22, Abr 2014

Eco sobre internet

Umberto Eco sabe que internet llegó para no irse. Ni los dictadores podrían terminar con ella. Pero hay que tener cuidado con el instrumento. Hace poco publicó una carta abierta a su nieto aconsejándole a ejercitar la memoria  y resistirse a la comodidad de obtener toda su información (o su placer) con el clic de la computadora. (Aquí puede leerse una traducción extraña de la carta). El espectador de Bogotá publica otra reflexión suya sobre la red: hay que aprender a darle buen uso a internet:

Scalfari, fundador del periódico La Repubblica, observó que la web, con los efectos homogenizadores de su memoria colectiva artificial, le ha dado a la generación joven pocos incentivos para ejercer su propia memoria. Después de todo, ¿para qué registrar un dato en la memoria si sabemos que siempre estará disponible apretando un botón? Scalfari también observó que, aunque internet nos da la impresión de que nos conecta con el resto del mundo, a fin de cuentas es una sentencia de soledad autoimpuesta.

Coincido con Scalfari en que la pereza y el aislamiento que promueve la web son dos de los mayores flagelos de nuestro tiempo. Pero veamos el pasaje de Fedro de Platón, en el que el faraón reprende al dios Tot, el inventor de la escritura, por haber creado una tecnología que le permite al hombre registrar datos en papel y no en la memoria. Pero sucede que el acto de escribir de hecho estimula a la gente a recordar lo que ha leído. Aún más, fue gracias al advenimiento de la escritura como Marcel Proust pudo producir su celebración de la memoria, En busca del tiempo perdido. Y si somos perfectamente capaces de cultivar la memoria al escribir, ciertamente también podemos hacerlo al navegar por internet, internalizando lo que aprendemos en la web.

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