Política EU

04, Nov 2008

El mito del efecto Bradley

Desde hace tiempo se habla del efecto Bradley: la propensión de los electores racistas de esconder sus preferencias a los encuestadores. El editorial de Los Angeles Times del día de hoy examina el fenómeno. El racismo, por supuesto, subsiste, pero las dimensiones del tal 'efecto' se han exagerado significatvamente. Quienes rechacen a Obama por su piel encontrarán otras razones para decir que no lo respaldan. El rechazo al demócrata no necesita disfrazarse.

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04, Nov 2008

Guías, explicaciones, curiosidades

Una guía del New York Times sobre lo que debe esperarse de esta noche. El Washington PostThe American Prospect hacen lo propio. El Financial Times tiene una sustanciosa página especial. Salon habla del manojo de estados decisivos. En Popular Science puede encontrarse una expicación del funcionamiento de las máquinas de votación. Newsweek anticipa: no se preocupen: las máquinas son confiables. El New York Times ofrece una página que seguirá puntualmente el avance de los resultados.

En Time Mark Halperin enlista las 5 cosas que hay que atender esta noche:

  1. La participación

  2. Las 7:30 de la noche (Hora en que terminan de votar en Virginia, Indiana y Ohio

  3. Los signos de una victoria aplastante de Obama (¿entran los demócratas en los bastiones conservadores de Florida, Carolina del Norte, Missouri, Georgia, Dakota del Norte y Carolina del Sur?)

  4. La contienda en el Senado.

  5. Los discursos de la noche

Los matemáticos exploran las posibilidades de que un solo voto pueda decidir la elección. Jordan Ellenberg contesta a la perspectiva de que el efecto es nanoscópico: tiene sentido votar. Daniel Engberg pregunta cómo serían las elecciones si las encuestas estuvieran prohibidas.

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04, Nov 2008

Los cambios de la elección del 2008

vistos en el New York Times por un grupo de comentaristas.

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04, Nov 2008

Una campaña impecable

No es fácil identificar errores en la campaña de Barack Obama. Y no es que le sobre experiencia o que sus propuestas estén fuera de la crítica. Es que la conducción de su campaña ha sido impecable: no ha tropezado con los muchísimos obstáculos que tenía en frente cuando empezó a caminar rumbo a la Casa Blanca hace casi dos años. Tampoco cayó en las muchas trampas que sus enemigos le tendieron. Hillary Clinton pudo haberlo liquidado con la maquinaria del partido. Obama construyó su propia base con imaginación…y tecnología. Clinton pudo haberlo barrido en los debates, aplastándolo por su conocimiento de los temas de la agenda y su íntima cercanía con el poder. Obama se preparó y debatió al tú por tú con quien ya había residido en la casa presidencial. El orador grandilocuente resultó también buen estudiante de los detalles y las minucias. Clinton y McCain cuestionaron su inexperiencia pero el novato los rebasó con una campaña fresca y madura. Obama pudo haber reforzado los prejuicios con un gesto. Un arqueo excesivo del seño, un puño apretado, una quijada prominente, una frase arrebatada escapándose del libreto, la mínima señal de ira en el candidato negro lo habría hecho trizas. Habría abonado al estereotipo del iracundo y peligroso hombre de raza oscura. Los republicanos pudieron sacarlo de quicio. Le tendieron mil trampas y no cayó en ninguna. La política es un charco repleto de anzuelos. Es necesaria una destreza extraordinaria para no picar ninguno. 

Como a cualquier político, a Barack Obama le han indilgado un montón de descalificaciones: ingenuo y cínico; peligroso o demasiado inocente; poeta; musulmán, desarraigado, radical, amigo de terroristas; inexperto, famosillo frívolo e insustancial; hombre de raza indefinida, chango, poco negro; líder mesiánico, socialista, comunista, europeo, francés, el más peligroso de los Husseins, Robin Hood, distribuidor de riquezas ajenas, elitista, ateo, antipatriota, extremista, intelectual. La inteligencia de la campaña de Obama fue que atendió cada ofensa. El candidato de los demócratas entendió que, detrás de la descalificación del enemigo puede estar la legítima desconfianza de un elector. Debajo del insulto, la sospecha de un ciudadano. 

