06, Oct 2010

Placeres prohibidos

On Kindness La bondad es el último tabú. Hemos conseguido traspasar las barreras más antiguas pero queda una muralla firme y hermética: la amabilidad. La generosidad es nuestro placer prohibido. A romper con ese tabú nos invitan el psiquiatra Adam Phillips y la historiadora Barbara Taylor en un ensayito titulado simplemente Sobre la amabilidad. Es difícil negar que la amabilidad es fuente de placer. Disfrutamos siendo amables, gozamos si alguien es amable con nosotros. Un gesto, una sonrisa, una atención, una palabra dulce: obsequios del afecto que pueden transformar felizmente nuestro día. Pero parece que la amabilidad es sospechosa: ¿qué quiere este tipo que nos ayuda? ¿Por qué nos sonríe el burócrata? ¿Qué intenciones tendrá quien se detiene en la calle para ayudarnos? Tendemos a imaginar algo torcido en la generosidad. Así, pensamos que la amabilidad es un anzuelo para ganar algo, una hipócrita ostentación moral, el ocultamiento de alguna debilidad. 

Hemos llegado a pensar que la amabilidad nos conduce al fracaso, que nos exhibe tontos, que nos muestra débiles. Se nos ha colado en la piel el cuento del egoísmo congénito del hombre. Esa idea de que ser bueno con otros es un absurdo psicológico, una locura, casi un suicidio. Según ese cuento, los cromosomas nos definen como bestias competitivas que sólo se mueven por ambición personal. Desde la psiquiatría y la filosofía, los autores de este librito reivindican la amabilidad como virtud natural. Tan espontánea es entre nosotros como la agresión. Aunque Rousseau lo haya dicho, es cierto que entre nosotros hay una ternura natural que nos encargamos de ir cortando. El libro recorre primero la historia de la idea y después analiza su sitio en la psiquiatría. La primera parte es un recuento sintético, aunque poco novedoso, de la bondad en la historia de la filosofía: de la virtud de la compasión a la ética del egoísmo competitivo. La segunda es, por lo menos para mí, muy sugerente. Hay, sin duda, una coerción social para que demos muestras de amabilidad, pero también una gentileza innata que nadie enseña pero que todos sentimos. Por un lado, está la imposición social de sonreírle al otro, de ceder el asiento al que está cansado; el deber de ayudar a la viejita en la calle Pero por otra parte, la amabilidad implica un placer: un deseo, un impulso interior. Será que la amabilidad es exravagante, como ellos dicen. Comienza en los primeros días de la vida, como un soborno: es la ternura que aparece para comprar el cariño materno. Después, puede llegar a soltar su impulso manipulativo para ser simplemente, otro anhelo de contacto. En ese contacto está el peligro de ser amable: de ahí el temor y el estigma. 

La hipótesis del libro es que la amabilidad es peligrosa porque muestra nuestra vulnerabilidad, nuestra dependencia del otro. La amabilidad nos coloca en lugar del otro y en algún terreno amenaza con disolvernos. Por eso nuestra cultura resguarda la personalidad con armaduras para ponernos a salvo de nuestra propia amabilidad . Como la sexualidad estrictamente reglamentada, la amabilidad se codifica y se reprime. Vale lo que nos recuerdan Phillips y Taylor: actos de amabilidad demuestran de la manera más clara posible, que somos animales dependientes y vulnerables; animales que no tienen mejor recurso para vivir que los demás.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

9 Comentarios

  1. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Jesús no me gustó para nada el post, no todo lo que sale de boca de un psicólogo /menos de un psicoanalista, es la neta del planeta. Recuerda los delirios de esa vaca sagrada (y enorme psicoanalista) de apellido Freud.
    Lo del teorema M también está muy lúgubre y lucubrado.
    Cuestión de gustos. Saludos

  2. zambombita dice:

    twitter no oficial ¡
    @omarsilva_a

  3. Jorge Hernández dice:

    Relacionado con el tema
    Un libro de Jeremy Rifkin en una animación de RSA Animate
    The Empathic civilisation
    http://www.youtube.com/watch?v=l7AWnfFRc7g

