03, Mar 2008

Alan Sokal regresa

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Alan Sokal, el genial provocador que exhibió la charlatanería académica en aquel famoso experimento publicado en la revista Social Text, vuelve a la carga para denunciar el cobijo político de los absurdos científicos. Comenta Sokal que un asesor de Bush le dijo en algún momento: somos imperio y, cuando actuamos, producimos nuestra propia realidad. Bush se convenció de que las evidencias eran irrelevantes para la suprema potencia–y así le ha ido. Concluye Sokal: "Todos–conservadores y liberales, creyentes y ateos–vivimos en el mismo mundo, querámoslo o no. La política pública tiene que fundarse en la evidencia prueba más sólida disponible sobre ese mundo. En una sociedad libre, cada persona tendrá derecho de creer cualquier tontería que le parezca, pero el resto de nostros, debe prestar atención solamente a las opiniones fundadas en evidencias pruebas." (Gracias a AA)

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31 Comentarios

  1. Naxos dice:

    Jésus, referirse como genial a Sokal permite entrever qué tanto reproduces de «oídas» el sentido común de la seudo-crítica periodística que implicó la supuesta denuncia que hizo Sokal a mediados de los años noventa. Si bien fue un caso de hit-parade polémico, nacido sólo para alimentar la idea de que su crítica era una crítica seria -pese estar dirigida sobre todo al público no-científico que no participa de la autoridad científica ni tiene punto de referencia alguno para rebatirla-, el trasfondo del famoso pero desafortunado affair Sokal tiene que ver más con la autonomía del campo científico ante la penetración y cuestionamiento que la disciplina filosófica hace de la ciencia y de sus producciones conceptuales -cuestionamiento que la filosofía tiene de derecho, y penetración que necesaria para preguntarle a la ciencia y a su oficiantes, hacia dónde su práctica y su discurso está llevando a la humanidad. Lo que es chocante es que se siga reproduciendo esta denuncia como válida fuera del campo de la producción científica, acá entre los mortales, y sobre todo por parte de voces intelectuales tan respetables y públicas como la tuya. Saludos

  2. Me temo que donde el español dice «evidencias» debería decir «pruebas». Es un falso cognado habitual, pero molesto; en español una evidencia no puede ser más o menos sólida.
    Y por otro lado, hay que decir que uno de los sentidos de la crítica de Sokal fue precisamente poner en duda la supuesta «autonomía del campo científico» —o más bien de los científicos que con el título universitario y las credenciales de las asociaciones académicasa que pertenecen reciben patente de corzo para construir delirios conceptuales more Deleuze y Guattari.

  3. Naxos dice:

    Aurelio, creo que es denunciable que un científico sea criticado por leer filosofía si el rigor de su oficio y de su discurso dependen de la visión reductiva de su propia práctica. En efecto: un físico no tiene porqué ni para qué leer a Derrida, siendo que lecturas como éstas implican esa penetración a la autonomía del campo científico así como también un descentramiento en la estrechez de su competencia. Si la crítica de Sokal y su denuncia hubiera sido contra los físicos matemáticos y demás científicos -especialmente estadounidenses- que leen sobre todo filosofía francesa, te daría la razón. No obstante, su denuncia fue una puesta escénica supuestamente crítica contra los filósofos, no contra los científicos. En todo caso, ¿se puede confiar en alguien que se atreve a lanzar un texto irreverente, negar su contenido como válido, justificarlo por todos los medios como paródico, y luego hacer una obra que niega en bloque toda una generación de filósofos, pese no haber leido todas las obras que critica, sino más bien recortarlas y transcontextualizarlas según las exigencias de su supuesta denuncia? Y cabe mencionar que Sokal, antes de su tropiezo, era un lector avezado de Derrida. Ante tanto cinismo profesional y oficioso, vale más la franqueza del delirio.

