22, Abr 2008

Del arte de insultar

El insulto es un arte en decadencia. Jorge Ibargüengoitia recordaba a un director de escuela que gritaba furioso: «patán,» «vulgarón.» La sequía de nuestra creatividad se demuestra en las manidas ofensas sexuales o ideológicas. Nada más aburrido, decía Ibargüengoitia, que el espectáculo de dos mexicanos que se insultan:

– ¿Qué?
– ¿Pos qué, qué?
– Lo que quieras güey.

Ese parece ser el ping-pong de la deliberación nacional.

El Times de Londres recoge diez insultos memorables de la historia política inglesa. Ojalá los plagiarios mexicanos refresquen sus fuentes aquí. El genio político parece medirse por ese talento. Por eso es devastador el veredicto de Ben Macintyre sobre la era de Tony Blair: «en diez años, Tony Blair no ha proferido un solo insulto memorable.» De la selección, destaco el ataque de Lord St. John de Fawsley a Margaret Thatcher: «Cuando habla sin pensar, dice lo que piensa.»

Un insuperable catálogo de insultos puede encontrarse por aquí.

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6 Comentarios

  1. ¿Pero por que insistes en llamarlos «insultos»? A los que han sido afectos los grandes estadistas ingleses es al fino sarcasmo, a la deliciosa ironía que deja mal parada a la víctima pero sin utilizar la ofensa directa, vulgar, burda. Decir que el Pejelajato es un pedazo de mierda, o que Calderon es un pusilánume (puto, vaya) son vilipendios groseros que si bien no atentan contra la verdad si lo hacen contra la categoría y el buen gusto. Nada aportan. Lo que nos falta, y tú extrañas con razón, es la ironía, que es hija de la capacidad de debate, un arte que en México nos es desconocido como tantas otras cosas que son fruto de la inteligencia, sobre todo a nuestra infame clase política.
    Decir por ejemplo «Un señor Mouriño tuvo dos hijos: uno se hizo a la mar, el otro llegó a Secretario de Gobernación en México, y nadie nunca mas volvió a saber nada de ellos». Es insinuar sutilmente que nustro secretario de gobernación es un inpeto bueno para nada, pero sin insultarlo.
    Me voy piratear la nota de The Times para el top ten de abril de mi blog sarcástico.

  2. El de Lord St. John de Fawsley me recuerda uno de los aforismos de Nicolás Gomez Dávila:
    El político tal vez no sea capaz de pensar cualquier estupidez, pero siempre es capaz de decirla.»
    Le recomiendo ampliamente mi buen Jesús, que se de una vuelta por su compilación en: http://www.letraslibres.com/index.php?sec=43&art=12885
    y por si se lo perdió, su ensayo «El reaccionario auténtico» en:
    http://www.letraslibres.com/index.php?sec=43&art=12886

  3. Un mendigo, extendiendo la mano, a Talleyrand:
    —Monseigneur, il faut que je vive!
    —J’en vois pas la necessite!
    No conozco insulto más memorable: reduce a polvo no sólo al pobre hombre, sino a la humanidad misma y de paso al Creador. La frase, que se atribuye también a Luis XIV, a Richelieu, a Voltaire y a otros, con más probabilidad se la dijo el Conde d’Argenson, jefe de la polícía, al panfletario Desfontaines, que quería excusar así su labor subversiva, pero queda mejor entre la gran eminencia y el ínfimo miserable, porque subraya el desprecio. Un buen insulto es eso: una manifestación de desprecio; no oculta, sino exhibe, la parcialidad y el prejuicio, y debe ser vejatorio para tener gracia. Debe también ser ingenioso, claro, y elegante (en la sintaxis, en la geometría verbal), no respetuoso. La frase sobre Mouriño no me parece graciosa (pero es que no conozco al personaje; ¿quién es?). Tampoco, por cierto, la de Fawsley, porque es de carácter general: cualquier hombre, cuando habla sin pensar, dice lo que piensa. Referirla a la Thatcher parece accidental.
    Mejores son los insultos que cita Borges en su «Arte de injuriar» (Historia de la eternidad). Y aun mejores los muchos que hay en el tomazo de Bioy Casares. Por ejemplo esta muestra suprema de incorrección política:
    —¡Encontré un español antropomorfo!

  4. Muy bien Chucho, ganaste esta. Y Aurelio, no te vamos a quitar tu valioso tiempo explicándote quien es el tal Mouriño.

  5. Jorge Hernández dice:

    Stanislaw Jerzy-Lec decía:
    «Que haya muerto, no quiere decir que haya vivido».

  6. Super entretenido el link además muy interesante saber de insultos.

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