La campaña de Obama ha sido impecable porque ha combinado la gran narrativa del cambio con los pequeños asuntos; porque ha construido una base política inusitada en la política norteamericana. Volando por internet ha recibido millones para el financiamiento de su campaña y ha regado el territorio con activistas. Impecable también porque ha logrado asentar y defender el tono del candidato, quien no aparece como instrumento del partido ni títere de los asesores de imagen. Porque ha proyectado una soltura y una solidez de carácter que han compensado su innegable inexperiencia política. Desde luego, los aciertos de un candidato se iluminan por contraste: la historia personal de McCain no pudo despegar; su manejo de lo concreto resultó francamente pobre y apareció con frecuencia como empleado menor del aparato republicano. 

Habrá que reconocer que Hillary Clinton hizo grande a Obama. La batalla con ella le dio estatura y fue, a fin de cuentas, la gran prueba para el senador de Illinois. Si Obama gana la presidencia el día de hoy, la ganó hace varios meses, en la elección primaria. La pregunta del día es si esta campaña que no dudo en llamar impecable es suficiente para ganar la presidencia. Supongo que sí, pero lo comprobaremos al final del día.
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04, Nov 2008

Bloopers de la campaña

                    

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04, Nov 2008

Las últimas encuestas

muestran a Obama 7 puntos por delante. Las posibilidades de McCain de ganar la elección: 1.9%

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04, Nov 2008

El cambio del 08

Vote-picAdam   Nagourney escribe en el New York Times sobre las inauguraciones de esta elección. La elección de este año ha cambiado las reglas para acercarse a los electores, financiar las campañas, organizar a sus bases y lidiar con los ataques políticos. También ha cambiado el mapa de los estados que pueden ganar los demócratas. Hace cuatro años no existía youtube, ni facebook ni los mensajes de celular. Obama ha usado todos estos dispositivos en su ventaja.

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03, Nov 2008

Andrew Sullivan cierra su defensa

Andrew Sullivan, uno de los primeros en respaldar a Obama para la presidencia, sintetiza las razones de su entusiasmo en una entrada del día de hoy en su blog. Creo leer en su artículo una lockiana defensa de la restauración constitucional, tras la tiranía de George II.

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03, Nov 2008

A un día de las elecciones

E. J. Dionne escribe en The New Republic que Obama ha transformado ya el paisaje de la política norteamericana y, en particular, el escenario de las campañas presidenciales. Su campaña, dice, ha sido post-todo y ha llegado en buen momento porque hay muchos que quieren dejar muchas cosas atrás. En las últimas horas se ha ventilado un debate sobre las encuestas. Mientras unos dicen que la carrera se está cerrando, otros insisten que la elección está prácticamente decidida a favor de Obama. La radiografía de pollster anticipa, sin embargo, una elección francamente clara:

Noam Sheiber, también en el TNR, dice: no se peocupen, Obama tiene esto amarrado. En slate John Dickerson imagina una derrota de Obama: si pierde sería el error más extendido en la prensa y el establishment político en la historia de ese país. En politico.com, un grupo de comentaristas destaca su momento crucial de la campaña del 2008.

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03, Nov 2008

La parroquia de Obama

Trinity_church_and_black_liberation_theology[1] Si hay alguien aquí que se sienta incómodo con los abrazos, quiero decirle que se ha equivocado de parroquia. Así recibe el pastor de la iglesia Trinity del Sur de Chicago a sus visitantes. La bienvenida a quien llega por primera vez a esta iglesia es, en efecto, una buena dosis de apretujones afectivas acompañados por un cálido y sonriente God bless you. Quien oficia en esta parroquia del rudo sur de Chicago ya no es el polémico pastor Jeremiah Wright, el “asesor espiritual” de Barack Obama que estuvo cerca de provocar el descarrilamiento de la campaña presidencial del demócrata, sino Otis Moss III, un pastor joven y enérgico que tampoco evade la política del día.

