06, Feb 2014

Maximiliano descubre el colibrí

«Yo caminaba al frente del grupo, entre dos muros de follaje. De pronto, alguna cosa cruzó frente a mí, rápida como el pensamiento. Mis sentidos iban tan alerta que no se me escapaba nada, ni un movimiento ni un ruido. Ora vez vi pasar frente a mí aquella cosa rápida como un relámpago, la vi subir y bajar. Y al fin, tras un ir y venir continuo, y siempre con igual presteza, el movimiento se concentró en una liana my cerca de mí. Era una vibración incesante, un zumbido, una oscilación mil veces repetida. Se diría un pensamiento atrapado al vuelo y encerrado en una palpitación de alas, flotante y suspensa en el espacio.

No me engañaba, no: mis ojos lo habrán presentido y reconocido. Arrobado y extático, me encontraba yo en presencia del primer colibrí que me fue dado ver en mi vida. Helo ahí, por fin, aquel pájaro que los brasileros, con excepcional inspiración poética, llaman beija-flor (besa flor). Tuve tiempo de hacer señas a mis compañeros, y pronto formamos círculo en torno de aquella maravilla. Gozamos a nuestro sabor del espectáculo tan deseado, de que tanto habíamos oído hablar, y nos esforzamos por fijarlo en nuestra memoria. la realidad resultó superior a toda expectativa y a toda posible descripción. Y aumenta el encanto de la aparición la circunstancia de que este diminuto ser es inasible; ni es dable reproducir sus movimientos ni guardarlo en cautividad. Semejante a las imágenes del sueño, aparece cuando menos se le espera, y huye cuando más nos atrae. La mano del hombre sólo puede cobrarlo una vez que ha muerto, es decir, cuando ya ha perdido su principal encanto, aquella vivacidad de que sólo hace gala cuando anda en su reino florido.

El colibrí escapa a los juicios prosaicos; al igual de perfume de las flores, no se deja analizar, como el mismo soplo poético, como el acento de las arpas eólicas. Es tan pequeño y gracioso, tan veloz, que se sustrae a toda definición de la sustancia corpórea. Hasta parece ridículo el querer clasificarlo en cualquiera de los reinos naturales. Más bien se le tomaría por una joya del paraíso, por casualidad abandonada entre los bosques feraces del Brasil. Es como la quintaesencia de los tres reinos, concentrada en una linda y minúscula criatura que rezumba al aire de los trópicos. Es una vida animal con forma y matices de flor fantástica y con los vivos destellos de una piedra preciosa que brillara con una luz propia y llena de misterio.»

Resultados botánicos del viaje de S. M. el Emperador Maximiliano I de México en el Brasil, 1859-1860, citado por Alfonso Reyes, «Maximiliano descubre el colibrí.» en el tomo IX de las Obras completas.

 

 

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4 Comentarios

  1. Dr. Manuel Alberto de Anda Gómez dice:

    Ahora sé, después de leer este escrito, quien era Maximilano…Independientemente de cualquier otro análisis histórico de su persona, era un ser humano sensible a las maravillas de la vida…

  2. Luis Mariano Acevez dice:

    Hermoso texto. Por sí había dudas de la sensibilidad romántica del Emperador

  3. Arturo Salinas dice:

    Que Mexicano (si Mexicano) de sensibilidad tan a flor de piel fue Maximiliano. Muy amena lectura.

  4. Virgilio César dice:

    Suena muy a Alfonso Reyes, tal vez no sea del todo una cita.

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