30, Mar 2009

De periódicos y periodismo

Periódico 

Los periódicos atraviesan una crisis en todo el mundo. Unos enflacan, otros desaparecen. Se extinguen los suplementos culturales, se clausuran corresponsalías en el extranjero, las mesas de redacción se contraen, las notas se comprimen. En Estados Unidos un manojo de diarios tradicionales han cerrado. Periódicos de larga vida publican su propio obituario. Hay quien teme que, dentro de algunos años podrá haber en aquel país, ciudades importantes sin un solo medio local impreso. El fenómeno no es exclusivo de aquel país. En otras partes del mundo, los aprietos son similares.

Los diarios han dejado de servir como un enlace crucial en el mercado. Su enorme crecimiento se debió a la capacidad de comunicar compradores y vendedores. En las curiosidades del diario se juntaban los diversos apetitos del consumo. De ahí la lógica de las secciones abultadas y diversificadas. Ahí también la ventaja de contar con espacios rentables que pudieran subsidiar coberturas menos jugosas. Hasta hace poco tiempo no había mejor manera para enterarse de productos, de ofertas, de lanzamientos que el periódico. No había mejor pista para encontrar trabajo que los anuncios del periódico. Ninguna plataforma tan propicia para ofrecer un servicio que ese medio que combinaba la información política con noticias de espectáculos, resultados deportivos y previsiones del clima. Internet está cambiando la manera en que la gente pesca información. La red es más confiable para saber la hora en que pasan mi película, más ágil para vender una colección de discos y más eficiente para desplegar ofertas.

Los lectores de diarios en papel envejecen. La gente más joven no sabe qué hacer con tantas hojas, cómo lidiar con ese adelanto del basurero. El objeto no es precisamente un prodigio del diseño. Será ligero y portátil pero fastidioso; mancha y se desbarata. Esa pila de hojas impresas y dobladas demanda una habilidad manual que empieza ser extraña. Para leer un diario es necesario un hábito pero también cierta agilidad. Costumbres y destrezas para pasearse entre páginas flacas; pericia para dar la vuelta a las sábanas estampadas, un método para doblar los pliegos. Ese lector que se pasea por su periódico con la naturalidad con la que cumple sus rutinas alimenticias se hace viejo. Los sucesores de ese lector pasean sus curiosidades y caprichos entre pantallas y teclados. Se enteran de lo que les importa pero siguen otros caminos.

El cambio tecnológico, la mutación de hábitos tendrán efectos culturales y políticos que apenas vislumbramos. Dudo que el periódico en papel muera Supongo que cambiará para coexistir con otros medios. La pregunta es si seguirá siendo el centro del debate público, el gran surtidor informativo, el centro de la cultura crítica. Quizá todo depende de su capacidad para transformarse como empresa para preservarse como institución profesional. Paul Starr , en un artículo reciente publicado en el New Republic, se muestra escéptico. Mientras muchos celebran las oportunidades de la red para romper el cerco de las corporaciones mediáticas, Starr considera que la erosión del profesionalismo asentado en los grandes diarios tradicionales es una amenaza. Los periódicos han fabricado un producto que es mucho más que un agregado de papel y tinta donde se enlazan noticias, publicidad y crítica. Tras las toneladas se esconde un instituto crucial para la democracia moderna: un órgano que escudriña cotidianamente la realidad, que establece códigos más o menos rigurosos para el trabajo de reporteros y opinadores; un organismo de profesionales que define ciertas prioridades en el debate público. Una báscula de hechos y una brújula ideológica. Starr recoge una idea de Walter Lippmann , el gran publicista americano: antes de llegar a la redacción de un periódico, la información es chismerío, rumor, sospecha, recelo. La labor de un diario es transformar esos vapores en ladrillos del conocimiento común. Los indicios se transforman en información, las sospechas se verifican, las denuncias se someten a prueba. Por eso sugería Lippmann que el periódico era la biblia de la democracia: el único documento que todos deben leer diariamente.

