23, Jun 2014

De homofobia y estupidez

En Lo marginal en el centro, su extraordinario ensayo sobre Salvador Novo, Carlos Monsiváis recuerda una anécdota del cronista relatada por Elías Nandino. Vale citarla:

En una ocasión Xavier Villaurrutia y yo pasamos por Novo al edificio de la Secretaría de Educación, para irnos juntos a comer. A Salvador y a mí se nos ofreció ir al baño. En una de las paredes, alguien había puesto: “Salvador Novo es joto.” Él leyó eso, sacó un lapicero y comenzó a hacer una lista: “Narciso Bassols es joto,” El tesorero de la SEP es puto,” “el Secretario es marica.” Llenó media pared con los nombres de muchos funcionarios. Cuando salió le pregunté con sorpresa:

–¿Por qué hiciste esto?

–¡Ay! Pues porque así borran más pronto.

Lejos de indignarse con el insulto, Salvador Novo se burla de él. No borró su nombre de la pared del baño: arremedó el procedimiento de sus agresores para exhibirlos. Al infantilismo del insulto corresponde una reacción paralela. Monsiváis coincide con el relator: “Desde joven Novo se puso más allá del bien y del mal, de tal manera que decir que él era maricón no era decir nada.” La reacción de Salvador Novo es ejemplar: lejos de borrar la ofensa y denunciar el estigma, se apropia del epíteto para mostrar la estupidez anónima. Lo que los otros señalaban como señal de oprobio, el escritor asume como pose de orgullo. Trajes, anillos, gestos, dicción que exageran el estereotipo del maricón. Volverse sátira para escupirle al mundo sus prejuicios. Novo acomete su sexualidad, dice Monsiváis, como si fuera una empresa revolucionaria. Nada como un espejo que exhiba la idiotez tumultuaria frente a sí misma. Al imbécil que le lanzó un plátano desde la tribuna del estadio para llamarlo chango, Dani Alves le respondió perfectamente: lo tomó del piso, abrió la cáscara, le dio un mordisco y siguió jugando. Todos somos changos.

La tentación frente a la homofobia es acudir al Estado para que éste reparta castigos a los ordinarios. Que se prohíban gritos, que se reglamenten chistes, que se castigue a los odiadores. Hacer del poder público (o de los organismos internacionales), policías del lenguaje, custodios del respeto, promotores de un lenguaje aséptico. Me sigue pareciendo mala estrategia. Pensar en la reglamentación de nuestro vocabulario es parte de la idolatría política de la modernidad. El Estado como artífice del respeto. El gobierno como árbitro del lenguaje. Esa confianza en la capacidad de la coerción para transformar todo espacio común en escuela cívica es paralela al descrédito de lo público, a la desconfianza que sentimos por la respuesta de la cultura, de la imaginación, de la crítica. Que no resulte sensato castigar el prejuicio no significa que no haya nada que hacer frente a él. El repulsivo grito que México ha exportado a Brasil merecería esa respuesta: exhibición.

La expresión homófoba es un derecho como lo es la estupidez. Sí: somos libres de escoger nuestra forma de ser idiotas. La ley no nos obliga a ser listos ni tampoco a ser respetuosos. El respeto es un valor moral exigente que la política no puede imponer. Por eso nos consolamos con un instrumento más modesto: la tolerancia. De ahí que la Constitución proteja la expresión libre de las ideas—por  absurdas o hirientes que nos parezcan. En efecto, la libertad de expresión implica, simultáneamente, el derecho a equivocarse y el derecho de ofender. A ser homófobo tiene derecho el senador del PAN que ha declarado que la única familia es la tradicional y que las reformas recientes en la Ciudad de México implican un atentado gravísimo a los valores nacionales. Tiene derecho a pensarlo y tiene derecho a decirlo. Es valioso que la opinión pública conozca lo que piensa el legislador. Me parece condenable, por supuesto, que sea respaldado por un partido político nacional y que encabece una comisión de la familia del Senado pero jamás pensaría que su expresión, primitiva, prejuiciosa, ignorante merezca castigo. Lo que merece es crítica, exhibición y burla.

