Política

06, dic 2013

El discurso inaugural de Mandela

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
05, dic 2013

46664

images

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
05, dic 2013

Nadine Gordimer: Mandela, mi compatriota

gor1-003a

Nadine Gordimer escribe sobre  su amigo, Nelson Mandela en el New Yorker:

Incluso cuando no había noticias públicas de él, y no teníamos idea de lo que estuviera pensando o planeando para la continuación de la lucha para terminar con el apartheid, teníamos sus declaraciones, los discursos que pronunció cuando estaba físicamente presente con nosotros. Para un espírituo como el suyo “los muros no hacen prisión”; su alma no podía permanecer bajo custodia del apartheid. Podíamos seguir sintiendo su intelecto político.

Mandela: no una figura tallada en piedra sino un hombre alto, de carne y hueso, cuyo sufrimiento no lo hizo más vengativo sino aún más humano–incluso hacia la gente que creó esa prisión que fue el apartheid.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
02, sep 2013

El rasero de la eficacia

Regresaron con la presunción de que ellos sí sabían gobernar. Que todo lo que había pasado en los últimos doce años era producto de la incompetencia de unos ingenuos. No eran capaces de producir orden, no sabían cómo trabajar con el Congreso, ni siquiera se entendían entre sí. Eran los responsables de la explosión de la violencia, del retraso en las reformas, de la “pérdida de autoridad”. Los panistas sabrían ganar elecciones pero no sabían gobernar. Ya no eran los “místicos del voto de antes”: ahora eran inútiles con votos. Los priistas cultivaron así la leyenda de su época: antes de la llegada del PAN, la política era un reloj que funcionaba con exactitud, una pirámide bien asentada donde regía el principio de autoridad.

El candidato del PRI hizo de la eficacia el centro de su oferta política. Sería el presidente que le devolvería empuje al país. Su proyecto no se distinguía con claridad del proyecto panista. La diferencia era el acento en la capacidad. El gobernador del Estado de México ofrecía oficio al servicio de la continuidad. Al enfatizar esa capacidad para lograr lo deseado, Peña Nieto apuntaba la ineptitud de los panistas y afirmaba, a la vez, el valor con el que habría de medirse su gestión. Peña Nieto ha querido que se le evalúe con el medidor de la eficacia: capacidad para conseguir lo propuesto. Desde luego, el rasero de la eficacia no es el único que debe emplearse para medir la acción política. ¿Eficacia de qué? ¿Eficacia para qué? ¿Eficacia a qué costo? Ser eficaz es conseguir lo que uno quiere, no es necesariamente lograr lo conveniente. Que el gobierno se salga con la suya no es necesariamente una buena cosa. Pero, si bien debemos decir que ese valor no es el único relevante, podríamos aceptarlo para evaluar la acción de un gobierno que se presume eficaz. (más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
26, ago 2013

La disyuntiva bárbara

No es claro que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación haya sido capaz de frenar la reforma educativa. Lo que es evidente es que ha sido capaz de imponer su ley en la Ciudad de México por tres días. Lo primero está por verse. Hay quien dice que el hecho de que no se discuta el dictamen sobre el servicio profesional docente, como se había previsto, es signo inequívoco de que el Congreso se doblegó ante la presión de la Coordinadora. Hay otros que dicen que esa reforma no se ha descarriado, simplemente se ha detenido para afianzar la amplitud de su consenso inicial y para atender críticas fundadas de los especialistas. Vale advertir que los impulsores de la reforma educativa no solamente enfrentan la presión de los maestros inconformes, sino también el deber de preservar la cohesión de la alianza política que permitió el cambio constitucional.