  4. A ver: «¿se puede confiar en alguien que se atreve a lanzar un texto irreverente, negar su contenido como válido, justificarlo por todos los medios como paródico, y luego hacer una obra que niega en bloque toda una generación de filósofos, pese no haber leido todas las obras que critica, sino más bien recortarlas y transcontextualizarlas según las exigencias de su supuesta denuncia?» Sí, sí se puede: 1) el texto es paródico, es irreverente, es brillante: es crítico; 2) ¿y quién dice que hay que leer toda la Biblia para no creer en ella, o todos los discursos de Martí Batres para no votar por el PRD, o todos los libros de Derrida para no tragárselo? El texto de Sokal era en primer lugar una denuncia de la chapucería de las revistas universitarias, que reparten puntos curriculares y otorgan certificados de solvencia sin tener la menor idea de lo que están leyendo, aunque se llamen «arbitradas». (¿Era irreverente? ¿Hay que tener reverencia por esas instituciones?) En segundo lugar, era una crítica de la infatuación de los universitarios con la logorrea filosofante del estructuralismo francés. En tecer lugar, era una risotada ante esa logorrea. Chapeau.
    «Y cabe mencionar que Sokal, antes de su tropiezo, era un lector avezado de Derrida.» ¿Cuál tropiezo? ¿Y si no hubiera sido lector de Derrida, como se hubiera burlado de él?
    «Ante tanto cinismo profesional y oficioso, vale más la franqueza del delirio.» ¿Cuál cinismo? ¿Decir que una parodia es una parodia resulta cínico? Y no, no vale más la franqueza del delirio, que tiene pretenciones de saber.

  5. Naxos dice:

    Aurelio, comprendo porqué te agrada tanto Sokal: esa técnica de copiar y pegar -recortar- lo dicho por otro para descontextualizarlo y recontextualizarlo en otro sentido, cual teléfono descompuesto, me parece muy cómoda sólo para hacer basura y no tanto para hacer una réplica amable, sin sesgos, y comunicativa. Te invito a que tu próxima respuesta tenga un poquito más de esfuerzo. En fin, cada quien su estilo.
    No me parece suficiente con que repitas y asegures que el texto de Sokal sí es tal y sí es cual, mucho menos que además ello te parezca convincente, sólo porque tu lo dices, seas quien seas. No leiste bien lo que contiene mi pregunta: cuando digo «lanzar» y «hacer una obra» me refiero a la acción de publicar, de atreverse a publicar un texto que pasa por válido, en un principio, y que luego se revela como supuestamente paródico. Por un lado, una cosa es leer un libro que te interesa y que bien puede serte útil para tu oficio e ilustrarte, después comentarlo, tener una opinión de él, escribir algo al respecto, y quizá hacerlo circular a título de «esto es lo que pienso sin apelar a mi investidura disciplinaria, ni a mi charola». Por otro lado, otra cosa es leer las obras completas y de vida de una veintena de filósofos -en el mejor de los casos tambien leer las influencias que ellos tienen respecto a otros filósofos, su tradición discursiva y sus posibles triangulaciones-, leer esas obras que son de tu interés personal, profesional y existencial, que pueden serte útiles para el ejecicio de tu oficio e ilustrarte la mente por el resto de tu vida, obras que después tal vez puedas comentar con cierto dominio y perspectiva, teniendo no sólo una opinión de ellas -una opinión la tiene cualquiera- sino también algo qué aportar más allá de tu propio ombligo, para quizá también escribir algo respecto a ellas, sin sólo negarlas de tajo y, si resulta necesario, siendo crítico en sus más finas consideraciones, esto es, teniendo una visión integral de lo que el autor o obra criticados habían pretendido expresar y desarrollar, para quiza y con suerte, después de todo ello, lanzar, publicar y sacar a la luz una obra seria que hable con franqueza de todo este esfuerzo, en función de hacerse respetable por ella misma, sin que tu nombre o renombre, sin que la polémica que genere por cínica y no por sustancial, empuje sus ventas y ponga tu apellido en boca de todos. Toda esta «otra cosa» es lo que no hizo Sokal, y ahí radica su cinismo, su caraduréz -y por efecto de resonancia, la caraduréz de quienes lo defienden y se afilian a sus argumentos-.
    Supongo que cualquiera puede leer la biblia por sesgos y decir y pensar de ella lo que le venga en gana cual denso hermeneuta, pero de ahí a publicar tan sólo con ese esfuerzo una obra más o menos virulenta sobre la cristiandad e invalidarla diciendo que es pura fantochería (y aunque lo fuera, si tal obra no da los argumentos en un desarrollo exhaustivo sobre su presunción) pues resulta sin más un cinismo abierto, un cinismo de oficio. En fin, Sokal disfrutaba a Derrida desde tiempo atrás y por ese gusto deconstruccionista un buen día se le ocurrió hacer su textito para ver qué pasaba, es decir, no había un plan claro de denuncia, o de crítica a los filósofos franceses: eso vino después, cuando se dió cuenta de que su «a ver qué pasa» era usado por Aronowitz para fisurar la autonomía de un campo discursivo herméticamente cerrado: el campo de la ciencia (y cuando digo «herméticamente» te estoy invitando a que entrelíneas leas «hermenéuticamente»). Lo demás que sigue a esta historia no es más que una recomposición reaccionaria apoyada por Briqmont, la cual no deja de ser la farsa de una farsa inexistente: mala correción del desliz, del tropiezo de un mal físico, lector de filosofías demasiado abiertas para su estrecha vida y su pálida opinión. Todo esto es un grandilocuente cinismo de oficio, como el que muchos hacen diariamente, por lo cual no tiene nada de genial, de crítico, ni de extraordinario en sí mismo.
    La elección por el delirio es una cuestión de vida y de su modo de vivirla, no hay que pedirle demasiado a quienes no tienen con qué llenarla, aunque sea deseable que sí hicieran el esfuerzo de salir de esa vieja y primitiva caja rústica que aún los encierra. En fin Aurelio, creo que mis comentarios han sido bastante claros: sospecho que eres tú quien ha adoptado una actitud fija. Quizá te haya calado que en mi primer comentario haya sido frontal con Jésus y te salió lo abogado. Si es así pues queda poco por decir, porque decirlo sería obligarte a sostener una postura que no es la que te ha movido desde el principio: no seré yo quien te incite a continuar en esas condiciones. Sin embargo, como te lo mencioné: la franqueza del delirio vale más que cualquier cinismo, por si quieres. Y si no quieres, pues tranquilo, un saludo y no pasa nada.