Según la propia reconstrucción de Obama, Wright fue una influencia definitiva en su vida. En la Trinity United Church of Christ, el abogado que llegó a Chicago conoció la espiritualidad afroamericana que no es solamente proveedora de fe sino, quizá más que eso, provisora de comunidad. El refugio no era poca cosa para un hombre que ansiaba, desde sus primeros años, arraigar, pertenecer. La comunidad tejida alrededor del reverendo Wright se convirtió en su albergue emocional, la ramificación de su familia. Por eso, la revelación del radicalismo de Wright resultaba tan peligrosa para la campaña de Obama. El pastor que había casado al pretendiente demócrata y que había bautizado a sus hijas maldecía a los Estados Unidos y sugería que los ataques terroristas eran sólo una respuesta a los crímenes imperiales de un país gobernado por blancos multimillonarios. El escándalo dio pie al más brillante discurso de Obama durante la larguísima travesía por la presidencia. Aquel discurso de marzo era una invitación a pensar las dificultades de la cohesión en un país marcado por las secuelas del esclavismo y la persistencia de los resentimientos raciales. Encarando una situación comprometedora, Obama propuso una lectura de la historia que se hiciera cargo del persistente legado de la esclavitud. Con la calma que ha mostrado durante toda la campaña invitó a entender la rabia y el resentimiento. La furia y el rencor entre las razas existen, decía Obama. “La rabia es real, es poderosa. Pretender simplemente que desaparezca por nuestro deseo o condenarla sin entender sus raíces, sirve a quienes quieren expandir la incomprensión que existe entre las razas.”

Esta iglesia enclavada en un barrio que los taxis evaden no es una iglesia post-identitaria. No pretende, en modo alguno, trascender como quiere Barack Obama, los cercos raciales. Los murales muestran a un cristo africano y en el muro una leyenda: “No tenemos vergüenza de ser negros, ni pedimos disculpas por ser cristianos.” Las pertenencias a las que alude la ceremonia son tres: fe, patria y raza. Sobre todo, la primera y la tercera. La ceremonia en Trinity está llena de cantos, palmas, bailes, gritos, risas, algunos rezos y muchos abrazos. El espectáculo—lo es—tiene varios actos. La letanía es un llamado a votar el martes y un recuerdo del largo camino para conquistar el voto de los negros. “Votaremos por la justicia, por la liberación y por la libertad para todos.” Un coro de doscientos cantantes pone a toda la iglesia a brincar y a aplaudir al ritmo del gospel. El bullicio agita el edificio. El pastor, vestido con una fresca guayabera blanca, oficia y entretiene. Lee pasajes de la Biblia, cuenta chistes y elabora parábolas alimentadas del futbol americano. Dios, una especie de referee cósmico, en su infinita bondad tendrá misericordia para perdonar uno, dos, tres, cuatro, cuarenta faltas. No lo dice así: no se salta de la cuarta falta a la cuadragésima. De la cuatro va a la cinco y así, sin saltarse un solo número y elevando progresivamente la voz llega hasta la falta número cuarenta. El templo estalla con el alarido del pastor. La gente sigue sus palabras gritando, riendo, alzando los brazos, asintiendo con la cabeza, moviendo el cuerpo al compás de la música.

La ceremonia de ayer domingo, habrá sido especialmente política. El folleto tiene un enorme anuncio al que hace referencia el pastor. Vayan a la página 21. Y en la página 21, un inserto con un sello: Vota. Día de las elecciones: 4 de noviembre. Hay que votar, en recuerdo de todos los que no pudieron votar, en homenaje a todos los que murieron para que nosotros pudiéramos votar, con esperanza del futuro que podemos construir con nuestro voto. Desde luego, en ningún momento se mencionó a quien era miembro de esa comunidad y que el próximo martes puede ganar la elección presidencial. Las leyes fiscales de los Estados Unidos impiden mencionar a un partido o a un candidato en el púlpito. Pero bien que se llamó al cambio y a la esperanza.

Y se invitó a todos a una oración el miércoles 5 de noviembre. Pero para que llegue el miércoles, recordaba el pastor Otis Moss, tiene que pasar el martes.

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02, Nov 2008

McCain y ‘Palin’ en SNL

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02, Nov 2008

Si sólo votaran los blancos…

ganaría McCain.

El dato proviene de la encuesta más reciente del New York Times, que al mismo tiempo muestra que Obama es el candidato demócrata al que mejor le ha ido entre los votantes blancos en los últimos tiempos.

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02, Nov 2008

El asomo de la decepción

28b61688-a8f0-11dd-a19a-000077b07658 Clive Crook, columnista del Financial Times paga impuestos en Estados Unidos pero, como es inglés, no puede votar en las elecciones del martes. De tener derecho, votaría por Obama–con reservas. Crook hace un buen retrato de las virtudes del demócrata: "un político extraordinario, orador brillante, un intelectual genuino, un buscador de acuerdos, no dogmático, calmado, pragmático y de mente abierta, con una sobria empatía por los desfavorecidos." En la campaña, Obama ha demostrado tener la serenidad y el equipo para encarar la dura crisis del momento. Con todo, Crook insiste en sus reservas. Su discurso económico tiende a confiar demasiado en las regulaciones, los impuestos y la protección–aunque sus asesores sostengan la conveniencia de favorecer la política contraria.