En el periodismo, Lippmann veía un sacerdocio riguroso del que dependía la sociedad libre. El instituto que le permitía discernir el rumor del hecho. El periódico sirve para conocer los resultados del futbol, para seguirle la pista al gobierno, para enterarnos de la aparición de un libro o la visita de un cantante, para escuchar denuncias, para aquilatar propuestas. También sirve para limpiar vidrios, para empacar pescado, para proteger vasos en una mudanza, para recortar palabras para la tarea de la escuela, para hacer una piñata, para matar mosquitos, para prender una fogata, para calzar una mesa, para recoger la caca del perro o para formar una espada para niños. Para todos esos usos pueden imaginarse reemplazos. Para lo que no existe un sustituto claro es para esa institución que ofrece un servicio público. Detrás del diario hay una empresa, detrás de la empresa, una institución. Esa institución es indispensable para el debate público, para la rendición de cuentas, para la vigilencia de los poderes. La multiplicación de los espacios independientes es valiosa pero no puede pensarse como sustituto de un órgano profesional, relativamente centralizado, que sistematiza y pondera información, que comisiona investigaciones complejas, que impone a sus profesionales un código estricto. El periódico tendrá que reinventarse porque el periodismo profesional es imprescindible.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

8 Comentarios

  1. A.D. dice:

    «El periódico tendrá que reinventarse porque el periodismo profesional es imprescindible», es necesario y también debe cobrarse.

  2. El periodismo se tiene que reinventar, claro. El tema es que los dueños de las empresas son muy reacios a reinventarse y a apostar por el periodismo de investigación.
    A cambio de eso ¿qué nos dan? Nuevos suplementos de espectáculos o de soft news, que buscan sólo el beneficio comercial (lo que está bien), pero en detrimento de las secciones de buen periodismo (suplementos culturales o secciones dominciales). El periodismo no va a morir.
    Van a perecer los empresarios que no sepan adecuarse a los nuevos tiempos.
    Un abrazop

  3. Alejandro Borges dice:

    http://www.huffingtonpost.com/2009/03/29/huffington-post-launches-_0_n_180498.html
    En el siglo XX, los periódicos eran dueños del medio y, en algunos casos, hasta de las fábricas de papel y otros insumos y, al mismo tiempo, de la infraestructura necesaria para ofrecer un contenido confiable o a la altura requerida por el público del periódico.
    La única diferencia ahora es que el medio tiene el potencial de ser libre. El medio es «la red» que, hasta ahora, ha resistido todos y cada uno de los embates que la gran corporación y el establishment de medios ha realizado contra su libertad.
    Si todo sigue así, habrá periódicos, todos serán «en línea» y encontrarán algún modelo de negocios que funcione (ya sea la publicidad o el cobro por acceso). El medio ya no será el papel sino lo que nosotros queramos: el celular, la televisión de la casa…etc.
    El problema del futuro (y bueno, más bien está ya en el presente), es que las grandes corporaciones de «medios» son, precísamente, de medios. No les gusta la idea de verse reducidos a creadores de contenido, sino que gustan y disfrutan de no permitir que el público se haga de información de donde desee o que el público de algún modo les perciba como una mejor fuente de información ya sea por comodidad, imposibilidad para accesar otra o calidad comparativa en el contenido.
    Ese es el nuevo peligro: que las corporaciones de medios acaben con el potencial libertario de la red.

  4. Por desgracia en México los diarios que cumplen con ese perfil institucional, que fundamenta las discusión de los grandes temas de interés para el país, son contados (El Universal, Reforma, La Jornada, por mencionar a los nacionales), podremos estar o no de acuerdo con su manera de contar las noticias y sus opiniones, pero son instituciones informativas serias y de gran peso específico.
    En provincia por desgracia proliferan desde hace tiempo pasquines pro o anti gubernamentales, publicaciones efímeras de tiempos electorales, con plumas a sueldo dispuestas al vituperio o al halago fácil, otras con el recurso simple de la foto sangrienta en portada, etcétera.
    La existencia de muchos de estos periódicos depende totalmente del poder político en turno, nunca de su circulación o publicidad.
    En esa reinvención del diarismo en México, se debe reflexionar sobre los periódicos que realmente tenemos y lo que deberían ser.
    Puebla, Pue.