  6. Regocijado dice:

    Aurelio: «patente de CORSO»: se escribe con s.

  7. paula dice:

    Naxos,
    Los argumentos que aqui expones revelan un gran talento para el discurso posmoderno pero un desconocimiento total del sistema de publicación científico. De todos modos los deberías mandar a alguna revista académica. Aquí te mando diez consejos para que te los publiquen. No te preocupes si no hace sentido lo que dices, eso no es importante:
    http://www.scq.ubc.ca/ten-basic-heuristic-principles-for-academic-text-crafting-or-how-to-publish-a-paper-in-a-peer-reviewed-journal/

  8. Naxos dice:

    Uyyy Paula, si apenas soy un simple mortal, no un científico 😉 , pero te agradezco haberle puesto la cherry a mi regocijo. Saludos!

  9. Leí bien la pregunta: entendí perfectamente que ponías en duda la legitimidad “de atreverse a publicar un texto que pasa por válido, en un principio, y que luego se revela como supuestamente paródico”, e insisto en que me parece perfectamente válido. ¿Dónde está la inconsistencia, si se trataba justamente de una burla? No deja de llamar la atención el adverbio “supuestamente”. ¿Qué quiere decir? ¿Que en realidad el texto no era paródico? ¿Entonces qué es? Es curioso que quien apuesta por el delirio se alarme (en frases larguísimas a fuerza de pleonasmos) ante la parodia, la irreverencia, la burla, y pida seriedad, respetabilidad, sustancia, crítica amable, sin sesgos, comunicativa.
    Sí, corzo es con z (a ver si Jesús le pone una rayita de esas). Gracias.

  10. Regocijado dice:

    Aurelio: por más perfecto que seas, patente de CORSO es con S. Con la pena. Busca «corzo» y «corso» en el diccionario. Ilústrate, criatura.

  11. Naxos dice:

    Aurelio, es un hecho de que el texto no fue publicado como parodia y eso es lo determinante. Después de publicado el autor podría decir misa de su texto pero ello no cambia nada. Ya lo dejé bien dicho: el texto originalmente fue pensado y escrito como un «a ver qué pasa»: sería una parodia sólo si los editores hubieran estado enterados de que lo era antes de publicarlo como tal. Y bueno, no me alarma ni la parodia, ni la irreverencia, ni la burla, siempre y cuando sean tal cuales de principio a fin. No es el caso del texto en cuestión. Y con ello no estoy diciendo que el contenido del texto sea entonces legítimo. Por tanto tampoco es un asunto de poner en duda a la burla como instrumento crítico.

  12. Una parodia es, dice el diccionario, una «imitación burlesca», y eso es precisamente el texto de Sokal, desde el principio. La naturaleza paródica de un texto no depende del lugar donde se publica.