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11 Comentarios

  1. Celerino Menchaca dice:

    A fines del siglo pasado, un flamazo de violencia etnica en Ruanda hizo temer que se reiniciaria la destruccion sistematica de mas de medio million de seres humanos a golpes de piedra, palos o quemados vivos. Por alguna razon, el monero Calderon de Reforma penso que habia un angulo humoristico del incipiente genocidio, y publico una caricatura sobre una escaramuza entre ‘’Los jotos y los (paletas) tutsis’’. Por esa epoca, el empresario de bienes raices por la via de hechos y, a la sazon, metido a legislador circense, Marco Rascon, quiso insultar en el congreso a un colega opositor. El unico bazukazo verbal que se le ocurrio para darle ‘’donde duele’’ fue espetarle : ‘’Maricon!’’ Cuando sus propios correligionarios lo confrontaron sobre lo reaccionario de tal actitud moral, Rascon, al fin politico, contesto con la bobada mendaz de que sentia respeto irrestricto por los homosexuales y que su andanada denigrante era solo para rescatar el cascaron de sentido ofensivo original del termino, o un razonamiento de ese tenor.

    El rasgo comun de ambas situaciones es un estereotipo moral, cuya carga denigrante y de ridiculo, se alimenta del manto freatico de prejuicios sociales que persiste bajo el paisaje sociopolitico de un supuesto Mexico moderno que ya salio de su laberinto y se encontro contemporaneo de todos los hombres (y mujeres, no faltaba mas). La reaccion desaforada a la postura de la FIFA (un efecto reminescente de lo que los antiguos llamaban ‘’como un reguero de polvora’’ y los modernos ‘’como un tuitazo’’) sobre los usos y costumbres de los hinchas mexicanos indica muchas cosas, y una de ellas es la ambivalencia que hay en la imaginacion popular acerca del derecho de las personas a ejercer y expresar la inclinacion sexual de su preferencia (otro ejemplo, verificable empiricamente, surge de inmediato si uno dice como si nada en voz alta, ‘’andale, como el narcisimo entrañable y bellaco de las canciones de Jose Alfredo Jimenez’’).

    Por supuesto que el abanico de reacciones y conclusiones es muy amplio y abarca desde lo extravagante hasta lo meramente oportunista. Por ejemplo, uno de esos periodistas que llaman ‘’lider de opinion’’, observo astutamente y sin afan de sobrevalorar la importancia internacional de Mexico, que la verdadera motivacion de FIFA era crear una cortina de humo para distraer la atencion mundial de la corrupcion interna de la organizacion futbolistica. A lo mejor en Ulan Bator ceso subitamente el interes publico en la reñida campaña electoral para alcalde de la ciudad, y ahora todos los ojos estan puestos en Mexico y la zafiedad de los mexicanos, pero como que lo dudo. Del mismo modo, un comentarista profesional y añejo militante de un partido confesional, denuncio desde la tribuna de las medias verdades que el verdadero nombre de la moralina es ‘’correccion politica’’ y aprovecho vicariamente el escandalete para darle un zape a la Dresser y sus compañeros de viaje.

    Quiza ya haya por ahi algun lector atento de Bill Buford y Octavio Paz que tuvo su pequeño momento eureka y ahora esta abocado a explorar la espeleologia de los hijos de la Malinche en la cancha. O quiza el furor no dure mas alla del siguiente ciclo noticioso. Pero en todo caso, reanimó la conversacion nacional sobre un tema que debe ser conversado con mas enjundia. Hay algo de repugnante en estigmatizar mediante un epiteto a todo un grupo social con base en su etnia o clase social o preferencia sexual y demas. Pero, como en muchas instancias de la evolución natural de las palabras, desde su origen etimológico y sentido denotativo original, a la ulterior carga connotativa temporal o permanente, la actitud publica hacia el termino de marras refleja el paisaje mutante de la relación mutua de los individuos de una sociedad y de ellos hacia sus prejuicios y juicios sociales razonados. Tambien es una nota sobre el bagaje histórico de la palabra (no es lo mismo decirle ‘’limey’’ a un ingles que ‘’nigger’’ a un negro) y una función de la ubicación estructural exacta del grupo en cuestión en su relación de poder con el resto de la sociedad, relación ‘’normalizada’’ con el uso cotidiano de la palabra.

