12, Abr 2008

Gracián y los diptongos

—¿Qué cosa es diptongo?

—Una rara mezcla. Diptongo es un hombre con voz de mujer, y una mujer que habla como hombre; diptongo es un marido con melindres, y la mujer con calzones; diptongo es un niño de sesenta años, y uno sin camisa crujiendo seda; diptongo es un francés inserto en español, que es la peor mezcla de cuantas hay; diptongo hay de amo y mozo.

—¿Cómo puede ser eso?

Gracian_criticn— Bien mal, un señor en servicio de su mismo criado. Hasta de ángel y de demonio le hay, serafín en la cara y duende en el alma. Diptongo hay de sol y de luna en la variedad y belleza; diptongo toparéis de sí y de no, y diptongo es un monjil forrado de verde. Los más son diptongos en el mundo, unos compuestos de fieras y hombres, otros de hombres y bestias; cuál de político y raposo, y cuál de lobo y avaro; de hombre y gallina muchos bravos, de hipógrifos muchas tías, y de lobas las sobrinas, de micos y de hombres los pequeños, y los agigantados de la gran bestia. Hallaréis los más vacíos de sustancia y rebutidos de impertinencia, que conversar con un necio no es otro que estar toda una tarde sacando pajas de una albarda. Los indoctos afectados son buñuelos sin miel, y los podridos, bizcochos de galera. Aquel tan tieso cuan enfadoso es diptongo de hombre y estatua, y destos toparéis muchos; aquel otro que os parece un Hércules con clava no es sino con rueca, que son muchos los diptongos afeminados. Los peores son los caricompuestos de virtud y de vicio, que abrasan el mundo (pues no hay mayor enemigo de la verdad, que la verisimilitud), así como los de hipócrita malicia. Veréis hombres comunes injertos en particulares, y mecánicos en nobles. Aunque veáis algunos con vellocino de oro, advertid que son borregos, y que los Cornelios son ya Tácitos, y los Lucios, Apuleyos. Pero ¿qué mucho?, si aun en las mismas frutas hay diptongos, que compraréis peras y comeréis manzanas, y compraréis manzanas y os dirán que son peras. ¿Qué os diré de las paréntesis aquellas que ni hacen ni deshacen en la oración, hombres que ni atan ni desatan? No sirven sino de embarazar el mundo. Hacen algunos número de cuarto conde y quinto duque en sus ilustres casas, añadiendo cantidad, no calidad, que hay paréntesis del valor y digresiones de la fama. ¡Oh cuántos destos no vinieron a propósito ni a tiempo!

De El criticón. Tercera parte.

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