Está en suspenso, pues, el efecto legislativo de las movilizaciones magisteriales. De lo que no hay duda es de su impacto urbano. El Congreso pudo sesionar, pero no lo pudo hacer en su casa. Las protestas magisteriales bloquearon los accesos impidiendo que los legisladores entraran a su espacio natural. Los legisladores se refugiaron en un centro de convenciones y desde ahí sesionaron. El espectáculo es penoso: una legislatura arrimada, una representación que no puede trabajar en su domicilio y que se ve obligada a vivir en casa ajena. Si el Congreso necesita refugio es porque no hay Estado que lo proteja. Se ve obligado a  instalarse en espacios que desmerecen porque no encuentra el garante de sus recintos, el defensor de sus actividades. El gobierno de la Ciudad de México falta a su obligación de asegurar el acceso a los órganos legislativos de la Federación. Al gobierno capitalino corresponde, en efecto, cuidar que el descontento no impida el cumplimiento de las responsabilidades públicas. La libertad de manifestación no implica el derecho a clausurar el Congreso, el permiso para acallar a los poderes públicos. Pero el gobierno del Distrito Federal contempló, como un espectador más, la manera en que los manifestantes cercaban al Congreso para impedir que los legisladores legislaran—o por lo menos para impedirlo que lo hicieran en casa. (más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
26, nov 2012

Felipe Calderón

No se hizo en los rigores de la
tecnocracia, ni en las exigencias de la empresa; no lo moldeó la oscuridad de
la academia ni la flama de la movilización social. Se formó en las labores de
partido, entre las paredes del parlamento. De ahí viene su perfil oratorio, su
energía polémica, su ánimo persuasivo. No le bastaba hacer, se empeñó en
convencer. Hablar fue, para él, parte sustancial del gobernar. A diferencia de
sus antecesores (y de su sucesor), Felipe Calderón cree en una política capaz
de pasar la prueba del razonamiento público. No ignoró a sus críticos. Los vio
de frente, los escuchó, se expuso al resentimiento. No se aisló del dolor. Lo
que se mantuvo siempre hermética fue su política. En su obstinación no se asomó
la  fisura.

Pudo haber sido un sensato presidente
conservador si hubiera sido leal a esa mitad de su temperamento, pero fue
infiel al político tradicionalista que es. Su gobierno se batió entre la
prudencia de ese conservador y el ímpetu de un cruzado. Su conservadurismo no
se expresó solamente al defender la penalización del aborto o al oponerse al
matrimonio como derecho universal. Fue un conservador porque entendió su
trabajo como el de un protector de lo que existe. Lo que mejor hizo lo hizo
como cuidador o, si acaso continuador de lo iniciado por otros. No fue un
innovador, fue un buen protector de lo heredado. Y así cuidó del patrimonio
común… y también de los privilegios de algunos.

De la timidez conservadora viene, en
efecto, el escrupuloso manejo económico, la tenacidad constructiva, la exitosa
política de salud. De ese mismo impulso viene también la renuncia a conducir la
política educativa, el apocamiento frente a los grandes intereses corporativos
y los monopolios, la cortedad de su ambición histórica.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
12, nov 2012

Cercanía de nuevo tipo

La suerte del próximo gobierno
depende más del liderazgo del presidente sobre su partido que de su capacidad
negociadora con la oposición. Es cierto, los electores reeligieron en 2012 al
gobierno dividido. No le dieron al nuevo presidente una mayoría en las
asambleas federales y por ello lo obligaron a negociar con las oposiciones para
promover cualquier cambio legislativo. Sin embargo, la perspectiva del acuerdo
con otros partidos parece relativamente sencilla o, por lo menos, más sencilla
de lo que parece el acuerdo del futuro presidente con los muchos intereses que integran
a su partido. Las propuestas que durante su campaña hizo el presidente electo
están, en efecto, más cerca de la plataforma y las propuestas de Acción
Nacional que de la declaración de principios del PRI.

Una de las incógnitas del futuro
inmediato es el carácter del liderazgo partidista de Peña Nieto. Doy por
descontado que los dos precedentes son inservibles para lo que viene. El habitante
de Los Pinos no puede volver a ser la cabeza de un partido hegemónico
verticalmente disciplinado porque ya no controla todos los hilos del poder. No
tendrá en sus manos los instrumentos que dispensan los premios y los castigos
implacables de antaño. Bajo el viejo régimen, el presidente era capaz de
terminar fulminantemente una carrera política. Era también el gran proveedor de
recompensas. Por eso, bajo aquellas reglas, la indisciplina era suicida. El
presidente tenía un inmenso poder en su partido porque era el supremo
administrador de las ambiciones.

