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10, Mar 2014

Tabla periódica de la tipografía

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03, Ene 2014

Octavio Paz: la civilización del presente

“Cada civilización es una visión del tiempo”, escribe Octavio Paz en Vislumbres de la India. La civilización de Octavio Paz lo es también: la civilización del presente. En Paz no hay sólo una literatura extraordinaria, una “Obra” digna de devoción y crítica. Habitable como ninguna, la escritura de Paz afirma un modo de insertarse en el mundo, una forma de sentir la historia, una manera de ser humano. Ahí, en sus poemas y sus ensayos, en sus reflexiones y divagaciones, en sus conversaciones y cartas, en sus intentos narrativos, en sus juegos verbales, en sus semblanzas y polémicas, en sus paisajes y miniaturas se encuentra una mirada que es más que perspectiva: estancia. Lo dijo en un poema: la mirada es una casa. Una manera de vivir, de convivir y también de morir. No hay experiencia ignorada. Ahí están la soledad y la comunión; la comida y la música; la pintura y el mercado; el bosque, la plaza y la alcoba; el rito y el trámite; lo sublime y lo aberrante. Del erotismo a la política, de la ciencia al mito, de la arquitectura a la caricia. Una civilización.

La poesía es corazón de ese cuerpo. Lo ha dicho bien Enrico Mario Santí: Octavio Paz no fue solamente un poeta. Fue el poeta que se empeñó en afirmar las razones de la poesía. No sólo escribir poesía: escribir desde ahí, pensar poéticamente. El arco y la lira, dice Santí, es más que un análisis del fenómeno poético. Se trata, en realidad, de una defensa de la poesía, esa “actividad revolucionaria por naturaleza”. La imaginación poética es capaz de acoplar la sílaba que afirma con la sílaba que niega. El mismo prodigio opera en el tiempo: el pasado, el presente, el futuro son lo que está siendo simultáneamente, lo que se está haciendo. Antes, después, ahora, comprimidos en la imagen poética. El poeta no está encadenado al tiempo, dice Paz. Oficia las “nupcias de la quietud y el movimiento” como se escucha en Piedra de sol. De su primer a su último poema está presente ese juego de los tiempos. Si el poema, por una parte, desafía la lógica, por la otra, subvierte los eslabones del tiempo. El tiempo deja de fluir en el poema. Se congela… pero fluye. Ya no es sucesión, es un instante privilegiado; quieto y vivo. “Inmóvil en la luz, pero danzante”, dice en un soneto temprano. “Un árbol bien plantado mas danzante”, dirá después. El baile en la quietud. Vale leer lo que dice en su manifiesto poético:

El poema traza una raya que separa al instante privilegiado de la corriente temporal: en ese aquí y en ese ahora principia algo: un amor, un acto heroico, una visión de la divinidad, un momentáneo asombro ante aquel árbol o ante la frente de Helena, lisa como una muralla pulida. Ese instante está ungido con una luz especial: ha sido consagrado por la poesía, en el sentido mejor de la palabra consagración. A la inversa de lo que ocurre con los axiomas de los matemáticos, las verdades de los físicos o las ideas de los filósofos, el poema no abstrae la experiencia: ese tiempo está vivo, es un instante henchido de toda su particularidad irreductible y es perpetuamente susceptible de repetirse en otro instante, de re-engendrarse e iluminar con su luz nuevos instantes, nuevas experiencias.

El artículo completo puede leerse aquí

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01, Ene 2014

Libracos

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01, Dic 2013

New York Times: los 100 libros notables del 2013

El New York Times publica hoy su lista anual de los libros notables. Entre los libros de no-ficción, destacan:


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30, Nov 2013

Los mejores libros del 2013, según el Financial Times

Aquí la lista completa.

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05, Nov 2008

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