Política EU

09, Jun 2008

Obama y la política argumentativa

Obama_brodnerLa sorpresa de Barack Obama es realmente extraordinaria. No solamente por su piel sino, sobre todo, por su inexperiencia. Un régimen político tan complejo como el norteamericano difícilmente presencia asombros de este tipo. Un mulato con mayor experiencia en la politica de las barriadas que en los comités y los palacios de gobierno logró la hazaña de derrotar a la maquinaria más poderosa y experimentada de su partido. Tiene un nombre sospechoso, casi no conoció al padre keniano, se educó fuera de su país. Su candidatura es una verdadera proeza: un legislador local que hace pocos años brincó al Senado puede ser el sucesor de George W. Bush.

Muchos análisis se han concentrado en los desaciertos de su contrincante. Hillary Clinton, sin duda, cometió muchos errores. Al principio de la contienda demócrata llevaba una enorme delantera sobre todos sus contrincantes. La primera y más grave de sus torpezas fue creerse ganadora antes de que la contienda empezara. Confió demasiado en la estructura de su partido; proyectó un mensaje confuso, se promovió como una experta competente pero antipática; eficiente pero distante. Se sentó a presumir su experiencia cuando cundía un apetito por el cambio. El tema del marido resultó también una carga. Se asomaba la fastidiosa sombra de una pareja presidencial que ejercía familiarmente el poder.

Claro que Clinton cometió errores pero, si echamos un vistazo a las encuestas, su respaldo electoral fue básicamente estable a lo largo de los últimos meses. Según el registro del Wall Street Journal, empezó por arriba del 40% de las preferencias y terminó en el mismo sitio. Subió y bajó pero siempre se mantuvo entre el 40 y el 50% de las simpatías electorales. Hillary no expandió su base de apoyo, pero tampoco perdió respaldos. Lo notable es el ascenso de su adversario. En octubre del 2007, mientras Hillary Clinton reinaba las esperanzas demócratas, Barack Obama era un senador desconocido que apenas despuntaba del 20% de las preferencias. En enero había subido 15 puntos y terminó el mes de mayo por arriba del 50%. Esa es la historia extraordinaria. Más que una campaña que acumuló errores, una campaña extraordinaria.

Algunos han resaltado las novedades de la campaña de Barack Obama. Obama ha utilizado políticamente el internet como nadie lo ha hecho hasta ahora. Mientras Hillary Clinton quedó atrapada en los circuitos tradicionales del partido, Obama se alió con los activistas de la tecnología. Obama barrió financieramente a su contrincante porque entendió las oportunidades del presente. El éxito financiero de Obama ha dependido de la dispersión de sus donantes. Su campaña no se alimentó de donativos multimillonarios sino de millones de pequeñas contribuciones. Para Hillary Clinton, el internet era todavía el buzón del correo electrónico; para Obama es la retícula de facebook. No es una pirámide gerencial disciplinada, sino una comunidad espontánea y vital que se mueve con impulso propio. Es notable que su video más famoso, aquel donde el solista de los Black Eyed Peas rapea un discurso de Obama, donde desfilan actores y músicos coreando el mantra de su optimismo, nació sin una comisión de campaña. Simpatizantes movilizándose espontáneamente a favor de su candidato.

Pero, con lo fascinante que es este fenómeno de modernidad, me resulta aún más atractiva otra vertiente de su política. No es lo que anticipa de la política futura, sino lo que recupera de la (buena) política de antes. Barack Obama ha reinsertado el argumento en el centro de la política norteamericana. Su campaña no es emisión de frases vacías, tonadas pegajosas e imágenes trilladas. Por supuesto, concreta su discurso en lemas, melodías y estampitas. Un candidato no podría desatender el imperativo sintético de la comunicación electoral. Lo notable es que, más allá de esas mercancías, reivindica la política argumentativa en un tiempo que ha decretado la muerte de la deliberación racional y que se entrega al tráfico mediático de las emociones. Barack Obama ha revivido la figura del hombre que razona en público en busca de la persuasión. Algunos resaltarán su uso de la tecnología, yo aprecio su recuperación del arte de la retórica.

Las campañas, como las guerras, tienen momentos definitorios. Circunstancias que pueden hacer encallar un proyecto o que lo vigorizan. Creo que el momento crucial de la campaña demócrata fue la revelación del radicalismo del “guía espiritual” de Obama. El escándalo asociaba al senador con posturas inadmisibles para la política centrista que ha buscado representar. El discurso de Barack Obama para hacer frente a esas acusaciones es una pieza retórica extraordinaria. No es un boletín de prensa, ni una declaración oportunista donde el político se desentiende de una relación incómoda. Es una meditación sobre el racismo y la nación norteamericana que trasciende el apremio de la circunstancia. Oponiéndose a la política del odio, escudriña la historia para entender las raíces de la rabia. Pero no se entrega a esa furia: en la médula de la constitución encuentra el motor: promover una unión que cada generación sea un poco más justa. Frente a los odios congelantes, levanta la esperanza transformadora. La pieza es admirable precisamente porque no es actual. No parece del siglo XXI, sino de mucho antes. Un documento con aire de clásico. Lejos de ser una presentación maquilada por asesores de imagen, es un alegato personalísimo, brillante, profundo sobre la cohesión y las huellas del resentimiento.