El segundo precedente fue
extravagante y breve. El último presidente priista quiso desentenderse de las
responsabilidades del liderazgo partidista. Bajo la idea de que sus
responsabilidades de Estado hacían incompatible la dirección informal del
partido gobernante, quiso separarse ostentosamente de él. Bautizó a su política
como “sana distancia” porque creía que el vicio estaba en la cercanía entre
presidencia y partido y no en el modo de ejercer influencia. No se había
percatado el presidente Zedillo que el régimen había cambiado: el partido
hegemónico se desvanecía a medida que los partidos ocupaban plazas de gobierno.
La dinámica al interior del PRI no era ya la clave del régimen: lo importante
era que la competencia ya se había instalado entre nosotros.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
01, oct 2012

Contra la tiranía del debate y el voto

El
espectáculo no es nuevo. Lo hemos visto mil veces y no deja de ser ridículo. Buena
parte de la bancada de izquierda toma la tribuna por asalto con la intención de
impedir, o por lo menos obstruir alguna votación. Uno puede imaginarse la
emoción épica de los organizadores de la toma: cuando se dé paso a las
votaciones, nos ponemos las camisetas, sacamos las pancartas y subimos hasta la
mesa directiva. Tú arrebatas el micrófono mientras todos gritamos “No al
PRIAN”. El asalto transforma el espacio legislativo y a los legisladores. El
congreso deja de ser un lugar para el debate para ser carpa de un espectáculo
absurdo e ineficaz. Los diputados dejan de ser los representantes populares
sujetos a un código deliberativo y se convierten en actores de una mala comedia
política que tiene por objeto la conquista del micrófono, la ocupación de una
mesa, la repetición de consignas bobas—toda consigna es boba.

Muchos
dirán que se trata de una banalidad; que no tendríamos ya por qué perder el
tiempo con esos espectáculos triviales. Creo en lo contrario: los actos que
pretenden impedir el funcionamiento del congreso son inadmisibles y mal
haríamos en pensar que se trata de simples anécdotas irrelevantes. Difícilmente
podremos tener una democracia sólida si no contamos con congresistas que
defiendan al Congreso, que respeten el principio deliberativo y el criterio de
votación mayoritaria. Lo curioso de el espectáculo frecuente en nuestra
legislatura es que el operativo proviene precisamente de los legisladores. Son
los diputados los que pretenden imponer su voluntad por medio de una conquista
física del congreso. Son ellos quienes querrían silenciar a los otros e imponer
su voluntad por encima de los votos.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
17, sep 2012