  5. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    El periódico podrá o no desaparecer. Lo que sí desaparecerá será cierto hábito adquirido de comprar una sola publicación o rango de publicaciones, ello rebasado por la liberalización, a veces a conveniencia, tendenciosa o con sesgo quizá, a veces no, de la información per se. Esto dado los grandes conglomerados de buscadores y portales de internet serán empresas más y más poderosas, que influirán en la toma de decisiones y en la formación de opinión. Habrá que atender con detenimiento fecha, lugar y circunstancia de la misma información que se difunde. Sus coordenadas o plano cartográfico pues.
    Ante todo ello e incorporado al fenómeno, la labor del periodista o comunicador es no ir tras la salida fácil, el sólo centrarse en la presentación de la nota ‘para que venda’ o ‘que vende’. O en el contenido que es atractivo por igual sólo al ‘gran público’, lo que equivale a frivolizar la información al estar salpicado hasta cierto grado de banalidades. Algo así como sólo concentrarse en lo pop de la información y los sucesos noticiosos por sobre el acontecer y la cotidianidad mismos.
    La labor dignificante del periódico fue precisamente que imbuyó al lector por sobre la información digamos ‘blanda’, ello hacia al tratamiento más a fondo de los sucesos, al análisis más concienzudo de la realidad o las realidades propias y de los otros, sean la que fueren, como fueren, en la latitud que sea. La web disgrega tal atención de cierta manera, entre hiperfases, subtítulos y entradas, hay cierta web que todo quiere presentar como atractivo no teniendo qué ser necesariamente así en términos de estilo. Lo atractivo no siempre resulta ni es aquello a primera vista, a simple vista. El fichero no vacuo en su presentación, aunque sí con cierta seriedad incorporada –estilísticamente hablando—hace falta a nuestra presentación de la información y los sucesos noticiosos en la web. Siendo nosotros como latinos tan dados a sobreadornar innecesariamente, hecho que en términos estilísticos rebasa la estética para concluir sobornándola a ella y a la ética, al tratamiento de fondo mismo de los sucesos. Ética y estética van unidas, habrá que saber unirlas para los tiempos que corren.
    En otra vertiente también pienso por ejemplo en la entrevista audiovisual, no debe perderse. Como en la confrontación o el contraste del escrito de cierto tópico con otros escritos de diverso tópico así sea digitalmente. En el caso que nos ocupa, del periódico impreso, este airea la capacidad de análisis por ello, y no embota la atención del lector. Es de esperar que la web, más allá de acentos digamos asépticos o hasta estéticos en la reconfiguración del periódico impreso que presenciamos, acentúe igual ser medio más que presentación de la información o el hecho noticioso tal cual.
    Saludos.
    – . –
    Nota. Una réplica última, en el post De condimentos y verduritas, al Sr. Borges, fue la siguiente –puesto es comentario número 26, excediendo de 25 pasa a next page, a otra página digital.
    Sr. Borges, punto aparte sus lecturas y su pretendida cultura, yace esa particular subcultura del mensaje subliminal. Sus demostraciones de suficiencia (esta perla epistolar, otra perla más) en su travesía intelectual hablan por usted. Hablan por sí mismas.
    Publicado por: Omar | 30 de marzo de 2009 at 20:33

  6. Alejandro Borges dice:

    Gracias por llamar la atención a su respuesta, Sr. Omar, efectivamente no la había leído.
    Punto y aparte, mejor, a esa particular conversación.
    Ya chole.