  13. Naxos dice:

    Aurelio, ¿»el lugar donde se pública»? o.O Nunca estuviste abierto a esta conversación, tus recursos son muy escasos y ahora haz efectuado esa operación tan básica del necio: reducir las cosas al absurdo. Insistes en que tus argumentos -si es que se concede decir que has podido argumentar algo- se sostengan sólo porque eres tú quien los enuncia. En fin, era de esperarse. Anda pues, no hay problema, como te dije: no seré yo quien te haga continuar en estas condiciones, pero te mando un saludo y no pasa nada 🙂

  14. Un texto se define como paródico por su relación con aquello que imita, ridiculiza, critica, pone en evidencia, no porque los editores de una revista lo identifiquen como parodia. Que no lo hayan identificado fue precisamente lo que los puso en evidencia.

  15. Naxos dice:

    Aurelio, no eres generoso con tus neuronas: primero entiendes que me referí al lugar de publicación, y ahora entiendes que me referí al acto de identificar o no el texto como paródico. Ayúdate un poco: no es que el texto sea identificado por los editores como parodia aquello que lo hace una parodia, es el efecto de publicación, es el acontecimiento de haber cristalizado, en el horizonte de la opinión pública, un texto que ha sido reconocido o valorado como pretendía hacerse ver y enunciar tal y como fue entregado a los editores. Una vez que sucede eso, dado ese acontecimiento, vale decir que el texto pasa a la historia: es embestido por una representación que lo significa más allá de todo lo que el autor pretenda posteriormente reestablecer a su respecto. Los editores no publicaron ese texto como parodia, sea por las razones que sean, y teniendo las consecuencias que ello tenga. Entre ellas, que el texto de Sokal puede ser todo menos una parodia.
    Reduzcamos un poco las cosas para ver si llegamos hasta ti antes de que te nos pierdas: una parodia retoma su mofa de una obra concreta que ironiza cómica y críticamente, cosa que no sucede con el texto de Sokal, porque no retoma como base ningún texto específico, lo cual es indispensable para que se reconozca como tal por un efecto interpretación distorsionada siempre reconocible en simultaneidad para el receptor. No se puede reconocer ninguna obra concreta que le otorgue ese sentido paródico al contenido del texto de Sokal. La única forma de tenía Sokal para que su texto fuera en efecto una parodia era haberle dicho a los editores que lo era y que fuera publicado como tal con una acotación de índole metaficcional -realizada sea por los editores o por él mismo-, es decir: una cláusula pequeña con asterisco al final del texto que permitiera con lupa en mano revelar su intención y extender una justificación convincente y puntual. Nada de eso sucede en el texto de Sokal.
    Dado que la conversación ha venido a menos de tu parte, siendo que nunca hubo un esfuerzo franco tampoco de tu lado, y que tus intervenciones inspiran una retroacción poco fértil, no creo que tenga más ánimos de seguir alimentando más esta conversación, dado que no creo que vaya a moverse algo más de tu parte. No me lo agradezcas, mi desánimo es para evitar que caigamos en un devenir troll incontrolable 🙂 Saludos

  16. Una parodia no necesita llevar una etiqueta que la identifique, puesta por los editores que la publican, después de que piadosamente han sido prevenidos de que se trata de una parodia, para serlo. Tampoco necesita referirse a «un texto específico»: su objeto puede ser, como en el caso del texto de Sokal, un estilo. (Y no sólo eso: «Parody includes any cultural practice which provides a relatively polemical allusive imitation of another cultural production or practice. Simon Dentith, Parody, The New Critical Idiom».)