El asomo del consensualista

Enrique Peña Nieto abandonó las prioridades de su campaña tan pronto pasó la elección. Tres temas que apenas habían formado parte de su propuesta política desplazaron a los los asuntos que insistentemente definió como el corazón de su oferta. Si el candidato se concentraba en la reforma económica y en cambios políticos para la eficacia, el presidente electo se concentra en reformas cautelares: advertencias y restricciones a su propia coalición. Tres medidas se han subrayado hasta el momento: un órgano contra la corrupción, el fortalecimiento del instituto de la transparencia y la clarificación del vínculo entre poder y medios. Se trata evidentemente de la absorción de las banderas del adversario, un reconocimiento implícito a los críticos que temen el retorno del PRI como una restauración de los abusos, una vacuna que admite la propensión de ese grupo a ciertas enfermedades: opacidad, corrupción y connivencia con los medios.
Hay algo de alentador y algo preocupante en este giro. Por una parte, las nuevas prioridades de Peña muestran a un político flexible, dispuesto a escuchar y a atender las razones de sus críticos; un político que pretende adaptarse a las circunstancias cambiantes. El presidente electo no es un dogmático que pretenda imponer su agenda cerrando los ojos a la realidad circundante. Es un político bien dispuesto a la adaptación, inclinado a negociar, propenso a ceder. No se percibe aquí una ceguera triunfalista sino, muy por el contrario, una modestia prudente que comienza con gestos de inclusión y autocrítica.
Peña Nieto no entiende la política como servidumbre a un proyecto sino como acomodo a las circunstancias. No pretende emplear el poder como rodillo para aplicar una receta. En efecto, no es el tecnócrata que conoce la verdad y pretende imponerla cueste lo que cueste. No es el mesías que encarna la verdad y nos guía a todos por la ruta moral. Si no es un político dogmático es porque no sirve a dogma alguno o será tal vez que no tiene ideas. Peña Nieto pide que no lo juzguemos por su discurso y tiene razón. No aspira a marcar la historia de la oratoria, sino a cambiar la historia de México. La pregunta es cómo se puede cambiar la historia de un país sin un compromiso mínimo con un proyecto. Un compromiso sujeto, por supuesto a las adaptaciones y los alteraciones necesarias, pero un compromiso al fin con un paquete compacto de cambios, con una brújula que oriente frente a las distracciones del momento. Si los dogmas hacen del político un tirano, sólo las ideas pueden convertirlo en reformista. Sin ideas, el político es un pañuelo en el aire.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
10, sep 2012

Partido y movimiento

Andrés Manuel López Obrador ha sido el
Hitchcock de la política mexicana desde hace mucho tiempo. Un maestro de la
tensión dramática, un talentoso manipulador de las expectativas, un hombre que
juega con el fuego, que camina siempre en el precipicio. Nadie como él ha
sabido atraer la atención y gobernar la tensión. Ayer, en el zócalo de la
Ciudad de México adelantó su estrategia tras la conclusión del proceso
electoral. Era ya sabido que no aceptaría la decisión del tribunal y que no
reconocería como presidente legítimo a Enrique Peña Nieto pero no era claro
cuál será el siguiente paso. La película, hasta el momento, repetía el libreto
del pleito anterior. El tono había sido distinto y la intensidad menor, pero el
guión de la ilegitimidad parecía calca del episodio previo. De la sorpresa de
la noche a una incoherente denuncia de irregularidades, de la demanda ante el
tribunal al desconocimiento de las instituciones secuestradas.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador
optó por exilarse de la realidad. En una ceremonia francamente ridícula hizo
que una plaza de simpatizantes lo proclamara “presidente legítimo”, se cruzó el
pecho con una tela tricolor y asumió un cargo de fantasía. Andrés Manuel López
Obrador: Presidente Legítimo. Se hizo rodear de un gabinete tan leal que estuvo
dispuesto a pagar los mismos precios del ridículo y acompañarlo en su política
de guiñol. Aunque muchos en la izquierda no creyeran en la estrategia, no
tuvieron más remedio que acatar su dictado: prácticamente nadie llamó
Presidente a Felipe Calderón ni estuvo dispuesto a dialogar públicamente con su
gobierno. La ficción en la que se refugió López Obrador fue el encierro de la
izquierda del 2006 al 2012. Aprisionada en esa historieta, regaló al PRI la
plataforma privilegiada de la oposición. Mientras la izquierda seguía atrapado
en el cuento del Legítimo, el partido de Peña Nieto aprovechaba el baldío que
dejaban quienes desertaban de la realidad.

