11, Jun 2011

Zaid sobre la prosa del diario

En letraslibres de este mes Gabriel Zaid escribe  sobre la prosa del diario y, en particular, de José Alvarado.

Cuando se toma en serio el quehacer de todos los días, los milagros suceden: el inesperado heroísmo, la inesperada cortesía, el cielo despejado de la ciudad de México. Pueden pasar inadvertidos, pero hay que agradecerlos. Más realidad tiene un día claro que muchos siglos de Historia. Dicho sea por un hombre que hizo más claro este país con su prosa admirable. Que se tomó el trabajo de escribir bien para los lectores de periódicos. Que hacía milagros con el aire sucio.

Zaid recupera como prueba de ese milagro un texto notable de Alvarado, "Las escaleras."

José AlvaradoHay escaleras hermosas. Una, por ejemplo, es la del Colegio de Minería. Pero otras son horribles: ésas por donde llegan a sórdidas alcobas los desesperados. Existen, verbigracia en Los Ángeles, por Main Street, hoteles sombríos cuyas escaleras interiores parecen llevar a cuevas siniestras, donde la soledad, bajo una lámpara opaca y amarilla, ciñe las almas de los huéspedes. Hay una puerta abajo con los vidrios sucios, y luego los peldaños grises, con huellas de pasos sin esperanza y cigarros apagados. La gente –un negro, un chino, un mexicano, una mujer morena o una rubia apagada– asciende casi con odio, casi con dolor, casi ausente de lo humano, casi como un bulto de rencores, casi… En Ámsterdam, las escaleras también son tristes. Pero no tanto. Escaleras de hoteles de marinos, olorosos a brea y a ginebra, a tabaco plebeyo y amores descompuestos. En París, huelen a jabón barato y a madera húmeda. En México, a trapo mojado y a pasión desvanecida. Pobres escaleras.Y, sin embargo, los novelistas no se fijan en ellas ni dedican una línea a su madera fatigada. Pero los personajes de las novelas y de la vida han de subirlas. También los mismos novelistas. Graham Greene se refiere a una escalera donde un peldaño cruje. Pero nada más. Algunos autores de novelas policiales las aluden con tenue sombra de misterio; las rechazan luego. A pesar de todo, las escaleras suelen ser personajes importantes. Una novela, según se sabe, hubiera enriquecido la substancia si el autor hubiera tenido mayor cuidado con las escaleras. Casi todas las escaleras tristes son de madera: gimen bajo el peso de los seres. Casi todas las bellas, en cambio, son de piedra y alcanzan un préstamo romántico. Lo mismo hay, por cierto, melancólicas y sucias escaleras de piedra. En Roma, en las viejas casas de México, en Montparnasse, en Cuernavaca, en Valparaíso y en Helsinki. Pero la literatura prefiere escaleras de nulo o dudoso prestigio.

Y no deja de ser un olvido.

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2 Comentarios

  1. FMGARZAM dice:

    Que bueno que Zaid,un Regiomontano, saque del olvido a ese otro Regiomontano-Lampazense: Jose Alvarado Santos-Zuazua.
    Don Pepe. Un hombre decente. Una historia triste. Lo recuerdo. Yo de niño, haberlo visto siempre con libro o bebida en la mano. La última vez, lo vi meditando sentado en el porche de su casa. Curiosamente, el ilustrado hombre de izquierda, vivía justo enfrente del reverso de su moneda, Eugenio Garza Lagüera.
    Era otro Monterrey. Era bravo. Combatía a sus enemigos. A Don Pepe, un liberal que (como alguno que otro conocido de corbata de moño) abraza a la izquierda como solución, que nunca hizo daño, lo combatieron.
    Yo no puedo criticar el combate a los enemigos de la ciudad, critico que no se haya combatido a la corrupción con la misma obsesión. Aunque nunca he querido a la izquierda, sobre todo la izquierda mexicana, lo de Don Pepe, y y lo de dos o tres otros, me da tristeza. Lo obligaron a tomar la escalera que lleva hacia abajo, al aislamiento y exilio.
    Y no deja de ser olvido.

  2. Erika del Ángel dice:

    Mientras aún hablemos de él… no será en vano su resbalón por la escalera.

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