  17. Naxos dice:

    Si lo que dices es que Sokal les dió el texto a los editores diciéndoles que es una parodia antes de que la publicaran y que aún así la publicaron, pues no sólo estás mal informado, sino completamente perdido. Recurrir a citas para hacer hablar a otro lo que uno no puede argumentar es una señal de que se pierde el piso de la discusión. Hay que ser muy ignorante para meter en la misma salchica estílistica a los autores implicados en el textos de Sokal -y en sus Imposturas-. Lo que no logras entender es que Sokal no imitó, ni parodió ningúna práctica cultural ni siquiera un estílo: una parodia sólo cobra efecto como tal si el receptor reconoce lo que se está parodiando sin ayuda del autor, sin explicación posterior. Es como cuando haces un chiste local y al final dices «fue un chiste». Sokal tuve la imperante necesidad de calificar su parodia como tal porque su texto contenía señal añguna de ser paródico.
    Ok, para hacerte el juego en cuanto a traer a colasión otras voces de autoridad, con Bajtín diría que existe una diferencia radical entre el dialogismo polifónico de una parodia y el dialogismo interno de una polémica que no es manifiesta en el texto y que está oculta -forma carnavalesca también estudiada por Bajtín-. Si acaso esta última es la que corresponde al texto de Sokal: ya que no ofrece una materialidad textual o narrativa como clave de lectura. Por tanto, no hay que confundir parodia con polémica oculta. Bajtín también dice que existen ciertos grados de distanciamiento correlativos a la intención semántica del autor que efectúa la parodia, pero cuando la palabra del autor converge con la del personaje implicado en su texto, esto es, cuando el personaje es él mismo, no existe parodia alguna. En texto de Sokal está firmado por Sokal, siendo él su propio personaje. Sokal se parodia a sí mismo en su texto -eso sí es definitivo-, sobre todo porque después niega la validéz o irreverencia de su contenido afirmándola como una parodia. Está claro que Sokal escupe hacia arriba e invita a los ingenuos a que hagan lo mismo.

  18. Naxos dice:

    [Fe de erratas] Dice: …Sokal tuve la imperante necesidad de calificar su parodia como tal porque su texto contenía señal añguna de ser paródico… y debería decir: …Sokal tuvo la imperante necesidad de calificar su parodia como tal porque su texto NO contenía señal alguna de ser paródico. 😛

  19. Naxos dice:

    Ay! …y colasión va con «c»
    Qué prisas caray! 😛

  20. No, no dije que «Sokal les dió el texto a los editores diciéndoles que es una parodia antes de que la publicaran y que aún así la publicaron». Lo que he dicho, una y otra vez, es que la naturaleza paródica del texto no depende de que quienes lo publicaron la hayan reconocido. Sokal envió su texto a la revista suponiendo que los editores no reconocerían que era una parodia, porque el cúmulo de incoherencias que lo constituyen son las habituales en el discurso parodiado, al que esa revista suele dar curso. Una vez publicado el texto, los receptores de la parodia, es decir sus lectores, no sus editores, la han reconocido como tal, y no porque el autor así la haya identificado.

  21. Leo CP dice:

    Sin ser yo intelectual de altos vuelos quiero decir que la crítica de Sokal se me hace de lo más pertinente y acertada.
    Si nos quejamos de la pobreza del discurso público que permite engendros como el creacionismo o la fe ciega lo mismo en los milagros vendidos por la tele de media noche o en el fraude electoral de 2006, lo que tenemos que hacer es limpiar las argumentaciones de pensamientos mágicos, de argumentos que sólo se sostienen por los andamios de sus escritores.
    Cualquier debate, cualquier discusión que valga su nombre requiere, exige datos, pruebas. Los artificios retóricos no pueden jamás servir como fundamento de una discusión en el plano científico. Sokal hizo bien en desenmascarar la charlatanería y creo que todo analista social, periodista y humanista está en la obligación de abandonar la superchería y abrogar el dato duro.
    De lo contrario, el relativismo de la posmodernidad seguirá dando cobijo a cualquier tipo con bonete que se proclame a sí mismo como gurú del momento.
    Saludos

