19, May 2008

La demagogia de la procacidad

Javier Marías describe en su nota reciente de El país semanal la legitimación de la procacidad como en el lenguaje público. Hay  una nueva demagogia que no se empeña en elogiar al auditorio, sino en proyectar sus peores impulsos, aquellos que tienen sitio en lo privado pero que juzgamos inaceptables en el espacio común.

Berlusconi_forzaLo que está sucediendo en Italia –o antes en Polonia, con los gemelos Kaczynski– es muy preocupante. Hay allí unos políticos triunfantes que han borrado los límites entre lo que se puede decir o no en público. Han optado por hablar y comportarse como muchos de sus electores, sólo que éstos no tienen ocasión de hacerlo más que en privado. Una forma superior de la demagogia consiste en no limitarse a decirle al pueblo lo que éste desea oír, sino en –además– adoptar en público los mensajes y el vocabulario brutales que en principio sólo son admisibles en ese ámbito privado, y así darles legitimidad. “Lo que tú dices en voz baja lo voy a decir yo en voz alta, delante de cámaras y micrófonos, y así te autorizo y te halago. Yo soy como tú en todo, mira, y además no me escondo. No te escondas tampoco tú. Sal y vótame”. Y la gente va y lo vota, al deslenguado, al desfachatado, al chulo, al matón, al que ha perdido los modales y la cortesía. Esto es muy alarmante y muy grave, porque un político, precisamente, nunca debe ser “como yo en todo”, o, si lo es, debe disimularlo y conducirse como alguien con responsabilidad y mayor saber, como alguien a quien se contrata para que no incurra en nuestras simplezas y exageraciones, ni en nuestras manías y arbitrariedades, y para que hable no como lo hacemos todos en la taberna, sino como requiere el foro. Que los políticos empiecen a expresarse como en las tabernas, sin cortapisas ni hipocresías, suele ser el primer paso hacia un fascismo real. Si quienes deben atemperar y matizar encienden los ánimos y sueltan barbaridades como las que casi todos soltamos en casa, es fácil que a continuación las barbaridades pasen a cometerse, porque entonces se recorrerá muy velozmente el trecho que suele ir del dicho al hecho.

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3 Comentarios

  1. Helio Doro dice:

    Las palabras son palancas que mueven el mundo, solamente falta encontrales un punto de apoyo, decía un poeta cuyo nombre no recuerdo.
    Apoyar las palabras en la procacidad sirve para atizar la bajeza, de ninguna manera para enaltecer.
    Es de esperarse una respuesta apropiada del electorado, no de «esos» políticos.

  2. kate haliwell dice:

    Me parece bastante interesante esta entrada. Me llama la atención la forma en que Maquiavelo esta siendo ‘renovado’ por los políticos actuales. Junto con esto, esta el hecho de que la masa está cambiando su forma de disernir a sus líderes o gobernantes. En todo caso, esta muy explicito el equivalente de la frase ‘el poder de las palabras’. Y, estoy en total acuerdo con lo ‘alarmante’ del asunto, si de por sí, estamos como estamos, ¿dónde terminaremos?

  3. Estela Villamour dice:

    Consciente estoy del espacio que refiere este artículo ¿más no se ha dado esto en varias partes del mundo?
    Hablando de México, considero que gran parte de las decisiones tomadas encuentran su origen en la precaria educación poseída en el país, y en la constante y putrefacta alimentación que a ésta se le da.
    La falta de un criterio claro y con verdaderos fines utilitarios ha hecho de nosotros los principales expertos en elección de «finos payasos politiqueros».
    Extiendo la invitación a DISCRIMINAR (no en el sentido peyorativo de la palabra)todo aquello que se presente ante nuestros ojos con luz de bondad y caridad, ejerzamos correctamente nuestra capacidad de discernir y apelemos con ansias a aquél motivo por el que nos llaman «seres racionales».

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