01, Mar 2015

Auden: risa y rezo

Gracias a Alberto Ruy Sánchez encontré el texto que Edgar Morin escribió tras el asesinato de los caricaturistas de Charlie Hebdo. Horrorizado por los crímenes, Morin se distancia de los reduccionismos. Su pensar complejo le abre la puerta a la reverencia: “soy de quienes se oponen a la profanación de lugares y objetos sagrados”, escribió en un artículo publicado en Le monde. Bajo el cobijo de una libertad irrestricta puede avanzar, no la crítica, sino la estigmatización. Lejos del debate, el odio, y con él, el miedo. Si el laicismo significa algo es cuestionamiento, problematización: rechazo de absolutos, inserción del pero. Ya no se trata de levantar el estandarte de la Ciencia contra la Fe, sino de interrogarlas. A ambas. Respetar, por lo tanto, los recintos de lo sagrado es ponerle un coto a la razón soberbia.

El apunte de Morin me conduce a las ideas de W. H. Auden sobre la risa y la fe. El humor y la religión no son incompatibles, como sugirió Kundera en sus Testamentos traicionados. Para el novelista checo, el humor profana porque enturbia lo que toca. Al barnizarse con risa, lo bendito se deshace. Las contradicciones que exhibe el humor son irremediablemente hostiles a la certeza de un creador. Reír es desacralizar. Será por lo tanto, y sin remedio, hiriente. Si el humor ofende es problema del ofendido.

Lo cómico para Auden es otra cosa: una “contradicción en la que no interviene el sufrimiento”. Algo verdaderamente odioso jamás puede ser chistoso. El creyente que era veía al hombre como un animal que ríe, que trabaja y ora. Humor y fe: risa y rezo. El humor era, en realidad, una confirmación de su fe, la manera más sabia de lidiar con las contradicciones de nuestra existencia corporal. El humor ofrece perspectiva y equilibrio. Es la vacuna contra la soberbia, esa enfermedad de los que se toman demasiado en serio. “El hombre no es el centro del Universo, escribe en su carta a Lord Byron… y trabajar en una oficina empeora las cosas”. La comedia le parecía componente esencial del universo moral del cristiano: si todos somos pecadores nadie, sea cual sea su talento o poder, puede ser inmune a la exhibición cómica. El sabio y el poderoso, el burócrata y el predicador merecen la burla que los humaniza. En la comedia los personajes son expuestos y simultáneamente perdonados por la risa.

El texto completo puede leerse aquí.

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