  4. Omar dice:

    El delirio freudiano que considere amabilidad, empatía o compasión como una carcasa debajo la cual estaría la vulnerabilidad no sé exista. Lo ignoro, no tengo registro de eso, podría ser un ejemplo algo inadecuado inferir a tal grado un delirio, debido a la ironía que quise darle no creo sobrado. No obstante, puede verse un tratamiento digamos hobbesiano de este problema y sus conclusiones, que se traduce en sobre ejercicios analíticos o de pensar, a fin de dar con justificaciones (racionales) de emociones muy primarias, como la bondad o la empatía (amabilidad o compasión).
    Ahora bien, prefiero esa gentileza innata de la que hablas Jesús, quizá como acto-reflejo o retribución, no codependencia o autocodependencia (si puede concebirse el término) respecto la personalidad. Aún así, por hablar de entelequias sobre entelequias, hay quienes dan coba a Gladwell en su escepticismo ante lo abstracto de las redes sociales, a los efectos o potencial inciertos que éstas tienen para movilizar gente y organizar debates (tú citas disensos). Me parece que para el caso Gladwell –ese gran intuitivo– es demasiado romántico y añora. Gladwell para organizar disensos y relaciones organizacionales sólidas quiere tener enfrente lo más físico per se y solo intuir así.
    Pero volviendo al tema, cité ‘psicólogo’ o ‘psicoanalista’, nunca un psiquiatra, después de todo un psiquiatra es un psicólogo especializado. Tal vez influya partir de lo psiquiátrico para abordar objetos de estudio no netamente psiquiátricos, como son los rasgos de trato social, de personalidad, etc. De cualquier manera, a lo mejor resulta, a ejemplo más atingente, que el hombre no se sitúa en otro escenario probable o diferente que considerarse y pensarse homo sapiens (valga la redundancia). Hay genes, hay caracteres, existen rasgos o conductas que creemos muy nuestros y es posible no lo sean. Recuérdese que compartimos el genoma con homínidos vivos y otros ‘extintos’ (homo heidelbergensis, homo neanderthalensis, etc.). Respecto la empatía –o equivalentes– apenas ayer aperece en El Universal la nota siguiente http://www.eluniversal.com.mx/articulos/60944.html

  5. FMGARZAM dice:

    En el ojo de la tormenta:
    You kill me with kindness.
    You call me ‘Your Highness.’
    But When I get Blue
    I can never find you.
    The circle keeps turning
    The sky is still burning.
    I hear from my ex-
    On the back of my checks.

  6. Hola Omar: «el delirio Freudiano» del que hablas no existe. De hecho Jesús nunca se refiere a Freud. Los autores del libro que comenta son un psiquiatra y una historiadora.
    Lo más cercano a una teoría de este tipo en Freud, yo creo que lo podríamos encontrar en «Psicología de las masas y análisis del yo», donde él habla del amor como el elemento vinculante en cualquier grupo.
    Saludos,

  7. «Se nos ha colado en la piel el cuento del egoísmo congénito del hombre.»-palabras de oro!

  8. gadmin dice:

    Reflejado en http://unbosqueinterior.blogspot.com/2012/04/intenciones.html
    Lo que para unos es amabilidad, para otros es cortesía y un carácter gentil. Se evitan guerras con las normas más elementales de cortesía (léase diplomacia). Se arman caracteres con gestos amables. ¿No indica la amabilidad una seguridad en sí mismo? Difícilmente se es amable si se tiene miedo.

  9. In today’s world, nothing
    without a lolita dress package has the ability to sell including an
    eraser. Simple though very important thing to consider is that the
    hiking footwear package is not only aimed at preserving, but to get the
    attention of the target market. If the cheap elctronics package is all
    rugged and out of shape, regardless of how much of a treasure the
    inside is, no one will be interested. Some of these cheap wedding
    dress will come with the product for free but if high quality package
    has to be done like in wholesale, the buyer has to compensate for the
    extra packaging.

Deja un comentario