07, sep 2017

Salvaciones

A principios de 1912 José Ortega y Gasset concibe una serie de ensayos que habrían de distribuirse por suscripciones. Sería el primer libro del filósofo y sería bautizado al final del día como Meditaciones del Quijote. Durante algún tiempo jugó con otro título. En lugar de meditaciones: salvaciones. La expresión se cuela a las primeras páginas del libro, en el aviso que dirige a su lector. Estos ensayos, advierte, no son informes de hechos ni resúmenes de ideas, “son más bien lo que un humanista del siglo XVII hubiera denominado “salvaciones”. Eso es el ensayo para el pensador de “alma dispersa” que era Ortega: una apuesta por la salvación.

No era, por supuesto, el tropiezo místico de un ateo bien sellado. Era la mejor expresión de su viva idea del sitio donde fundía escritura y filosofía. El ensayo era vía para extraer el jugo del mundo… y compartirlo. Ortega exponía con claridad la ruta de esas salvaciones: “dado un hecho —un hombre, un libro, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor—, llevarlo por el camino más corto a la plenitud de su significado. Colocar las materias de todo orden que la vida, en su resaca perenne, arroja a nuestros pies como restos inhábiles de un naufragio, en postura tal que dé en ellos el sol innumerables reverberaciones”. Dirigir a cada una de las criaturas del mundo todos los rayos de la inteligencia. Aclarar la tierra y comprenderla.

El artículo completo puede leerse en nexos de este mes…

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