01, Dic 2008

Zizek

Zizek en cama largo

Nunca he entendido por qué podría tomarse en serio a Slavoj Žižek. A veces puede resultar chistoso y suele ser entretenido. Esta entrevista, por ejemplo, tiene su gracia. Su prosa parece una divertida parodia de la jerga posmodernista que entrelaza citas de Hegel con reflexiones sobre Matrix o Friends–pero no es parodia. Podría ser un talentoso performance artist, pero es leído como filósofo. Su cabeza es una prodigiosa licuadora que mezcla frenéticamente psiconálisis, Mayúsculas, marxismo, comillas y cultura popular para producir una mermelada de provocaciones y punch lines. Su jalea de contraintuición ha sido extraordinariamente exitosa. Žižek es una industria, una marca, un famoso que no solamente habla de cine sino que es protagonista en pantalla grande. Lo curioso es que algunos progres lo creen un visionario por su perorata antiliberal. La cantidad de idioteces que el hombre dispara son notables. Incluso para los parámetros de nuestros días. Žižek ha dicho, por ejemplo, que el peor terror estaliniano es preferible a la más liberal de las democracias; que el problema con Hitler no fue que haya sido violento sino que no fue «suficientemente violento,» que su violencia no logró ser lo «esencial» que debía ser. Elogió a los terroristas que se estrellaron en las torres gemelas como encarnación del Bien: el espíritu que se dispone al sacrificio en nombre de una causa superior. La portada de su defensa de las causas perdidas presenta, pertinentemente, la imagen de una guillotina que resplandece en su filo recobrado.

418FDY8%2BJUL__SS500_ Al comentar In Defense of Lost Causes y Violence, dos libros recientes de Žižek, Adam Kirsch ve lo que hay detrás del «Elvis Presley de la crítica cultural»: una reivindicación del fascismo enamorado de la violencia, admirador del militarismo heróico y deseoso de una cortante Decisión. Rebecca Mead escribió un buen retrato de Žižek en el New Yorker hace algunos meses.

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4 Comentarios

  1. MCH dice:

    Lo que me parece extraño es que mucha gente se compra «el personaje» pero no analizan las verdaderas implicaciones de lo que dice, de comprender estas implicaciones no creo que tendría tanto auge como pensador porque no me parece que haya mucha gente dispuesta a seguir el fervor revolucionario heroico antiliberal hasta sus últimas consecuencias y menos aún en el cómodo ambiente académico por donde se pavonea este hombre. Tal vez, dentro de algunos años va a considerarse como una aberración curiosa, al menos sus escritos más políticos, o si las cosas se ponen peor hasta puede ser que lo tomen aún más en serio

  2. El Oso Bruno dice:

    Estoy completamente de acuerdo contigo. Zizek es un arlequín, un hombre de ocurrencias, un payasito simpático, pero nada más. ¡Y pensar que hay tanto tarugo popr ahí que lo ve como el gran filósofo del siglo XXI!

  3. Javier Capri dice:

    Si dejáramos de lado la corrección política, el buen tono y la moderación falsa, seríamos mucho más excéntricos y escandalosos que Zizek. Este filósofo vale 100 Jesús Silva por el hecho de decir sus ideas con sinceridad. Yo no digo que las acepte, pero no me engaño con las timidices cobardes de los liberales reaccionarios. Es preferible hablar cara a cara con un leninista, que se confiesa así, que con un autócrata fariseo, que se apoda a sí mismo demócrata liberal.

  4. Milton Sánchez dice:

    Coincido con el comentario de Javier Capri; prefiero cualquier día de la semana a Zizek como un exquisito provocador intelectual -por lo menos el tipo te obliga a pensar-, que a la caterva de seudo-intelectuales «liberales» (en realidad idólatras del poder) que son incapaces de tener una postura crítica y disidente respecto del poder establecido.

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