27, Feb 2008

Reyes y la cordialidad

Fuente_alfonso_reyesSi el ensayo es el género de la cordialidad, Alfonso Reyes sigue siendo nuestro máximo ensayista. En sus paseos se encuentra esa hospitalidad que es el sello de la identidad ensayística. Sus artículos no dictan cátedra, no sermonean, tampoco riñen. Ofrendas de amistad. El conversador continúa la palabra de otros, acompaña, ayuda. Para el temperamento literario, escribió en algún lado, escribir es respirar. No es respiración por ser simple espontaneidad fisiológica, sino por ser un lavado del ánimo: la combustión de los rencores, transformación de la inquina venenosa en oxigenada divergencia.

El ensayo es el hijo caprichoso de una cultura abierta, dijo Reyes al describirlo memorablemente como “el centauro de los géneros.” Mestizaje del arte y la ciencia, en el ensayo hay de todo y cabe todo. Caben todos, agregaría. Si Montaigne abrió el espejo de sus cuadernos para que cupieran todos los Montaignes que él era, la prosa de Reyes es la calle por la que puede caminar todo mundo. Cuando el regiomontano ingresa al terreno de la polémica no incurre en la burla ni le tienta la posibilidad de descuartizar al otro con un párrafo intransigente. Por el contrario, rehuye el imán de simplificación y rechaza las incitaciones de los extremos. La honestidad del escritor le impide pensar como si las cosas tuvieran solamente una cara.

Los académicos insisten en verlo en falta: no aparece su obra cumbre, no publicó ese libro indispensable, no aportó el texto canónico. No era el especialista nutrido en las fuentes originales, no hablaba griego, escribía de oídas. Absurdas críticas para el ensayista. Lo importante de la prosa de Reyes es la carretilla, no el bulto de los ladrillos que transporta, ha respondido bien Gabriel Zaid: “Un inspector de centauros difícilmente entenderá el juego, si cree que el centauro es un hombre a caballo; si cree que el caballo es simplemente un medio de transporte. El ensayo es arte y ciencia, pero su ciencia principal no está en el contenido acarreado, sino en la carretilla; no es la del profesor (aunque la aproveche, la ilumine o le abra caminos): su ciencia es la del artista que sabe experimentar, combinar, buscar, imaginar, construir, criticar lo que quiere decir, antes de saberlo.”

Alfonso_reyes_mexico Ya se ha dicho que la obra de Reyes ha encontrado enemigo en sus obras completas, kilos de papel tapiado. A su rescate ha venido una legión de antologías que dan muestra de su genio. La más reciente es la colección Capilla Alfonsina editada por el Fondo de Cultura y coordinada por Carlos Fuentes. Libritos que recogen el arco de sus curiosidades y pasiones. Hasta el momento han aparecido tres volúmenes: México, con un estupendo prólogo de Carlos Monsiváis, América, introducido por David Brading y Teoría literaria, comentado por Julio Ortega. Las tres pequeñas compilaciones rescatan la vivacidad de una pluma crucial de nuestro siglo XX. En su liviandad, cada libro acentúa el aire y la claridad de una escritura que no debe sepultarse en un mausoleo de pasta dura.

El ensayo de Reyes expresa una victoria sobre el odio. Un hombre que se recuerda mutilado tras el sacrificio de su padre (“una oscura equivocación en la relojería moral de nuestro mundo”) se reconstituye a través de una escritura sin rabia ni codicia. Su ensayo puede leerse como el mejor contraveneno del odio que insisten en inyectarnos. No lo redacta ninguna manía, ninguna pose ostentosa, ninguna misión vengadora, ninguna cruzada de iluminado. No escribe contra otros: conversa con muchos. Su obra es una apuesta por la convivencia en un país desgarrado por la barbarie. “Tomar partido es lo peor que podemos hacer,” escribe en su “Discurso por Virgilio.” La discordia es el error.

Cioran escribió que el drama de Alemania era no haber tenido un Montaigne. El nuestro es mayor: lo tuvimos y no lo leemos.

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7 Comentarios

  1. ¡Este es el mejor Chucho Silva!
    Gran post (como diría Reyes, ¿no?), ¡felicidades!

  2. Irad dice:

    Me sumo a la felicitación de el mejor Jesús Silva, el ensayista. El de «Andar y ver».
    «¡Qué suerte la de Francia haber comenzado con un escéptico!», creo que también lo escribió Cioran.
    Les recomiendo el libro «Una habitación desordenada» (Pértiga-UNAM, 2007), de Vivian Abenshushan, quien destaca en el arte del ensayo.
    Un saludo!

  3. Irad dice:

    Me sumo a la felicitación de el mejor Jesús Silva, el ensayista. El de «Andar y ver».
    «¡Qué suerte la de Francia haber comenzado con un escéptico!», creo que también lo escribió Cioran.
    Les recomiendo el libro «Una habitación desordenada» (Pértiga-UNAM, 2007), de Vivian Abenshushan, quien destaca en el arte del ensayo.
    Un saludo!

  4. Si el ensayo es el género de la cordialidad, Alfonso Reyes sigue siendo nuestro máximo ensayista. En sus paseos se encuentra esa hospitalidad que es el sello de la identidad ensayística. Sus artículos no dictan cátedra, no sermonean, tampoco riñen. Ofrendas de amistad. El conversador continúa la palabra de otros, acompaña, ayuda. Para el temperamento literario, escribió en algún lado, escribir es respirar.

  5. Miguel A. Osuna dice:

    Bello «post». Desde Roma, saludo con respeto, a un escritor que se nota siempre generoso -como Reyes- y que sin duda es un respiro y vaso de agua, para los que leemos desde la íntima lejanía reaccionaria.

  6. Regocijado dice:

    ¡Bravo! Un oasis de inteligencia y serenidad en el mar de majadería y estulticia en que vivimos. Gracias.

  7. FMGARZAM dice:

    Professor:
    Que fortuna poder leerte. Lástima que mi ciudad, la que parió al Padre Mier de hace 200 años y al Reyes de hace 100 años, haya quedado estéril.
    Porque el ensayo es cosa seria. Muy a la Mexicana, ya no produce ensayistas; sin leerlo, solo pervive la prédica de los cajitas del culto Reyista.
    Congrats,
    Federico M. Garza Martínez

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