02, Dic 2013

Otra crítica

Carlos Bravo Regidor ofrece una perspectiva distinta para enfocar la reforma de Reforma. Que el diario intente un cambio ratifica su contacto con sus lectores y el mercado.

Es cierto que la revolución digital ha estropeado el modelo de negocios de la prensa escrita. Ocurre, sin embargo, que ese fenómeno no se ha manifestado con la misma fuerza en México que en el resto del mundo. El motivo, todo parece indicar, es la distorsión que en el mercado publicitario mexicano introduce el llamado “gasto en publicidad gubernamental” —una transferencia de fondos públicos que, para efectos prácticos, opera como una suerte de subsidio informal a la industria no sólo de los periódicos sino de los medios en general. No deja de ser una cruel paradoja que sea Reforma, un diario que realmente hacía periodismo y entre cuyas innovaciones figuraba un esquema de financiamiento cuya viabilidad no pasaba por la generosidad del erario, el que ahora esté en aprietos.

Pues bien, si de todos modos la existencia de buena parte de la prensa mexicana depende del dinero público, ¿no sería hora de considerar la posibilidad de formalizar ese subsidio, de crear una regulación rigurosa que lo racionalice y transparente, para dedicar esos recursos no a mantener arbitrariamente a tal o cual medio sino a garantizar la supervivencia del periodismo como un bien público para la democracia?

La crisis de Reforma es más que la crisis de un periódico. Es un aviso de lo crítico que es el hecho de que más periódicos no estén en crisis.

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