14, Jul 2008

La sátira y el fin del humor

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La portada del nuevo New Yorker ha generado una intensa polémica. El cartón de Barry Blitt pinta a Obama y su esposa reuniendo todos los estereotipos con los que la derecha quiere caricaturizarlos. La pareja ubicada en la oficina oval es el matrimonio de un musulmán y una guerrillera. Ahí se ve el retrato del primo Osama y la bandera incinerándose en la chimenea.

Una portada ofensiva y de mal gusto, respondió de inmediato un vocero del candidato. Jason Zengerle en el New Republic se indigna con la portada: sólo se acepta porque está en un medio liberal. Si esa hubiera sido la fachada de otro medio, todo mundo se indignaría. La portada es tramposa porque no es claro si se une o rechaza los prejuicios y habrá gente que crea que Obama es, efectivamente, un fundamentalista islámico. El tal Zengerle quiere, en otras palabras, que arriba de una sátira exista una leyenda que diga con todas sus letras: "esto es una sátira." En The Nation, John Nichols acepta que el cartón es una sátira–pero es una muy mala sátira. Hay otros que describen la portada como repugnante y sugieren cancelar la suscripción a la revista. En facebook se organizan los boicoteadores. Ezra Klein dice lo obvio: relájense, esto es una caricatura. Jeffrey Goldberg insiste en esa línea: el cartón es simplemente gracioso. No es el trabajo de una revista el estar protegiendo candidatos por sátiras que los tontos no entienden. Gary Kamiya comenta alarmado que el episodio de la portada muestra que el bushismo terminó por aniquilar el sentido del humor de los liberales norteaemericanos–y eso no es chistoso. Y el editor de la revista, David Remnik tiene que salir a explicar las cosas: nos estamos burlando de los prejuicios. Y, claro, la sátira ofende con frecuencia. 

El cartonista ha respondido brevemente: quise exhibir la ridiculez de describir a Obama como un antipatriota.

Un interesante artículo del New York Times registra que, en una cultura tan saludablemente burlona como la norteamericana, no se hacen chistes sobre el candidato demócrata. La caricatura de Blitt lo confirma: la burla se dirige a los sembradores del prejuicio, no a Obama.

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Un comentario

  1. Alejandro Galicia G. dice:

    Mi abuela decía que era de mala educación reírse de alguien que se cae en la calle. Y más cuando uno es el que pone el pie. Además de que el caído se ofende y enoja, es peligroso para el bromista, pues puede recibir algún golpe en venganza.
    La sociedad de Estados Unidos se encuentra todavía con culpas de haber esclavizado o maltratado a su gente diferente por siglos. Y ahora se encuentra que, por un sentido de culpa, no puede burlarse de el candidato de color como la hacen con Bush o Clinton. No es que no puedan burlarse de Obama. Abundan muchas caricaturas sobre él que no promueven prejuicios. Sin embargo, se puede ver que en algunas cosas, ni los negros, ni el resto, pueden lidiar áun bien con el perdón y la igualdad.
    Pero ya es un avance indudable que empiecen a cuestionárselo. Tendrá buen fin, pues en este asunto desde hace tiempo, el que puso el pié, pidió disculpas y ayudó a levantarse al caído.

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