogo no se detiene en pactos de élite o en la activación del mecanismo electoral. Ve la democratización como un proceso social complejo y reversible que supone la integración política de redes de confianza; el aislamiento de la polí­tica frente a las desigualdades sociales y la eliminación del poder coercitivo de los núcleos de poder autónomo como las tribus, los ejércitos, los caciques.

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01, Abr 2008

Hobbes y las ficciones

LeviathanJosé Antonio Aguilar escribe un ensayo inteligente en defensa del liberalismo euclidiano: un liberalismo que defienda la geometría de los derechos frente a las tentaciones del mito, los embrujos de la  historia o las desconfianzas al mercado. En un párrafo alude a mi lectura de Hobbes en un textillo reciente. Cree que interpreto mal su proyecto intelectual: en el Leviatán no se lanza contra la imaginación (como yo sugiero) sino contra sus desvaríos. “Para Hobbes, la razón no debía aplastar a la imaginación; debía guiarla o ensillarla como un corcel bronco.”

Tiene razón José Antonio. Hobbes es uno de los teóricos más imaginativos en la historia del pensamiento político occidental. Lo que habría que ubicar es el sitio de ese talento pictórico en su sistema. No deja de ser extraño que el más prodigioso productor de metáforas sobre el poder, la ley, la libertad y el orden sea uno de los peores enemigos intelectuales de la metáfora. Pensar a través de esas ficciones, dice en su obra maestra, es deambular entre absurdos. Tarde o temprano, terminaremos en el pleito o la sedición. Por ello creo que la imaginación en la obra de Hobbes es un recurso retórico, no una herramienta de su ciencia.

Comparto el valor de la geometría hobbesiana pero no dejo de ver en ella cierta inhospitabilidad. Admiro la silueta de su edificio y la solidez de sus cimientos pero creo indispensable intervenir su simetría. Esa intervención le resultaría subversiva a Hobbes–tan peligrosa, por cierto, como la carcajada. Conocer los vínculos entre los ángulos internos, las líneas rectas y la circunferencia es vital. ¿Lo es todo para entender y hacer política?

El artículo de José Antonio Aguilar Rivera será publicado en la edición de verano de la preciosa revista bilingue Literal.

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24, Mar 2008

Berman e Irak, 5 años después

Cambell_190v_En Terror and Liberalism, Paul Berman sostuvo que la intervención en Irak correspondía a una guerra antifascista y que merecía, en consecuencia, todo el respaldo de la izquierda. A cinco años de la invasión, reconsidera sus opiniones en un artículo en el New York Times para reiterar que se trata, sobre todo, de una batalla ideológica. La torpeza de Bush tiene una carga de responsabilidad en el fortalecimiento del extremismo pero no lo explica totalmente. Berman acepta haber menospreciado la capacidad del fundamentalismo islámico para intimidar a quienes rozan posturas liberales en Medio Oriente

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