10, Abr 2013

El liberalismo de la fe y el liberalismo de la duda

Montaigne

Hay una sensibilidad liberal que trasciende la teoría. Una aspiración de convivencia liberal que no pretende sellarse en doctrina y que, en el fondo, resiste la tentación de adoctrinar. Es hija de una vieja prudencia que sigue desconfiando del teorema que demuestra la Verdad. Es el liberalismo de la duda, tan renuente a enclaustrarse en la cercana teoría liberal como en cualquier dogma. Liberalismo blando quizá –pero no dócil.

Frente al liberalismo escéptico se planta, orgulloso, un liberalismo de fe que se viste con trajes de ciencia para trazarse una misión planetaria. Está convencido de que sus coordenadas han resuelto el misterio de la sociabilidad: un impenetrable paquete de derechos y un poder sometido a restricciones institucionales bastan para una prosperidad feliz. En el genio de Hobbes esta persuasión liberal encontró el modelo de su razón geométrica. Una cadena estricta de silogismos levantando el imponente edificio de la modernidad. El Estado se sustenta en la razón consensual y solo en ella. Los individuos, idénticas máquinas que computan su interés. Los derechos que encumbra le dan la espalda a la historia y niegan la costumbre a través de la fantasía de un estado de naturaleza o de un tapaojos. La teoría es una fuga a la abstracción y la política, sometimiento a ese escape. Nadie ha contribuido tanto a la formación del liberalismo de la fe como Hobbes, el absolutista de la imaginación prodigiosa. Habrá inventado un monolito totalitario pero dio a la modernidad esa arrogancia técnica que el liberalismo hermético conserva. En concepto y método, ese liberalismo de fe le debe todo. Su confianza filosófica y la universalidad de su horizonte provienen directamente de ese diccionario preceptivo que es el Leviatán.

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4 Comentarios

  1. FMGARZAM dice:

    Poco a poco lo vamos aprendiendo Professor.
    Me pregunto, o podrás preguntar a Christopher Dominguez, si la gran pugna entre Fray Servando, nuestro Padre Mier, con Ramos Arizpe, más allá de la usual animadversión Monterrey vs Saltillo/Altiplano, sea originado en eso que describes. Un liberal de disposición o pre-disposición, de praxis, con un liberal evangélico, de la fe, de los libros.

  2. FMGARZAM dice:

    Margaret they hardly knew you…
    Para que tanto rebuscamiento.
    El liberalismo es una costumbre sociológica, y generalmente es bastante espontánea–hasta se contagia.
    Procede del comportamiento más que del pensamiento. De la práctica deliberada más que de rimbombantes manifiestos.
    Si bien la duda lo caracteriza, su más grande virtud está en el riesgo. La incertidumbre, la disposición a afrontar el riesgo, de afrontar la cruda realidad y aguantar sus consecuencias. (Por eso no tiene otra arma que la esperanza para competir con las promesas falsas.)
    El liberalismo no da nada, ayuda a producir, pero tampoco quita.
    Su forma escrita es la codificación (como «el librito» de códigos no escritos de conducta que llevan a círculos virtuosos), más que la invención o el producto de la elucubración. Aunque el ensayo lleva su espíritu.
    Y por eso es de todos para todos y no de alguien o algunos para todos.
    El problema del liberalismo es que requiere de densidad en la gente en lo que se refiere a grandeza de espíritu.
    Creo eso hubiera dicho John Wayne…

  3. FMGARZAM dice:

    En el liberalismo ya instaurado en una sociedad, si bien no hay certeza en los premios, la gratificación de practicarlo, lo que debe ser absolutamente seguro es el castigo. El que la hace la paga.

  4. Armando de la Cruz dice:

    Jesús,
    Me parece que el liberalismo es un callejón sin salida. Su destino es el fracaso, debido a su fundamentación endeble, su vacuidad que lo hace vacilante y complejo de entender, y también por su carácter confuso.
    Creo que el liberalismo es una utopía que en su práctica, mas que liberar, paradójicamente se ata y se esclaviza a sí mismo.

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