02, Feb 2008

Tres libros sobre Fox

Foxcar En semanas y meses recientes se han publicado tres contribuciones importantes para examinar lo que pasó entre el año 2000 y el 2006. Tres testimonios, tres alegatos, tres crónicas que tratan de desentrañar lo sucedido: un relato firmado por el propio presidente Fox; el recuento de sus principales batallas, según el registro de dos colaboradores cercanos, y la crónica de esos años a partir de una revisión meticulosa de información periodística. La triple reseña está en hojaporhoja. De ahí tijereteo mi comentario sobre el libro "de" Fox:

Nadie que haya vivido en México puede sentirse decepcionado de La revolución de la esperanza, pero resulta difícil no sentirse ofendido. En el recuento de sus años como presidente de México, Vicente Fox no tuvo el cuidado de dirigirse al país que gobernó para reflexionar sobre su gestión, sobre aquellos que considera sus éxitos y los desafíos que ve hacia adelante. Fox firma un libro perceptiblemente tecleado por otro sin buscar siquiera la adaptación a México. Como ha recordado Fernando Escalante en su estupendo libro sobre los libros, en la nueva industria editorial se puede ser autor sin saber escribir. Es el caso de Fox. Su ghostwriter ha maquilado un texto con todas las fórmulas de los libros de famosos, sean políticos cantantes, o adolescentes con problemas de adicción: enternecedores recuerdos de infancia; anécdotas de sus encuentros con otros famosos; confesiones sentimentales y un aderezo de frases citables. El libro es insultante. Fox tuvo una voz en el discurso público mexicano. Hoy está de moda menospreciarlo hasta la burla. Pero era su voz, su tono, su estilo. Era desparpajado y ocurrente, muchas veces pendenciero. Pero también era auténtico, sencillo y, sobre todo, antisolemne. Esa voz no se escucha en este libro dizque escrito por Fox.

De ahí que nos enteremos, gracias a una atenta aclaración, que Los Pinos es “La Casa Blanca de México” y que pretenda vincular en cada párrafo lo que sucede en México con alguna película de Hollywood, con algún político de Washington o algún fragmento de la historia estadounidense. La mala traducción del libro original tiene resultados desastrosos: las muletillas y frases hechas que son comunes en Estados Unidos viajan muy mal al español. Repleto de anglicismos y referido abiertamente al público estadounidense, el libro muestra a un Fox que pretende retratarse como un revolucionario en la liga de Havel, Mandela o Martin Luther King. Describe al México previo a su esperanzada revolución como un típico país latinoamericano, gobernado por el típico dictador latinoamericano y saqueado por los típicos ladrones latinoamericanos. Fox se hace describir como un americano que ha querido vivir el sueño de América. .

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Un comentario

  1. Silverio Perroni dice:

    En el México del último siglo, los políticos profesionales no han podido
    (o querido) cambiar los regímenes totalitarios.
    La mayoría se integró cómodamente al sistema para medrar de él.
    Empresarios como Francisco I. Madero, y recientemente los neopanistas,
    liderados por Clouthier, tuvieron la valentía de enfrentarse al poder.
    Madero pagó con su vida el atrevimiento, y los de siempre volvieron a
    gobernar. Clouthier, por su parte, fue arrollado por el
    revolucionario «Torton».
    Pero otros no escarmentaron e insistieron tercamente hasta lograr sus
    metas. Primero, algunas Gubernaturas, después, el Ejecutivo federal.
    Desde luego, han tenido muchas fallas.
    El mundo de los negocios es muy diferente a la administración pública;
    ahí los recursos son limitados y tienen dueño, por lo que ineptos y
    ladrones son un peligro para la supervivencia de la empresa.
    Ahora los empresarios van siendo sustituidos por políticos del partido
    que los llevó al poder. Seguramente ellos lo harán mejor. Aquellos
    regresarán a sus changarros, hasta que se requiera sacar a individuos o
    partidos que se adueñen de Los Pinos.

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