02, ago 2016

Un ensayo sobre la fuerza

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La fuerza, no el hombre, ocupa el centro de la historia humana. Lo advierte Simone Weil leyendo la Ilíada. Su argumento es que la energía que se impone en nuestras relaciones nos deshumaniza. Sometidos a un imperio físico, somos carne inanimada, cosa. “La fuerza es lo que hace de quienquiera que le esté sometido, una cosa. Cuando se ejerce hasta el extremo, hace del hombre una cosa en el sentido más literal, pues hace de él un cadáver. Había alguien y, un instante después, no hay nadie”.

Ese es el tema del hombre, sostiene la mística excéntrica en su admirable ensayo titulado “La Ilíada o el poema de la fuerza”. Escrito en 1939, el ensayito de apenas una veintena de páginas fue uno de los pocos textos de Weil que vio publicados. Para Weil sólo los Evangelios pueden compararse en penetración al poema homérico. Y es ahí donde mejor se presenta el estremecedor espectáculo de la fuerza. El soldado, el esclavo, el prisionero, el vengador, el poderoso incluso, son títeres de la fuerza. La fuerza nos contrapone pero también nos hermana en la desgracia. Triturados los resortes de su libertad, el ser humano pierde ánimo, alma. Es una masa de carne, de músculos y de nervios. ¿Vive? No lo sabe bien Weil.

El texto completo puede leerse en nexos.

 

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