08, Abr 2013

La sal, la sal

Julio Trujillo escribe hoy en Ciudad de Reforma

Señores del Gobierno del Distrito Federal, disculpen las molestias, les escribo porque el tiro les salió por la culata: desde que anunciaron que recomendarán a los restauranteros de esta ciudad retirar los saleros de las mesas, para concientizar sobre los daños que produce el abuso de dicho producto, mi hipertensión se fue al cielo.

¿O confundo hipertensión con azoro, irritación, simple y llano encabronamiento? Puede ser… Ya me resultaba difícil acostumbrarme al tutelaje de las buenas conciencias, que se escandalizan ante un bistec, o al de la moda, que equipara a las lonjas con el horror, pero esto es demasiado. Condenarnos a unas mesas sin saleros es como sugerirnos que no aderecemos nuestras conversaciones con adjetivos altisonantes, o con adjetivos, punto.


Mira que meterse con la sal es una política peligrosa por su colosal (ah, colo-sal) carga simbólica. Olvidemos, sólo por un momento, la miopía que confunde la administración con el adoctrinamiento: pensemos nada más en la sal misma, ese modestísimo condimento que nos ofrece, sin pedir casi nada a cambio, el sabor de la vida. ¡Hija del mar y de la roca, semilla del apetito, centavo de la civilización! ¡Pizca! La sal es el peón en el tablero de la historia y ahora de un solo movimiento quieren arrasar con ella como quien se exaspera ante una serie de jaques. Quitarnos la sal, ya no de nuestros paladares, sino de nuestros ojos, del horizonte de nuestras mesas, es ofrecernos un paisaje triste y chato, un mundo aséptico y llano como las relucientes, límpidas hasta la histeria, baldosas de un hospital. ¡Queremos superficies con saleros, así sea para evitarlos con la soberanía de nuestro albedrío!

Y ahora olvidemos, por otro momento, la importancia de esos cristales capaces de mover economías y desatar guerras, y regresemos a la creencia de que un problema se arregla… escondiendo el problema. No vamos a ignorar en esta columna que el abuso de casi todo es dañino, y que el de la sal en particular puede desembocar en la ya mencionada hipertensión arterial, pero creer que la concientización puede generarse con el ocultamiento es como regresar de golpe a los años de la Prohibición. Pongan un salero en cada mesa, fortalezcan los programas de salud pertinentes y trátenos como adultos, por favor. ¿Saben ustedes que "salario" proviene de "sal"? No recomiendo meterse por ahí…

La campaña que ha suscitado mi hipertensión se llama "Menos sal, más salud" y fue lanzada desde el mismísimo restaurante El Cardenal, en cuyas mesas muchos miles de comensales han condimentado sus alimentos hasta hoy. Sólo puedo imaginar a un mesero de dicho comedero, o de cualquier otro restaurante, portando un pin con el lema de la campaña, que antes de ofrecernos un tequila nos largue un folleto informativo… Eso sí será el horror.

Al señor Armando Ahued, Secretario de Salud del Gobierno capitalino, quien lanzó la campaña y quien nos ha anunciado que por estos días iniciará una "Ola Blanca" que consistirá en la medición masiva de la presión arterial en distintas estaciones del Metro, quisiera dedicarle el final de la "Oda a la sal", de Pablo Neruda, poema en el que también se habla de una ola:

Polvo del mar, la lengua
de ti recibe un beso
de la noche marina:
el gusto funde en cada
sazonado manjar tu oceanía
y así la mínima,
la minúscula
ola del salero
nos enseña
no sólo su doméstica
blancura
sino el sabor central del
infinito.

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8 Comentarios

  1. maria rosas dice:

    que nos dejen comer lo que nos pegue la gana. Creen que quitando la sal de las mesas se acabó con el problema de la hipertensión. Ojalá y encontraran una solución así de rápida para acabar con la pobreza que lastima tanto a este país.
    Estoy megarequetencabronada.

  2. ¿El regreso del paternalismo?