  22. Naxos dice:

    Estoy de acuerdo en que la naturaleza paródica de un texto, no depende de que quienes lo publiquen la reconozcan como tal. Pero no considero que sea ese el caso del texto de Sokal. No pienso que la naturaleza de ese texto sea paródica, por más cantaletas se diga al respecto. Sokal esperaba que su texto fuera reconocido por los editores como no válido, no como parodia. Es sólo después de su publicación, y de ver las consecuencias de su publicación, que lo tilda de paródico. Ciertamente dicho texto está lleno de incoherencias premeditadas que están ocultas y que pasan como coherentes a una mirada no rigurosamente científica, y es ello lo que lo hace un texto con polémica interna oculta, no con parodia. Como parodia no se conecta con el discurso parodiado, en todo caso, se conecta con un discurso de una cientificidad simulada mucho más dura que el de la filosofía que insiste parodiar, la cual ciertamente usa y -si se quiere- abusa, aunque no en todos los casos, de una serie de conceptos acuñados por la ciencia.
    Es menester considerar que Sokal pretende extrapolar ese uso y abuso al discurso de campo científico, como si ese discurso filosófico que presume parodiar formara parte del campo propiamente científico. Es de notar que, para lograrlo, Sokal intenta operar una seudocritica que descontextualiza en bloque esa indagatoria filosófica, la cual está cargada de una larga tradición discursiva, que al final de cuentas es muy válida sólo al interior del discurso filosófico, es decir, válida para los fines filosóficos que intentan poner a prueba todo tipo de aplicaciones conceptuales. La indagatoria filosófica del discurso que Sokal quiso parodiar -sin lograrlo- no pretende que sus hallazgos o especulaciones sean retomados por la ciencia, siempre se han circunscrito al interior de la producción meramente filosófica. Si dichas indagatorias llegan a influir en los puntos de vista de algunos científicos es más bien por la falta de escrúpulo que tales científicos tienen respecto a la práctica de su propio oficio. Ese es el caso de Sokal.
    El discurso que Sokal dice parodiar es de una naturaleza filosofico-conceptual, de ensayo con pretensiones de filosofía y no con pretensiones de cientificidad rigurosa. No por ello se hace desdeñable y poco válido, al contrario, ese el trabajo netamente filosófico: indagatorias, aplicaciones e invenciones conceptuales. La filosofía reclama la invención de conceptos que la ciencia le ha despojado y que le pertence de derecho. Si bien las pretensiones filosóficas no son válidas para la ciencia, sí lo son para la filosofía, incluso le son necesarias para su ejercicio y autonomía.
    Es verdad que la revista Social Text solía dar curso a textos de ese orden filosófico y con dichas pretensiones, también puede llegar a ser verdad que quizá esa revista no aplicaba un criterio riguroso en el sentido de una cientificidad endurecida. Pero hay que matizar que el texto de Sokal no se presenta como un texto nacido desde ese orden y pretensión filosófica, sino se presenta como de un orden con pretensiones mucho más estrictamente científicas. Es por ello que la supuesta parodia de Sokal finalmente no conecta como referente paródico al discurso filosófico al que pretende aludir, sino al discurso que se inscribe en el campo de la producción científica. Sokal trasviste este hecho dando por sentado que el discurso filosófico que pretende parodiar forma parte de la ciencia y de su campo de producción discursiva, como si el campo de la producción filosófica contemporánea no tuviera su propia autonomía.
    El discurso que Sokal supuestamente parodia nunca ha dejado de circular en el campo de lo propiamente filosófico, aún siendo en efecto que retome conceptos científicos y los explore en mil sentidos. Ese discurso supuestamente parodiado nunca salió de su campo filosófico pese a esos excesos y abusos conceptuales, los cuales se presentan como tales sólo si se les contempla desde una mirada científica rigurosa, hermética y cerrada. En fin, el texto de Sokal no deja de implicar un discurso cuyo contenido científico está dirigido a la ciencia y a su campo, no hacia la filosofía, y ello pese de que en él esgrima esos conceptos científicos que la filosófía acaso pudo hacer exceder en sus aplicaciones e indagatorias. Sirva pues todo esto para decir que el texto de Sokal no se conecta con el discurso que pretende parodiar y por ello le resulta un tiro por la culata que le exigió recomponer por todos los medios, pero sin lograrlo, su mala jugada, su chiste sin broma.

  23. Es absurdo decir que «sólo después de su publicación, y de ver las consecuencias de su publicación», Sokal «tilda de paródico» su texto: las consecuencias habían sido nulas, y la revelación se publica poco después de publicada la parodia. Es absurdo también negar el carácter paródico de ese texto, arguyendo que «no conecta con el discurso que pretende parodiar», cuando tantos lectores nos hemos carcajeado leyéndolo, precisamente porque reconocemos el objeto de la parodia y tenemos razones (que otros no comparten, y se pierden por eso el chiste, y más bien se enojan) para reírnos.
    El improbable y ocioso lector que haya llegado hasta aquí hará mejor, si cree que «puede llegar a ser verdad que quizá» el texto de Sokal es una parodia, en leer el original en esta página:
    http://www.physics.nyu.edu/faculty/sokal/
    Allí mismo hay numerosos enlaces a réplicas y contrarréplicas harto más interesantes, y a veces harto más fastidiosas también, que lo que aquí se ha dicho.
    Perdón por la lata, Jesús.

  24. paula dice:

    Aurelio,
    Ya no te gastes, es evidente que Naxos no entiende (o finge que no entiende) el significado de parodia. Si está fingiendo, a lo mejor es una especie de Sokal que quiere exponer lo fácil que es engancharse en una discusión completamente vacua.