  7. Manuel TT dice:

    No puedo poner acentos con este teclado, perdon.
    Curioso que el senor Jose Luis Benitez Armas ponga el comentario que pone. El es empleado de uno de los socios de Mario el precioso Marin que se llama Armando Prida, el dueno del periodico Sintesis. Ese periodico es de los que depende de sus conectes con el PRI, que se la pasa defendiendo al gobierno, tampoco tiene lectores pero tiene lana y relaciones. Los periodicos de los estados son una porqueria y uno de los problemas es que tienen periodistas dos caras como el senor Benitez Armas. Ese senor no ha hecho nada por el periodismo ni ha ofrecido nada bueno. Lo digo porque lo he leido en el pasquin Sintesis. Viene aca a hacerse el grande pero de meterse con el precioso nada, de enfrentarse a lo feo de Puebla nada. Lo se porque yo soy poblano. Su obra digamos que es dejar comentarios en Letras Libres mas sus opiniones en el precioso Sintesis. Lo peor es que se las da de sabio pero no ha hecho nada, y eso se nota gacho. Se nota que se muere por posar. Pero claro que en su comentario pone la liga a su blog. Como si alguien fuera a leerlo!!!!! Pero es eso, el oportunismo, se dan una vuelta por aca para ver si agarran lectores. Como si alguien que lee a un personaje como Jesus Silva-Herzog-Marquez fuera a leer a un dos caras de medio pelo como Benitez Armas. Como si los que somos poblanos no supieramos que pasa con los periodicos de nuestra ciudad y pudieramos tragarnos lo que dice un agachon metido con los que tienen intereses con el precioso Marin.

  8. Estimado Jesús,
    En tu última colaboración en Reforma escribiste:
    «…Para lo que no existe un sustituto claro es para esa institución que ofrece un servicio público. Detrás del diario hay una empresa, detrás de la empresa, una institución. Esa institución es indispensable para el debate público, para la rendición de cuentas, para la vigilancia de los poderes. La multiplicación de los espacios independientes es valiosa pero no puede pensarse como sustituto de un órgano profesional, relativamente centralizado, que sistematiza y pondera información, que comisiona investigaciones complejas, que impone a sus profesionales un código estricto. El periódico tendrá que reinventarse porque el periodismo profesional es imprescindible».
    Esta afirmación es en mi opinión imprecisa. Los grandes diarios actuales, y muchos de los que puedan surgir, para ser serios y profesionales no tienen que limitarse a su forma actual de producción. No veo por qué para ser serios y contar con comités editoriales y revisores tengan que obligarse a imprimir en papel sus ediciones.
    El profesionalismo con todo lo que implica no es taxativo de quienes tienen los recursos para distribuir sus diarios en forma impresa en papel. Más bien parece que los diarios irán siendo no sólo cada vez más pequeños sino con tirajes cada vez menores o con distribución sólo en hogares y oficinas (o gratuitos). De hecho, el que reduzcan secciones como las de ciencia y cultura revela que no son tan «profesionales» ya que priorizan editar lo que vende, lo que parece tener mayor mercado y dejan de contratar especialistas para que escrtiban sobre esos «temas secundarios».
    En el ámbito de la Ciencia y la Tecnología, donde yo participo, el proceso de revisión de las revistas más serias se llama «peer reviewing» (revisión por pares) y de las personas (especialistas) que lo llevan a cabo depende en mucho la calidad de las revistas, lo mismo de cuántas veces, dónde y quienes citan lo que en ellas se escribe. En este ámbito han comenzado a surgir decenas de revistas online (en internet) igual de serias con la ventaja de que el proceso se hace mucho más rápido. Claro que ello afecta los intereses de las revistas que terminan en papel porque venden menos. La competencia, cuando es de calidad, debe ser bienvenida.
    Otro asunto es que no pocos tienen acceso a internet pero la verdad muy pocos (quizás menos) leen los diarios nacionales. Sus tirajes, comparado con el tamaño de nuestra población son muy bajos.
    Recibe un saludo afectuoso.
    Héctor Castillo Juárez

Deja un comentario