  3. FRIEDA BROIDO dice:

    YO TENIA HACE YA VARIOS AÑOS,CUANDO IBA YO COMO EN QUINTO O SEXTO AÑO DE PIMARIA, UN LIBRO DE CIENCIAS NATURALES EN DONDE UNA DE LAS LAMINAS QUE MAS ME IMPRESIONABA ERA UNA QUE TENIA UNA FOTOGRAFIA DE UNOS ELEFANTES CAMINANDO EN FILA. AL PIE DE LA FOTO DECIA.»ELEFENTES CAMINANDO EN AFRICA EN BUSCA DE SAL.» FIN DE MI COMENTARIO.

  4. Guillermo Cué Ramírez dice:

    A ver, no nos confundamos: nadie prohíbe comer sal ni nadie impide comer lo que se le pegue la gana a uno. Simplemente, se pide retirar la sal de las mesas para limitar el acto reflejo de mucho comensales de poner automáticamente y sin haber probado si hace falta. Que no quiere decir que si la pides no te la den. Dado el costo enorme que genera la atención de los hipertensos (lo que no es un problema en sí, sino sumado a los cada vez más urgentes problemas presupuestarios en salud pública), me parece sumamente bien como medida de concientización (¿quién ha hablado de solución desde el gobierno de la ciudad? nadie, ni que tuvieran varita mágica, por favor). ¿Que podría haber otras prioridades? Seguramente. ¿Que por algo se empieza y que al fin y al cabo algo es algo? También. No exageremos: si tanto les molesta la sal, no hay más que pedirla, no creo que el esfuerzo de formular el pedido los vaya a matar de un infarto.
    Y no voté por el PRD ni en general estoy de acuerdo con sus ideas. Es sólo que soy hijo y esposo de hipertensas y me parece un buen principio para combatir este problema en específico.

  5. FMGARZAM dice:

    Confieso que yo no uso el salero, excepto para encubrir los peores defectos de la comida. Ya sea de origen del ingrediente o torpeza del cocinero(a).
    Pero. Eso sucede cuando eliges y eriges a talibanescos Comisarios de la Moral y la Buenas Costumbres.
    ¡Ojalá se salen! Se salen por 7 años, 7 meses, 7 días, 7 horas, 7 minutos, 7 segundos…

  6. FMGARZAM dice:

    ¡Cretinismo Endémico! ha decretado como diagnóstico el Dr. House al auscultar el comportamiento de la autoridad PRDista de la Ciudad.
    Las personas que se obsesionan en extremo al no consumo de la sal, y las que consumen sal pero solo la del tipo de sal de diseñador o gourmet, y que no remedian las deficiencias que el evitar el uso de sal comercial conlleva, tienden a desarrollar las consecuencias de la falta de yodo en sus organismos.
    En salud pública, la sal es usada como el vehículo para dosificar a la población el yodo necesario. Por eso la sal comercial lleva la leyenda Iodatada. El yodo se necesita para prevenir el Bocio y el cretinismo endémico, entre otras cosas causadas por la deficiencia.
    Para muestra: el botón antisal.

  7. Mireya munguía dice:

    Se ahogan en un vaso de agua ( sin sal). Quieres sal, pídela.
    Diferente es con los fumadores, que deben abandonar sus comidas o bebidas para fumar EN LA BANQUETA. No quiero comer entre no fumadores, quiero comer o beber entre fumadores en un ambiente respetuoso, protegido, limpio, etc.

  8. Ana Fleichman dice:

    El tema, como siempre, es darnos cuenta en manos de quiénes estamos. Puro cretino tomando decisiones de escritorio que regresa a su casa convencido de que a él y sólo a él se le ocurren las «mejores» ideas. Ideotas, es lo que tienen en el GDF, empezando por Mancera y siguiéndonos con todos sus ridículos secretarios. Quizás empiecen, también, a escondernos los lápices, no vaya a ser que nos saquemos un ojo. Por fortuna el ajedrez priísta para recuperar la Ciudad de México ya hizo sus primeros movimientos.

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