En 2012 Andrés Manuel López Obrador no vuelve
a romper con la realidad. Se aferra a su discurso de la ilegitimidad del nuevo
gobierno, es cierto, pero no pretende regresar a su república paralela, ahí
donde los suyos le llaman “presidente” mordiéndose los labios. Por el
contrario, lo que anuncia el político es su decisión de afincarse en la
realidad de la lucha política, en el territorio que es suyo, en sus dominios:
los del movimiento social. López Obrador se separa de una política que nunca le
ha acomodado: la política de partido, la política de las instituciones. De
hecho, el anuncio de ayer sólo formaliza lo que ha sido su conducta desde hace
años, lo que constituye su convicción política profunda: la verdadera política
no está en los partidos políticos, ni se hace en el Congreso. Ese es el territorio
enemigo: las burocracias de derecha pero también de izquierda que obstruyen lo
que él considera “cambio verdadero.” Para López Obrador ese cambio auténtico
sólo puede impulsarse desde fuera, desde abajo. Por eso no extraña que en su
convocatoria de ayer no haya una sola mención a la fuerza legislativa de las
izquierdas, a la posibilidad de que la representación parlamentaria negocie
para convertir en ley las propuestas de su movimiento.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
03, sep 2012

Senador Lujambio

Lo escribo con orgullo: Senador Alonso
Lujambio. Desde hace mucho tiempo lo imaginaba ahí, en el Congreso mexicano,
como un protagonista de nuestra vida parlamentaria. Después de mucho estudiar
al congreso mexicano, después de recorrer su historia, de examinar y criticar
sus normas y sus procedimientos, de verlo a la luz de otras asambleas
legislativas, pocos como él podrían contribuir a su dignificación.
Conocimiento, inteligencia y honestidad para honrar ese espacio que podría ser
el foro de la discusión, la muralla contra la arbitrariedad, la palanca del
reformismo. Y es que Alonso Lujambio tiene los tres instrumentos del
parlamentario: razón elocuente, pasión y responsabilidad. Argumentos,
vehemencia, compromiso con los resultados. La combinación no es frecuente: el
académico suele encontrar argumentos pero desentenderse de los resultados; el
vehemente puede arder pero se olvida de pensar; el práctico no pierde el tiempo
razonando en público. En Alonso Lujambio, uno de los escasos intelectuales – políticos
del presente, se entretejen esas tres habilidades. Si en el gabinete
presidencial del malhadado gobierno calderonista no pudo desplegar su talento
es porque su sitio natural es el Congreso, donde puede ejercerse la
independencia en colaboración.

Lujambio llega a ocupar su asiento en
condiciones dramáticas. Con enorme esfuerzo logró tomar protesta de su cargo: luchando
por su vida, peleando contra un cáncer que no cede. El cuerpo devastado y tan
entero. Tomar protesta del encargo de la representación popular no es solamente
un empecinamiento personal, una terquedad de la que cuelga su deseo de vivir,
es también un mensaje público que no deberíamos ignorar. Esas instituciones tan
vilipendiadas, tan justamente impopulares, tan maltratadas por todos, son, a
fin de cuentas, la gran esperanza de México. Nuestro futuro no es el regalo de
algún redentor ni está en la epopeya de una gran movilización popular. El
futuro se escribirá en la discreta activación de sus canales institucionales,
en el descubrimiento de un diálogo fructífero, en la eficacia que puede surgir
de la negociación. Sólo en las instituciones del pluralismo puede escribirse un
futuro de inclusión y de respeto.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
27, ago 2012

La responsabilidad del Supremo Tribunal Electoral

Encuentro un acierto en la demanda del
Movimiento Progresista que pide la invalidez de la elección presidencial: llama
al Tribunal Electoral a reconocer la plenitud de su función constitucional. En
efecto, los abogados de Andrés Manuel López Obrador exigen que el tribunal
asuma su responsabilidad como el último garante del orden constitucional en
materia electoral. Si la Constitución postula una serie de principios democráticos
para el proceso electoral, ese órgano ha de ser el último encargado de hacerlos
prevalecer. Más allá del detalle procedimental, le corresponde verificar si en
México hubo elecciones libres y si éstas fueron auténticas. El nombre del
Tribunal no da cuenta del sitio que ocupa en el edificio estatal. Su inmensa
responsabilidad política no queda reflejada en su apelativo. El Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación es, en realidad, el Supremo
Tribunal Electoral. Una instancia del orden constitucional: por encima de los
poderes locales y también de los poderes federales. Como la Suprema Corte de
Justicia, el tribunal electoral es una instancia suprafederal encargada de
vigilar que los poderes públicos se ajusten, en materia electoral, al derecho y
a los cánones democráticos. Que las autoridades surjan, efectivamente, de la
voluntad de los electores.

