05, Oct 2020

El arpón de la mirada

Ver / Sobre las cosas vistas, no vistas y mal vistas, de Francisco González  Crussí | Letras Libres

En uno de sus ensayos sobre la ciencia y el arte de ver, el patólogo Francisco González Crussí comenta la existencia de un templo en Mesopotamia dedicado al ojo. En lo que hoy es el noreste de Siria, se levantó, hace miles de años, un santuario de la mirada. A los pies de una construcción de la que quedan sólo ruinas, fueron descubiertas miles de estatuillas que registran el poder de la vista. Las pequeñas esculturas son abstracciones del cuerpo humano que tienen ojos por cabeza. Torsos que culminan en dos elipses vigilantes. Sobre el cuello, dos ojos bien despiertos. Estos mirones no tienen nariz ni boca. No tienen brazos ni orejas ni cachetes. Les bastan los ojos que nos ven. ¿Dioses de la visión? ¿Amuletos para la agudeza? ¿Ofrendas a una deidad que nos regala las formas y los colores?

Lo que resguardan los párpados no son receptores inocentes del paisaje exterior. Así imaginamos, seguramente, a nuestros ojos: la más confiable ventana a la realidad, los órganos puros de la percepción: pantallas que recogen el baño de la luz.

El artículo completo puede leerse en nexos de octubre.

 

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