06, Ene 2010

La tiranía de la moderación

Yale ha publicado un libro académico sobre la polémica que desataron los cartones daneses que representaban burlonamente a Mahoma y el fanatismo de sus seguidores. Lo curioso es que, como ya denunciaba Hitchens, el libro aparece sin una sola reproducción de los cartones. Al comentar la censura de la editorial universitaria, Oliver Kamm concluye en Prospect que somos víctimas de una nueva tiranía: la tiranía de la moderación. El respeto podrá ser una virtud personal muy estimable pero, convertida en principio de política pública es pernicioso. El libro de Klausen no sólo explica el despotismo de la sensibilidad sino que lo simboliza. El precedente es ominoso: sólo lo inofensivo ha de ser publicado.

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7 Comentarios

  1. El Oso Bruno dice:

    Yo por eso miento madres y mando a la chingada a todo el mundo.

  2. Tere Chacón dice:

    Saludos y felicidades.
    Yo escribí un artículo con un tema relacionado en mi blog (¿De dónde surgirán los triunfadores, los vencedores, los guerreros ganadores, los que trascienden?…) y lo puedes leer aquí:
    http://www.terechacon.com/blog/2008/07/intolerancia-pasiva.php
    Feliz 2010.

  3. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    En Fábula del Coyote y la Serpiente que representa Mario Iván Martínez, encontramos el acoso de un hombre por una serpiente, el reptil ha salvado la vida por acción del primero, y aguzadamente accede tomar en cuenta la opinión de tres animales que reparen la suerte de su inminente presa. Siendo dos de las tres opiniones negativas para el hombre, lo que diga el tercer animal falta, definirá suerte tanto del desafortunado como la traicionera. Tal tercería al rescate sin más esperanza importa.
    El movimiento pendular, la tendencia a meter todo en un mismo saco, la expresión de caricaturas como opinión individual y la expresión entre dos personas en un debate o simple intercambio de ideas, mueve a pensar que todo vale, que todo se vale. El problema es que según la contextualidad del conflicto no es así. En su esencia el cristianismo, muchos sistemas filosóficos, la generalidad de sistemas de valores humanistas, coinciden que lo que llamamos el bien, lo bien hecho vale. Lo mal hecho, en contraste al bien, como conciencia de expiación o diferenciación a aquél quizá tenga valor per se no tan accesorio, pero es negado al mal (aparejado de diversas sanciones claro), a las malas acciones todo valor positivo mismo. Atendiendo la pedagogía o pragmatismo podría remitirse a cierta moraleja fértil del conflicto entre uno y otro, ir a la teoría secular y no tan secular de los valores filosófica, o bien, referir como hace Sabina Berman atinadamente, la moral democrática, la moral hecha de libertades, a fin esclarecer al respecto.
    Para el caso del post, el problema es la contextualización de las controversias o lance de ideas, de expresiones. No podemos equiparar la libertad de un caricaturista, de caricaturas danesas, con los desmanes o claros exabruptos en la arena del intercambio de conversaciones, incluso el debate público, político, privado que son sujetos de tal o cual sanción ciertamente. Son cosas parecidas pero no iguales que corren distinto. No siempre un bien con un mal se paga, a contrario sensu la fábula citada, así baste sólo la acción inesperada, astuta u oportunista de un coyote para con el hombre. ¿Debemos pasar todo por el tamiz infeliz, pesimista, que el hombre es lobo del hombre invariablemente?
    Sin ser paradójico, sin calca a o toro pasado, el conservadurismo de Estado fuerte de Thomas Hobbes da luces entre tirios y troyanos en ese pesimismo, cito de Elena Diez de la Cortina:
    « La filosofía pólítica y la teoría social de Hobbes representan una evidente reacción contra las ideas descentralizadoras (parlamentarismo) y la libertad ideológica y de conciencia que proponía la Reforma, en la que él avistaba el peligro de conducir inevitablemente a la anarquía, el caos y la revolución, de forma para él fue necesario justificar y fundamentar la necesidad del absolutismo como política ideal con la que soslayar dichos «males». Es inevitable instaurar una autoridad absoluta cuya ley sea la jerarquía máxima y tenga que ser obedecida por todos sin excepción.
    El Estado es un «artificio» que surge para remediar un hipotético estado de naturaleza en el que los hombres, guiados por el instinto de supervivencia, el egoísmo y por la ley del más fuerte (la ley de la selva), se hallarían inmersos en una guerra de todos contra todos que haría imposible el establecimiento de sociedades (y una cultura) organizadas en las que reinara la paz y la armonía. Sin un Estado o autoridad fuerte sobrevendría el caos y la destrucción (la anarquía), convirtiéndose el hombre en un lobo para los otros hombres, según la célebre frase de Hobbes: «homo hominis, lupus». »
    Inmediatamente después, a decir de lo expuesto por Diez de la Cortina, se cae en cuenta así Hobbes esté en línea de ruptura con la Edad Media, esas y algunas luces de su pensamiento conservador han de abordarse bajo advertencia fundada, a efecto de acciones o derechos oponibles, cualesquier apetencia de libertad o garantía individual respecto el Estado, que para el hombre se atajen con rasgos liberticidas materiales o bien morales:
    « La propia naturaleza nos otorga una razón que nos provee de ciertas «leyes naturales» que son como «dictados de la recta razón sobre cosas que tienen que ser hechas o evitadas para preservar nuestra vida y miembros en el mismo estado que gozamos». Por ello, el hombre encuentra dentro de sí la necesidad de establecer unas leyes que le permitan vivir en paz y en orden; necesidad que se realiza mediante un pacto o contrato social mediante el cual, los poderes individuales se transfieren a «un solo hombre» o a «una asamblea de hombres»: el Estado o Leviatán que, como el monstruo bíblico, se convierte en el soberano absoluto y cuyo poder aúna todos los poderes individuales.
    El Estado se presenta así como algo artificial, opuesto a la naturaleza humana, pero susceptible de garantizar la supervivencia de todos a costa de la pérdida de su autonomía y libertad. Aunque Hobbes estuvo a favor de la libertad religiosa e ideológica y favoreció el proceso de secularización de Europa, no obstante defendió el poder absoluto y casi autófago del Estado, a cuyos intereses ha de subordinarse toda minoría. Hobbes representa el orden propio del conservadurismo, en el cual, el todo social armonioso ha de estar por encima y subordinar cualquier acción u apetencia individual.
    Como forma óptima de gobierno defendió la monarquía, desaconsejando cualquier reparto entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. »
    En fin, no siendo el pensamiento hobbesiano a grado sumo monárquico como una primer lectura creería, lo anterior algo contribuye al post, al tema.

  4. Manuel García Rendón dice:

    Jesus:
    No te entiendo: Dices que eres tolarante y sin embargo afirmas que el respeto como politica pública es una virtud perniciosa.
    No te entiendo porque la intolerancia, por definición, es la falta del debido respeto a las ideas, opiniones, convicciones y formas de vida de los demás.
    Si esto es asi entonces tenemos que concluir que el cartonista danés fué intolerante al no respetar las convicciones religiosas de los musulmanes y que la tolerancia no es la tiranía de la moderacion.
    Saludos

  5. Manuel Vargas dice:

    Copérnico y Darwin han sido dos de los seres humanos más intolerantes de los últimos dos milenios: no respetaron las convicciones religiosas del Cristianismo y tal vez las de muchas religiones más.
    ¡A la hoguera por ofensivos!

  6. Javier Capri dice:

    Ja, ja ja. Bien dicho, Oso Bruno.
    ¿Quién puede refutar tu congruencia, si Jesús Silva hace eco del concepto «tiranía de la moderación»?

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