De los defectos argumentativos, de los
descuidos en la redacción y de los absurdos en la demanda del Movimiento
Progresista se ha hablado mucho y con razón. Sigo pensando que la demanda
presentada no es una pieza de argumentación persuasiva, que trata la sospecha
como si fuera prueba plena, que suministra escasas pruebas para convencer a los
jueces de la seriedad de su alegato. Sin embargo, la petición plantea a los
magistrados del tribunal electoral una pregunta ineludible. ¿Tuvo México
elecciones auténticas? ¿Hubo realmente libertad para que los ciudadanos votaran
sin presiones, sin amenazas en julio? ¿Prevaleció la equidad?

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
06, ago 2012

Sobre la manipulación

Las elecciones de julio no fueron auténticas porque los votantes fueron manipulados, dicen los impugnadores. Los electores decidieron bajo engaño. La condena señala, en primer lugar a los manipuladores, aquellos que, a través de la mentira o la distorsión presentan un cuadro del mundo que no corresponde con la realidad, induciendo a otros a servirles. El manipulador falsifica en su beneficio. Pero el manipulado también es reprendido en el diagnóstico: es un ciudadano desprevenido y débil que se entrega al servicio de sus propios opresores. El manipulado asiente con docilidad en su perjuicio. El territorio de la manipulación es el inconsciente: el manipulador sabe que miente, sabe que distorsiona, sabe que engaña pero el manipulado lo ignora. Por indolencia o por ignorancia es presa de el engaño sin saberlo.

La denuncia de la manipulación tiene fundamentos nobles: la búsqueda de la voluntad auténtica del ciudadano. Un acto de resistencia frente a las formas más penetrantes y ocultas de un poder que no busca solamente controlar actos sino moldear el pensamiento. La última ambición del poder es entrar al bulbo de la voluntad y, desde ahí, mandar sin resistencias. La última forma de poder no es la conquista del territorio sino la ocupación de la mente. La crítica tiene su valor. El problema es que descansa en una arrogancia, en una pretensión absurda, en una ilusión. Un mundo donde rige la Verdad y en el que las decisiones de cada persona surgen de una voluntad sin intrusiones y corresponden con sus intereses auténticos. No hay tal mundo, es imposible esa cápsula para un albedrío sin interferencias, no hay mejor juez del interés propio que cada individuo.

Si manipulación es la parcialidad de ellos; compromiso es la parcialidad de los nuestros. La denuncia de la manipulación cuelga de una idea belicosa pero hermética de la Verdad: existe una realidad objetiva que nosotros conocemos y que sólo puede negar la complicidad con los poderosos. Cualquier dato que se aparte de nuestro relato es el engaño de los manipuladores. No hay espacio aquí para las versiones encontradas, las perspectivas antagónicas, el punto de vista. Señalar con el dedo a los manipuladores implica creer que existe una cobertura periodística pura, ajena a cualquier interés, plenamente objetiva. Enfocar la denuncia a la actuación de los medios con la retórica de la manipulación podrá tener enormes efectos políticos pero no parece un buen diagnóstico ni anticipa cura porque nos lleva a relegar lo más importantes: la concentración mediática y la falta de profesionalismo de nuestra prensa. Sí, hay instancias periodísticas dedicadas groseramente a la publicidad de algunos. Sin embargo, a mi juicio, el problema central de nuestra prensa no es ese. Es la falta de diversidad en los medios electrónicos y el escaso rigor en su actuación profesional.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
16, jul 2012

