21, Nov 2013

Leopardi: alegría y tristeza

Debe ser algo notorio que así como la alegría nos conduce a comunicarnos con los demás (de tal manera que un hombre alegre se convierte en locuaz, por más que de ordinario sea taciturno y se arrime con facilidad a personas que en otro momento habría esquivado o no habría tratado con facilidad, etc.), de la misma manera, la tristeza nos lleva a huir del consorcio de los demás y a replegarnos en nosotros mismos, con nuestro pensamiento y nuestro dolor.

Pero observo que esta tendencia a la prolongación de la alegría, al replegarse en la tristeza, también se da en los actos del hombre poseído por uno de estos aspectos, y, como con el estado de alegría, él pasea, mueve y alarga sus brazos y piernas, y, en cierto modo, se expansiona con el desplazarse velozmente de aquí para allá, como buscando un cierto respiro; así, en el estado de tristeza, se repliega, inclina la cabeza, aprieta y cruza los brazos contra el pecho, camina lento y evita cualquier movimiento vivaz, y por así llamarlo, generoso.

En Giacomo Leopardi, Las pasiones.
Edición de Fabiana Cacciapuoti, publicado por Siruela

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