  25. Naxos dice:

    Aurelio, si te regocijaste a tí mismo y carcajeaste leyendo el texto de Sokal, fue porque sabías ya que era una parodia, tenías un condicionamiento previo cuya intriga de predestinación estaba prácticamente cantada desde que empezaste a leer las primeras líneas. Aún así no eres del todo franco cuando dices que reconociste el discurso supuestamente parodiado, dudo que hayas estado tan familiarizado con las referencias que Sokal cita en su texto, las cuales un 80% son traídas de una cientificidad rigurosa, y dudo también que hayas detectado las irreverencias sintácticas revestidas. Si lo dudo a sabiendas de que estabas previamente condicionado para regocijarte creyendo que era una parodia, mucho más lo dudo si lo hubieras leído sin ese detonante previo. El Texto de Sokal contiene una polémica interna oculta, no una parodia.
    Lo que estoy diciendo parte de pensar lo sucedido desde la situación y su contexto, allá por 1996, en los meses en que el texto de Sokal fue publicado. Es bien conocido que Sokal reveló, después de publicado, que su texto pretendía ser paródico. Pero tal revelación no fue tan inmediata como Sokal hace parecer en sus Imposturas y en la Webpage que facilitas: no existe pues una referencia a la fecha exacta en que dicho epílogo fue terminado de escribir, como sucede en muchas epístolas, lo cual era menester dejar claro, considerando que él asegura que todo fue premeditado. No hay tampoco ninguna referencia a la fecha exacta del acuse de recibo del texto inicial. La carta epílogo tardó algunas semanas después de que el texto fuera publicado, como sea, dicho epílogo salió a la luz hasta otoño de ese año, en otra revista.
    Las consecuencias de la publicación del texto de Sokal se veían venir en ese entonces, entre ellas que un representante de la ciencia, de la física y de la matemática decía cosas en un texto que no sólo ponían en duda la legitimidad del discurso científico -no del filosófico-, sino que también abría de capa la autonomía del campo de la ciencia para que sea penetrado por el discurso filosófico posmoderno.
    En fin, Aurelio, es verdad que resulta chocante estar en este tono, pero tus últimas respuestas han sido un poquito más esmeradas y por ello las atendí. Como sea, se espera mucho más de ti, considerando la certeza con la que hablas. Si crees que hay demasidado enfado en seguirle, no hay problema: de verdad que yo he pretendido tomarlo con divertimento, en la medida de lo posible y de mi tiempo, dado que no es la primera vez que discuto por escrito este tema y tambien porque aún tengo algunas aserciones que pueden arrojar sospecha sobre lo paródico del texto y sobre sus consecuencias. Sólo es cuestión de sacar la lupa, relajarnos un poco, y de tomarnos el tiempo. Si te abres un poquito creo que podríamos llegar a conclusiones al menos empáticas, sólo es cuestión de trabajarlas: eso es lo que yo hago, tomo esta discusión como un ejercicio escritural, no creas que es gratuito o porque quiero a toda costa convencerte. No sé qué opine Jésus a todo este respecto, pero también deduzco que quizá ya le incomode este ríspido intercambio, quizá por su poco avance. Habría que respetar su deseo de que continuemos todo esto en otro lugar, si acaso.

  26. Naxos dice:

    Paula, entiendo bien ese significado, pero no considero que sea aplicable al texto de Sokal, eso es todo. Y de ahí este asunto. No es es que sea un Sokal, al contrario, como te lo dije, yo soy un simple mortal. Es respetable que te parezca completamnete vacua esta discusíón Quién fuera tan bendecido como tu !! 😀

  27. El lector hará mejor en ir a ver el texto de Sokal, del que aquí no se ha citado una sola línea, antes que fundar su opinión en los datos imprecisos sobre las circunstancias de su publicación, las afirmaciones asombrosamente omniscientes sobre las intenciones del autor o, peor aún, las suposiciones sobre mis condiciones, capacidades, intenciones, circunstancias, esfuerzos, de que se alimenta el «ejercicio escritural» aquí desplegado.

