17, Dic 2010

Terry Eagleton: la muerte de las universidades

Terry Eagleton publica hoy un artículo en el Guardian sobre la crisis de las universidades en Gran Bretaña y, en particular, el desplazamiento de las humanidades del centro a los márgenes de la cultura universitaria. "Atestiguamos la muerte de las universidades como centros de crítica," dice Eagleton. Desde los tiempos de Thatcher, su función ha sido servir al status quo, no cuestionarlo a nombre de la justicia, la tradición o la imaginación. 

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Un comentario

  1. FMGARZAM dice:

    PROFESSOR:
    Leo algo sobre universidades y observo, dado que aún me cuestan, mi hija e hijo en parte. También lo que platico con sus amigos y mis sobrinos. Como cuando los visito. Lastima que no he podido ver a mi sobrino de Princeton. Pero me tocó verlo con los de Stanford y Berkeley en semana santa y cenando con uno de Chicago el Domingo (Estudia College, Economía, lo hacen cursar Biología).
    Lo dice un real man de la ingeniería, triple Filisteo (Philistine, Goliat pariente de David). Genetica, mercantilmente y culturalmente.
    Yo veo tres problemas. Uno es lo pomposamente aislacionista y elitista que es la gente de las humanidades. Lo poco abierta y cooperativa, intolerante y feudalista. (hasta en los comentarios tu blog hay discriminación.) Y eso que en historia no hay verdades comprobadas, todo es rollo y supositorios. No es ciencia.
    Otra es la meritocratización de las universidades. Como el mérito ha sustituido el privilegio (see Judt on attending King’s College, or David Brooks on Harvard). Los privilegiados tienen mejor oportunidad de sobrevivir en las humanidades.
    Lo que nos lleva a la mercantilización
    o sea costo-beneficio de los grados universitarios.
    No hay crítica por la meritocratización y la mercantlización. Berkeley es una universidad de overachievers asiáticos, conservadores y temerosos del efecto de la crítica.
    En fin. Veo dos fenómenos positivos. Uno en la no especialización, en lo interdiciplinario e integrativo que se está volviendo el mundo universitario. Sin Barreras.
    El otro es la globalización. Como las humanidades son el mejor puente para la comprensión inter-cultural. Sin Barreras, también.
    Llamame un Filisteo cosmopolitanista si quieres. Pero las Humanidades son de cerrazón. Como se maneja en la ciudad de los palacios, los privilegios. La poco cosmopolita ciudad donde Barcelonetes son Franceses despues de 6 generaciones. Igual para otras culturas, representadas por propias formas de cada RAJ.
    SOBRE COSMOPOLITANISMO:
    Winds of cosmopolitanism
    Making sense of the past
    Mediterranean cities Dec 9th 2010 | from THE ECONOMIST PRINT EDITION
    http://www.economist.com/node/17672952?story_id=17672952
    Levant: Splendour and Catastrophe on the Mediterranean. By Philip Mansel. Yale University Press; 470 pages; $25. John Murray; £25. Buy from Amazon.com, Amazon.co.uk
    IN SCHOOLS across the eastern Mediterranean, children are still learning about the past of the fascinating places where they live through the distorting lens of modern nationalism. In varying degrees of crudity, they are presented with the idea that history’s principal narrative is the story of their own people—the Greeks, the Turks, the Arabs—and their struggle to throw off foreign influences and fulfil their destiny. In these stories, “others”—those outside the nation or group—are either wicked oppressors, barely tolerated guests or secondary, bit-part players.
    Fortunately, children do not believe everything they are told. If they are lucky, they pick up other narratives by talking to their grandparents, or by looking carefully at the confusing mix of buildings and monuments that surrounds them.
    The real story of their region cannot be reduced to that of recently created and artificially homogenised states. If there has to be one master narrative, a far more interesting (and honest) one is formed by the evolution of the grand and ancient cosmopolitan cities, where an extraordinary range of micro-societies, each with its own hierarchies, traditions and taboos, have interacted and cross-fertilised on perpetually changing terms.
    That is the starting point for Philip Mansel’s highly enjoyable and intricately-worked account of three great Mediterranean ports: Alexandria, Smyrna and Beirut. In each of these places, a great array of cultural forces, both local and external, lent a unique, often bittersweet texture to daily life, at least when cosmopolitanism was at its height. In such places, shifting hourly from one language and scene to another was an indispensable life-skill. The most successful individuals, from café owners to bankers, were often those whose ability to manoeuvre between cultures was particularly well developed. And despite the internal self-discipline which each community practised—strongly discouraging marriage outside the group, for example—such cities offered endless opportunities for quiet defiance. Individuals found that they could always form friendships, fall in love or do business together in ways that tested the limits of the permissible.

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