04, Mar 2008

La burla de Sokal

Invito a la conversación que ha suscitado la entrada sobre Sokal y el deber de tomar las pruebas en serio. El intercambio entre Adrían Romero y Aurelio Asiain revive el debate sobre la legitimidad de la burla como instrumento crítico. Recupero un apunte de hace unos años:

Sokal_hoax Tengo frente a mi un ejemplar de la revista que inició la burla legendaria. La revista Social Text con una  portada negra que anuncia una edición consagrada a las “guerras de la ciencia.” Esla edición de primavera – verano de 1996, una edición doble. El último artículo es firmado por un profesor de física de la Universidad de Nueva York y lleva por título “Transgrediento las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica.” El artículo de Sokal era una bomba envuelta como  argumento. Más que una explosión, una trompetilla. Camuflado en un caballo académico, el científico se colaba al territorio de los estudios culturales para exhibir su charlatanería. Sokal arremedaba la palabrería, la jerga, el sonsonete de un discurso académico que no pasaba la más elemental prueba de la lógica. El procedimiento era un sencillo método de cuatro pasos: amontonar citas de personajes venerados, hilvanar frases largas, enredadas y confusas para, finalmente, adoptar conclusiones agradables. “En la gravedad cuántica, como veremos, la diversidad del tiempo y del espacio cesa de existir como una realidad física objetiva; la geometría se vuelve relacional y contextual; y las categorías conceptuales fundacionales de la ciencia tradicional—entre ellas, la existencia misma—devienen problemáticas y relativas. Esta revolución conceptual, como argumentaré, tiene implicaciones profundas para el contenido de una futura ciencia posmoderna y liberadora.” ¡Salud!

Unas semanas después que el caballo de troya había entrado a la ciudadela de la academia posmoderna, Sokal salió al aire. En un artículo publicado en otra revista gritó a los cuatro vientos: los he exhibido, son ustedes unos farsantes. Están dispuestos a dignificar como seria cualquier frase que rinda homenaje a sus cantaletas y respalde sus prejuicios. La broma, por supuesto, indignó a quienes recibieron el pastelazo y fue celebrada a carcajada abierta por muchos otros.

Para seguir la discusión, valdría leer el ensayo de Steven Weinberg que publicó Vuelta unos meses después.

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Un comentario

  1. ¡Claro que la burla inteligente es un instrumento crítico! La genial burla de Sokal pasará a la historia porque dsenmascaró y desmitificó. Nada es más poderoso que erradicar mitos y derribar pedestales. Pocas cosas contribuyen tanto a la inteligencia que borrar la solemnidad y la pedantería, de ahí el inconmensurable valor de la sátira y de todo aquello que contribuye a hacer la vida un lugar anti solemne.
    Pero no incluyo las propagandas electorales negativas. ¿Con que derecho los republicanos se burlaron del pobre Dukakis cuando, montado en un tanque, se veía tan ridículo como Snoopy encima de su perrera jugando al Barón Rojo? O aquél anuncio en que estos mismos republicanos ponían la imagen de dos candidatos en paralelo, con la cara cubierta, haciendo promesas y afirmaciones completammte contradictorias entre si, y cuando al final descubren los rostrs, resulta que es el mismo candidato. Bill Clinton. ¿O ,ahora, esa falta de espeto a Obama, a quien comparan con Borat? O la sátira al pobre viejito McCain, a propósito de la película ganadora del oscar (no country for old men)
    No Chucho, hay límites. Pero si quieren ver estas muestras de mal gusto, visiten mi blog (ya me hice un comercial a tus costillas)

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