Sólo la política del argumento entiende la diferencia entre las frases y las ideas.

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03, Jun 2008

El desconocimiento de la derrota

Barack Obama será el candidato. Hillary Clinton debió de reconocerlo hoy por la noche. No lo hizo y pronunció el más lamentable discurso de su carrera: insistió que ella era el mejor candidato y que tenía más votos que su adversario. Lejos de admitir que la carrera dentro del partido había terminado, lanzó la pelota hacia delante pidiendo a sus simpatizantes que le sugirieran qué hacer para seguir en candelero y presionar por el boleto de la vicepresidencia. Algo sabemos del fenómeno: cuando la derrota es inconcebible la realidad se vuelve inaceptable.

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12, May 2008

Las razones de Hillary

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11, May 2008

Posibilidades de que Hillary obtenga la candidatura

Hillarysegún slate.

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07, May 2008

Los demócratas ya tienen candidato

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25, Mar 2008

Hitchens y Sullivan sobre Obama

Christopher Hitchens y Andrew Sullivan discuten la personalidad de Obama. Hitchens lo retrata como un cínico. Sullivan sale en su defensa.

Vale también el artículo de David Brooks sobre Hillary Clinton en el NYT de hoy. Su empeño de bloquear a su contrincante demócrata representa la "audacia de la desesperación."

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19, Mar 2008

Reacciones al discurso de Obama

Brodner_obamaLa prensa norteamericana se inunda de reacciones al discurso de Obama. Unos lo ven impecable; otros creen que se queda corto. Todos coinciden en que se trata de un discurso excepcional. El New York Times abre una sección para comentar las palabras del candidato demócrata. Lo mismo hacen The New Republic, Slate, Time. Como en muchas otras cosas obamianas, la mejor fuente es el blog de Andrew Sullivan

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18, Mar 2008

El discurso de Obama

El discurso de ayer de Obama es una pieza extraordinaria. En principio podría decirse que fue, simplemente, un reflejo para controlar los daños que le ha causado la exhibición de las posturas de su guía espiritual.  Entre otras cosas, el reverendo Wright sugiere que el 11 de septiembre fue una respuesta justa al terrorismo norteamericano. Pero el discurso de Obama es mucho más que una marometa defensiva: una auténtica meditación sobre los resentimientos raciales y las dificultades de la cohesión. El político se deslinda de las ideas de su mentor, pero no niega sus lealtades. Admirable el tono, sorprendente esa mirada que escapa la circunstancia para invitar a pensar más allá de los tópicos. Cosa en verdad extraordinaria, dice Alan Wolfe en un comentario veloz: un candidato no nos lanza el anzuelo para pescar nuestro voto: nos llama a reflexionar.

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03, Mar 2008

Museo del ataque

HortonLas campañas negativas serán desagradables pero son indispensables en una contienda libre. Nuestros profesores de civismo siguen escandalizándose con una práctica que han proscrito. El politólogo John G. Geer ha escrito un buen libro en su defensa. La editora del libro ahora pone en red un pequeño salón de la fama del ataque político en Estados Unidos. El museo incluye el ataque más efectivo, el menos influyente, el contraproducente, el más antiguo y el más famoso.

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29, Feb 2008

Hillary contesta el teléfono

Y Obama también.
Pero Mondale lo había contestado antes…

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26, Feb 2008

Obama, alumno de Mangabeira

Un curioso relato recuerda el semestre en que Barack Obama tomó un curso con Roberto Mangabeira Unger, filósofo del derecho, cabeza de los Critical Legal Studies y hoy flamante ministro de ideas de Lula. El profesor de Harvard daba una clase sobre la reinvención de la democracia. El autor de la nota fue compañero del candidato y recuerda el conato de una rebelión. El defensor de una democracia radical era tachado como profesor autoritario y prepotente. Tras un motín fugaz, el maestro se defendió; luego habló Obama. Fue brillante. ¿Qué dijo? El cronista no se acuerda.

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19, Feb 2008

Visita

a un blog interesantísimo del Washington Post. Amar C. Bakshi ha viajado por el mundo con una pregunta ¿cómo ve el mundo a los Estados Unidos? Su blog recupera respuestas pescadas en Caracas, Seúl, Estambul, Calcuta y México.

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18, Feb 2008

El poder de un desodorante

Axeeffecthillary

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15, Feb 2008

Esa es la pregunta

Economist_cover_obama
El artículo del Economist por aquí.

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13, Feb 2008

¿El principio del fin?

Brodner_hillary Eso sugieren el impulso de los recientes triunfos de Obama, su ventaja monetaria sobre Hillary, su capacidad de arrebatarle votos en territorios que antes le eran adversos; su ventaja en el careo con McCain… Pero hay quienes ven razones para no darla por muerta. John Dickerson, Matt Yglesias y John Zogby creen que la campaña demócrata no ha terminado. ¿Será?

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