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02, Nov 2008

Exigencia, aspereza, civilidad

La elección ha empezado a terminar. Los candidatos cierran su argumento, aparecen encuestas de víspera, los medios se pronuncian. Los votos comienzan a fluir. Ciudadanos que viven fuera del país y algunos adelantados han votado ya. Después del largo maratón se ve ya el listón de llegada. Ambos finalistas son sorpresa. Al principio del recorrido, pocos habrían apostado por ellos. En los dos partidos, una especie de forastero le arrebató la candidatura a la estructura. En el Partido Demócrata todo indicaba que la heredera del aparato clintoniano obtendría con facilidad la candidatura. En el otro lado, se perfilaba algún personaje más joven, ligado a la vertiente religiosa del conservadurismo republicano. Dos sorpresas que ratifican la democrática imposibilidad de lo infalible.

Repasando la historia reciente, puede verse el proceso del 2008 como una muestra oportuna de la vitalidad de la democracia norteamericana. Se ha puesto de moda la denuncia de ese régimen como política de circo y de dinero; un sistema político subordinado al espectáculo y a la compraventa de poder. El proceso que concluirá este martes da cuenta de la aptitud oxigenante de la democracia norteamericana. La ardua construcción de las candidaturas, la reaparición del entusiasmo político, el involucramiento de nuevos electores, la combinación de tecnologías flamantes y enredadas normas tradicionales, la solidez de los partidos políticos como depósitos de orgullo colectivo y cementos de lealtad institucional, el riguroso examen de la prensa, el rudo combate entre los contendientes, la presencia de dos candidaturas que encarnan valores compartidos—el heroísmo del combatiente de guerra y el adelanto de una minoría excluida—retratan la vivacidad democrática en los Estados Unidos.

Destaco tres elementos que brincan a los ojos de un observador mexicano: el rigor con el que se prueba a los pretendientes, la rudeza de la batalla y la resistencia de la civilidad. El largo camino a la Casa Blanca está cargado de retos y de pruebas. Barack Obama ha tenido que demostrar que, más allá del encanto de su oratoria hay sustancia, que bajo su piel emblemática, hay temple. Por su lado, John McCain ha debido dar cuenta de su relación con el presidente más impopular de la historia reciente y ha visto examinada con lupa toda su carrera legislativa y sus decisiones como candidato. La prensa, la tradicional y la nueva, ha jugado un papel extraordinariamente valioso al mostrar, al cuestionar, al denunciar. Otros sistemas democráticos tienen su forma de probar la madera de sus liderazgos, dudo que exista país en el mundo que, durante el episodio electoral, someta a los suyos a exigencias mayores.

La campaña ha sido ruda. Un ir y venir de ataques. Algunos han dado en el blanco, otros no han tenido ese tino. La campaña de los Estados Unidos muestra las bondades de la negatividad. Nadie se extraña aquí de la legitimidad de una estrategia de acusación. Se le valora sensatamente por la validez de sus fundamentos y por sus resultados. Ambos candidatos han recurrido a la estrategia negativa. La temporada reciente demuestra que la denuncia del adversario es una estrategia válida, riesgosa y útil. Es válida porque una campaña—como el nombre revela—no puede eliminar su belicosidad. Una contienda electoral no es, como quieren nuestros paternalistas defensores de las buenas costumbres–aterciopelada exposición de ideas; es también una disputa áspera, inclemente. Es riesgosa porque puede ser contraproducente. La bofetada que no da al cachete del enemigo regresa a la cara del agresor. Pero es, sobre todo útil: le ofrece información a la gente; es la gente la que decide si el ataque es razonable y fundado.

La denuncia, como es natural, ha sido el principal recurso de quien ha estado abajo en las preferencias. McCain no ha dudado en usar las técnicas que algún día abominó para bajar del pedestal a su adversario. Los ataques han sido duros. Es cierto: ha habido reproches severos e insinuaciones infames pero, bajo el cruce de los puñetazos, se ha mantenido durante toda la campaña cierta plomada de civilidad. Una inocultable liga de respeto une al viejo soldado y al carismático orador.

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31, Oct 2008

Palin y el plomero

(vistos por Jon Stewart)

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