    Como parte de un acto de contrición intergeneracional, los norteamericanos (no solo los estadunidenses) remplazaron el termino ‘’indio’’ por el de ‘’aborigen’’ o ‘’nativo americano’’. Rigoberta Menchu, en cambio, insiste en reivindicar el derecho a ostentar con dignidad el termino ‘’indio’’, ‘’pueblos indios’’ (‘’Ah, si seras indio’’, dicen muchísimos mexicanos para expresar enojo ante un acto de estupidez humana). ¿Se trata, pues, de una disyuntiva similar en el caso del vocablo ‘’puto’’? Quien sabe todavía. Pero, por hacer una analogía, una cosa es cierta: intentar eliminar la palabra “nigger” de la obra de Mark Twain es, sin duda, un despropósito, porque es como ponerle una hoja de parra a un alegato articulado contra la institución estadunidense de la esclavitud, pero eso no quiere decir que este bien usarla para referirse al presidente de ese país. ¿O sí? Pues eso.

  2. Eduardo C. D. dice:

    Lo más congruente que leído con relación al tema.

  3. María Pero dice:

    Este señor Celerino, de verdad sabe decir las cosas. Es un artículo digno de publicarse.
    Estoy de acuerdo con Eduardo C,D.

  4. Nayeli G. dice:

    Muy buen comentario, Celerino M.

    Y sí… la manera de combatir el prejuicio no es prohibiendo palabras, sino sacando a la luz sus raíces.

  5. cualquiera dice:

    los putos inteligentes, la palabra se les acomoda muy bien; lejos del genérico homosexual y todavía más del socialmente aceptado gay.
    con el puto, el clóset desaparece para siempre. por eso hacen de la palabra un grito de guerra que espetan a aquél que, desde su hombría, le teme, a él, a la homosexualidad, al pene mismo.
    luego, el grito en los estadios es sólo una grosería, que no un insulto; dos sílabas, fáciles de expulsar, que se apoyan en fonemas expulsivos como pe y te. trate el que tenga mejores pulmones de gritar con la misma fuerza un chinga tu madre o un pendejo…

  6. Eustaquio Ramírez dice:

    Jesús, lúcido como suele ser. Celerino, muy buena aportación… pero ojalá pusiera todos los acentos, le falla esa parte. Cualquiera, también acertado… pero en ese caso se extrañan las mayúsculas (si, además de tener buenas ideas, éstas están bien escritas, tienen mejor efecto. Jesús es muestra de eso).

    De algo servirá este debate para la conciencia nacional, aunque lo provocara la anécdota de una porra ñoña que tantas risitas tontas sigue provocando.

  7. […] el diccionario para su revisión minuciosa. Encontré en Guillermo Sheridan,Álvaro Enrigue y Jesús Silva-Herzog Márquez las voces más inteligentes en los medios al acercarse al tema; por eso me resulta tan detestable […]

  8. César Pinto dice:

    No olvidemos que en un caso de Acoso (palabra de moda= bullying)el tercer elemento de la ecuación es el que toma el video y lo exhibe.

    En este caso ¿por qué las televisoras no se auto censuran y al momento de que viene el grito le bajan el volumen? ya lo hacen cuando en actos públicos que se presenta el presidente o cualquier otro funcionario le bajan el volumen a su transmisión o simplemente ignoran el hecho.

    Ahora resulta que muy abiertos y democráticos hacen pasar el grito como si fuera una expresión que caracteriza el habla de los mexicanos, siendo que son ellos los principales promotores de la homofobia (tiene décadas de ello) cuando ridiculizan y parodian a los homosexuales con sus cómicos de todos los tiempos.

    La frase «no mates al mensajero» aplica ahora para espetarle a los medios que jueguen su papel en pro de la igualdad y la convivencia.

  9. […] De homofobia y estupidez, Jesús Silva-Hérzog Márquez […]

  10. […] del lenguaje, custodios del respeto, promotores de un lenguaje aséptico”, escribió Jesús Silva-Herzog Márquez en 2014 cuando recién inició la polémica en torno a este […]

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