22, Feb 2016

Lejos de la hagiografía

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José Ortega y Gasset fue a buscar en Mirabeau el retrato de su opuesto. El ensayo que le dedicó es un fascinante ejercicio de introspección en negativo. Mirabeau era para él “cima del tipo humano más opuesto al que yo pertenezco”. Entendiendo el arquetipo del político, el filósofo podría comprenderse mejor, no por afinidad espiritual sino, precisamente, por contraste. El hombre de poder es descrito así, como el antiintelectual. Quien actúa desde el Estado no tiene célula emparentable con quien piensa desde su escritorio. Uno vive en la acción, el otro la rehúye. Uno pone las ideas entre el deseo y su acto, el otro es torrente de impulsos que no se distrae con sueños. Dos tipos humanos incompatibles: ocupados y preocupados; políticos e intelectuales. Ortega no solamente niega la fábula de una criatura que acople a las dos bestias: un intelectual-político es como un pez con melena. El filósofo descarta incluso la posibilidad de que el político tenga realmente vida. Volcado a la acción, el político se vacía. No tiene vida interior y carece de personalidad. Sus obras la absorben. Por eso, concluye, ese personaje incapaz de escuchar el rumor de su intimidad, no puede ser interesante.

Jesús Reyes Heroles rechazó aquella disyuntiva porque lo negaba. No aceptaba la imposición del dilema: ser político no podía representar la cancelación de la curiosidad, la sumisión del pensamiento, la entrega del escrúpulo. Se sabía miembro de un especie rara pero ilustre. Pertenecía al linaje de los políticos de ideas, intelectuales que habían aceptado el llamado de la acción. En sus libros exploró la mutación de las ideas en actos, en su actividad política demostró los beneficios prácticos de la reflexión.

No es extraño que el personaje se haya convertido en leyenda. El único ideólogo del régimen, el padre de la transición, el inventor de legitimidades. Un anticuario práctico, un hombre que entendía los códigos del palacio sin ignorar las exigencias de la palabra pública. Un espontáneo aforista, un rebelde comedido. El mito se alimenta de frases memorables y anécdotas jugosas. Don Jesús. Federico Reyes Heroles (ciudad de México, 1955) nada en su memoria para evocar al personaje público, pero sobre todo, para tocar a la persona. A treinta años de la muerte de su padre, ha escrito Orfandad, una entrañable novela sin pizca de ficción.

El artículo completo puede leerse en Letras libres.

 

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