07, Ago 2008

El gobierno como niñera

Timothy Egan escribe un artículo hoy sobre el renacimiento del paternalismo. Alcaldías a lo largo de Estados Unidos que actúan como niñeras. El gobierno debe cuidar que la comida no nos mate, que el aire no nos enferme. Pero debe dejarnos en paz.

HamburguesaEn la revista reason, Steve Chapman detecta dos paternalismos en conflicto. Por un lado habla de un «paternalismo libertario.» El nombre es, obviamente, una contradicción en términos pero sugiere que puede fomentarse un cambio en la cultura, sin imposiciones. En un libro reciente, Cass Susstein y Richard Taler hablan de diversas formas que pueden influenciar positivamente en la decisión personal sin imponer una noción de virtud. Pero, frente a esa promoción de elecciones saludables, hay también la tendencia de revivir el paternalismo duro y coercitivo.

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7 Comentarios

  1. Raúl Zepeda dice:

    Crei que esta visión era solo mia. Ahora el Gobierno se cree moralmente autorizado para decidir como madre de las personas. Caso por ejemplo de la reciente campaña de Televisa y el Gobierno «Estar bien contigo», donde ahora ellos se asumen como los que deben ayudar a las personas solo por que ellos tienen su estandar de vida.
    Esta campañas se inscriben en este renacimiento del paternalismo. Le agaradezco que ayude a ver en los medios internacionales estas visiones.

  2. Xavier Tello dice:

    Jules Winnfield (en Pulp Fiction): «Mmm-mmmm. That is a tasty burger. Vincent, ever have a Big Kahuna Burger?»
    Buena imagen Jesús.
    Pero hablando del paternalismo en México, hay muchos ejemplos en la censura a los programas o medios de comunicación que se aplicó hasta la década pasada o la construcción de nuestra entrañable «Historia oficial».
    Tal vez no lo notan quienes no están directamente involucrados, pero hasta el día de hoy, el gobierno ejerce un sutil paternalismo en el campo de la publicidad aplicada a los fármacos.
    Por algún motivo, se ha decidido que los pacientes (o la gente común) no debe de recibir ningún mensaje sobre para qué sirve un medicamento o cual es su dosis. Hay un reglamento al respecto, que no se debe violar.
    So pretexto de «protegernos de la auto-medicación» (que de cualquier manera ocurre), el gobierno nos califica como menores de edad (¿mental?) sin la capacidad ni el criterio para informarnos o decidir sobre nuestra salud y los medicamentos que nos administran o nos administramos.
    En los Estados Unidos la publicidad es libre; en otros es restringida, pero la información no es de «uso exclusivo para médicos» siendo prohibida para los ojos de los ciudadanos comunes, como es el caso de México.
    ¿Algún día nos dejarán crecer?

  3. Alejandro Galicia G. dice:

    Una amiga siempre me mandaba directo al panteón cuando se me ocurría ordenar un jugoso bife y un humeante jugo de carne como entrada, cuando nos reuníamos para tratar de comentarnos cosas importantes. Para ella, por desgracia, éstas críticas lo eran; y mientras escogía las empanadas, me profetizaba un ataque cardiaco y cosas terribles relacionadas con el colesterol y hormonas gringas.
    En sí, tiene razón, aunque sus ataques nunca me convirtieron en vegetariano. Al contrario. Pero al menos no quise imponerle pozoles jaliscienses con tostadas para los domingos. Respeté su elección de ensaladas sin aceite de oliva y no arriesgar su anemia. Jamás fuimos pareja.
    La frontera entre hacer lo sano o conveniente a fuerzas, y hacerlo al informarse y escoger, puede borrarse. Es importante que no suceda. Es algo sensible. Sin libertad de convencerse o aprender, puede ser contraproducente. Al final, pues sí, se impondrá lo más conveniente y sano para nosotros –como el fumar o no hacerlo.
    Supongo se necesita de un proceso de información y educación. Y con esa libertad. Mi abuela pensaba que para algunas cosas, a fuerzas ni los calcetines entran. Le contesté cuando crecí que mientras no afectara a mis vecinos, que me dejaran elegir. Mientras sonreía, me servía mis chilaquiles con chorizo y me reafirmaba con un “Ya aprenderás…”. Y sí.

  4. Geraldina dice:

    Está de moda formar ciudadanos virtuosos.
    Gracias a la nueva ley de protección al no fumador, o mejor dicho a la prohibición de fumar en lugares públicos, los fumadores se han convertido en ciduadanos inmorales, y es que nos dicen: «el Estado» quiere proteger nuestra salud y la de los demás. Resulta que antes todos los no fumadores vivían aterrorizados por los inhaladores de humo, nadie se atrevía a decir nada ni siquiera a llorar a escondidas por haberse tenido que sentar en Vip´s alado de una mesa de fumadores. Hoy, el Estado ha respaldado a esta minoría oprimida y resulta que no era minoría! Como es virtuoso ser no fumador y odiar a los fumadores, ahora las encuestas nos muestran porcentajes de más del 60% de odiadores del tabaco.
    Fumar se ha vuelto un crímen. Una vergüenza. Prender el cigarro implica ya un acto de osadía.
    Hace unas semanas una amiga y yo buscamos por horas un bar en donde poder tomar una cerveza con un cigarro. Encontramos un restorán, había poca gente, pero todos fumaban y nadie juzgaba a nadie.
    Al cabo de unas horas apareció una familia, con dos hijos, uno de menos de 6 meses y uno de unos 3. Los abuelitos y los papás. Se sentaron en el medio del restorán.
    Quién se hubiera atrevido a seguir fumando?
    Pobre del que lo hubiera hecho, porque el fumador hubiera sido el insenzato, no la familia que decide meterse a comer en un bar de fumadores (a sabiendas). El Estado ya nos dijo que fumar está mal, el Estado quiere ciudadanos sin cáncer, ciudadanos ejemplares.
    Por qué no hacerlo al revés y prohibir a la familia entrar al bar de fumar?
    Pero mejor, por qué no dejar a los fumadores y las familias con bebés decidir?
    Si el Estado quiere cuidar nuestra salud, que comience por prohibir los viajes por carretera y en avión, el buceo, las ferias, los bungees, el paracaidismo, la carne roja y los sesos, el alcohol, y todo aquello que implique un riesgo para la vida.
    No quiero tener que comer ensaladas cuando lleguen los ciudadanos virtuosos a interrumpir mi hamburguesa.

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    So pretexto de «protegernos de la auto-medicación» (que de cualquier manera ocurre), el gobierno nos califica como menores de edad (¿mental?) sin la capacidad ni el criterio para informarnos o decidir sobre nuestra salud y los medicamentos que nos administran o nos administramos.

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