  28. Hugo Alca dice:

    Lo que trata de poner en evidencia la operación de Sokal es la charlatanería filosófica.
    ¿Le es esta tarea ajena a un científico, porque está en un universo de sentido cerrado y completamente extraño a la filosofía?
    No, ni a un científico le es ajena ni a cualquier parlante. Por una cosa, porque la filosofía no renuncia a disputarle la verdad a la ciencia en cierto sentido.
    ¿Qué explicación tiene si no el recurso de la jerga filosófica posmoderna al léxico científico? Buscan un aroma del que quieren perfumarse: un aroma de certeza incontrovertible, prueba de laboratorio y positivismo.
    Este aroma perfuma metafóricamente discursos de crítica cultural para hacerlos más bellos, esto es más verdaderos.
    La propia jerga filosófica, desde donde se supone que ha de ser criticada con distancia la labor científica y sus objetivos ético-políticos, admite el prestigio del léxico científico para perfumarse.
    Pero he aquí que no pueden sino abusar del léxico. No «es que estén hablando de otra cosa», es que quieren perfumarse artificialmente con esencias científicas.
    Para cerrar esta discusión en favor de Aurelio, por mi parte, solamente diré una cosa a Naxos: la fuerza de la burla Sokal consiste en demostrar lo difícil que sería para un filosocharlatán introducir un texto «falso» en una publicación científica y lo fácil que le resulta a un científico introducir un texto falso en una publicación de filosocharlatanes.
    ¿Puedes entender esto? Seguro que sí.

  29. Naxos dice:

    Ay! Parecería que defiendo a los autores que Sokal critica y en realidad no es así, al menos no en ninguna de mis intervenciones. Eso de hacer encadenamientos lógicos y dar las cosas por descontadas al parecer no sólo se les da a los filósofos «charlatanes». Lo que pasa es que no le doy ni consiento el crédito que Sokal le imprimió a su polémica: lo que era un texto con broma local vis a vis entré él, Aronowitz y Ross, lo que es traspié incitador dado inicialmente como un «a ver qué pasa», terminó siendo un texto polémico que iría demasiado lejos al implicar después la publicación un libro que intentaría denunciar en bloque la supuesta charlatanería de toda una generación de filósofos mayoritariamente franceses (un libro que más bien le permite recomponer una publicación que resonaba con discursos tipo new age de la física y de la matemática, discursos que están en una disputa dada al interior del campo de la producción discursiva científica, al pretender introducir el paradigma de una teoría cuántica mucho más light que la que los físicos duros sostienen).
    Que quede claro que no digo ni dije que muchos de los filósofos aludidos no hayan abusado de los conceptos científicos, ciertamente lo hacen. Pero de ahí a asegurar que son charlatanes es otra cosa, es de hecho una aplicación argumentativa cuya articulación parte de una falacia ad hominen, una falacia contra el hombre y no contra lo que dice o afirma. Tan sencillo es decir que estaban errados según el escrúpulo que distingue al científico serio, y decirlo demostrándolo «con pruebas» y considerando que no se puede argumentar demostración alguna sin ellas (y más si es un cientifico quien denuncia). Sokal lo intenta sin lograrlo, y dado que demostrar tal cosa es una labor de vida y de quema de pestañas, de lectura integral de las obras completas de cada autor, y de seguimiento de las tradiciones discursivas que componen cada una de sus obras, su denuncia queda reducida a una seudocrítica no contra dichas obras, sino contra los hombres que las escribieron. Por tanto, es una denuncia falaz. Con ello no digo que su intentona, pese que no fue tal desde el principio, sea loable al final para dar cuenta de los abusos referidos, si es que después de toda esa demostración exhaustiva los determinan como tales, y también considerando en qué sentido y desde qué trinchera esos abusos se denuncian en tanto tales.
    En fin, charlatanes los hay en todos los frentes, y es la historia quien termina por tumbarles su puesta escénica: así ha sido tanto en ciencia como en filosofía, pero para un científico como Sokal, arrogándose esa virtud que es correlativa a la historia, no le fue demasiado ocioso hacer su seudodenuncia.
    Ahora bien, lo que sí defiendo es que a la filosofía le corresponde crear conceptos, no a la ciencia: la filosofía tiene todo el derecho de poner a prueba también los conceptos que la ciencia se ha inventado para sí misma por autoritaria y despótica, olvidando sus posibles aplicaciones ontológicas.
    Hay que decir lo que se piensa y lo que es pensable más allá de la propia opinión, más allá de reproducir el sentido cómun, y más allá de ensalzar la ignorancia. Y eso es lo que he hecho en este ejercicio, al parecer sin éxito.

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