No

de Julio Trujillo

Lo platicábamos ayer, entre amigos de todas las tonalidades ideológicas y con una especie de sorda resignación: la gente votó por el PRI, no nos engañemos. Y si el 6 de septiembre se anulara la elección (no ocurrirá) y votáramos otra vez… otra vez triunfaría el dinosaurio.
Por supuesto que hay una presión mediática, cultural, casi genética que impulsa a millones de mexicanos a rubricar el cuadrito del Revolucionario Institucional (piénsese en el profundo priismo del campo, piénsese en zonas enteras del país que no acusan recibo de la existencia de los 132), pero no se puede establecer, aunque se intente con furia, una equivalencia entre esa "temperatura" y el fraude o la imposición. Esta desgarradora verdad reposa en el fondo de las entrañas de Andrés Manuel López Obrador como una bestia dormida, y el Peje no quiere disturbar su sueño. Sabe que el miedo, la miopía y la comodidad son los más importantes agentes de coacción a la hora de votar y que el IFE carece de atribuciones para calificar eso. Ya está. La izquierda entre comillas podrá, tal vez, quizá, sumar el 40 por ciento de los votos que se requieren para ganar una elección presidencial dentro de seis años, pero hoy la realidad es otra. No se puede impugnar la mentalidad. Lo que sí se puede es faltarle al respeto a los señores y las señoras que votaron por el PRI y en el camino estrangular a la ciudad de México. Qué flojera, de veras.
El plan de acción de la llamada Primera Convención Nacional Contra la Imposición es una amenaza flagrante contra ti y contra mí: toma de carreteras y de instalaciones públicas, suspensión de pago de impuestos, estrangular toda actividad en el Distrito Federal, boicot total a las tiendas Soriana, huelga y/o paro nacional… Así lo proponen más de 200 organizaciones no gubernamentales a las que no les gusta el resultado de la elección. Es un proyecto de movilización radical que no se somete a votación, por cierto: esa sí que es imposición.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook
09, jul 2012

Aceptar la victoria

El problema no es solamente aceptar la derrota. También es difícil aceptar la victoria. La victoria exige una responsabilidad a la que no llama la derrota. Quien gana pierde un título: el de víctima. Ganar es despojarse de un cobijo; es abandonar el prestigio del sacrificado. Ganar es comenzar a rendir cuentas de lo que se hace y dejar de explicar el mundo por la maldad de los otros. Pero es cómodo aferrarse al discurso de la derrota. Insistir en la conspiración de los perversos simplifica el mundo y mantiene pura la conciencia. Ellos volvieron a imponer su trampa; nosotros seguimos teniendo la razón. Bajo la épica sacrificial, perder es la verdadera, la única justificación moral.

Sólo la miopía presidencialista podría negar las inmensas victorias de la izquierda en la jornada reciente. No ganó la presidencia de la república pero tuvo un resultado extraordinario, una votación que muy pocos auguraban. La mejor campaña del 2012 fue la campaña de la izquierda mexicana, la única campaña que creció. Andrés Manuel López Obrador transformó su imagen pública, cambió su discurso, se empeñó en contrastarse con el candidato que fue hace seis años. Si en la elección previa habría ganado en una campaña más corta, tal vez en esta oportunidad habría ganado de haberse prolongado la contienda. Pero en la elección no se trataba únicamente de llenar una oficina y de encontrarle inquilino a Los Pinos. Se reconstituyó el poder legislativo federal y se relevaron un buen número de funcionarios locales. En el recuento de la elección es imposible ignorar los avances de la izquierda. En la capital ratificó y amplió su mayoría. En pocos lugares del país se registra el dominio tan franco de una fuerza política como el que aquí ejerce hegemónicamente el PRD. No solamente se reiteró la mayoría en el Distrito Federal, sino que conquistó nuevos espacios: Morelos y Tabasco son ya estados gobernados por la izquierda. Y en la plaza legislativa federal son enormes los avances de la izquierda.

Veo las elecciones del 2012 como un voto desconfiado por el PRI que apenas esconde las promisorias perspectivas de la izquierda.

(más…)

Compartir en Twitter Compartir en Facebook