30, Jun 2014

Ignatieff y el nuevo autoritarismo

El autoritarismo resurge. Distintas fórmulas autocráticas se ofrecen en el mundo como alternativas a la torpe democracia liberal. En los años 30, recuerda Michael Ignatieff en un artículo reciente (se necesita suscripción) publicado por The New York Review of Books, intelectuales de todas partes viajaban a la Unión Soviética de Stalin, a la Alemania de Hitler o a la Italia de Mussolini para elogiar el sentido de propósito de esas sociedades que comparaban con el desánimo, la debilidad, la mediocridad de la política democrática. Algo así se repite en estos tiempos. Las democracias empiezan a ver con cierta envidia a las exitosas autocracias. Antes, los occidentales que viajaban a Moscú admiraban el metro y veían en él el símbolo de un progreso que el individualismo jamás podría alcanzar. Hoy se ensalzan los trenes chinos y el trote de su economía. Ignatieff se concentra en la crítica a La cuarta revolución, editores del Economist, Micklethwait y Wooldridge, quienes regresan a la receta del adelgazamiento del Estado. Ignatieff discrepa:

El Estado liberal está en crisis, básicamente, porque sus instituciones regulatorias y políticas han sido capturadas o son asediadas por los intereses económicas que debían controlar. Si bien el Estado liberal nunca fue creado para promover la justicia distributiva, siempre debió evitar que el poder del dinero sofocara la competencia y corrompiera el sistema política.

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