25, Mar 2012

Laicidad activa

El laicismo no supone simplemente la aconfesionalidad pasiva del Estado, sino una aconfesionalidad activa concretada en el compromiso de crear y sostener un espacio cívico político definido exclusivamente por la ética y el simbolismo civil, cerrando el paso a toda deriva política de lo confesional. Desde el punto de vista laico, la condición de ciudadano es la única sobre la que tiene competencia el poder político, y en virtud de ese título se establece la capacidad individual para participar en la constitución y control de ese poder, sin que pueda tenerse en cuenta ninguna otra condición sea ésta la pertenencia religiosa, la racial y la étnica.

Javier Otaola, Laicidad, una estrategia para la libertad. Editorial Bellaterra, Barcelona, 1999.

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2 Comentarios

  1. Alberto Morales dice:

    “Cerrarle el paso a toda deriva de lo confesional” ¿No suena esto a un laicismo fundamentalista parecido al de Voltaire?
    Le sugeriría a Javier Otaola revisar los escritos de John Rawls, quien, en mi opinión, elabora una visión de la laicidad bastante razonable, sin atentar con planteamientos extremistas contra la libertad religiosa.

  2. Desde el punto de vista laico, la condición de ciudadano es la única sobre la que tiene competencia el poder político, y en virtud de ese título se establece la capacidad individual para participar en la constitución y control de ese poder

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